viernes, 30 de octubre de 2009

HALLOWEEN… TIEMPO DE PASAJE ENTRE LOS MUNDOS

hALLOWEEN

El tiempo de la fructificación ha pasado, los campos comienzan a quedar yertos, la luz mengua en fuerza y todo parece replegarse lentamente, el calor ya no es suficiente para calentar los cuerpos, el ganado retorna al establo y cada quien se refugia en su hogar en espera...

Tiempo de conclusiones, de fines, de muerte... Tiempo de vísperas...

Si comenzamos con el Había una vez…. Podemos contar que allá lejos y hace tiempo esto sucedía….

Seis meses atrás la marea lunar en su ascensión convoco a todos a salir a los prados y ver florecer las semillas que irrumpían en la faz oscura de la madre en busca del poder solar y la expansión en frutos de sus potenciales. La vida cosquilleaba y alegrándose en colores y aromas instaba a amar, reír, hacer, salir, pura apertura, puro gozo y plenitud, el verano con sus poderes cubría la extensión toda de la tierra conocida.

Seis meses mas tarde las primeras huellas de la decadencia ya eran visibles, el pasto ralo no satisfacía el hambre, el ganado buscaba, al igual que los hombres, sitio donde cobijarse de los primeros fríos y lluvias. Caían las hojas y nuevamente la marea lunar alcanzaba su pico agudo, esta vez en lo profundo de la Gran Madre invitando a la unión de las almas, al recogimiento, al silencio y la quietud.

Como el sol y la luna, El día y la noche, persiguiéndose el uno al otro, así también la Gran Madre en su pulso de vida y muerte manifestaba sus poderes y los seres vivos, dependientes de su voluntad y sus misterios, intentaban por todos los medios descifrarla, acompañarla y sobre todo rendirle tributo para no enfurecerla y asegurar así su supervivencia. ¡Se podía enfrentar un ejército enemigo pero jamás la furia de la madre oscura!

 

Si regresamos al presente saliendo del universo de las viejas historias….

Olvidados del sentido de las antiguas celebraciones nos encontramos sorprendidos por el avance significativo de “Fiestas importadas” de las cuales, más que el sentido, adquirimos la “cáscara”.

Comenzamos hace unos pocos años, con la Navidad y sus miles de adornitos americanos que transformaron nuestros arbolitos en abetos de lujo, plagados de ángeles dorados y Santa Claus de todos los tamaños, manuales y motorizados, nieve y escenas gélidas contrastando, diría, groseramente, con el calor del verano que acá en nuestro país se ha instalado. ¡Una entre tantas paradojas humanas! Aún así era lógico que esta importación masiva sucediera en Argentina; (más que en otros sitios de América) donde por años la Navidad fue una fiesta de encuentro familiar, de saludar vecinos, comer y beber hasta el dolor de barriga, con sus buenas y sus malas pero de encuentro al fin; justo en el momento en que a fuerza de ir perdiendo nosotros identidad, el espíritu de festejo, como tantas otras costumbres, se fue diluyendo en un espacio vacío de sentido, reclamando algo con que llenar ese vacío. Era entonces necesaria alguna renovación, y dada nuestra idiosincrasia ¿que mejor que importar el espectáculo que nos falta?... y ahora... HALLOWEEN

Extraño es el modo en que se manifiestan los pasos evolutivos (¿evolutivos?) de la humanidad y el hecho de que HALLOWEEN aparezca cada vez con mas fuerza trayendo toda la potencia comercial norteamericana, (por supuesto sin que esto implique que tomemos conciencia de su significado), nos muestra que el alma reclama celebrar a pesar del Ego que no comprende qué sucede, y por lo tanto en esto como en tantas otras cosas se fascina con las apariencias de las formas.

¿Por que digo esto? Simple, los norteamericanos tienen como característica que los distingue el ser una nación que maneja fuertemente los códigos arquetipos y los mitos, ellos conservan estas matrices y las plasman en su cine, en sus series, en sus fiestas... mientras que nosotros nos hemos alejado cada vez más, al punto de negar, matar, aniquilar todo lo que remita a las memorias, a algún pasado pagano, salvaje y poco aceptable socialmente, ¡de hecho necesitamos matar a todos los indios hasta creer que jamás existieron, que nada tienen que ver con nosotros!. Inevitablemente el aspecto instintivo y sabio de toda sociedad tarde o temprano reclama su espacio y el modo en que hoy lo hace es “importando” las fiestas tal como siempre lo ha hecho con el cine, las modas, etc. Hay algo que nos falta, algo que los argentinos no logramos descubrir, algo que crea un gran vacío y para calmar la angustia de ese vacío adquirimos, copiamos, nos llenamos de cosas, de “Europa” de “América” de esos que de alguna manera intuimos conservan lo que hemos perdido... ancestros, pasado, memoria, raíces...

El espíritu sabio reclama su espacio, tiene necesidades y memorias que prescinden del Ego y buscan como manifestarse en lo personal y en lo social, cuando una de esas necesidades queda insatisfecha busca satisfacerse por senderos muchas veces intrincados, al menos para nuestra comprensión. Este natural recorrido espiritual exige acompasarse con los procesos naturales manifestando así en la materia estos procesos por medio de nuestra vivencia y nuestro accionar. Permanentemente plasmamos analógicamente estos procesos y de ese modo aprendemos, nos transformamos, evolucionamos.

HALLOWEEN representa una instancia en ese contexto de movimiento perpetuo, de allí que con los más variados nombres sea una celebración perteneciente a todas las culturas antiguas, porque en esencia todos los antiguos ritos no hacen mas que significar aquello que se percibe como pautas básicas de la vida, ¡pautas que no se modifican por más progreso que el hombre suponga haber logrado!

El reconocer esas pautas y asumirlas como parte de la propia vida y de si mismos, el poder darle significado y trascendencia a las experiencias permite una sana integración interior, un cause en el lenguaje del alma que permita articular materia y espíritu. Ese es el gran vacío de nuestro tiempo, la falta de cause. Todo nuestro conocimiento actual prácticamente tecnológico no llega siquiera a darnos una pizca de serenidad espiritual, por el contrario esta larga negación de la Diosa ha ido vaciándonos lentamente, dejándonos cercenados, empobrecidos, confundidos y temerosos. Y al referirme a la Diosa lo hago a un arquetipo vital: la fuerza creadora, y destructora de la existencia que establece la ciclicidad y el ritmo.

Por todo esto y para comenzar a tejer una nueva trama donde la Diosa este incluida, trataremos de ir reconcentrándonos con estas instancias vitales y sus significados más profundos, hoy daremos un paseo por el tiempo de: VÍSPERA DE TODO LO SAGRADO...

Los hombres de la antigüedad, a partir de sus ocupaciones y de su cotidianeidad fueron observando y reconociendo dos tipos de divisiones de la vida y/o del tiempo, y a estas divisiones con sus implicancias en la vida humana le fueron otorgando un simbolismo más allá de lo puramente visible, ya que entonces no se había producido la ruptura entre la razón y el instinto e intuición, y al percibirse como una totalidad compleja parte de un todo más vasto, intuitivamente comprendía que lo que sucedía allí afuera tenia estrecha relación con su mundo interior.

Aquellos pueblos dedicados fundamentalmente a la agricultura, sobre todo los habitantes del mediterráneo europeo, reconocieron la importancia de Solsticios y Equinoccios como momentos trascendentes de cambio tanto en el cielo como en la tierra, momentos que afectaban y regían sus vidas, así surgió la división del tiempo CELESTE, es decir las cuatro estaciones que corresponden a los procesos del cielo o dicho más científicamente: los puntos críticos en el camino aparente del sol. Sin embargo otras dos fiestas importantes quedaban fuera de esta interpretación, fiestas que en su más fuerte manifestación se hallaban entre los pueblos Celtas, el 1 de Mayo y el 1 de Noviembre o mejor dicho sus “Vísperas”, fiestas importantes en los pueblos esencialmente sustentados por la ganadería, y regidas por lo tanto por la división del tiempo TERRESTRE, es decir momentos que corresponden a los procesos de la tierra.

Entonces las primeras eran las llamadas “Fiestas de agricultores” ya que en la madre tierra podían leerse los momentos del cielo y de ella surgían las manifestaciones. Estas fiestas marcadas por los solsticios y equinoccios, o lo que hoy denominamos las ”Cuatro estaciones”, daban la pauta a seguir por el agricultor, eran esencialmente celebraciones de la cosecha, la siembra, etc. Aquí queda manifiesto el cuaternario constructor de la vida con sus cuatro momentos principales: Inicio: (primavera), manifestación o plasmación: (verano), disolución:(otoño) y muerte y renovación, (invierno).

El pulso de la materia por el contrario es “Dual” y sus dos momentos eran claramente reconocidos por los pastores identificándolos con el momento de sacar el ganado y el momento de retornar al establo. Tiempo de manifestación en lo exterior y tiempo de manifestación en lo interior, tal como la madre tierra que florece y crece para luego concentrar en sus profundidades la vida, madurándola hasta un nuevo florecimiento. Así FERTILIDAD Y ESTERILIDAD eran los dos momentos femeninos por excelencia, análogos a VIDA –MUERTE, los dos poderes supremos de la Diosa.

