jueves, 26 de noviembre de 2009

LIPOGRAMAS: Cuentos Originales

Hoy he encontrado esto y me he quedado prendida por eso quiero compartirlo con todos. …

Se trata de “Lipogramas”

Un lipograma es un texto en que, adrede, se evita utilizar alguna letra. En este caso Oscar de la Borbolla ha logrado ingeniosamente el cometido

Las vocales

Oscar de la Borbolla es un escritor mexicano, profesor de metafísica y, su libro Las vocales malditas (1991), está considerado como uno de los más extraordinarios de la lengua española justamente por tener esa particularidad, cada uno de sus cinco cuentos está escrito exclusivamente con palabras que emplean la misma vocal.

Si quieren leer más de este autor cliqueen aquí

Veamos algunos de estos fascinantes “lipogramas”

ACantata a Satanás aaaaa

Abraham amaba a Sara cada manana clara: pasaba la manaza, aranaba la lana,arrancaba la bata, la abrazaba; clavaba las garras hasta matarla. Saraatarantada callaba harta, Abraham la cansaba. "Ya nada habra --mascabatras la sabana--, ama a la mala; ataca, aplasta, brama." Abraham acababa,apartaba la cara, jamas apagaba la flama a Sara, gran dama avasallada;daba palmadas a la santa, la llamaba "alma"; mas jamas la agradaba. Facasaba la casa blanca, la sagrada paz. Sara maltrataba a Abraham:" ¿Habra raza mas mala para la cama?", ladraba. Abraham agarraba lagarganta a la casta casada, la arrastraba a la sala. Sara sacaba laspalabras mas bravas, las dagas pasmaban la faz al papanatas. La batallaavanzaba hasta alarmar a Satanas. "!Sarna! !Alacran fatal!" bramaba Abraham. "!Can! !Patan anal!" balaba sara. Mas avanzada la manana, parahallar mas armas arrasaban la casa, a la par lanzaban lamparas, tazas,navajas hasta sangrar. Para acabar la tanda, las almas atagaban! ! las bravatas, tragaban carcaj das amargas, ataban mascaras aplacadas a lacara."Anda haragan, a trabajar para ganar la plata", cantaba avara Sara,amarrada a la mas vana maldad: mandar para calmar la falta, agachar alcanalla, calar mas. Abraham, fantasmal facha, agarra la pala, zafa laaldaba, baja a la calzada, pasa la barranca hasta hallar la cabana. Allapagaban tan mal; mas Abraham cargaba las trancas mas anchas, alzaba lasbardas mas altas, amasaba argamasa, clavaba tablas, trazaba largas zanjas. Trabajaba hasta abaratar la paga. Magna transa. Tan gran afan para nada,la grasa bana las barbas a Abraham; mas la tallla nada mas agranda lapanza al capataz.Sara ajada, mas flaca cada manana, lavaba la casa: arrancaba a las sabanasmanchas, canas, caspa; al alzar la sala hallaba cascaras, naranjas, tazasrajadas, latas achatadas. Asaba papas, adaptaba las aspas para machacarcalabazas, aplanaba la masa, la salaba. Al planchar las maltratadasfaldas aplastaba aranas, raspaba las manchadas bragas; mataba ratas paraacabar la plaga. "Abraham --habla Sara--- jamas arma las trampas. Lasratas a manadas traspasan la alambrada, a tarascadas atacan las patas a lacama, tragan la pasta...!Ah, malvada parca! Basta ya, basta ya. Nadasalvara a Sara. Nada. Nada." Jamas manaban al trabajar gratas palabras. Cansada, harta, la gran dama nada amaba. Masacrar a las ratas, matar a Abraham tramaba; mas apagada, blanda, lanzada al drama, nada hallaba paramarchar a la paz, acabar la marana, traspasar tanta trastada, dar manas alplan.Sara bajaba a la plaza, andaba al altar, llamaba para aval a Satanas,trazaba rara cabala. Las campanas acallaban las palabras; mas daban alaspara pactar. Sara bramaba: "?Valdran las afamadas almas tanta malapasada?" Satan tardaba para cazar mas barata a Sara, para lanzarla almar. La amargada dama avanzaba mas gradas; para jalar la balanza alzabalas palmas, aclaraba la ganga: "Vas a ganar --clamaba--, vas a ganar."

