jueves, 10 de septiembre de 2009

El secreto de la mariposa.

Roberta estaba tristísima porque Daniela su amiga del alma estaba muy enferma.

Un mes atrás cuando Daniela faltó al colegio, Roberta pensó que seguro tenía gripe y pronto volvería. Le pidió a su mamá que la llevará a visitarla pero su mamá le dijo que mejor no, que había que dejarla descansar. Para ponerla contenta le escribió una cartita llena de sonrisas.

Los días pasaron y como Daniela no volvía al colegio Roberta pensó que seguro tenía varicela. Ella la había tenido y se acordaba de las ronchas rojas que picaban mucho pero mucho y luego se curaban.

— ¿Tiene varicela?— le preguntó a su mamá

—No— le contestó su mamá y se fue a cocinar.

Toda la semana faltó Daniela al colegio y también la siguiente semana, entonces Roberta se asustó y le preguntó a su mamá:

— ¿Daniela se mudó a otra parte?

Su mamá se sentó a su lado, la abrazo con cariño y despacito le contó:

—No mi amor, no se mudó, pero está muy, pero muy enferma, por eso quizás no pueda volver al colegio.

— Va a volver cuando se cure— afirmó Roberta sorprendida.

—Si se cura sí— le dijo su mamá con una voz llena de dudas— Pero quiero que sepas que a veces las personas no pueden curarse.

—No te creo. Quiero ir a visitarla— le dijo Roberta enojada.

—No se puede porque está en el hospital— le explicó su mamá.

Tanto lloró Roberta que al final su mamá la llevó a visitar a su amiga, haciéndole prometer que no la cansaría.

El hospital era un edificio muy grande, todo blanco y lleno de gente que iba y venía. A Roberta no le gustó para nada ni el hospital, ni el cuarto donde estaba Daniela acostada en una cama grande, ni los tubos y cables que tenía en el cuerpo, ni lo flaca y pálida que estaba su amiga.

—Me parece que los doctores creen que voy a morirme— le dijo Daniela casi susurrando. Tan mal se sentía que hasta hablar le costaba.

—Eso es mentira, cuando te enfermas después te curas— le dijo Roberta enojada con los doctores y con todo lo que estaba pasando y no le gustaba. — Es este lugar que te pone así— añadió.

Daniela sonrió despacito, cerró los ojos y ya no le habló. Al ratito la mamá de Roberta le dijo que tenían que irse para que Daniela descansase.

Roberta estaba tan triste que se pasaba horas llorando en el jardín. Llorando y pensando que los niños no pueden morirse así como así, que las personas viejísimas se mueren, o los que tienen accidentes, pero su amiga Daniela no. Su mamá le había dicho que sólo un milagro podía salvar a Daniela, ¿dónde se encuentran los milagros? ¿Cómo se consiguen los milagros?

— ¡Quiero un milagro! Gritó sin deja de llorar.

De repente una mariposa amarilla se le posó en el hombro.

—No llores, sonríe— le dijo.

Roberta miró extrañada a la mariposa que estaba muy tranquila parada sobre su hombro derecho.

— ¡Qué tonta, ya me estoy imaginando cosas!— dijo en voz alta pensando que las mariposas no hablan y por las dudas añadió—No quiero sonreír, quiero llorar porque mi mejor amiga se va a morir.

— ¿Cómo lo sabes?— le preguntó la mariposa que evidentemente sí hablaba.

—Me lo dijeron— le contestó Roberta creyendo que estaba soñando.

—No es un sueño, esto es real. ¡Está sucediendo!— le dijo la mariposa como si le leyera el pensamiento.

—Pero… pero… No puede ser— dijo Roberta confundida.

—Te contaré un secreto: ¡Si es, puede ser!

— ¿Qué quiere decir eso? — le preguntó Roberta más confundida.

—Quiere decir que creas en las cosas que desea tu corazón. Deseabas un consejo y te he traído uno: si quieres verdaderamente que tu amiga se cure, tienes que creer que puede curarse.

— ¡Eso es ridículo! ¿Cómo voy a curarla yo? ¿Sólo queriendo?— se burló Roberta.

—Inténtalo. Imagina que está curada y sentada aquí a tu lado riendo contigo. Imagínala en el colegio estudiando, imagínala corriendo…

— ¿Eso es todo? — Le preguntó Roberta intrigada.

—No, eso sólo no alcanza, hay algo más.

— ¿Qué?

—Dile a tu amiga que ella también se imagine sana, jugando, corriendo contigo y de regreso al colegio. Las dos tienen que desearlo e imaginarlo con mucha fuerza.

—No puedo porque no permiten visitas, dicen que no se la puede cansar— le contó con tristeza Roberta.

—Hazlo, no la cansarás, la ayudarás. Hazlo pero sólo si realmente me crees— le dijo la mariposa y se echó a volar.

Roberta se frotó los ojos, miró a todas partes y creyó que se había vuelto un poco loca por la pena.

