martes, 22 de diciembre de 2009

TIEMPO DE NAVIDAD- TIEMPO DE SOLSTICIO

NAVIDAD

 

NAVIDAD: SOLSTICIO de invierno.

(PARA NOSOTROS HABITANTES DEL HEMISFERIO SUR: SOLSTICIO DE VERANO)

Luz y Oscuridad conforman y construyen la totalidad de la existencia. Es en su eterno juego, en ese combate que imaginamos, aunque bien podría ser tan solo un fluir natural, como se recrea la vida a si misma y se modifica la realidad perceptible para la mirada humana.

Luz y Oscuridad, una misma esencia, una sola cosa que sin embargo percibimos en aspectos separados dentro y fuera nuestro, así como dentro y fuera la misma historia del cielo y la tierra se manifiesta en nuestra propia historia cotidiana.

Dicen los antiguos:

“Así como es en lo alto es en lo bajo, como es en lo grande es en lo pequeño, como es adentro es afuera, porque todas las cosas son una única cosa y la misma”

Cada momento de la historia de los cielos ha ido construyendo en la imaginación de los hombres una historia posible de ser narrada en miles de versiones que a pesar de sus diferencias guardan la misma esencia central. Es a través de estas historias como ha intentado, e intenta, el ser humano comprender la existencia de si mismo y más allá de si mismo.

Que llamemos a las estaciones: Fenómenos naturales y les encontremos una magnifica explicación meteorológica, nos sitúa dentro de una realidad analítica meramente racional, que si bien es cierta nos deja vacíos de sentido interior. Desde esta mirada el cielo es algo diferente de nosotros, y nuestra vida con sus diversos cambios y procesos un misterio inexplicable.

Los mitos, por el contrario, personifican esos procesos y fenómenos dándole así al hombre la posibilidad de traer el cielo a su vida y comprenderlo en su interior sintiéndose parte de una totalidad mas vasta.

Los cuentos nos ayudan a sumergirnos en el misterio desde el corazón y abrir los ojos del alma a una mayor comprensión de la cotidianidad de cada uno.

De todas las posibilidades elijo los cuentos y eso es lo que para este solsticio voy a regalarles....

 

LEYENDA DE INVIERNO

Cuando ELA, el Gran Espíritu, hubo creado todo, vio que aún faltaba el movimiento y la sorpresa. Entretenido en su crear dio forma a sus cuatro hijos del clima: Primavera, Verano, Otoño e Invierno. Apenas cobrar vida ellos se miraron entre si y antes del abrazo comenzó la batalla, cada quien lleno de envidia por los atributos del otro, gritaban y discutían sin freno. Ela, sorprendido, buscó consejo en sus hijos mayores y así llegaron a la reunión: La abuela Luna, La diosa Madre Tierra, La Señora de los Mares, el Padre Sol y el Señor de las Tinieblas.

Los cinco miraron atentamente a las nuevas criaturas, y sin poder evitarlo cada quien tomó partido por alguno de los nuevos hijos.

Cómo no amar a Primavera y Verano con sus colores floridos y sus aromas alegres, se excusó la Madre Tierra, tus otros hijos me desgarran y aniquilan ¿y tú pretendes que los quiera?

¿Qué harías tú la siempre llena, la siempre generada, sin ellos? Pregunto Ela.

La Madre Tierra meditó y al cabo respondió: siempre sabio en tus juicios, siempre benévolo, recibo con amor a quienes detendrán mi desenfreno tanto como a los que me brindarán impulso

No necesito yo quien detenga mi fuerza, ni toleraré que se opongan a mi paso, de tus hijos recibo a aquel que sabe rendir honor a mi brillo, arguyó el Padre sol, que veía en Verano su propio reflejo en esplendor.

¡Ignorantes! Gritó el Señor de las Tinieblas, es qué no veis que es Invierno quien tiene la potencia de la vida, en él reside la única sabiduría, la promesa, la posibilidad eterna. ¿Y cómo no agradecen a Otoño que limpia lo gastado y permite que todo se renueve?

Así como mis aguas limpian las costas y se agitan dentro y fuera, no veo yo forma de elegir entre ellos, cada uno me nutrirá, cada uno modificará mi curso y naturaleza, a los cuatro los recibo con agrado, dijo la Señora de los Mares. Es también esa mi decisión contesto la Madre Luna que vio en las criaturas su propio reflejo. Tú Verano serás mi plenitud a la que llegaré gracias a ti querida niña Primavera. Tú Otoño me ayudarás a menguar hasta alcanzar el vacío en tú tiempo querido Invierno, ¡Gracias Ela por completar mi diseño en tus hijos!

Todos, hasta Ela la miraron sorprendidos, ninguno antes que ella se había percatado de la semejanza.

No ha sido por ti querida hija que ellos así fueron hechos, en ti y en ellos tan sólo trace mi único ritmo, la eterna melodía.

Dos fueron los Dioses que tomaron partido, las diosas aceptaron el reto.

Ela fastidiado con la pelea absurda de sus hijos les dijo con autoridad: ¡Todos ustedes son mi decepción, no han comprendido aún, los envío por ello a un sitio donde atrapados en la rueda de mi canto deberéis vivir hasta tanto sepan retornar a mi!