El ser humano reconoce el proceso constructor como camino de toda vida ya que somos principalmente seres “Solares” es decir buscadores eternos de alcanzar nuestra deidad interior, y conquistar de algún modo el poder del Sol, también bajo esta ambición se construye la vida social, sin embargo los temores y anhelos más profundos de todo ser humano remiten a estas dos instancias de luz y oscuridad, vida- muerte que constituyen de algún modo lo mas esencial y misterioso.

Si bien es cierto que las festividades nacieron en gran medida como modo de comulgar con el momento del tiempo particular que vivían, no es menos cierto que antes reconocían en esos momentos significados que iban mas allá de lo meramente fenoménico, quizás por eso en regiones lejanas unos de otras, con variados tipos de climas y estaciones, variando sus nombres y signos, ciertos ritos, es decir, ciertas instancias, eran festejadas por igual.

Como modo de comprender estas instancias nacieron las fiestas, los ritos por medio de los cuales el hombre podía representar aquello que le asustaba y fascinaba para ir poco a poco incorporándolo a su saber y transformarlo así en parte comprensible de sí mismo y de la vida.

El tiempo de BELTANE (nombre celta) o 1 de Mayo, tiempo precursor del verano, era el momento en que la vida renacía en el hemisferio norte y los pastores sacaban al ganado del establo para conducirlo a los prados floridos, hasta el tiempo de muerte del cultivo llamado tiempo de SAMAIN o 1 de noviembre, tiempo precursor del frío y la esterilidad hiemal, donde retornaba el ganado al establo para reproducirse y aguardar protegidos del frío y la desolación del crudo invierno, hasta la nueva floración. Animales y humanos armonizaban sincrónicamente sus ritmos, formaban una totalidad experimentando procesos comunes regidos por algo superior a ellos mismos: El clima o mandato divino.

Ambos momentos señalan TRANSICIONES entre la luz y la oscuridad, lo visible y lo invisible y por lo tanto son momentos donde el contacto entre los mundos es posible.

Para los celtas de ambas fechas la más importante era La Víspera de todo lo Sagrado o Samain, ya que allí iniciaba su Año Nuevo, y este dato es por si significativo de su mirada del mundo, la mayoría de las culturas ven el inicio en la primavera, momento en el que todo evidencia ese comienzo, sin embargo para los Celtas, y otros pueblos antiguos, el verdadero comienzo se hallaba en la oscuridad, en lo invisible, tal como el bebe comienza a ser en la oscuridad del útero. La primavera era el nacimiento en lo visible de aquello que ya se había gestado, era tiempo pues de consumación, manifestación, exteriorización. Basados en esta mirada de la existencia todo su paradigma difería radicalmente del que hoy heredamos nosotros de la Solar cultura griega, romana y sobre todo judeo cristiana. Los pueblos que respondían a la Gran Diosa reconocían en ella su origen y por lo tanto la oscuridad y la luz eran dos instancias de una misma cosa, ambas merecedoras de respeto y entrega. La cultura racional que negó la existencia de la Diosa, (condenándose a ella) colocó en un “afuera” la oscuridad pretendiendo así apoderarse sólo de la luz, sin embargo ni la iglesia cristiana con todo su poder ni las ciencias con sus conocimientos pudieron ni pueden erradicar de las almas humanas la necesidad de comprender los misterios de la muerte y lo invisible. (¡La Virgen María sigue siendo presencia viva y poderosa de los que se cobijan en la Santa Madre Iglesia!)

Centrándonos en HALLOWEEN nos encontramos que según las antiguas creencias la 31 de octubre, (en realidad la luna Llena de octubre que sucede entre el 28 de octubre y el 5 de noviembre según el año) señalaba el momento cósmico en que todo se preparaba para la apertura de las puertas entre los mundos, los velos que los separaban caían y era posible cruzar fronteras. Su nombre antiguo era ALL HALLOW EVEN o Víspera de todo lo sagrado, también llamado en celta antiguo OIAHCHE SHAMHNA, HAGUNNAA o SAMHAIN que significa “Colocar juntos”.

Creían que en esa noche mágica las hadas, duendes, gnomos, brujas, muertos, espíritus y divinidades se introducían en la tierra de los mortales y los mortales podían alcanzar los reinos superiores e inferiores. (El OTRO MUNDO) Era un momento de temor y reverencia ya que nada era previsible. Los más extraños fenómenos podían producirse: brujas que robaran bebes, hadas que bendijeran o maldijeran familias, jóvenes aventureros que se perdieran para siempre en el reino oscuro de los muertos, o en el reino bendecido de Avalon, pero por sobre todo esto la importancia de mantener viva esta celebración radicaba en el echo de ser en si misma la oportunidad para que la conciencia incorporase la muerte y los mundos invisibles como parte real de su cotidianeidad.

Al amanecer se encendían los fuegos de SAMHNAGAN (Escocia) o de COEL GOETH (Gales), cuando al caer el sol del 31 se extinguían todos los fuegos, reunían las cenizas en un círculo y arrojaban en ella una piedra cada uno. Al amanecer siguiente cada quien buscaba su piedra y hallaban, según el estado en que había quedado o en el echo de que no estuviese, el sino venidero.

Durante la noche todo quedaba a oscuras y sólo hasta antes de medianoche se encendían antorchas para espantar animas y brujas, corrían por los bosques gritando y se disfrazaban emulando aquello que temían, cada quien “sacaba sus demonios afuera” buscando quemar, destruir, romper el poder de la oscuridad e intentando resistir las tentaciones que indefectiblemente ejercían los seres invisibles del mas allá sobre los mortales. Estaba prohibido comer comida del inframundo, es decir todo aquello que creciera o naciera de las oscuridades de la madre, semillas, tubérculos, etc.

Esa noche hombres y mujeres copulaban con lujuria e intensidad acompañando la copula sagrada del Dagda y la Morrigan, (el Dios solar con la Madre oscura y terrible, señora de la guerra y la destrucción pero también Señora de la renovación y el poder de la fertilidad). Era tiempo de ajustar cuentas y de conclusiones, de rendir homenaje a los muertos y despedirlos para siempre. Y con el encendido, al amanecer, del FUEGO NUEVO con el que se encendían todos los fuegos, se daba inicio al nuevo año.

Si profundizamos en la esencia de esta festividad encontramos su valor en la oportunidad que brindaba para que cada uno hiciese una revisión de su propia sombra, y que al sacarla literalmente afuera pudiese asumirla y transformarla, dejando así espacio a la luz interna. Por otro lado es muy significativo el poder tener un espacio donde realizar y concluir los “duelos”, saldar las deudas de todo tipo, asumir la muerte como parte necesaria de la vida, y acceder a otros reinos, realidades, o mundos, lo que además de permitir una expansión espiritual, simboliza, analógicamente, la posibilidad de desplazarnos a nuestros mundos inconscientes y ocultos en busca de respuestas, conocimiento, integración.

Estos principios resultan vitales para nuestro sano desarrollo, quizás por eso tal era el poder de esta festividad, al punto que la “nueva religión” no pudo erradicarla por lo que una vez mas la iglesia católica se vio en la necesidad de apropiársela y transfórmale su significado adecuándolo en lo posible a sus creencias, así nació el DÍA DE TODOS LOS MUERTOS Y EL DÍA DE TODOS LOS SANTOS, que aún hoy festeja esta entidad.

La gran diferencia entre la antigua celebración y la actual radica en que mientras la primera enfrentaba al hombre con sus demonios y sus miedos exigiéndole que saldara sus deudas, reparara su interior y se hiciese cargo de su totalidad, la segunda desplaza la oscuridad y la luz a una divinidad inasible, y deja fuera al ser humano, imposibilitado de ese modo el experimentar su renovación anual y condenándolo a redimirse y saldar deudas una vez muerto, y ya no frente a si mismo y a su comunidad sino frente a ese juez todopoderoso.

Esto inevitablemente trajo como resultado el temor a la muerte y los múltiples intentos de negación que realizamos los seres humanos como desesperados, sin comprender que ¡no pudiendo aceptar la muerte como parte de la vida no podemos aceptar la vida!

Como síntesis de lo visto podemos comprender que recuperar la oportunidad de reconciliarnos con la DIOSA dedicando aunque más no sea un día a enfrentarnos con las regiones oscuras penetrando los mundos invisibles internos y externos en busca de nuestras sombras y demonios para poder liberarlos integrándolos conscientemente, es una “gracia” que hoy se nos brinda...

¡A esta experiencia los invito!

 

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miércoles, 28 de octubre de 2009

ENCUENTROS

 

El maestro dijo: — " Cuídate de los hombres pequeña mía, siempre intentarán dominar tu espíritu, modelar tu vida, controlar tu cabeza. Cubre tus pensamientos en una nube de rosas y refúgiate en lo profundo de tu corazón. Vuela como los pájaros, escúrrete como el aire de las garras del águila, dibuja en tu rostro señales de sonrisa y despista tu mirada."

Muerte y vida dos nombres para una misma cosa, espacios en el tiempo, dibujos del cielo, juego de formas simples y complejas, ¡el cielo sólo es cielo, y es tanto!

