viernes, 30 de octubre de 2009

HALLOWEEN… TIEMPO DE PASAJE ENTRE LOS MUNDOS

hALLOWEEN

El tiempo de la fructificación ha pasado, los campos comienzan a quedar yertos, la luz mengua en fuerza y todo parece replegarse lentamente, el calor ya no es suficiente para calentar los cuerpos, el ganado retorna al establo y cada quien se refugia en su hogar en espera...

Tiempo de conclusiones, de fines, de muerte... Tiempo de vísperas...

Si comenzamos con el Había una vez…. Podemos contar que allá lejos y hace tiempo esto sucedía….

Seis meses atrás la marea lunar en su ascensión convoco a todos a salir a los prados y ver florecer las semillas que irrumpían en la faz oscura de la madre en busca del poder solar y la expansión en frutos de sus potenciales. La vida cosquilleaba y alegrándose en colores y aromas instaba a amar, reír, hacer, salir, pura apertura, puro gozo y plenitud, el verano con sus poderes cubría la extensión toda de la tierra conocida.

Seis meses mas tarde las primeras huellas de la decadencia ya eran visibles, el pasto ralo no satisfacía el hambre, el ganado buscaba, al igual que los hombres, sitio donde cobijarse de los primeros fríos y lluvias. Caían las hojas y nuevamente la marea lunar alcanzaba su pico agudo, esta vez en lo profundo de la Gran Madre invitando a la unión de las almas, al recogimiento, al silencio y la quietud.

Como el sol y la luna, El día y la noche, persiguiéndose el uno al otro, así también la Gran Madre en su pulso de vida y muerte manifestaba sus poderes y los seres vivos, dependientes de su voluntad y sus misterios, intentaban por todos los medios descifrarla, acompañarla y sobre todo rendirle tributo para no enfurecerla y asegurar así su supervivencia. ¡Se podía enfrentar un ejército enemigo pero jamás la furia de la madre oscura!

 

Si regresamos al presente saliendo del universo de las viejas historias….

Olvidados del sentido de las antiguas celebraciones nos encontramos sorprendidos por el avance significativo de “Fiestas importadas” de las cuales, más que el sentido, adquirimos la “cáscara”.

Comenzamos hace unos pocos años, con la Navidad y sus miles de adornitos americanos que transformaron nuestros arbolitos en abetos de lujo, plagados de ángeles dorados y Santa Claus de todos los tamaños, manuales y motorizados, nieve y escenas gélidas contrastando, diría, groseramente, con el calor del verano que acá en nuestro país se ha instalado. ¡Una entre tantas paradojas humanas! Aún así era lógico que esta importación masiva sucediera en Argentina; (más que en otros sitios de América) donde por años la Navidad fue una fiesta de encuentro familiar, de saludar vecinos, comer y beber hasta el dolor de barriga, con sus buenas y sus malas pero de encuentro al fin; justo en el momento en que a fuerza de ir perdiendo nosotros identidad, el espíritu de festejo, como tantas otras costumbres, se fue diluyendo en un espacio vacío de sentido, reclamando algo con que llenar ese vacío. Era entonces necesaria alguna renovación, y dada nuestra idiosincrasia ¿que mejor que importar el espectáculo que nos falta?... y ahora... HALLOWEEN

Extraño es el modo en que se manifiestan los pasos evolutivos (¿evolutivos?) de la humanidad y el hecho de que HALLOWEEN aparezca cada vez con mas fuerza trayendo toda la potencia comercial norteamericana, (por supuesto sin que esto implique que tomemos conciencia de su significado), nos muestra que el alma reclama celebrar a pesar del Ego que no comprende qué sucede, y por lo tanto en esto como en tantas otras cosas se fascina con las apariencias de las formas.

¿Por que digo esto? Simple, los norteamericanos tienen como característica que los distingue el ser una nación que maneja fuertemente los códigos arquetipos y los mitos, ellos conservan estas matrices y las plasman en su cine, en sus series, en sus fiestas... mientras que nosotros nos hemos alejado cada vez más, al punto de negar, matar, aniquilar todo lo que remita a las memorias, a algún pasado pagano, salvaje y poco aceptable socialmente, ¡de hecho necesitamos matar a todos los indios hasta creer que jamás existieron, que nada tienen que ver con nosotros!. Inevitablemente el aspecto instintivo y sabio de toda sociedad tarde o temprano reclama su espacio y el modo en que hoy lo hace es “importando” las fiestas tal como siempre lo ha hecho con el cine, las modas, etc. Hay algo que nos falta, algo que los argentinos no logramos descubrir, algo que crea un gran vacío y para calmar la angustia de ese vacío adquirimos, copiamos, nos llenamos de cosas, de “Europa” de “América” de esos que de alguna manera intuimos conservan lo que hemos perdido... ancestros, pasado, memoria, raíces...