Satan tardaba para cazar mas barata a Sara, para lanzarla al mar. Laamargada dama avanzaba mas gradas; para jalar la balanza alzaba laspalmas, aclaraba la ganga: "Vas a ganar --clamaba--, vas a ganar."A tanta llamada, Satanas da la cara; alarga la gran carta. Sara laagarra; la halla banal, payasa, larga; mas labra la palabra "Sara" paraagradar a Satanas. La Gran Cabra atrapa la carta, la lacra; saca la caja,alza la tapa, saltan salamandras, da a Sara la bala para sanar: "Marcha ala carpa --manda--, alla hallaras blanda paja, gran galan para la carnalfalta." Sara arranca a la plaza, va a la casa a amarrar la faja parabajar la panza; va a lavar las laganas, la mala facha para amar al galan. Saca alpaca, aparta sayal, agarra canasta. "A la carga," canta. Va a lacarpa, al pasar arrabal halla a la banda ATLA's HAMPA. La Llaman: "Aca,chaparra." "Ancla las patas, pasalas." "¿Vas al jacal, chata?" Sara, lacara grana, avanza a zancadas, va mas atrabancada. Atras la banda laaclama.Sara halla a Baltasar. Charlan: "Ah... ?Satanas manda?" "Aja". Pasanla camara, atrancan la chapa, tragan pasas, alzan la garrafa, danzan. Baltazar saca a Sara la capa, la falda, las mallas. Apagan la lampara,aplastan la manta, acatan la carta: gran cascada, gran catarata. Altaparvada, sacras arpas. "!Baltasar!" "!Sara!" Caravana malva, gas nacar. "!Barbara Sara!" "!Cabal Baltasar!" Baltasar halaga a Sara, da alhajas,ambar, agatas; la abraza, la llama "hada"; saca la palangana, la bana. Baltasar la ama.Abraham trabajaba. Al acabar la zanja va al bar. Jala la banca, agarrala jarra, parla nasal al capataz: "!Vaya acanalada!, hasta la pala gasta." "Bah, tamana pala para arar... Pasa la cana" "Alla va." "Ah..." Abraham baja la cara a la manga. Pasa a la chava." Abraham agarra lachanza: "Ah... ?la arrastrada? Nada mas ladra... Manana, zas." "Pasala." "?A la amarga Sara? Ya vas..." "?Vas a casa?" "Jamas." Abraham mascapataz arman la parranda, claman: "Mas jarras, mas."Acabada la hazana, Sara apalabra a Baltasar. Van a la casa blanca. Hallan acampanada a la banda ATLA's HAMPA tras la barranca; Sara vaamparada: la banda calla. Baltasar carga la canasta a Sara. Alcanzan lacalzada, pasan la casa. Hallan a Abraham hasta atras, mala cara, fazatada. "Ah, malvada --brama--, chacal para bacanal." Abraham alza lapala. Sara salta para atras. Baltasar avanza: "!Calma ganan!" Abrahamsaca larga daga. Satanas atrasa a Baltasar, da armas. Salta la bala.Mata a Abraham. Las babas atascan las palabras. Abraham va al mas alla. Sara calma a Baltasar. Cavan gran zanja a la sala para lanzar alcarcamal. Sara alaba la talla a Baltasar. Van a la cama, jalan la manta. La manana aclara las gargantas, cantan, danzan. Baltasar abraza a Sara:"Amada hada," la llama.

EEl hereje rebelde eee

Desde el estrés del Jefe el edén decrece, el excedente le pertenece, se ejercen leyes dementes, se debe beber detergente en vez de leche, ser pelele, ser pedestre, ser deferente; es menester entretenerse en tejer redes, en prender rebeldes. En el este, trece rehenes perecen de sed; en el frente fenecen de herpes, de peste. El edén ennegrece, se pretende reprender herejes, perderles.

-¡Eh, Esther, ven!, relee el deber. El jefe se excede.

-¿Prevees el tren del semestre?...

Me enteré del brete de gente decente en el este: nenes, bebés perecen. El clemente es el Hereje Rebelde: desprende el ente del crecer, mete el entender, cede excelentes mercedes. El Rebelde merece el belvedere…

-Esther, eres efervescente. Ten en mente el menester del Jefe, es rete vehemente, de repente crece, reverdece, expele seres…

-Ese vejete me prende. Es jefe, regente, gerente. Perennemente deberes: “llévenme el neceser”, “llénenme de peces”, “repten”, “trepen”, “dejen de verme”, “récenme preces”, “enderécense”, “respétenme”, “festéjenme”, “perseveren”, “refrénense”, “esperen”, “vegeten”, “déjense”. Se cree el Ser, el Tres Reyes; es el jején del edén.

-¡Esther! ¡Detente! ¿Pretendes descreer de Él?

-¡Efrén, temerle es endeblez! ¡El presente debe ser del Rebelde! Él es terrestre, es el envés del Jefe. De él es ese “dejen de depender”, ese “mézclense”, ese “bésense”, ese “deséense”. El entender debe extenderse.

-¡Esther, se te mete el Rebelde!

-¡Emerge Efrén!, eres decente. Despréndete de ese pelele, es memez de bebel. Ve de frente, mereces se te respete, se te deje beber, expeler semen, tenderte en el césped. Mereces se te revele el ser del éter celeste, se te eleve, se te deje emprender. El emprender es el eje del entender…

-Efrén se mece: es el deber del Jefe enfrente del descreer rebelde; teme le desherede, le eche del edén, le fleten de res, le llenen de herretes; Esther le embebe, se mete en él, le vence: “Tenerme en el césped… tenerme trece veces… excederte… es… es… excelente Efrén”.

De repente el éter emerge del celeste Jefe: “¡Ejem! ¡Dejen de entenebrecerme, seres febles! ¡Vermes! Refléjenme, venérenme, échense, desesperen. Les generé de heces en el retrete del desdén, les presté el verde edén. Les exenté de fenecer. Les estrellé el éter. Les enderecé el pesebre. Les enseñé el deber… ¡Me entenebrecen, seres herejes, les perderé! ¡Recelen! Efrén, desde este mes debes merecer el jerez. Te meteré vehemente sed. Este deber te merme, te reste, te cercene… Esther, eres gente terrestre, plebe de rebelde, te he de vencer. Desde el belem, Efrén te despeche, te cele, te frene…”

El Jefe les expele, les mete reveses dementes, el eje del edén cede, el templete se estremece, el verde se desprende, se ennegrece el vergel. Se les ve perder el esplendente ser: Esther envejece, Efrén precede. El brete es de meses, de repente entrevé en el celere presente encenderse el éter: es el Rebelde.

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Segundo Encuentro Internacional de Escritores en Tarija- Bolivia

TARIJA – BOLIVIA:

EL ÉXITO CORONÓ LA INAUGURACION DEL SEGUNDO ENCUENTRO INTERNACIONAL DE ESCRITORES

Segundo encuentro internacional de escritores se inauguro con música y poesía, hubo colorido y alegría. El agradable clima, la receptividad de la gente y el mágico encanto de la ciudad de Tarija, sirvió de marco para que en horas de la mañana, los poetas y escritores fueran presentados a la prensa nacional, el evento que había concitado y promovido curiosidad, fue develado con las palabras de cada uno de ellos y su procedencia, su pensamiento, respecto al libro, la cultura y el apoyo que reciben los trabajadores de la cultura.