Señor mírame un instante, ¿ves?....Estoy cansada, los días se escurren y la tarea nunca está terminada.

¿Preguntas si creo que soy Dios?, claro que lo soy.

¿Preguntas si soy una tonta mujer?, claro que lo soy. Por qué ponerle títulos a las cosas, por qué no circular simplemente, riendo y llorando, sufriendo y gozando, sabiendo, sospechando, ignorando....

¿Por qué? ¿Para qué? ¿Cuándo? ¿Cómo?... Preguntas vanas…

El conocimiento no puede explicarse, no puede enseñarse, no puede contarse, no puede uno apropiárselo, el conocimiento verdadero actúa a cada instante, desapareciendo cuando intentamos atraparlo, sin comprender que es aún más sutil que el aire mismo....

Cuando un hombre y una mujer tropiezan y se encuentran, nace una relación y viven en ella, deseosos, confundidos, ciegos, temerosos, hambrientos…

Cuando dos mundos se encuentran, se pelean o se fusionan, se acompañan o se separan, cada uno intenta dominar al otro, uno lo logra y así sus raíces se mezclan creando los futuros híbridos.

Cuando una bruja y un brujo se encuentran, el mundo estalla, ambos deben desintegrarse. Se enfrentan, se disuelven, prueban quebrarse, necesitan reconocerse, debe morir lo que fue ayer, deben pasar por el agua y el fuego, transmutar hasta ser solo esencia y fuerza, unirse frente al adversario, descubrirse de a poco y desde el punto del amor que los ha unido crecer nuevamente para realizar la tarea.

Cuando se encuentra el origen, lo profundo, el misterio…

El cielo se abre celeste casi sin nubes, debajo el bosque y el prado verde de pasto fresco y cimas pequeñas, onduladas como las olas del mar. La tierra con olor a rocío, las flores señalan la primavera naciente, el sol emerge del límite de los mundos, la luna acaba de esconderse, en un momento mágico los astros del universo se han encontrado en un instante de amor, el mundo recibe sus dones.

El hombre está dormido.

La niña corre por el prado sintiendo bajo sus pies descalzos el fresco del pasto mojado, el blando de la tierra húmeda, abre los brazos y recibe en medio del pecho el primer rayo del padre rubio de los cielos.

Más allá, el lago despierta, las aves se acercan a beber, los animales cumplen sus rutinas, los árboles sacuden la modorra y los pájaros arman el coro de amanecer con la música de los ángeles

La niña corre casi desnuda, no teme nada, es libre y ríe, ríe a carcajadas...

El cielo la cuida cubriéndola, la tierra la cuida nutriéndola, qué más puede pedir, el mundo se reduce a su espacio verde y fresco, la vida a danzar y reír. Todo esta bien en su mundo...

El cielo debe ser celeste y casi sin nubes, el hollín de las chimeneas cubre la vista, el prado esta asfaltado, los pájaros huyeron, quedando unos pocos prisioneros. El hombre sigue dormido pero se cree despierto mientras cumple su rutina sin cuestionamientos.

La niña mira por la ventana de un rascacielos. ¡Qué pequeño es el hombre, qué inmenso el cielo!, piensa mientras descubre el sol reflejo. Su pecho tiene frío, no hay rayos que la toquen.

¿Seguirán los astros teniendo su instante pleno de amor eterno?, ¿habrá alguien que sienta los dones que al mundo le entregan?

La niña tuvo un sueño...

El cielo se abría celeste casi sin nubes, debajo el bosque y el prado verde de pasto fresco y cimas pequeñas, onduladas como las olas del mar...

Se vio la niña casi desnuda, corriendo, riendo, riendo a carcajadas, y abrió sus brazos al cielo para recibir el primer rayo del astro rubio de los cielos...

La niña despertó, giró los ojos, detrás de la ventana un cielo que podría ser celeste se cubría de hollín de las chimeneas, dos lágrimas escaparon de sus ojos mientras una sonrisa asomaba en sus recuerdos...

©Ana Cuevas Unamuno

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lunes, 26 de octubre de 2009

LOS MISTERIOS DEL AMOR

El deseo de un amor eterno y perfecto es un deseo humano nacido en el comienzo de los tiempos. Lo que nos cuesta comprender es que lograrlo es una ardua tarea y no el resultado de pases mágicos, ni de la suerte, ni del milagro.

Hay una bellísima historia siux que algo nos dice al respecto…

Lean, escuchen, recuerden….

EL AGUILA Y EL HALCON

Cuenta los que aún tienen memoria, que hace ya mucho tiempo dieron en llegar a las puertas de la tienda del brujo una pareja de jóvenes enamorados. Ellos eran Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta, la hija del cacique y, hay que decirlo, una de las más hermosas mujeres de la tribu.

Ante la mirada curiosa del brujo los jóvenes dijeron:

— Nos amamos — empezó el joven

— Y nos vamos a casar — dijo ella

— Pero…nos queremos tanto que tenemos miedo.

—Miedo de que se dañe nuestro amor

—Por eso es que hemos venido, necesitamos un hechizo, un conjuro, un talismán, que nos garantice que podremos estar siempre juntos, amándonos como ahora nos amamos.

— Juntos hasta encontrar a Manitú el día de la muerte.

— Por favor— dijeron juntos—, Dinos ¿qué podemos hacer?

El viejo los miró con ternura. Eran tan jóvenes, tan enamorados, tan llenos de ilusión….

— Hay algo...—dijo el viejo después de una larga pausa—. Pero no sé... es una tarea muy difícil y sacrificada.

— No importa— dijeron los dos.

—Estamos dispuestos a todo— afirmó Toro Bravo y Nube alta asintió.

— Bien — dijo el brujo —, Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola sin más armas que una red y tus manos, y una vez allí has de cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Luego le traerás aquí con vida el tercer día después de la luna llena.

Nube Alta asintió

El brujo miró entonces a toro Bravo y le dijo:

— Y tú, deberás escalar la montaña del trueno y cuando llegues a la cima, has de encontrar la más brava de todas las águilas y atraparla utilizando únicamente tus manos y una red. No vayas a herirla, has de traerla viva y sana ante mí, el mismo día en que vendrá Nube Alta...

Toro Bravo y nube alta se miraron, nada sencilla era la tarea encomendada, pero movidos por su sueño y su amor, aceptaron la tarea.

El brujo hizo un gesto indicando que no tenía más que decir, y los jóvenes luego de agradecerle salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur.

El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas.

El viejo les miró, sonrió y les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron. Las aves eran verdaderamente hermosas, sin duda lo mejor de su estirpe.

— ¿Volaban alto?— preguntó el brujo.

— Muy alto y bellamente — dijo Nube Alta

— Son las mejores de su especie— dijo Toro Bravo con cierto orgullo, y de inmediato impaciente añadió — ¿Qué hemos de hacer ahora? ¿Hemos de matarles en alguna ceremonia?

— No —dijo el sabio anciano—. No habrá ceremonia ni sacrificio. Tomad cada uno su ave y atadlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero. Cuando las hayáis anudado, soltadlas y dejad que vuelen libres.

El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y luego de atarlos los soltaron para que volasen libremente.

El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse en el suelo. Unos minutos después, frustradas y rabiosas, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.

Los jóvenes miraban con angustia sin saber qué hacer y sin comprender.

El brujo les dijo entonces:

— Este es el conjuro. Jamás olviden lo que han visto. Ustedes son como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a hacerse daño el uno al otro. Si desean que vuestro amor perdure "volad juntos pero jamás atados".

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jueves, 22 de octubre de 2009

EL ARTE CUENTA...DENUNCIA....ENSEÑA....

Hoy he quedado maravillada por una artista llamada KSENIYA SIMONOVA. Una maravillosa Cuentacuentos que los cuenta por medio de un arte original.

El dato lo compartió un compañero de un foro y ahora quiero compartirlo con todos pues me ha emocionado hasta las lágrimas.

Kseniya es Ucraniana, tiene 24 años y fue ganadora de la versión ucraniana 2009 de Britain’s got talent.

Utilizando sólo una caja de luz, arena, una excelente atmósfera musical, además de toda su sensibilidad y talento, escenificó fue la historia de la invasión y ocupación de Ucrania por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, expresando con intensidad el dolor, devastación y anhelos vividos por el pueblo ucraniano, conmoviendo profundamente al público presente y a quienes como yo o ustedes la vemos en la pantalla.

La frase final es contundente y significa: SIEMPRE CERCA…


¡Los invito a disfrutar!




¡Sigamos día a día transmitiendo la memoria!

martes, 20 de octubre de 2009

LA TÍA TERESA

El amor da para tantas vivencias, encuentros y desencuentros, miedos, dudas, ganas, situaciones misteriosas e insólitas como esta…

A veces para aprender hace falta un terremoto, decían mis tías, cada vez que yo me empecinaba en algo jurando y perjurando que era imposible, y de reojo miraban a la tía Teresa que se ponía toda colorada y resoplaba con una mezcla de burlona ofensa. Entonces yo hacía una mueca y me retractaba.

Teresa había sido siempre distinta. Nunca había hecho travesuras, ni le había contestado a su padre, Jamás se quejaba, ni participaba en los juegos, tampoco reía.