El espíritu sabio reclama su espacio, tiene necesidades y memorias que prescinden del Ego y buscan como manifestarse en lo personal y en lo social, cuando una de esas necesidades queda insatisfecha busca satisfacerse por senderos muchas veces intrincados, al menos para nuestra comprensión. Este natural recorrido espiritual exige acompasarse con los procesos naturales manifestando así en la materia estos procesos por medio de nuestra vivencia y nuestro accionar. Permanentemente plasmamos analógicamente estos procesos y de ese modo aprendemos, nos transformamos, evolucionamos.

HALLOWEEN representa una instancia en ese contexto de movimiento perpetuo, de allí que con los más variados nombres sea una celebración perteneciente a todas las culturas antiguas, porque en esencia todos los antiguos ritos no hacen mas que significar aquello que se percibe como pautas básicas de la vida, ¡pautas que no se modifican por más progreso que el hombre suponga haber logrado!

El reconocer esas pautas y asumirlas como parte de la propia vida y de si mismos, el poder darle significado y trascendencia a las experiencias permite una sana integración interior, un cause en el lenguaje del alma que permita articular materia y espíritu. Ese es el gran vacío de nuestro tiempo, la falta de cause. Todo nuestro conocimiento actual prácticamente tecnológico no llega siquiera a darnos una pizca de serenidad espiritual, por el contrario esta larga negación de la Diosa ha ido vaciándonos lentamente, dejándonos cercenados, empobrecidos, confundidos y temerosos. Y al referirme a la Diosa lo hago a un arquetipo vital: la fuerza creadora, y destructora de la existencia que establece la ciclicidad y el ritmo.

Por todo esto y para comenzar a tejer una nueva trama donde la Diosa este incluida, trataremos de ir reconcentrándonos con estas instancias vitales y sus significados más profundos, hoy daremos un paseo por el tiempo de: VÍSPERA DE TODO LO SAGRADO...

Los hombres de la antigüedad, a partir de sus ocupaciones y de su cotidianeidad fueron observando y reconociendo dos tipos de divisiones de la vida y/o del tiempo, y a estas divisiones con sus implicancias en la vida humana le fueron otorgando un simbolismo más allá de lo puramente visible, ya que entonces no se había producido la ruptura entre la razón y el instinto e intuición, y al percibirse como una totalidad compleja parte de un todo más vasto, intuitivamente comprendía que lo que sucedía allí afuera tenia estrecha relación con su mundo interior.

Aquellos pueblos dedicados fundamentalmente a la agricultura, sobre todo los habitantes del mediterráneo europeo, reconocieron la importancia de Solsticios y Equinoccios como momentos trascendentes de cambio tanto en el cielo como en la tierra, momentos que afectaban y regían sus vidas, así surgió la división del tiempo CELESTE, es decir las cuatro estaciones que corresponden a los procesos del cielo o dicho más científicamente: los puntos críticos en el camino aparente del sol. Sin embargo otras dos fiestas importantes quedaban fuera de esta interpretación, fiestas que en su más fuerte manifestación se hallaban entre los pueblos Celtas, el 1 de Mayo y el 1 de Noviembre o mejor dicho sus “Vísperas”, fiestas importantes en los pueblos esencialmente sustentados por la ganadería, y regidas por lo tanto por la división del tiempo TERRESTRE, es decir momentos que corresponden a los procesos de la tierra.

Entonces las primeras eran las llamadas “Fiestas de agricultores” ya que en la madre tierra podían leerse los momentos del cielo y de ella surgían las manifestaciones. Estas fiestas marcadas por los solsticios y equinoccios, o lo que hoy denominamos las ”Cuatro estaciones”, daban la pauta a seguir por el agricultor, eran esencialmente celebraciones de la cosecha, la siembra, etc. Aquí queda manifiesto el cuaternario constructor de la vida con sus cuatro momentos principales: Inicio: (primavera), manifestación o plasmación: (verano), disolución:(otoño) y muerte y renovación, (invierno).