Al promediar las 20:00, se dio inicio a la inauguración, el programa en sí, contempló la destreza interpretativa de la orquesta de Cámara “Tarija”, quienes vienen de grabar un CD, fueron premiados por los aplausos, asimismo, la música típica estuvo a cargo de la Escuela Municipal de Música Regional.

El marco del canto latinoamericano estuvo representado por Roxana Martínez, “la mujer Tango”, proveniente de Buenos Aires, irradió la nostalgia porteña y pudo contagiar con su voz la displicencia del arrabal.

Las primeras alocuciones fueron para María Cristina de la Concha, Presidenta de la Unión Latinoamericana de Escritores (ULATE), quien se refirió a la rivalidad del libro con el internet, el interés y la pérdida paulatina de la lectura. Luego, la Dra. María Teresa Paz, en representación del Prefecto y comandante General del Departamento de Tarija, ponderó la presencia de las personalidades presentes, dándoles la bienvenida a la ciudad del Guadalquivir. Finalmente, el organizador del Encuentro, el Ing. René Aguilera Fierro, Presidente de la Unión de escritores y Artistas de Tarija, consideró el papel del escritor en la hora actual, su, su protesta, sus sentimientos, el olvido o la indiferencia. Luego levantó muy en alto el nombre de cada país representado, cada uno de ellos fue llamado: EE.UU.; México; El Salvador; Colombia; Ecuador; Perú; Chile; Argentina; Bolivia y; como anfitriones; se llamó a los escritores de Tarija, asimismo, a las ciudades intermedias que también se habían sumado, Bermejo y Villazón; a su turno, cada país, cada delegación de pie, fue ovacionada por el público presente, un hecho emotivo y gratificante.

El lujoso e histórico Salón Rojo del Gobierno Prefectural de Tarija, fue cedido para el acto de inauguración; lo interesante, es que muchos escritores pudieron reconocerse, presentarse mutuamente, contar sus anécdotas de su hermanamiento a través del internet. La nómina de escritores que asisten al “Segundo Encuentro Internacional de Escritores”, es extenso, durante los días 16 al 21 de noviembre, dirán su palabra alrededor de 80 participantes.

Esta noticia me llena de alegría y desde acá les mando todo mi cariño a los organizadores y participantes y espero seguir recibiendo sus novedades para compartirlas con todos

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miércoles, 25 de noviembre de 2009

EL TESORO ESCONDIDO

En esto que llamamos realidad coexisten  muchas realidades. Los sueños son una de ellas y muchas veces se constituyen en un espacio creativo en el que obtenemos revelaciones, inspiraciones, comprensiones… Esta historia muestra cómo muchas veces nos resulta difícil comprender las señales que constantemente el universo nos brinda

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Una noche le fue ordenado en sueños al rabino Isaac que acudiera a la lejana Praga y que, una vez allí, desenterrara un tesoro escondido debajo de un puente que conducía al palacio real. Isaac no se tomó el sueño en serio, pero, al repetirse cuatro o cinco veces, acabó por decidirse a ir en busca del tesoro.

Cuando llegó al puente, descubrió consternado que estaba fuertemente vigilado, día y noche, por los soldados. Todo lo que podía hacer era contemplar el puente a una cierta distancia. Pero, como acudía allí todas las mañanas, un día el capitán de la guardia se le acercó para averiguar el motivo. El rabino Isaac, a pesar de lo violento que le resultaba confiar su sueño a otra persona, le dijo toda la verdad al capitán, porque le agradó el buen carácter de aquel cristiano. El capitán soltó una enorme carcajada y le dijo:

"¡Cielos! ¿Es usted un rabino y se toma los sueños tan en serio? ¿Si yo fuera tan estúpido como para hacer caso a mis sueños, ahora estaría dando vueltas por Polonia! Le contaré un sueño que tuve hace varias noches y que se ha repetido unas cuantas veces: una voz me dijo que fuera a Cracovia y buscara un tesoro en el rincón de la cocina de un tal Isaac, hijo de Ezequiel. ¿No cree usted que sería la mayor estupidez del mundo buscar en Cracovia a un hombre llamado Isaac y a otro llamado Ezequiel, cuando, probablemente, la mitad de la población masculina de Cracovia responde al nombre de Isaac y la otra mitad al de Ezequiel?"

El rabino estaba atónito. Le dio las gracias por su consejo al capitán, regresó apresuradamente a su casa, cavó en el rincón de su cocina y encontró un tesoro tan abundante que le permitió vivir espléndidamente durante el resto de sus días.

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domingo, 22 de noviembre de 2009

LUZ DE ORO La Leyenda sobre como nació el Arcoiris

 

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Hace muchos años, no había en las islas del Caribe lagos ni ríos que las bañaran. Por eso, los nativos dependían de la lluvia para sobrevivir. Juntaban esta agua en grandes cántaros de arcilla que la mantenían siempre fresca, y de allí la utilizaban para beber y preparar sus comidas.

Por aquellos tiempos, gobernaba las islas un gran cacique que estaba a punto de ser padre. Cuando nació Car, su primogénito, todo fue alegría. El niño era fuerte, sano, vivaz y tenía unos bellísimos ojos negros.

Como el buen cacique quiso compartir con el pueblo su bienestar, organizó una gran fiesta a la que también asistieron las tribus vecinas, ya que todos estaban deseosos de conocer a Car.

-¡Pero que niño más bonito y vivaz! -decían sonriendo las mujeres-.

-Y tiene el gesto adusto y sereno de su padre -añadían los ancianos-. Es un magnífico heredero de su estirpe.

Los sabios de la tribu llevaron, en tributo al niño, mantas para protegerlo del frío. Además, se ofrecieron gustosos para educarlo cuando creciera y convertirlo así, en un digno sucesor de su padre. Ante esto el cacique se mostró complacido. Sin embargo, la felicidad no duraría demasiado.