A decir de las tías, era muy pero muy limpia y pudorosa. A ella no le gustaba que nada la sorprendiese sin estar preparada, por eso, por ejemplo, siempre tenía bizcochos frescos en la lata, un licorcito por las dudas y la casa como recién estrenada. Tampoco le gustaban las malas palabras, los exabruptos, las exageraciones, las carcajadas fuertes, los dobladillos descosidos, andar despeinada, tener las manos sucias, ni hablar de intimidades.

Ya desde pequeña, quizás por haber tenido que hacer de madre para sus hermanas cuando aún ella misma necesitaba madre, había sido reconcentrada, hacendosa y regañona. Hermanas y primas apostaban si tendría o no un novio. ¡Imposible!, decían algunas. Lo hará y se casará con él porque es lo que corresponde decían las otras, y todas entre murmullos reían sin malicia cuando ella no estaba.

Un día sucedió: Teresa se puso de novia.

Con el novio se casó y tuvo hijos. Fue el único cambio, pues siguió fregando y teniendo siempre todo preparado por las dudas. Su eficacia previsora la dejaba sin tiempo para que la vida la sorprendiese. Y tanta era su manía por erradicar cuanta pelusa existiese en el mundo, como si a fuerza de fregar, lustrar y pulir pudiese despojar a la realidad de sus miserias, y a su alma de sus penas y ausencias, que no tuvo oportunidad de enterarse de la infidelidad del marido, ni de su hartazgo, ni de lo mucho que habían crecido sus niñas, que ahora ya eran mujeres y tenían sus propios novios y sueños.

¿Habrá algo que la saque de sí misma? ¿Algo que la obligue a reaccionar? Se preguntaban preocupadas sus hermanas, sacudiendo descreídas las cabezas.

Una noche dormía profundamente cuando su marido, que vaya a saber porqué, había decidido dormir en la cama conyugal, la despertó con bruscas sacudidas: Levántate… rápido… terremoto, dijo y salió corriendo. Teresa se levantó medio aturdida, fue al baño apresurada por lavarse y cambiarse la bombacha, le costó llegar al bidé a causa de los sacudones pero lo logró, y en eso estaba cuando se apagó la luz, obligándola a seguir a tientas.

A pocos pasos una luz poderosa la encandiló gritando: ¡Pero qué hace señora! ¿Está loca?, y una mano fuerte y decidida, como nunca había conocido, la sujetó y de un tirón la sacó a la calle al mismo tiempo que la casa se derrumbaba con un estrépito infernal. El terremoto satisfecho se detuvo.

Todos suspiraron aliviados y al mismo tiempo espantados. Mi tía se miró descubriendo horrorizada que estaba en camisón, el dueño de la mano la miró con gusto y sin horror.

Mi esposo, balbuceó Teresa sin saber que decir. ¿Uno bajito, algo panzón, de bigotes anchos? Mi tía asintió. Se fue, contestó el hombre, quizás lo espantó el susto o quizás lo aprovechó, añadió con un gesto que era mezcla de compasión y sorna. Teresa lo miró fijo, luego miró los restos de su casa largamente. Todo es polvo, dijo. Nosotros también lo seremos, comentó el hombre. Se miraron. Una carcajada añeja que aguardaba desde hacía cincuenta años su oportunidad, estalló como compitiendo con los rugidos de las sirenas, los sollozos de la gente, el tosco sonido de paredes que aún continuaban su desintegración. Y Teresa siguió riendo mientras pateaba el polvo como una chiquilla y lo tiraba al aire dejando que cayera sobre ella bendiciéndola. El hombre la besó con la dulzura de los sorprendidos y se siguieron besando con la pasión de los desesperados, de los hambrientos, de los renacidos.

©Ana Cuevas Unamuno

lunes, 19 de octubre de 2009

DIFERENCIAS APARENTES- CUENTO SUFI

Peleamos, peleamos...¡cuanto peleamos antes de escucharnos!img011

Esta historia que hoy les cuento, es reflejo de historias infinitas en nuestra vida cotidiana... Es que saber escuchar y dar tiempo al espíritu para intentar entender lo que el otro nos está diciendo, no siempre nos resulta sencillo.

Y sin embargo.....

¡Que fácil podría resultar nuestra vida con tan solo saber "escuchar"!

Diferencias Aparentes  

Cuatro viajeros provenientes de distintos países

que seguían la misma ruta juntaron el poco dinero que tenían para comprar comida.

-El persa dijo: comparemos angur.

-El árabe contestó: no, yo quiero inab.

-El turco no estuvo de acuerdo y exclamó: de eso nada, yo comeré uzum.

-El griego protestó diciendo: lo que compraremos será stafil.

Como ninguno sabía lo que significaban las palabras de los demás, comenzaron a pelear entre sí.

Tenían información, pero carecían de conocimiento.

Pasó por allí un hombre que dijo:

-Yo puedo satisfacer el deseo de todos ustedes, denme su dinero.

Los viajeros accedieron a la solicitud del recién llegado. Al cabo de un rato, el hombre regresó con aquello que todos habían mencionado sin saber que se referían a lo mismo: uvas.

sábado, 17 de octubre de 2009

EL NACIMIENTO DEL RÍO AMARILLO

the twilight hourImage by jesuscm via Flickr

Me han prestado un libro maravilloso, llamado Cuentos Chinos del Río Amarillo, y quiero comaprtir con todos una de sus historias.

En este caso la historia es "El Nacimiento del Río Amarillo".

Presten atención porque ya comienza el cuento....





¡Espero que lo hayan disfrutado como yo!

miércoles, 14 de octubre de 2009

Otros rostros del Amor

Hay cuentos que hablan del amor y desamor, hay poemas que lo hacen y también antiguos romances como el que les comparto hoy

ROMANCE DEL CAZADOR CAZADO

Pensando al amor cazar,

yo me hice cazador,

y a mí cazóme el amor.

Entré muy descuidado

en el monte de Cupido,

por ver si había venado

y hallé un ciervo escondido:

muy a paso sin ruido

arrojéle un pasador,

y a mí cazóme el amor.

Desque herido le vi

empecé a correr tras él,

y corriendo me perdí

por una sierra cruel;

pero al fin vi un vergel,

que sois vos, lleno de flor,

y allí cazóme el amor.

Otra forma de hablar, el mismo sentir….

martes, 13 de octubre de 2009

Parejas… ¿Parejas o desparejas?….

Ya hablé algo sobre el amor, pero algo siempre es poco, el amor permite llenar infinidad de páginas, tantas como lo permite el desamor...
Esta vez pensaba en el tema de elegir pareja. Elegir, claro, cuando es posible, pues últimamente pareciera que los vínculos resultan más y más difíciles. Imaginando entonces que es posible, las dudas comunes suelen ser ¿Durará esta relación? ¿Funcionará? ¿Es esta la persona indicada? ¿Cómo saber si estoy haciendo lo correcto?.....
Ninguna de estas preguntas tienen respuesta posible más que la que nos da el tiempo mismo. Sin embargo es un hecho que muchas parejas que comienzan con gran entusiasmo pronto parecen apagarse y dónde hubo entusiasmo sólo quedan quejas. Creo que uno de los motivos es que esperamos demasiado del "otro" o de la "otra". Queremos que sea nuestra pareja, nuestro compañero o compañera, nuestra o nuestro amante, nuestra o nuestro amigo, nuestra o nuestro sostén, padre, madre, hermano, consejero, cocinero, electricista......y más y más.
Fue pensando en eso que se me ocurrió traerles hoy un cuento que habla de una muchacha que intuitivamente supo que una sola persona no lo puede todo...

 

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LA NIÑA DE LOS TRES MARIDOS

Erase una vez un padre como tantos padres, que tenía una hija tan hermosa, como voluntariosa y terca. Terca en realidad la consideraba su padre, pues la muchacha no era ni más ni menos que una mujer que confiaba en sí misma y sabía tomar sus decisiones.

Creció la niña y cuando tuvo edad de casarse, se vio enfrentada al dilema de elegir marido. Según cuentan un día de tantos se presentaron tres jóvenes, a cual más apuesto, a pedirle al padre la mano de la niña.

El padre, luego de observarlos y hacerles las preguntas pertinentes, contestó que los tres tenían su beneplácito, por lo tanto y porque era buen padre, preguntaría a su hija a cuál de ellos prefería.

Así lo hizo, y para su sorpresa, la niña sin titubear le contestó que a los tres.

—Pero, hija, eso no puede ser.

—Tú me has dado a elegir y he elegido a los tres —contestó la niña.

—Un poco de sensatez. Hija. No es momento para juegos —volvió a decir el padre—. Dime de una vez ¿a cuál de ellos doy el sí?

—A los tres —volvió a contestar la niña, y no hubo quien la sacase de ahí.

El pobre padre desconcertado y cabizbajo volvió donde los jóvenes y luego de meditar les confesó que su hija los quería a los tres; pero como eso no era posible, él había determinado que se fuesen por esos mundos de Dios a buscar y traerle una cosa única en su especie. Aquel que trajese la mejor y más rara sería quien se casase con su hija.