El pulso de la materia por el contrario es “Dual” y sus dos momentos eran claramente reconocidos por los pastores identificándolos con el momento de sacar el ganado y el momento de retornar al establo. Tiempo de manifestación en lo exterior y tiempo de manifestación en lo interior, tal como la madre tierra que florece y crece para luego concentrar en sus profundidades la vida, madurándola hasta un nuevo florecimiento. Así FERTILIDAD Y ESTERILIDAD eran los dos momentos femeninos por excelencia, análogos a VIDA –MUERTE, los dos poderes supremos de la Diosa.

El ser humano reconoce el proceso constructor como camino de toda vida ya que somos principalmente seres “Solares” es decir buscadores eternos de alcanzar nuestra deidad interior, y conquistar de algún modo el poder del Sol, también bajo esta ambición se construye la vida social, sin embargo los temores y anhelos más profundos de todo ser humano remiten a estas dos instancias de luz y oscuridad, vida- muerte que constituyen de algún modo lo mas esencial y misterioso.

Si bien es cierto que las festividades nacieron en gran medida como modo de comulgar con el momento del tiempo particular que vivían, no es menos cierto que antes reconocían en esos momentos significados que iban mas allá de lo meramente fenoménico, quizás por eso en regiones lejanas unos de otras, con variados tipos de climas y estaciones, variando sus nombres y signos, ciertos ritos, es decir, ciertas instancias, eran festejadas por igual.

Como modo de comprender estas instancias nacieron las fiestas, los ritos por medio de los cuales el hombre podía representar aquello que le asustaba y fascinaba para ir poco a poco incorporándolo a su saber y transformarlo así en parte comprensible de sí mismo y de la vida.

El tiempo de BELTANE (nombre celta) o 1 de Mayo, tiempo precursor del verano, era el momento en que la vida renacía en el hemisferio norte y los pastores sacaban al ganado del establo para conducirlo a los prados floridos, hasta el tiempo de muerte del cultivo llamado tiempo de SAMAIN o 1 de noviembre, tiempo precursor del frío y la esterilidad hiemal, donde retornaba el ganado al establo para reproducirse y aguardar protegidos del frío y la desolación del crudo invierno, hasta la nueva floración. Animales y humanos armonizaban sincrónicamente sus ritmos, formaban una totalidad experimentando procesos comunes regidos por algo superior a ellos mismos: El clima o mandato divino.

Ambos momentos señalan TRANSICIONES entre la luz y la oscuridad, lo visible y lo invisible y por lo tanto son momentos donde el contacto entre los mundos es posible.

Para los celtas de ambas fechas la más importante era La Víspera de todo lo Sagrado o Samain, ya que allí iniciaba su Año Nuevo, y este dato es por si significativo de su mirada del mundo, la mayoría de las culturas ven el inicio en la primavera, momento en el que todo evidencia ese comienzo, sin embargo para los Celtas, y otros pueblos antiguos, el verdadero comienzo se hallaba en la oscuridad, en lo invisible, tal como el bebe comienza a ser en la oscuridad del útero. La primavera era el nacimiento en lo visible de aquello que ya se había gestado, era tiempo pues de consumación, manifestación, exteriorización. Basados en esta mirada de la existencia todo su paradigma difería radicalmente del que hoy heredamos nosotros de la Solar cultura griega, romana y sobre todo judeo cristiana. Los pueblos que respondían a la Gran Diosa reconocían en ella su origen y por lo tanto la oscuridad y la luz eran dos instancias de una misma cosa, ambas merecedoras de respeto y entrega. La cultura racional que negó la existencia de la Diosa, (condenándose a ella) colocó en un “afuera” la oscuridad pretendiendo así apoderarse sólo de la luz, sin embargo ni la iglesia cristiana con todo su poder ni las ciencias con sus conocimientos pudieron ni pueden erradicar de las almas humanas la necesidad de comprender los misterios de la muerte y lo invisible. (¡La Virgen María sigue siendo presencia viva y poderosa de los que se cobijan en la Santa Madre Iglesia!)

Centrándonos en HALLOWEEN nos encontramos que según las antiguas creencias la 31 de octubre, (en realidad la luna Llena de octubre que sucede entre el 28 de octubre y el 5 de noviembre según el año) señalaba el momento cósmico en que todo se preparaba para la apertura de las puertas entre los mundos, los velos que los separaban caían y era posible cruzar fronteras. Su nombre antiguo era ALL HALLOW EVEN o Víspera de todo lo sagrado, también llamado en celta antiguo OIAHCHE SHAMHNA, HAGUNNAA o SAMHAIN que significa “Colocar juntos”.