Dicho esto una bruma todo lo cubrió y apenas despejarse comprendieron los Dioses que se hallaban en una esfera llena de vida, lejana a su propio reino. Pasado el primer susto cada quien se apropió del territorio que más le agradaba.

Este es nuestro hogar ahora, Ela así lo ha querido, así sea entonces, que no lamentaremos su elección.

—Mías son por cierto las aguas porque Diosa de ellas soy.

—Y mía la tierra toda, la vida que hay en ella y la que será, la muerte también reclamo, diosa de la Tierra nací y por naturaleza me pertenece.

Divididas las aguas de la Tierra nada quedaba en la esfera. Dijo entonces el Padre Sol:

—Si deseáis permanecer en ella, yo seré señor de toda su circunferencia, libre de ir y venir.

La abuela Luna interrumpió suavemente:

— Libre serás compartiendo los cielos conmigo, juntos viajaremos observando a las nuevas criaturas.

—No será conmigo con quien viajes, grito el sol malhumorado.

— Será entonces tras de ti respondió la Abuela.

La voz del Señor de las tinieblas impidió que continuara la discusión:

—¡Nunca será tuyo el cielo, soy yo quien por derecho lo reclama!

— ¿Y cuál es tu derecho? — preguntó molesto el Sol

—Los cielos mismos guardan mi color.

Miraron todos las tinieblas de los cielos, sin saber que retrucar, mas el sol dijo:

—Es porque este cielo guarda tu forma que las criaturas todas aun no han despertado, ¡triste mundo este de durmientes!, romperé las sombras, llevaré mi luz y ella inundará de vida y despertará el movimiento.

La última palabra se confundió en impulso y antes que los demás pudiesen comentar ya brillaba el sol rasgando las sombras y encandilando la esfera.

Furioso, el Señor de las tinieblas corrió para alcanzarlo y corrió el sol y en la carrera de ambos se confundió el tiempo.

Los cuatro hijos menores que hasta entonces no habían hablado, sintieron enloquecer sus fuerzas, tan pronto se avivaban como decaían, desesperados pidieron ayuda a las Diosas, quienes luego de meditar llegaron a unánime decisión. Así fue como convocaron a sus hermanos a conferencia y con autoridad dijeron:

—La lucha entre ustedes no puede dañar a otros, de nosotras nacieron y a nosotras volverán si no cesan ahora. Tan imperioso y feroz fue el grito que ambos se detuvieron y como niños pescados en una travesura bajaron la vista.

Cada uno expuso sus razones para entronarse amo de todo, sus gritos retumbaban mas allá, hasta los oídos de Ela, alterando la armonía que hasta entonces existía. Las Diosas furiosas les arrebataron las fuerzas diciendo:

—Así lo han querido, desde ahora y hasta que vuelvan a saberse UNO sus fuerzas crecerán y disminuirán de tiempo en tiempo, pasaran la eternidad persiguiéndose y batallando, y los hermanos menores serán desde hoy quienes permanezcan junto a nosotras trazando el dibujo de la batalla para despertar a las criaturas de este mundo,

Dicho esto enviaron al Padre Sol a lo alto del cielo donde la abuela Luna le vigilaría por siempre, y al Señor de las tinieblas lo llevaron a la profundidad de la Diosa Madre Tierra y a los abismos de la Señora de los Mares y las aguas, y dicen que ese día se separaron los Dioses para siempre y desde entonces dura la gran batalla.

Al cielo fueron la Abuela Luna, el Padre Sol, Primavera y Verano, en la tierra quedaron la Madre Tierra, la Diosa de las Aguas, Otoño e Invierno, y ese mundo dejo de ser uno y se trasformo en Dos. Cuando las criaturas despertaron por la bulla de los Dioses nunca supieron que alguna vez había sido Uno porque ellos solo pudieron ver el Dos, sin embargo en sus corazones quedo la nostalgia del Uno nunca visto, y por esa nostalgia comenzaron a buscarlo recorriendo en si mismas las formas que creaban los dioses en sus luchas.

Y dicen que desde entonces cada vez que las diosas de la tierra dan vida a un hombre y le empujan a crecer, tarde o temprano el Señor del Otoño los encuentra y confabulado con el dios del Invierno los empuja al decaimiento, hasta que las diosas le dan muerte para transformarlo en nueva semilla.

Aun hoy continúa la batalla entre el sol y las tinieblas, en este complejo mundo de opuestos que aún no alcanza su síntesis ultima. Para unos hoy es el día del triunfo solar y celebran por ello el Solsticio de Verano, para otros el triunfo pertenece a las tinieblas, celebran entonces el Solsticio de Invierno. Todo es según el sitio en que se encuentre quien observa.

¡Eso es el solsticio, tiempos de grandes batallas, un Dios muere otro nace y en ese nacer y morir de los dioses todos tenemos una oportunidad de despertar!

¡FELIZ NAVIDAD. FELIZ SOLSTICIO!

©-1998-Ana Cuevas Unamuno

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