De inmediato los jóvenes se pusieron en camino, cada cual por su lado, y al cabo de mucho tiempo por pura casualidad, volvieron a reunirse allende los mares, en lejanas tierras, sin que ninguno hubiese hallado cosa hermosa y única en su especie. Desfallecientes y casi sin esperanzas, decidieron recorrer el pueblo en que se hallaban y reencontrarse al día siguiente.

Marcho uno a visitar la feria del poblado y paseando estaba cuando se cruzó en su camino un viejecito intentando venderle un espejito.

El joven lo rechazó con amabilidad, pues de poco podía servirle un simple y feo espejo cuando lo que él necesitaba era algo único. Sonrió el viejo y le dijo que ese no era cualquier espejo pues poseía la virtud de mostrar en él las personas que su dueño deseaba ver. El joven desconfiado deseo ver el rostro de su padre y para su sorpresa al instante el espejo le mostró a su anciano padre labrando la tierra. Sin poder creerlo pagó al viejo lo que le pedía y guardó con alegría el espejo.

Mientras tanto el segundo joven paseaba por las calles buscando una taberna. Estaba por beber el primer trago de cerveza cuando un viejecito se le acercó pidiéndole que le comprara comprar un potecito con bálsamo.

— Con gusto lo compararía si fuese de utilidad, pero ¿para qué podría servirme este bálsamo cuando lo que necesito es algo único y original? —preguntó al viejecito.

—Entonces has de comprarlo pues este bálsamo tiene una gran virtud: resucita a los muertos.

El joven soltó una carcajada que se le quedó atragantada, pues justo en ese momento pasaba un cortejo y vio como el viejo echaba una gota de bálsamo en la boca al difunto, y este se levantaba de un salto tan bueno y dispuesto que cargó con su ataúd y se fue a su casa. Al instante el joven pagó al viejo lo que le pidió y se hizo con el pote de bálsamo.

Nos queda ahora saber que sucedió con el tercer pretendiente. Este joven optó por ir hacia el mar. Extrañaba su tierra, su barca y el olor del salitre. Concentrado en su problema jugueteaba con la arena cuando vio llegar navegando a buen ritmo sobre las olas una barca muy grande. Llegada a la playa la barca se abrió, y ante los ojos estupefactos del joven de su interior salieron infinidad de pasajeros a cual más contento.

— ¿Quiere usted comprar mi barca? — le dijo un viejecito

— Bien quisiera una barca nueva, más esta de poco sirve y menos que menos hoy.

—Quizás no tenga la mejor apariencia, más esta barca no es cualquiera pues sólo ella es capaz de transportar en pocas horas a su dueño y a los que con él se embarcan, allí donde les apetezca ir.

Río el joven creyéndose burlado pero el viejo lo instó a preguntarle a los pasajeros de dónde venían y cuánto habían viajado.

Nada más saber el joven que en apenas unos minutos los pasajeros habían recorrido la distancia de España a Francia, pagó al viejo lo que le pidió y compró la barca.

Como habían convenido, al día siguiente se reunieron los tres, y cada cual contó muy satisfecho que ya había hallado lo que deseaba, y que iba, pues, de regreso en busca de la muchacha.

Dijo el primero: —He comprado un espejo mágico en el que se refleja, con sólo desearlo, a la persona en que se piense. Al mismo tiempo los tres jóvenes desearon ver a la niña. ¡Cuál sería su asombro cuando la vieron tendida en un ataúd y muerta!

Dijo angustiado el segundo: — ¡Qué desgracia! Yo he comprado un bálsamo mágico que resucita a los muertos, más de nada servirá pues debe aplicarse en las primeras horas y nos llevará días estar de regreso. ¡Nada podremos hacer!

Casi sin poder creer lo que sucedía, dijo el tercero: ¡Podremos! Pues yo he comprado una barca mágica que en apenas horas nos llevará a casa de la muchacha.

Sin decir más corrieron a embarcar y dos horas más tarde saltaban a tierra y corrían a la casa de la joven.

El padre desconsolado les pidió que se retiraran pues no era m omento de visitas, pero los jóvenes pidieron ver a la difunta. Cuando estuvieron en el cuarto en que se encontraba el ataúd, se acercó el que tenía el bálsamo, echó unas gotas sobre los labios de la joven y de inmediato esta abrió los ojos y sonrió. Los jóvenes le ayudaron a bajar del ataúd mientras su padre atónito no encontraba que decir.

La joven se acercó a su padre, le abrazó y le dijo: —Ya ve padre que no estaba equivocada. ¡Los necesitaba a los tres!

 

© Adaptación. Ana cuevas Unamuno

viernes, 9 de octubre de 2009

¿QUÉ ES PEOR? O COMO CALMAR EFICAZMENTE UN MIEDO

Cuento Sufi.

Muchas veces el miedo nos paraliza, o nos conduce a ideas oscuras que nos ciegan a las buenas ideas.. En esos momentos no encontramos un camino, sin embargo lo hay… He aquí una idea….

Un sultán decidió hacer un viaje en barco con algunos de sus mejores cortesanos.

Se embarcaron en el puerto de Dubai y zarparon en dirección al mar abierto.

Entretanto en cuanto el navío se alejó de tierra uno de los súbditos -que jamás había visto el mar y había pasado la mayor parte de su vida en las montañas - comenzó a tener un ataque de pánico: sentado en la bodega de la nave lloraba, gritaba y se negaba a comer o a dormir.

Todos procuraban calmarlo diciéndole que el viaje no era tan peligroso, pero aunque las palabras llegasen a sus oídos no llegaban a su corazón.

El sultán no sabía qué hacer y el hermoso viaje por aguas tranquilas y cielo azul se transformó en un tormento para los pasajeros y la tripulación.

Pasaron dos días sin que nadie pudiese dormir con los gritos del hombre. El sultán ya estaba a punto de mandar volver al puerto cuando uno de sus ministros conocido por su sabiduría se le aproximó: Si Su Alteza me da permiso yo conseguiré calmarlo.

Sin dudar un instante el sultán le respondió que no solo se permitía sino que sería recompensado si consiguiera solucionar el problema.

El sabio entonces pidió que tirasen al hombre al mar.

En el momento, contentos de que esa pesadilla fuera a terminar un grupo de tripulantes agarró al hombre que se debatía en la bodega y lo tiraron al agua.

El cortesano comenzó a debatirse, se hundió, tragó agua salada, volvió a la superficie, gritó más fuerte aún, se volvió a hundir y de nuevo consiguió reflotar. En ese momento el ministro pidió que lo alzasen nuevamente hasta la cubierta del barco.

A partir de aquel episodio, nadie volvió a escuchar jamás cualquier queja del hombre, que pasó el resto del viaje en silencio, llegando incluso a comentar con uno de los pasajeros que nunca había visto nada tan bello como el cielo y el mar unidos en el horizonte. El viaje - que antes era un tormento para todos los que se encontraban en el barco - se transformó en una experiencia de armonía y tranquilidad.

Poco antes de regresar al puerto el Sultán fue a buscar al ministro:

— ¿Cómo podías adivinar que arrojando a aquel pobre hombre al mar se calmaría?

— Por causa de mi matrimonio — respondió el ministro. —Yo vivía aterrorizado con la idea de perder a mi mujer y mis celos eran tan grandes que no paraba de llorar y gritar como este hombre. Un día ella no aguantó más y me abandonó y yo pude sentir lo terrible que sería la vida sin ella. Solo regresó después de que le prometí que jamás volvería a atormentarla con mis miedos. De la misma manera este hombre jamás había probado el agua salada y jamás se había dado cuenta de la agonía de un hombre a punto de ahogarse. Después que conoció eso entendió perfectamente lo maravilloso que es sentir las tablas del barco bajo sus pies.

—Sabia actitud — comentó el sultán.

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miércoles, 7 de octubre de 2009

CUENTOS PÍCAROS

Me gustan los cuentos con humor, con picardía, con...ingenio.
Cuentos por ejemplo como este....

El Abad y los Tres Enigmas

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lunes, 5 de octubre de 2009

LA MUERTE ENAMORADA

No tengo por costumbre moverme por impulsos, sin embargo, el día que a la distancia vi al pobre campesino desechar por igual al diablo y al santo como padrinos de su hijo, supe que había llegado la hora de nombrar un nuevo ayudante. Pues, ¿qué otra cosa son los sanadores, sino mis mejores colaboradores?

No se lo dije entonces, ni nunca. Me limité a pararme frente a él y ofrecerme como madrina para su hijo. Aceptó sin titubeos y eso me satisfizo. Pidió honores y fama para su niño y se lo concedí dado que solo así podría serme útil.

Nada pueden reprocharme, desde el comienzo mismo me ocupé de él y sin que me viesen le vi crecer, y esperé el día de su vigésimo cumpleaños para cumplir mi palabra de visitarle.

No esperaba un cálido recibimiento cuando llegué en medio de la fiesta, curioso resultó por lo mismo, la sencillez y alegría con que el joven me recibió. Ahora, a la distancia, creo que en ese momento, lo imprevisible, lo inesperado, lo imposible, se instaló entre nosotros como un germen diminuto e invisible que en ese entonces no supe ver.