Creían que en esa noche mágica las hadas, duendes, gnomos, brujas, muertos, espíritus y divinidades se introducían en la tierra de los mortales y los mortales podían alcanzar los reinos superiores e inferiores. (El OTRO MUNDO) Era un momento de temor y reverencia ya que nada era previsible. Los más extraños fenómenos podían producirse: brujas que robaran bebes, hadas que bendijeran o maldijeran familias, jóvenes aventureros que se perdieran para siempre en el reino oscuro de los muertos, o en el reino bendecido de Avalon, pero por sobre todo esto la importancia de mantener viva esta celebración radicaba en el echo de ser en si misma la oportunidad para que la conciencia incorporase la muerte y los mundos invisibles como parte real de su cotidianeidad.

Al amanecer se encendían los fuegos de SAMHNAGAN (Escocia) o de COEL GOETH (Gales), cuando al caer el sol del 31 se extinguían todos los fuegos, reunían las cenizas en un círculo y arrojaban en ella una piedra cada uno. Al amanecer siguiente cada quien buscaba su piedra y hallaban, según el estado en que había quedado o en el echo de que no estuviese, el sino venidero.

Durante la noche todo quedaba a oscuras y sólo hasta antes de medianoche se encendían antorchas para espantar animas y brujas, corrían por los bosques gritando y se disfrazaban emulando aquello que temían, cada quien “sacaba sus demonios afuera” buscando quemar, destruir, romper el poder de la oscuridad e intentando resistir las tentaciones que indefectiblemente ejercían los seres invisibles del mas allá sobre los mortales. Estaba prohibido comer comida del inframundo, es decir todo aquello que creciera o naciera de las oscuridades de la madre, semillas, tubérculos, etc.

Esa noche hombres y mujeres copulaban con lujuria e intensidad acompañando la copula sagrada del Dagda y la Morrigan, (el Dios solar con la Madre oscura y terrible, señora de la guerra y la destrucción pero también Señora de la renovación y el poder de la fertilidad). Era tiempo de ajustar cuentas y de conclusiones, de rendir homenaje a los muertos y despedirlos para siempre. Y con el encendido, al amanecer, del FUEGO NUEVO con el que se encendían todos los fuegos, se daba inicio al nuevo año.

Si profundizamos en la esencia de esta festividad encontramos su valor en la oportunidad que brindaba para que cada uno hiciese una revisión de su propia sombra, y que al sacarla literalmente afuera pudiese asumirla y transformarla, dejando así espacio a la luz interna. Por otro lado es muy significativo el poder tener un espacio donde realizar y concluir los “duelos”, saldar las deudas de todo tipo, asumir la muerte como parte necesaria de la vida, y acceder a otros reinos, realidades, o mundos, lo que además de permitir una expansión espiritual, simboliza, analógicamente, la posibilidad de desplazarnos a nuestros mundos inconscientes y ocultos en busca de respuestas, conocimiento, integración.

Estos principios resultan vitales para nuestro sano desarrollo, quizás por eso tal era el poder de esta festividad, al punto que la “nueva religión” no pudo erradicarla por lo que una vez mas la iglesia católica se vio en la necesidad de apropiársela y transfórmale su significado adecuándolo en lo posible a sus creencias, así nació el DÍA DE TODOS LOS MUERTOS Y EL DÍA DE TODOS LOS SANTOS, que aún hoy festeja esta entidad.

La gran diferencia entre la antigua celebración y la actual radica en que mientras la primera enfrentaba al hombre con sus demonios y sus miedos exigiéndole que saldara sus deudas, reparara su interior y se hiciese cargo de su totalidad, la segunda desplaza la oscuridad y la luz a una divinidad inasible, y deja fuera al ser humano, imposibilitado de ese modo el experimentar su renovación anual y condenándolo a redimirse y saldar deudas una vez muerto, y ya no frente a si mismo y a su comunidad sino frente a ese juez todopoderoso.

Esto inevitablemente trajo como resultado el temor a la muerte y los múltiples intentos de negación que realizamos los seres humanos como desesperados, sin comprender que ¡no pudiendo aceptar la muerte como parte de la vida no podemos aceptar la vida!

Como síntesis de lo visto podemos comprender que recuperar la oportunidad de reconciliarnos con la DIOSA dedicando aunque más no sea un día a enfrentarnos con las regiones oscuras penetrando los mundos invisibles internos y externos en busca de nuestras sombras y demonios para poder liberarlos integrándolos conscientemente, es una “gracia” que hoy se nos brinda...

¡A esta experiencia los invito!

 

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