Un día, Car enfermó. Los sabios acudieron preocupados a verlo y, tras examinarlo concienzudamente, lo trataron con pócimas y ungüentos. Sin embargo, el niño empeoraba. Entonces el más anciano y sabio de todos dijo que Car sólo se salvaría si bebía agua fresca y dulce. Pero en los cántaros no había, ya que hacía tiempo que la sequía azotaba la región.

Su madre, desesperada, clamó incesantemente al cielo por lluvia durante doce días. Mientras lo hacía, lloraba con desconsuelo, sin advertir que la sal de su llanto iba empeorando día a día la salud de su hijo.

En tanto, el cacique, a quien las tristezas volvían gigante, descargó su dolor contra el suelo de la isla, que golpeó con sus pies durante doce días, mientras con los brazos extendidos al cielo, suplicaba:

-¡Oh, lluvia, ven a nosotros! No nos abandones, agua, madre de la vida. ¡Ven a nosotros, lluvia, y salva a mi hijo y a mi pueblo!

Enceguecido por la tremenda pena que lo aquejaba, el cacique no se dio cuenta de que sus golpes estaban formando un gran hoyo en el que él, poco a poco, se iba hundiendo.

Entonces, sucedió lo que todos, con tantas ansias, esperaban. En la mañana del día trece, los dioses, compadecidos de los ruegos de la madre, y del dolor y las suplicas del cacique, ordenaron a la lluvia que cayera abundante sobre esas tierras. Y llovió sin cesar durante doce días, reviviendo los cultivos, colmando de bendiciones a los nativos y, por supuesto, salvó a Car, quien, finalmente, creció fuerte y noble y sucedió a su padre.

¿Pero qué ocurrió con el cacique? Muchos todavía se lo preguntan.

Lo cierto es que el día trece, cuando terminó de llover, en el lugar donde él se encontraba apareció un gran lago que se había formado con sus golpes y el agua de la lluvia. ¡Ya no tendrían que preocuparse si las lluvias no eran propicias! ¡Y todo gracias al buen cacique!

Los nativos, creyendo que su gran jefe vivía en esas aguas, arrojaron en ellas todo el oro de la región, como tributo a quien les había dado, para siempre, agua dulce.

Desde ese día, cada vez que el sol brilla en el lago, su luz se refleja en el oro que hay en sus aguas y forma un magnífico arco iris, al que los indios del Caribe llaman, por eso, Luz de Oro.

 

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martes, 17 de noviembre de 2009

La casa encantada – (Anónimo europeo)

3Fantasmiedo

 

 

 

Una joven soñó una noche que caminaba por un extraño sendero campesino, que ascendía por una colina boscosa cuya cima estaba coronada por una hermosa casita blanca, rodeada de un jardín. Incapaz de ocultar su placer, llamó a la puerta de la casa, que finalmente fue abierta por un hombre muy, muy anciano, con una larga barba blanca. En el momento en que ella empezaba a hablarle, despertó. Todos los detalles de este sueño permanecieron tan grabados en su memoria, que por espacio de varios días no pudo pensar en otra cosa. Después volvió a tener el mismo sueño en tres noches sucesivas. Y siempre despertaba en el instante en que iba a comenzar su conversación con el anciano.

Pocas semanas más tarde la joven se dirigía en automóvil a una fiesta de fin de semana. De pronto, tironeó la manga del conductor, y le pidió que detuviera el automóvil. Allí, a la derecha del camino pavimentado, estaba el sendero campesino de su sueño.

-Espéreme un momento -suplicó, y echó a andar por el sendero, con el corazón latiéndole alocadamente.

Ya no se sintió sorprendida cuando el caminito subió enroscándose hasta la cima de la boscosa colina y la dejó ante la casa cuyos menores detalles recordaba ahora con tanta precisión. El mismo anciano del sueño respondía a su impaciente llamado.

-Dígame -dijo ella-, ¿se vende esta casa?

-Sí -respondió el hombre-, pero no le aconsejo que la compre. ¡Un fantasma, hija mía, frecuenta esta casa!

-Un fantasma -repitió la muchacha-. Santo Dios, ¿y quién es?

-Usted -dijo el anciano, y cerró suavemente la puerta.

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viernes, 13 de noviembre de 2009

CUENTO POPULAR FINLANDÉS

Este es un Cuento Popular Finlandés que se encuentra en EL PALACIO DE LOS CUENTOS - LIBRO SEGUNDO

La muchacha del mar rojoimg034

Había una vez una rica casa de labor en la que vivía un campesino con sus tres hijos. Sucedió que cada vez que el campesino había hecho la siembra de primavera, llegaba una noche de tempestad veraniega y le destruía todo lo que había sembrado. Así le ocurrió durante doce años seguidos. Finalmente, el campesino se hartó y dijo:

—Dejaré la siembra sin hacer; de todas formas, nunca saco nada...

Entonces el hijo mayor pidió a su padre que le dejara cultivar las tierras. El padre le dio permiso para que así lo hiciera.

El joven abonó las tierras y las sembró. Pero llegó la noche de tempestad veraniega y volvió a suceder lo mismo que le había ocurrido a su padre.

A la primavera siguiente, el hijo mediano pidió a su padre que le dejara intentarlo. El padre le dio permiso, así que el muchacho trabajó las tierras y las sembró. Cuando llegó la noche en la que tenía que venir la tempestad, se quedó en vela. A medianoche, se desencadenó tal tormenta que derribó los árboles del bosque. Entonces fue al cuarto de baño y después se acostó. Cuando a la mañana siguiente se levantó, las tierras estaban tan destruidas como las veces anteriores.