Como tantas otras veces a lo largo de los siglos y siglos que dura mi tarea entre los hombres, le entregué la hierba que sana y le di mi bendición junto a mis instrucciones. Él aceptó el trato y prometió obedecer. Si me encontraba a la derecha, tenía mi permiso para sanar, si a la izquierda, debía retirarse. ¡Fáciles instrucciones para tan trascendente tarea!

Fui yo quien le convirtió en el más grande de los médicos, y la fama, los honores y riquezas prometidos, llovieron sin cesar sobre él. Durante años, ni un sí ni un no nos enfrentó, tal como yo esperaba, tal como debía ser.

Hasta ese malhadado día en que viéndome a la izquierda de la cama de un pequeño moribundo, como tantos otros, algo sucedió en mi muchacho, algo terrible, poderoso, que le hizo rehuir mi mirada al tiempo que me desobedecía, salvando por sí mismo la vida del niño.

¿Qué sucedió en mi que se lo permití? ¿De qué rincón de su ser, oculto a mis ojos, extrajo el poder de insuflar vida? ¿Fue acaso ese misterio lo que paralizó mi determinación?..

Aturdida, me alejé. Le esperé en su casa envuelta en mi helada furia, deseosa de verle desafiante para poder castigarle como merecía. Pero él llegó suave, sumiso, sereno y en sus ojos vi la vergüenza de haberme desobedecido pero no el arrepentimiento. Y ese germen invisible nacido el primer día cosquilleó en mí, transformado en palabras imposibles de perdón. ¡Yo, que jamás he vacilado, que nunca antes me he visto perturbada, que carezco de corazón, de sentimientos y tantas otras debilidades mortales, tuve que reconocer ante mi misma, pues ante nadie más respondo, que por primera vez conocía una fuerza que podía afectarme!

Casi huí de esa casa, ¡ridícula acción para la Muerte que ante nada ni nadie ha huido nunca!, a refugiarme en mi útero de roca, palpitando con tanta fuerza como las llamas recién nacidas.

No poseo como atributos la reflexión ni el análisis, menos el remordimiento o la compasión, me basta ser impecable en mi tarea sin buscarle jamás sentido. Quizás por eso la paz restablecida entre nosotros me facilitó olvidar el episodio y continuar imperturbable mi tarea.

Más ¡Ay!, estaba escrito que el destino me había alcanzado y ya nada podría permanecer igual, como no permanece igual el cielo cuando muere una estrella.

Llegada la hora del Gran Rey, allí estaba yo buscando lo que me pertenecía, cuando mi niño llegó y al verme a la izquierda supo que nada podía hacer, y gacha la cabeza le vi temblar de pena.

Si tuviese sentimientos, podría jurar que me alegré al verle obediente, tanto como me enfurecí al instante al verle levantar la cabeza y con gesto decidido darle al rey la pócima que me lo arrebataba de las manos. Los hielos mismos del abismo se encendieron en ese momento en mis entrañas y latiendo en gélidas ráfagas, le esperé en su casa decidida a castigarle con todo el poder de mi ira.

¿Porqué al verle llegar, si se quiere aún más sólido y sereno que la primera vez, percibí cómo se debilitaba mi determinación? No se excusó en disculpas vanas, no bajó la mirada, no suplicó... Tampoco fueron sus palabras las que detuvieron mi sentencia en un espasmo inaudito de terneza, que inundándome por completo, a duras penas me dejó advertirle que ya no podría otra vez perdonarle. ¿Qué fue entonces?

Mucho tiempo cavilé en esa duda que me carcomía y la respuesta llegó inesperadamente a través de quien me la causaba, el día en que por tercera vez me desobedeció al mismo tiempo que se me entregaba por completo.

A la princesa que él amaba más que a nada, le había llegado la hora de acudir a mi abrazo, mi joven al verme lo supo y en mirada abierta y transparente vi al mismo tiempo su elección y su entrega.

Yo, que siempre he sido temida, odiada, investida de las peores formas, acusada de las mayores injusticias, convertida en la enemiga cruel de toda vida y no he conocido ni caricias, ni dulzuras, ni tan siquiera una plácida comprensión, recibí de improviso y sin aviso un amor tan vasto que llegaba a mi, vacío de pedidos. Y ese amor de quien siendo mi ahijado se convertía en mi hijo por el lazo que creaba al penetrarme, transformó mi destino hasta tal punto que al llevarlo a mi mundo de velas ardientes y mostrarle la inevitabilidad de su suerte, en el mismo momento que su vela y la de la princesa expiraban juntas su último destello, comprendí por fin cuál era mi verdadera naturaleza: ¡Ser quien diera el sentido a toda vida!

Y supe entonces lo que él siempre había sabido, que el Amor en su expresión más plena habitaba cobijado entre mis pliegues y era yo al fin su expresión final.

©Ana Cuevas Unamuno- 2005

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domingo, 4 de octubre de 2009

Mercedes Sosa ¡Que tu Viaje sea pleno!




Hoy El mundo se viste una vez más de tristeza, pues otra GRANDE, nuestra querida Mercedes Sosa, nos ha dejado esta madrugada.
Decir de ella que ha sido y es una de las más grandes, sino la más grande, Artista de la Música Popular Latinoamericana, que tenía apenas 74 años y una trayectoria rica en al cuál su profunda voz llevó siempre un mensaje de compromiso social. Decir que supo cambiar la música folklórica y al mmismo tiempo le dió raíces firmes para que sigan resonando siempre alcanzando los corazones de tantos. Decir que supo dar aún cuando se sentía sola y triste.
Decir que su indiscultible talento, su honestidad, su ternura y generosidad y sus profundas convicciones dejan una enorme herencia para las generaciones futuras. Es decir poco.
Hoy le rindo homenaje con su propia voz...



Y como dice Rafael Franco Domingo, quizás, las palabras de su entrañable amiga, Teresa Parodi, resuman el sentimiento de muchos:

“…Mercedes, salmo en los labios
amorosa madre amada
mujer de América herida
tu canción nos pone alas y hace que la patria toda
menudita y desolada no se muera todavía,
no se muera porque siempre cantarás en nuestras almas…”

Para no decir lo que ya se ha dicho
Para no poner palabras a lo que no lo tiene
Para enviarle un beso de amor a esta hermosa alma que ha emprendido el viaje...




Amor e ingenio pueden ser buena cosa

La historia del cerrajero

  Alfombra2

Había una vez un cerrajero al que acusaron injustamente de unos delitos y lo condenaron a vivir en una prisión oscura y profunda. Cuando llevaba allí algún tiempo, su mujer, que lo quería muchísimo se presentó al rey y le suplicó que le permitiera por lo menos llevarle una alfombra a su marido para que pudiera cumplir con sus postraciones cada día. El rey consideró justa esa petición y dio permiso a la mujer para llevarle una alfombra para la oración.

El prisionero agradeció la alfombra a su mujer y cada día hacía fielmente sus postraciones sobre ella. Pasado un tiempo el hombre escapó de la prisión y cuando le preguntaban cómo lo había conseguido, él explicaba que después de años de hacer sus postraciones y de orar para salir de la prisión, comenzó a ver lo que tenía justo bajo las narices. Un buen día vio que su mujer había tejido en la alfombra el dibujo de la cerradura que lo mantenía prisionero. Cuando se dio cuenta de esto y comprendió que ya tenía en su poder toda la información que necesitaba para escapar, comenzó a hacerse amigo de sus guardias. Y los convenció de que todos vivirían mucho mejor si lo ayudaban y escapaban juntos de la prisión. Ellos estuvieron de acuerdo, puesto que aunque eran guardias comprendían que también estaban prisioneros. También deseaban escapar pero no tenían los medios para hacerlo.

Así pues, el cerrajero y sus guardias decidieron el siguiente plan: ellos le llevarían piezas de metal y él haría cosas útiles con ellas para venderlas en el mercado. Juntos amasarían recursos para la huída y del trozo de metal más fuerte que pudieran adquirir el cerrajero haría una llave. Una noche, cuando ya estaba todo preparado, el cerrajero y sus guardias abrieron la cerradura de la puerta de la prisión y salieron al frescor de la noche, donde estaba su amada esposa esperándolo. Dejó en la prisión la alfombra para orar, para que cualquier otro prisionero que fuera lo suficientemente listo para interpretar el dibujo de la alfombra también pudiera escapar. Así se reunió con su mujer, sus ex-guardias se hicieron sus amigos y todos vivieron en armonía. El amor y la pericia prevalecieron.

Cuento tradicional sufí

viernes, 2 de octubre de 2009

Cuentos de boca a oreja.

La Leyenda de ANAHÍ
Sobre el misterioso del ceibo existen muchas leyendas entre las cuales la más bella es la que cuenta sobre Anahí…

ANAHÍ Y EL ORIGEN DEL CEIBO

En el tiempo en que los grandes cambios no habían sucedido y los indios guaraníes eran los únicos amos y señores de las tierras que bañaba el gran río Paraná y sus muchas ramas, en una tava[1], una ciudad fortaleza entre las muchas que existían, que se encontraba justo, justo, a orillas del Paraná Guazú vivía una indiecita muy especial llamada Anahí.

