miércoles, 28 de octubre de 2009

ENCUENTROS

 

El maestro dijo: — " Cuídate de los hombres pequeña mía, siempre intentarán dominar tu espíritu, modelar tu vida, controlar tu cabeza. Cubre tus pensamientos en una nube de rosas y refúgiate en lo profundo de tu corazón. Vuela como los pájaros, escúrrete como el aire de las garras del águila, dibuja en tu rostro señales de sonrisa y despista tu mirada."

Muerte y vida dos nombres para una misma cosa, espacios en el tiempo, dibujos del cielo, juego de formas simples y complejas, ¡el cielo sólo es cielo, y es tanto!

Señor mírame un instante, ¿ves?....Estoy cansada, los días se escurren y la tarea nunca está terminada.

¿Preguntas si creo que soy Dios?, claro que lo soy.

¿Preguntas si soy una tonta mujer?, claro que lo soy. Por qué ponerle títulos a las cosas, por qué no circular simplemente, riendo y llorando, sufriendo y gozando, sabiendo, sospechando, ignorando....

¿Por qué? ¿Para qué? ¿Cuándo? ¿Cómo?... Preguntas vanas…

El conocimiento no puede explicarse, no puede enseñarse, no puede contarse, no puede uno apropiárselo, el conocimiento verdadero actúa a cada instante, desapareciendo cuando intentamos atraparlo, sin comprender que es aún más sutil que el aire mismo....

Cuando un hombre y una mujer tropiezan y se encuentran, nace una relación y viven en ella, deseosos, confundidos, ciegos, temerosos, hambrientos…

Cuando dos mundos se encuentran, se pelean o se fusionan, se acompañan o se separan, cada uno intenta dominar al otro, uno lo logra y así sus raíces se mezclan creando los futuros híbridos.

Cuando una bruja y un brujo se encuentran, el mundo estalla, ambos deben desintegrarse. Se enfrentan, se disuelven, prueban quebrarse, necesitan reconocerse, debe morir lo que fue ayer, deben pasar por el agua y el fuego, transmutar hasta ser solo esencia y fuerza, unirse frente al adversario, descubrirse de a poco y desde el punto del amor que los ha unido crecer nuevamente para realizar la tarea.

Cuando se encuentra el origen, lo profundo, el misterio…

El cielo se abre celeste casi sin nubes, debajo el bosque y el prado verde de pasto fresco y cimas pequeñas, onduladas como las olas del mar. La tierra con olor a rocío, las flores señalan la primavera naciente, el sol emerge del límite de los mundos, la luna acaba de esconderse, en un momento mágico los astros del universo se han encontrado en un instante de amor, el mundo recibe sus dones.

El hombre está dormido.

La niña corre por el prado sintiendo bajo sus pies descalzos el fresco del pasto mojado, el blando de la tierra húmeda, abre los brazos y recibe en medio del pecho el primer rayo del padre rubio de los cielos.

Más allá, el lago despierta, las aves se acercan a beber, los animales cumplen sus rutinas, los árboles sacuden la modorra y los pájaros arman el coro de amanecer con la música de los ángeles

La niña corre casi desnuda, no teme nada, es libre y ríe, ríe a carcajadas...

El cielo la cuida cubriéndola, la tierra la cuida nutriéndola, qué más puede pedir, el mundo se reduce a su espacio verde y fresco, la vida a danzar y reír. Todo esta bien en su mundo...

El cielo debe ser celeste y casi sin nubes, el hollín de las chimeneas cubre la vista, el prado esta asfaltado, los pájaros huyeron, quedando unos pocos prisioneros. El hombre sigue dormido pero se cree despierto mientras cumple su rutina sin cuestionamientos.

La niña mira por la ventana de un rascacielos. ¡Qué pequeño es el hombre, qué inmenso el cielo!, piensa mientras descubre el sol reflejo. Su pecho tiene frío, no hay rayos que la toquen.

¿Seguirán los astros teniendo su instante pleno de amor eterno?, ¿habrá alguien que sienta los dones que al mundo le entregan?

La niña tuvo un sueño...

El cielo se abría celeste casi sin nubes, debajo el bosque y el prado verde de pasto fresco y cimas pequeñas, onduladas como las olas del mar...

Se vio la niña casi desnuda, corriendo, riendo, riendo a carcajadas, y abrió sus brazos al cielo para recibir el primer rayo del astro rubio de los cielos...

La niña despertó, giró los ojos, detrás de la ventana un cielo que podría ser celeste se cubría de hollín de las chimeneas, dos lágrimas escaparon de sus ojos mientras una sonrisa asomaba en sus recuerdos...

©Ana Cuevas Unamuno

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