Llegada la siguiente primavera, el hijo menor pidió a su padre que le dejara probar suerte también a él. El padre no le quería dar permiso:

—¡Si no hace más que acumularse desgracia sobre desgracia!...

Como el menor tampoco tenía aperos para sembrar, su padre tenía que ayudarlo.

Pero al final, a pesar de todo, le dio permiso para sembrar las tierras. Llegada la noche de la tormenta, el muchacho se quedó en vela. Cuando la tempestad estaba llegando, se dirigió a un puente que había sobre los surcos de las tierras y se acostó debajo de él.

Al poco tiempo tres pájaros se posaron en el puente. De repente, los pájaros se convirtieron en doncellas y tiraron su ropa al suelo. Una de ellas se adelantó hasta las tierras y empezó a pisotear lo sembrado; las otras dos la siguieron. Entonces el joven saltó de debajo del puente y les arrebató las prendas. Dos de ellas regresaron inmediatamente y consiguieron arrancar sus vestidos de las manos del joven, pero la tercera, que no pudo recuperarlo, se quedó allí. Entonces acosó al joven:

—¿Qué va a ser de mí si me retienes aquí? El joven contestó:

—No te dejaré marchar así como así. No si antes no le pagas a mi padre la cosecha de diez años y a cada uno de mis hermanos la de un verano.

Entonces ella dijo:

—¿Y con qué te voy a pagar si no tengo nada? Como no tenía otra cosa que ofrecer, instó al joven a que la tomara por esposa. El joven accedió. Ella le dio un anillo diciendo:

—Ponte el anillo en el dedo; es señal de que estoy prometida contigo.

El joven soltó a la muchacha. Decidieron que él prepararía la boda y que ella acudiría a la misma a una hora determinada. El joven hizo públicas las amonestaciones. Llegó el día fijado para la boda. Todos los invitados se habían reunido a esperar a la novia, pero, como parecía que no llegaba, al joven le entró miedo. El reloj acababa de dar las doce, así que salió a ver si la veía llegar. Al rato oyó algo así como el cascabeleo de unas bridas, y poco después llegó la novia en un coche tirado por muchos caballos grises.

Se celebró la boda con comida, bebida y el estampido de cañones. El rey, que vivía en el palacio próximo, envió a un criado con el encargo de preguntar:

—¿Por qué estáis disparando sin que yo lo sepa? El criado regresó y contó al rey:

—Estaban celebrando una boda; el hijo del vecino se ha casado, y tiene una mujer muy bella.

El rey decidió entonces ir a ver a la novia. Su belleza le deslumbró tanto que dijo:

—Ya que has conseguido una mujer tan maravillosa, esta noche tendrás que talar un bosque de robles entero.

Entonces al joven le entró miedo. «¿Cómo voy a conseguir talarlo?», pensó.

El muchacho se lamentó a su mujer:

—¿Cómo voy a poder hacer todo ese trabajo?

—¡No te preocupes! —le contestó su mujer.

La mujer pidió a una criada que, en cuanto sonaran las doce, le tuviera preparado a los pies de la escalera el mejor caballo ruano. A continuación dijo a su marido:

—Móntate en el caballo ruano y vete al galope al bosque de robles del rey. Entregó a su marido un hacha de mano pequeña diciéndole:

—Cuando tales el roble más pequeño debes decir: «¡Que de este golpe se caigan todos los robles!».

El joven así lo hizo y el bosque quedó completamente talado. Se montó en el caballo ruano y regresó a su casa.

—¿Qué? ¿Cómo te ha ido?—preguntó su mujer. Él entonces contestó:

—Todos los árboles están talados. A la mañana siguiente llegó el rey diciendo:

—Ya que eres tan fuerte, debes levantarlos todos otras veces. El hombre entonces se volvió a afligir mucho.

—¿Cómo voy a conseguir hacer eso? Pero su mujer le dijo:

—No te preocupes, que eso se hará enseguida.

En cuanto dieron las doce de la noche, llegó la criada y los despertó:

—Ya son las doce.

El caballo ruano estaba esperando en la puerta; era el mismo de la noche anterior. La mujer dijo a su marido:

—Cuando galopes por el bosque, levanta el roble más pequeño y di: «Yo levanto éste y que todos los árboles se levanten ellos solos!».

Así lo hizo y, efectivamente, todos los árboles se levantaron de nuevo. Entonces volvió a casa y su mujer le preguntó:

—¿Qué tal te ha ido?

—¡Todos los árboles vuelven a estar en pie!

A continuación, el rey le dio orden de que buscara las llaves de su palacio, que se habían perdido en los tiempos de su abuelo:

—Ya que eres tan fuerte, a lo mejor también lo sabes todo. El hombre, que creyó estar de nuevo en un gran apuro, se dirigió a su mujer diciéndole:

—Ahora me exige las llaves del palacio, que se perdieron en tiempos de su abuelo.

La mujer contestó:

—No te preocupes, que se encontrarán. Móntate mañana temprano en el caballo ruano; él galopará contigo hasta una iglesia y se detendrá allí. A continuación, las puertas de la iglesia se abrirán ellas solas. Entra y coge las llaves que están en la pared del fondo, pero al salir de allí, no mires hacia atrás.

El joven cabalgó hasta la iglesia en el caballo ruano, cogió las llaves y se dispuso a salir. En ese momento, el espíritu protector de la iglesia gritó:

—¡Eh, joven! ¿Qué has hecho? ¡Alto, detente, has cogido algo!

Él se dio la vuelta... y el caballo le tiró al suelo.

El manojo de llaves se le escapó volando de las manos hacia el caballo ruano y se quedó colgando de uno de sus cascos. El caballo ruano cogió las llaves con los dientes y se las llevó a su dueña. Ella se las llevó al rey y le dijo:

—¿Qué le habrá pasado a mi marido con las cosas que le mandas hacer? Es muy posible que le haya ocurrido una desgracia.