Anahí habitaba junto a su familia en una de las seis ogas[2] , que eran las casas comunales en la que cada familia tenía su propio tapiy [3] o habitación familiar, pues la tava era el conjunto de ogas rodeados de una empalizada hecha con troncos de palmera o caranda-í, como la llamaban los indios, que les servían para protegerse de cualquier ataque de tribus enemigas y también de invasiones repentinas de algún hambriento yaguareté o de los atolondrados pecaríes que son grandes cerdos salvajes.

Anahí no era especial por ser la hija del mburubichá, o Ruvichá [4], el cacique de la tribu, tampoco por ser la más hermosa de todas las mujeres, ni la más alta ni la más baja, más bien era fea, bastante fea y menuda. Anahí no era especial por su apariencia ni por su rango, ni por su destreza, lo era por el mágico “Don” de su dulce voz. Cuando cantaba su rostro se iluminaba y todos la veían como la más bella de las indias. Tan pero tan maravillosa era su voz, que hasta los pájaros de la selva callaban para escucharla.

Anahí era alegre y bondadosa como todos los miembros de su tribu. Amaba profundamente su tierra selvática y las aguas oscuras del río barroso que día a día les proveía de alimento y agua fresca. Conocía todos los rincones de la espesura, todos los pájaros que la poblaban, todos los animales, desde los grandes monos a los pequeños insectos como la cava-pitá, la maliciosa avispa colorada de la que todos huían apenas verla acercarse. Conocía todas las flores, todos los árboles, todos los sonidos y los disfrutaba con todo su ser, por que para ella la música nacida de la tierra, de los árboles, de las alturas, eran la vida misma.

Labrando la tierra, sembrando el maíz, las batatas, la mandioca, recolectando cazabí, mandibíes o piñas, cazando venados, dantas, perdices, o criando cerdos, gallinas y patos, cantaba con una voz dulcísima alegrando los corazones de todos, los que al oírla juraban que era la favorita de los dioses y que en su voz, ellos les hablaban.

Por las tardes, cuando la faena concluía, Anahí corría por entre los árboles de su selva amada dejando que de su garganta nacieran las dulces melodías que subían al cielo junto al rumor del río que iba a perderse en las islas hasta desembocar en el ancho estuario. La alegría parecía vivir en su corazón y contagiarse a todo lo que la rodeaba. Porque Anahí realmente se sentía agradecida y feliz con su vida de libertad, grandes espacios, y buenos amigos.

Disfrutaba cada momento del día, reía mojando sus pies en el agua mientras miraba el movimiento de los pirayús, los hermosos dorados que brillaban como Cuarajhi, el sol. Bailoteaba mientras recogía la eíra, la dulce miel oculta en los troncos de los árboles, ¡todo para ella era música y felicidad!

Sus amigos la llamaban Yerutí Anahí, que significa “feliz Anahí” y nadie imaginaba el terrible destino que le aguardaba.

Quizás nunca se hubiese sabido de ella de no ser por el día fatídico en que regresando de una tava lejana dónde había ido de visita, caminando a orillas del río persiguiendo con la vista la belleza con que se deslizaba un surubí, vio a lo lejos, casi, casi, dónde nacía el horizonte, surgir unas extrañas naves que se acercaban a toda prisa. Sorprendida se ocultó entre los aguaribay, los tupidos molles, y los yuchán, los retorcidos palos borrachos, para poder espiar a los desconocidos. Así fue como los vio alcanzar la costa, detenerse y escupir unos seres monstruosos de pecho de plata y cabeza dorada, que con terrible estruendo alteraban la vida ruidosa de la selva.

A Anahí no les gustó nada la música de esos seres. Le lastimaba los oídos, le hacía rechinar los dientes y le picaba en la piel. Sin saber qué hacer corrió de regreso a su aldea contando a todo aquel que se cruzaba en su camino, la preocupante novedad.

Pronto el Ruvichá llamó al consejo al mismo tiempo que los curumí, los niños más veloces, corrían a llevar el mensaje a las tavas cercanas.

Ese día nada era igual. En el aire mismo se sentía la tensión que la irrupción de los hombres blancos extranjeros había provocado. Algunos pensaban que nada malo sucedería, la tierra era grande y había lugar para todos, pero otros temían la desgracia e instaban a tomar las armas.

Dos días más tarde, a la caída del sol, se reunió en el ocará, la plaza central, el amandayé, el gran consejo de tribus, para decidir que hacer.

Largas fueron las conversaciones y muchos los desacuerdos. A los guaraníes, si bien eran bravos guerreros, no les gustaba pelear. Preferían la paz de sus kojué, sus cuidadas chacras, la pesca y la caza, o la recolección de frutos que estaba ya pronta a comenzar. Pero tampoco les gustaba perder su libertad, ni ver su amada tierra lastimada por nadie.

Luego de muchas idas y vueltas el consejo acordó que sólo pelearía si los extraños intentaban invadir sus tierras.

Durante casi una luna completa, los forasteros no se acercaron, ni dieron señales de buscar pelea.

Tal como había acordado el consejo, un grupo de Tuyás, los sabios ancianos, se acercaron al campamento de los extranjeros llevando alimentos y mantos queriendo pactar un acuerdo de buena convivencia. Los forasteros aceptaron gustosos los regalos y nada contaron de sus intenciones.

Satisfechos los nativos, poco a poco regresaron a su vida cotidiana y la recolección de piñones con que fabricarían la harina, comenzó.

Pero un día resonó en la selva un rumor más violento que el del río, más poderoso que el de las cataratas que allá hacia el norte estremecían el aire. Retumbó en la espesura el ruido de las armas y los extraños de piel blanca con rostros feroces y gritos escalofriantes como aullidos de Áña, el demonio, se internaron en la selva destrozando todo a su paso.

Antes que los indios pudiesen reaccionar les cayeron encima matando sin distinción a hombres, mujeres, ancianos y niños. La tribu de Anahí sorprendida se defendió como pudo contra los invasores.

Paralizada, Anahí vio caer a sus seres queridos y espantada ante los que sus ojos veían se arrojó con bravura a la batalla. Del dolor sacó fuerzas para seguir luchando, para tratar de impedir que aquellos extranjeros se adueñaran de su selva, de sus pájaros, de su río, de su gente... Nadie hubiera sospechado tanta fiereza en su cuerpecito moreno, tan pequeño.

La mano firme de Ñaró, un valiente guerrero, la rescató del peligro y pronto se encontró Anahí corriendo por la selva en busca de refugio. Por mucho que les doliese la batalla estaba perdida, y sus vidas habían cambiado para siempre.

Durante algunas lunas los sobrevivientes vivieron ocultándose en la frondosidad impenetrable de la selva, saliendo de noche y escondiéndose de día, mientras los invasores talaban sin ton ni son los majestuosos árboles y el canto de Anahí abrumado por la pena era tan sólo un suave quejido.

La desgracia seguía acechando y un mal día, en el momento en que Anahí se disponía a volver a su refugio, fue apresada por dos soldados enemigos. Inútiles fueron sus esfuerzos por librarse, aunque era ágil ellos la doblaban en fuerza y tamaño.

La llevaron a la rastra hasta el campamento y la ataron a un poste, para impedir que huyera, mientras se burlaban de ella y su fealdad.

Allí quedó expuesta a las burlas, y a los rayos del sol, que le quemaban menos que la tristeza que sentía al ver su mundo hecho pedazos.

Pasó muchos días llorando y muchas noches en vigilia, sintiendo como del dolor surgía en su interior una feroz determinación, no se entregaría tan fácilmente, no sería una cautiva más doblegándose ante los forasteros. Un día escaparía.

Una noche sin luna, cuando la oscuridad cubría todos los rincones y los extraños se durmieron vencidos por el cansancio y la borrachera, la pequeña Anahí, con maña natural, rompió sus ligaduras y a punto estaba de escapar cuando el centinela encargado de vigilarla despertó, sin pensarlo Anahí le enterró su afilado cuchillo en el pecho y vio como la vida se le escapaba en un grito que estremecía la tierra. Rápida corrió y corrió internándose en la espesura.

No pudo llegar muy lejos. Sus enemigos alertados por el grito y furiosos por la muerte de su compañero, la persiguieron en una brutal cacería y la pequeña Anahí volvió a caer en sus manos.

La juzgaron con severidad. Anahí, culpable de haber matado a un soldado, sufriría la peor de las muertes, moriría quemada en la hoguera.

Esa misma tarde la indiecita fue atada a un árbol de anchas hojas y a sus pies apilaron leña y más leña. Cuando prendieron el fuego este parecía no querer alargar sus llamas hacia la doncella indígena, que sin murmurar palabra, sufría en silencio, con su cabeza inclinada hacia un costado. Luego, poco a poco, como a regañadientes, las llamas comenzaron a crecer, lentamente al principio, titubeantes, y luego, como si hubiesen tomado una decisión, con inusitada rapidez alcanzaron increíbles alturas ante el asombro de los que contemplaban la escena.

Fue entonces cuando Anahí comenzó a cantar.