Esa noche una y otra vez soñó con la mariposa. Al día siguiente tomó una decisión: le pediría a su abuelo que la llevase al hospital, pero antes de hacerlo se imaginó toda la mañana que se lo pedía y su abuelo le contestaba que sí y que sería un secreto de los dos.

A la tarde le dijo a su abuelo

—Quiero que me lleves a ver a Daniela porque tengo algo importantísimo que decirle.

— ¿Qué es eso tan importante que quiere decirle?— le preguntó su abuelo

—Quiero decirle que va a curarse, que las dos vamos a imaginarnos fuerte que se cura y lo vamos a lograr.

El abuelo se quedó pensando un rato y luego le dijo:

—Te llevaré pero esto será un secreto entre los dos.

Roberta escondió la sonrisa de placer que le produjo comprobar que todo sucedía como ella lo había imaginado.

Sin decirle a nadie se escabulleron los dos hasta el hospital.

Cuando llegaron al cuarto en que estaba Daniela espiaron y como no había nadie entraron en puntitas de pie.

Daniela parecía dormida.

Roberta le agarró la mano y la llamó:

—Dani. Dani, soy yo, Roberta. Estoy aquí porque quiero decirte algo importante.

Daniela no se movió, Roberta desesperada miró a su abuelo que le sonrió y le dijo que igual le contara.

Roberta confiando en su abuelo se sentó junto a la cama y le contó a su amiga su encuentro con la mariposa.

—Vamos a intentarlo. No importa lo que digan los médicos ni nadie, nosotras podemos.

Daniela abrió los ojos y la miró. Roberta emocionada contuvo la respiración hasta que Daniela parpadeó dos veces.

—Yo te imaginaré a mi lado y tú me imaginarás a tu lado haciendo las cosas que hacíamos antes y… otras mejores — le dijo Roberta entusiasmada.

Desde ese día Roberta imaginaba todo el tiempo que estaba con Daniela, estudiaba con ella, le contaba todo, dormían juntas, se tiraban en el pasto, se bañaban, comían y reían.

Cada vez que estaba a punto de dudar cerraba los ojos y veía a la mariposa, entonces se sacaba las dudas del corazón y seguía imaginándose junto a su amiga. El tiempo pasaba y Daniela seguía enferma, Roberta tuvo miedo ¿y si la mariposa la había engañado?...Esa idea no le gustó, sacudió la cabeza y la echó, ¡Daniela se iba a curar!

Un día sonó el teléfono y Roberta corrió gritando:

—Es para mí, Daniela me está llamando

La mamá la miró sorprendida y preocupada, sacudiendo la cabeza de un lado al otro, pero Roberta sonrió al oír la voz de su amiga.

—Hola, ya volví a casa. ¿Quieres venir a visitarme? — le dijo Daniela riendo.

— ¡Claro!

Cuando Daniela se curó las dos amigas decidieron planear pequeños milagros como por ejemplo imaginarse paseando en dos bicicletas nuevas iguales, o imaginando que a Pablo, su vecino, finalmente el papá le dejaba tener un perro, o imaginando que era fácil hacer la tarea del colegio… Increíblemente todo lo que deseaban e imaginaban con todas sus fuerzas sucedía de un modo u otro; a veces rápido otras veces llevaba más tiempo, pero siempre sucedía.

De tanto imaginar descubrieron que si sonreían en vez de tener cara de enojadas, las cosas resultaban mejor y que si en vez de criticar trataban bien a los otros, los otros las trataban bien. También descubrieron que a veces algo que se quiere no resulta tan bueno como se espera y que otras veces suceden maravillosas cosas inesperadas gracias a que el corazón está contento.

Una tarde estaban sentadas en el jardín cuando de pronto tuvieron una idea grandiosa: ¡fabricarían pequeñas mariposas para sus amigas! Sin dudarlo pusieron manos a la obra, buscaron alambre, papel celofán amarillo, marcadores, lentejuelas, y luego le pidieron ayuda al abuelo de Roberta que siempre sabía como resolver los problemas.

En un ala de la mariposa escribían la palabra: ¡Inténtalo! Y en la otra: ¡Imagínalo!

Era tan divertido hacer las mariposas que cuando se hizo de noche descubrieron que tenían una caja de zapatos llena.

—No tenemos tantas amigas— dijo Daniela

La solución se las dio otra vez el abuelo de Roberta.

—Pueden contarle a sus amigas el secreto de la mariposa y luego regalarles una mariposa para ellas y otras tres para las personas a las que ellas quieran contarles. ¡Pueden crear la red de la mariposa!

La idea les encantó y la pusieron en práctica al día siguiente.

Esto pasó hace ya mucho tiempo y desde entonces sigue sucediendo, por eso si un día encuentras o alguien te regala una mariposa ya sabes que se te da la bienvenida a la red de los que ¡imaginan e intentan!

Algunos no hacen caso…, otros sí y pronto comprueba que los milagros suceden todo el tiempo.

©Ana Cuevas Unamuno

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