—No te preocupes —dijo el rey—. Una mujer como tú seguro que consigue otros hombres.

Pero ella esperó durante un año su regreso.

Transcurrido ese año, el rey ordenó tajantemente que se casara con él. A ella no le quedó más remedio que ir con él a la iglesia, pero antes le dijo a la criada:

—No creo que aparezca mi marido, pero lo que voy a decirte es por si se diera el caso de que apareciera: en cuanto llegue a la iglesia echará a volar. Mira en qué dirección vuela y dile que vivo pasado el mar negro y el mar blanco, en un palacio sumergido en el mar rojo. Aunque hasta allí no va a poder llegar de ninguna manera.

Mientras el hombre iba arrastrándose penosamente hasta allí, pasó por delante de una iglesia; en el atrio de la iglesia había tres hombres que le gritaron:

—¡Eh, hombre! ¡No sigas y ven aquí!

Él se dirigió hacia donde estaban. Tenían tres cosas que querían repartirse. Eran viejos y llevaban ya toda su vida ocupados con ese reparto, pero aún no se habían podido poner de acuerdo. Le dijeron al hombre:

—¡Reparte estas tres cosas entre nosotros!

Las tres cosas eran un sombrero, un par de botas y una espada. El hombre cogió el sombrero y preguntó:

—¿Qué se puede hacer con él? Entonces le contestaron:

—Si te pones el sombrero, nadie te podrá ver.

Se puso inmediatamente el sombrero y preguntó a los viejos:

—¿Me veis ahora? Ellos contestaron:

—No, ya no te vemos.

Luego preguntó qué se podía hacer con las botas, y le contestaron:

—Con ellas puedes llegar de una zancada hasta donde te alcance la vista.

—¿Y qué se puede hacer con la espada?

—Se utiliza en la guerra; si la blandes caerán todos los enemigos.

En un abrir y cerrar de ojos se puso las botas y llegó volando en el momento en que su mujer entraba en la iglesia. En cuanto salió, la mujer preguntó a la criada en qué dirección se había ido volando.

Había pasado un buen rato desde que emprendiera el vuelo hacia el este. Había llegado a una casa nueva, se había hecho pasar por tratante de caballos y se había tumbado a dormir detrás de la mesa. Mientras estaba durmiendo, la posadera y el posadero pusieron en la mesa una comida exquisita. Entonces la mujer dijo a su marido:

—Le pediría al forastero que se sentara a comer, pero ¿crees que le apetecerá la comida?

El forastero oyó lo que decían. El posadero fue hacia él y lo zarandeó diciendo:

—¡Levántate, huésped, y ven a comer! Entonces él se levantó y dijo:

—¡Ah, qué mesa tan bien servida!

El posadero y la posadera se rieron mucho.

Después de cenar durmieron toda la noche de un tirón. A la mañana siguiente, el posadero estaba mucho más amable aún. Llamó al forastero y le enseñó sus almacenes. Primero le mostró uno que estaba completamente lleno de cobre.

—Ahora vamos a ver otro. El siguiente estaba lleno de plata.

Luego fueron al tercero, que estaba lleno de oro. Cuando el posadero salió del almacén, miró a su alrededor y dijo:

—Pero ¿dónde se ha metido el hombre?

Éste se había puesto su sombrero y había llenado su mochila de oro. Lo buscó por todas partes y, al no encontrarlo, volvió a entrar en el almacén.

—Pero ¿dónde se habrá metido este joven?

Entonces se dio cuenta de que en el cajón del oro había un gran agujero, así que se dijo:

—Parece que era un ladrón, aunque se hiciera pasar por tratante de caballos.

Entretanto, el joven ya había recorrido un buen trecho por los campos. Al quitarse el sombrero, el posadero lo vio y dijo:

—Por allí va ese condenado.

El joven siguió su camino en busca de su mujer. Anduvo un día y llegó al mar blanco. Entonces recorrió las dos orillas. Encontró una pequeña casa en la que vivía una muchacha que estaba calentando su cuarto. La muchacha le preguntó:

—¿Adonde quieres ir?

La muchacha tenía una nariz que medía tres codos. Él contestó que quería ir al otro lado del mar.

—Te llevaré remando hasta allí, pero me quedaré con una mano tuya como pago.

—¿No preferirías que te pagara con oro? —dijo el joven—. Tengo la mochila llena.

—No, no quiero.

La muchacha insistió en que le tenía que dar su mano antes de emprender la travesía, pero el joven le pidió:

—Déjame la mano durante el viaje para que pueda llevar el timón mientras tú remas.

Los remos eran de cincuenta brazas de largo. Tras remar un trecho, divisaron la otra orilla. Entonces el joven se puso su sombrero y se bajó del barco. La muchacha lo buscó por todo el barco muy furiosa.

—¿Dónde se habrá metido el joven? ¡Al final no me ha dado absolutamente nada, ni el oro ni la mano!

El joven anduvo por la orilla del mar negro hasta que volvió a encontrar una casa en la que vivía una muchacha. Se dirigió a ella y le dijo:

—Tu hermana pequeña, que me ha cruzado el mar blanco a remo, me ha pedido que te dé muchos recuerdos de su parte.

Al oír esto, la muchacha se puso a gritar furiosa:

—¿Cómo es posible que te haya cruzado a remo sin haberse quedado siquiera con una mano tuya como pago? El joven entonces le enseñó su mochila:

—Le he pagado con oro, pero aún me queda suficiente. La muchacha se puso más furiosa aún:

—¡No debería haberte llevado a la otra orilla por oro! El joven insistió en que le llevara remando hasta la otra orilla del mar negro.

—De acuerdo, lo haré —dijo la muchacha—, pero con la condición de quedarme a cambio con tus dos manos.

Cuando llegaban a la orilla la muchacha dijo:

—Trae aquí tus manos que te las corte.