Era como una invocación a su selva, a su tierra, a la que entregaba su corazón antes de morir. Su voz dulcísima estremeció a la noche a tal punto que hasta el río detuvo su eterno murmullo. En el más dolido de los silencios sólo se oía la voz de Anahí. Cuarajhí, el sol, atraído seguramente por la melodía, nació antes de tiempo y apenas estiró sus rayos se apagaron las llamas que envolvían a Anahí.

Mudos y paralizados miraron los rudos soldados que la habían sentenciado la sorprendente escena que les salía al encuentro. El cuerpo moreno de la indiecita se había transformado en un manojo de flores, rojas como las llamas que la envolvieron, hermosas como no había sido nunca la pequeña, maravillosas como su corazón apasionadamente enamorado de su tierra, adornando el árbol que por protegerla había resistido al fuego y la había sostenido.

Los indios llamaron Zuiñandí al árbol nacido del sacrificio, nosotros lo llamamos Ceibo. Y desde entonces la flor del ceibo con su forma de ave a punto de levantar vuelo, habla de las almas puras y altivas de una raza que ya no existe.

Hasta el día de hoy para muchos, esta historia es real y tanto se aprecia a la indiecita que incluso se le han dedicado cantos, como la hermosa canción que lleva su nombre…

ANAHÍ

Anahí...

las arpas dolientes hoy lloran arpegios que son para ti

recuerdan acaso tu inmensa bravura reina guaraní.

Anahí,

indiecita fea de la voz tan dulce como el aguaí.

Anahí, Anahí,

tu raza no ha muerto, perduran sus fuerzas en la flor rubí.

Defendiendo altiva tu indómita tribu fuiste prisionera.

Condenada a muerte, ya estaba tu cuerpo envuelto en la hoguera

y en tanto las llamas lo estaban quemando

en roja corola se fue transformando...

La noche piadosa cubrió tu dolor y el alba asombrada

miro tu martirio hecho ceibo en flor.

Anahí,

las arpas, dolientes hoy lloran arpegios que son para ti

recuerdan a caso tu inmensa bravura reina guaraní,

Anahí,

indiecita fea de la voz tan dulce como el aguaí.

Anahí, Anahí,

tu raza no ha muerto, perduran sus fuerzas en la flor rubí.

y SI QUIERES…

Escúchala cantada por el maravilloso TRÍO LOS PANCHOS







[1] Tava: Ciudad Fortaleza típica de este pueblo aborigen

[2] Ogas: Casa comunal.

[3] Tapiy: Habitación familiar.

[4] mburubichá, o Ruvichá: cacique o jefe de la tribu.


Curiosidades y comentarios:

El Ceibo, Flor Nacional de la República Argentina.

El Ceibo, también denominado seibo, seíbo, o bucare, es la flor nacional de la República Argentina, desde el decreto emitido el 2 de diciembre de 1942. Su color rojo escarlata es el símbolo de la fecundidad del país. Su nombre científico es Erythrina Cristagalli.

Este árbol originario de América, de la zona subtropical, no muy alto, de tronco retorcido, pertenece a la familia de las leguminosas, por lo que las semillas se guardan en vainas encorvadas. Sus flores son rojas, de un rojo carmín y sus ramas poseen una especie de aguijones. Crece en las riberas del Paraná y del Río de La Plata, pero se lo puede hallar en zonas cercanas a ríos, lagos y zonas pantanosas a lo largo del país.

La madera de ceibo es muy liviana y porosa, y se la utiliza para la construcción de balsas, colmenas, juguetes de aeromodelismo.

Adaptación: Ana Cuevas Unamuno

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jueves, 1 de octubre de 2009

EL ANILLO ESTELAR, EL ANILLO LUNAR y EL ANILLO SOLAR

 

Erase una vez un rey que tenía un único hijo y como este estaba ya en edad de casarse, quería encontrarle la mejor esposa. Fue así como envió una carta a un rey de un país vecino del que se decía que tenía la hija más hermosa. En la carta que remitía adjuntaba un anillo de oro como regalo de prometidos. Cuando el padre de la muchacha recibió la carta y la leyó, le dijo al emisario que esperase a que consultara a su hija pues sin su opinión no podía responder.

Fue a ver a su hija y le comunico la noticia mostrándole el hermoso anillo

La hija tomó al anillo y casi sin mirarlo lo devolvió a su padre

—¿Es esto una negativa?», preguntó confundido el rey.

—Quizás si, quizás no. Con anillo de oro toda princesa se casa, más yo quiero completa mi alianza. Dile que solo accederé a ser esposa de quien me ofrende el Anillo estelar, el Anillo lunar y el Anillo solar.—

El rey desconcertado intentó convencer a su hija de las ventajas de este matrimonio, pero ella se mantuvo firme. Apesadumbrado el rey comunicó estas palabras al emisario y añadió:

—Saluda a tu rey en mi nombre, y dile que agradezco muy sinceramente su interés por mi hija. Ruégale que no se disguste por las palabras de esta testaruda hija mía —

El emisario regresó a su reino e informó exactamente a su rey, palabra por palabra. Éste se sorprendió mucho ante esta respuesta y así se lo comunicó a su hijo. El príncipe desilusionado se encerró en su cuarto negándose a salir.

El rey muy preocupado intentó convencerle que no era esa la princesa adecuada.

—Te equivocas padre, si antes la deseaba ahora que he sabido sus palabras la deseo aún más pues sé que solo a ella podré amar—

Cuando escuchó estás palabras el rey ya no insistió. Reflexionó seriamente en busca de una solución para adquirir los tres anillos. Fue su esposa quien le aconsejó divulgar la noticia por todo el mundo prometiendo que aquel que consiguiese estos tres anillos y se los trajera, recibiría como recompensa vastas tierras, importantes títulos e innumerables tesoros.

Pero todo fue en vano.

La tristeza embargaba cada vez más al hijo del rey, y su salud comenzó a debilitarse. Un día, mientras paseaba por las montañas, encontró a una anciana sentada al borde del camino.

—¡Que Dios os guarde por mucho tiempo buena señora! – saludó el príncipe.

—¡Que Dios os guarde a ti príncipe triste, príncipe feliz. El más feliz! — respondió la anciana.

Al escuchar aquellas palabras, el príncipe desconcertado preguntó a la anciana qué significaban sus palabras.

—Lo que es hoy puede no ser mañana, como lo que fue ayer no es hoy – repuso la anciana.

Estaba el príncipe a punto de replicar cuando la voz de la anciana le detuvo

Quiso el príncipe explicarle la causa de su pesar, pero la anciana no lo dejó hablar, sino que exclamó

— ¡Calla!.¡Calla!. ¡Bien sé lo que te ocurre!.—

El príncipe cada vez más aturdido no atinó a moverse ni a responder, la anciana continuó

—Ven, toma esta hierba de mi pecho y ponla sobre tu pecho, luego suéltame los cabellos

deja que una mitad caiga sobre la frente, la otra mitad por la espalda—.

El príncipe obedeció, cogió la hierba de su pecho y la colocó en el suyo. Luego le soltó los cabellos, que, curiosamente, cubrían todo el valle.

Justo en ese momento anochecía, ambos quedaron un tiempo en silencio mirando ponerse al sol. Tan pronto anocheció, la anciana le dijo:

— Cuando divises la primera estrella, coge la hierba de tu pecho y pronuncia las siguientes palabras: "¡Entrégame, Dios mío, el Anillo Estelar!".

El príncipe obedeció sin titubear y cuando divisó la primera estrella, pronunció aquellas palabras e inmediatamente para su total sorpresa, resplandeció frente a él un anillo, y en el interior del anillo había una estrella.

La voz de la anciana le arrancó del estupor:

—Presta atención. Cuando la Luna aparezca detrás de las montañas. Coge otra vez la hierba de tu pecho y pronuncia las palabras: "¡Dios mío!, entrégame el Anillo Lunar!".

Nuevamente el príncipe obedeció y pronunció estas palabras tan pronto apareció la Luna. Delante suyo apareció inmediatamente un anillo, y en el interior del anillo estaba la Luna.

Cuando empezó a amanecer, aunque el Sol no había aparecido todavía, la anciana le dijo:

—¡Vigila bien la salida del Sol! Tan pronto aparezca, mira a través de mis cabellos y exclama tres veces seguidas: "¡Dios mío. Transforma estos cabellos en el Anillo Solar!".

A la salida del Sol, el sorprendido príncipe procedió tal como le había dicho la anciana. Apenas había pronunciado tres veces aquellas palabras, los cabellos de la anciana se transformaron en un anillo, tan radiante como el mismo Sol.

De esta forma, el príncipe real había conseguido los tres anillos. Entonces preguntó a la anciana:

— ¿Qué te debo, madrecita por tan grandes favores que me has hecho?—.

—Mis favores no tiene precio. Solo te ruego que mientras vivas reces por mi alma y cuides estos anillos. Ellos han de ser uno contigo y uno con ella—.

El príncipe le expresó otra vez su agradecimiento por haber conseguido los tres anillos, besó su mano, le prometió que rezaría por su alma y se despidió. Al llegar al palacio le contó a sus padres lo que había sucedido.

Sin demoras el rey envió un mensajero portando los tres anillos. La boda se celebró poco tiempo después y dicen que los novios fueron por siempre felices.

©Ana Cuevas Unamuno

Adaptación de un cuento anónimo de Serbia