—Déjame las manos durante el viaje para que pueda guiar el timón; ya las cogerás cuando hayamos llegado a la otra orilla.

—Está bien —dijo la muchacha—, las cogeré cuando hayamos llegado a la otra orilla.

En cuanto divisaron la orilla, el joven se puso su sombrero, saltó a tierra y dejó a la muchacha vociferando furiosa en su barco. Aunque la muchacha tenía una nariz que medía seis codos de largo, se le entendía muy bien lo que decía.

El siguió caminando hasta llegar a la playa del mar rojo. Allí estaba otra muchacha que, para calentar su cuarto, revolvía la chimenea con su nariz, pues la madera arde mejor cuando se la atiza. El joven le dijo:

—Tus hermanas me han dado recuerdos para ti.

—¿Cómo has podido llegar hasta aquí —preguntó ella hablando sobre todo por la nariz— y conservar las dos manos? Ellas te tendrían que haber quitado las manos. ¡Ay, qué hermanas éstas! ¡Se van a enterar cuando vaya a verlas! ¡Mira que cruzarte en su barco de reinos por oro cuando debían haberte quitado las dos manos!...

Al rato se le pasó un poco el enfado y preguntó al joven:

—¿Adonde quieres ir entonces?

—Quiero ir al palacio sumergido que hay en mitad del mar rojo y del que sólo se ve la puntita —contestó él. La muchacha le contó que nunca había visto tal palacio, a pesar de que había recorrido a remo todo el mar de un lado a otro. No obstante, a la mañana siguiente se dirigió a la playa y empezó a gritar:

—¡Eh! ¡Hola! ¡Vosotras, todas las aves del cielo! ¡Venid aquí, que quiero hablar con vosotras!

En un minuto estaban allí todas las aves, grandes y pequeñas, así que les preguntó:

—¿No habéis visto en el mar rojo un palacio del que sólo asoma del agua la puntita?

—No —contestaron todas las aves.

—Bien, ¡marchaos! —les ordenó la muchacha.

En cuanto las aves hubieron desaparecido, volvió a gritar:

—¡Eh! ¡Hola! ¡Vosotros, todos los peces del mar! ¡Venid aquí, que quiero hablar con vosotros! Los peces se acercaron a ella y ésta les preguntó:

—¿No habéis visto un palacio sumergido en el mar, del que sólo asoma la puntita?

—No, no hemos visto ningún palacio —contestaron todos los peces.

—¡Entonces marchaos!

Apenas habían desaparecido los peces, se presentó una ballena. Al verla, la muchacha empezó a regañarla:

—¿Por qué llegas tan tarde? ¿Acaso no podías estar aquí al mismo tiempo que los demás? Entonces la ballena contó lo siguiente:

—Cuando venía nadando hacia aquí, pasé por un palacio sumergido y se me quedó atascada la aleta en una esquina del palacio; por eso me he entretenido.

—¡Ya te puedes ir! —dijo la muchacha a la ballena.

En cuanto la ballena se disponía a marcharse de allí, el joven se puso su sombrero y se montó en su lomo. La ballena volvió a pasar nadando por delante del palacio y entonces él saltó y se quedó en la punta. De repente, los habitantes salieron del palacio y la corte se quedó completamente seca.

Entonces apareció una criada que había salido a buscar agua potable para la novia que una vez había sido su mujer. El hombre aún llevaba puesto el anillo que la muchacha le había entregado cuando la pilló pisoteando las tierras sembradas. Se sacó el anillo, lo echó dentro del cántaro del agua y entró con la muchacha en el palacio. Pero, como llevaba puesto su sombrero, nadie pudo verle. Al coger el cántaro, la mujer oyó que algo tintineaba en él:

—¿Qué es lo que tintinea en este cántaro? Miró en el interior y encontró el anillo.

—¡Pero si es el anillo que entregué a mi marido al prometerme a él! ¿Cómo habrá venido a parar aquí?

El hombre, que ya no podía contener su alegría, se quitó rápidamente el sombrero.

A la mañana siguiente, volaron en las alas de su mujer a la patria del marido. Éste declaró la guerra al rey. Apenas blandió su espada, el rey perdió todas sus fuerzas y murió. El hombre entonces se convirtió en rey y su mujer en reina, y su dinastía aún sigue reinando en nuestros días.

 

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miércoles, 11 de noviembre de 2009

POEMAS. POESÍA. SENTIRES….

 

Hoy me ha dado por compartirles Poesía, bella y profunda poesía… sonidos que cuentan y tocan el alma

 

Walt Whitman -No dejes de soñar.

(De la Sociedad de los poetas muertos).

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,

sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,

que es casi un deber.

No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.

No dejes de creer que las palabras

y las poesías sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.

Somos seres llenos de pasión.

La vida es desierto y oasis.

Nos derriba, nos lastima, nos enseña,

nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra,

la poderosa obra continúa:

Tú puedes aportar una estrofa.

No dejes nunca de soñar,

porque en sueños es libre el hombre.

No caigas en el peor de los errores:

el silencio.

La mayoría vive en un silencio espantoso.

No te resignes.

Huye.

"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",

dice el poeta.

Valora la belleza de las cosas simples.

Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,

pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.

Eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que te provoca

tener la vida por delante.

Vívela intensamente, sin mediocridad.

Piensa que en ti está el futuro

y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.

Las experiencias de quienes nos precedieron

de nuestros "poetas muertos",

te ayudan a caminar por la vida.

La sociedad de hoy somos nosotros

Los "poetas vivos".

No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas....

 

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PARA LOS EXPERTOS LINGÜISTAS

 

Hoy les comparto este divertido y agudo poema, que nos hace sonreír y también reflexionar…

En homenaje al III Congreso de la Lengua Castellana

Señores: Un servidor,

Pedro Pérez Paticola,

cual la Academia Española

"Limpia, Fija y da Esplendor".

Y no por ganas de hablar,

pues les voy a demostrar

que es preciso meter mano

al idioma castellano,

donde hay mucho que arreglar.

¿Me quieren decir por qué,

en tamaño y en esencia,

hay esa gran diferencia

entre buque y un buqué?

¿por el acento? Pues yo,

por esa insignificancia,

no concibo la distancia

de presidio y presidió,

ni de tomas a Tomás

ni de topo al que topó.

Mas dejemos el acento,

que convierte, como ves,

las ingles en un inglés,

y pasemos a otro cuento.

¿A ustedes no les asombra

que diciendo rico y rica,

majo y maja, chico y chica,

no digamos hombre y hombra?

por eso no encuentro mal

si alguno me dice cuala,

como decimos Pascuala,

femenino de Pascual.

¿Por qué llamamos tortero

al que elabora una torta

y al sastre, que trajes corta,

no lo llamamos trajero?

¿Por qué las Josefas son

por Pepitas conocidas,

como si fuesen salidas

de las tripas de un melón?

¿A vuestro oído no admira,

lo mismo que yo lo admiro,

quien quiera descerraja un tiro,

dispara, pero no tira?

Este verbo y otros mil

en nuestro idioma son barro;

tira, el que tira de un carro,

no el que dispara un fusil.

De largo sacan largueza

en lugar de larguedad,

y de corto, cortedad

en vez de sacar corteza.

De igual manera me quejo

de ver que un libro es un tomo;

será tomo, si lo tomo,

y si lo no lo tomo, un dejo.

Si se le llama mirón

al que está mirando mucho,

cuando mucho ladre un chucho

se lo llamará ladrón.

Porque la sílaba "on"

indica aumento, y extraño

que a un ramo de gran tamaño

no se lo llame Ramón.

Y por la misma razón,

si los que estáis escuchando

un gran rato estáis pasando,

estáis pasando un ratón.

Y sobra para quedar

convencido el más profano,

que el idioma castellano

tiene mucho que arreglar.

 

                                          AUTOR: Pablo Parellada, 1855-1944, (pseudónimo, Melitón González). De anónimo, nada. Hay que molestarse un poco, especialmente si el poema nos ha gustado, ya que si lo citamos, por algo será. Verá que era un autor muy popular en la primera mitad del XX y que publicó numerosos libros y estrenó multitud de obras de teatro, tanto en España como fuera del país

Gracias a un mensaje, lamentablemente Anónimo, he conocido el nombre de este autor. Cosa que agradezco y mucho pues siempre trato de poner la mayor cantidad de datos posibles. Sin embargo a veces hay cosas que no encuentro. Subsanado el error lo comparto ahora correctamente presentado para todos ustedes.

 

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viernes, 6 de noviembre de 2009

EL ARTE DENUNCIA

No siempre los cuentos tienen finales felices
No siempre la vida cuenta historias felices
Risas y llantos, abundancia y miseria, amor y odio, respeto y descuido conviven en nuestra pequeña alma humana. Alma que intenta crecer perO demora siglos en hacerlo....
Este video que hoy les traigo es algo que me ha impactado profundamente.

Pollo a la carta: Director: Fernando Dimadura. Género: Drama. Producto de: 2005

Sinopsis: Esta película es sobre el hambre y la pobreza provocada por la globalización. Hay 10.000 personas que mueren cada día debido al hambre y la malnutrición. Este cortometraje muestra una parte olvidada de la sociedad. Las personas que viven en la basura de los hombres para sobrevivir. ¿Qué es la inspiración es la esperanza y la espiritualidad que nunca salió de este pueblo.




¡PIDO A NUESTROS CORAZONES QUE TOMEMOS CONCIENCIA!

miércoles, 4 de noviembre de 2009

LAS PROPIAS FRONTERAS

cerradura iglesia

—Lo que vale es la tierra, señora

—La tierra... — Miro al desconocido que con brutal desparpajo desdeña casi cien años de historia. ¡De mí historia! — Entiendo— concedo resignada, al fin y al cabo de la vida nuestra ¿no queda tan solo polvo al final?

Polvo es hoy la riqueza deslumbrante de Sumeria, polvo y restos el Partenón, el Circo Romano, los templos de Apolo y Afrodita. Polvo los recintos sagrados de la Diosa y la danza de los druidas en los bosques. Hasta los bosques mismos no son más que tocones olvidados a fuerza de cemento y bocinazos. ¿Por qué no entonces la casa de mi infancia? El magnífico “Maison d´Or”, que de francés tenía tan solo el nombre, la madama y la miseria de sus emplumadas danzarinas, y sin embargo, le dio a mi niñez un aire privilegiado de misterio y arrogancia que me ha acompañado hasta hoy.

¡Oh, sí! Crecí hablando francés en un pueblo sin escuelas, y bailando antes de saber sujetar correctamente un tenedor. Aprendí a tocar el piano y conocía a Bach y a Strauss cuando ni siquiera llegaba a los pedales, y en el otro mundo, el mundo de afuera, resonaban chacareras y malambos. ¡Qué importaban el hambre y las burlas, cuando mi universo privado estaba lleno de colores, risas, y aventuras!

La miro por última vez y compruebo que el esplendor que le adjudica mi memoria infantil en nada coincide con su burdo, casi grotesco, aspecto real. El magnífico palacio imaginado, hoy es un montón de ladrillos cascados, puertas desvencijadas, techos hundidos. Ayer, eran los mismos ladrillos pero blanqueados, las puertas firmes ornamentadas con lamparitas de colores y los techos erguidos como mudos testigos de los secretos de alcobas; mañana serán simples cascotes que partirán lejos llevándose hasta el último rastro de su existencia y en su sitio crecerá otro edificio moderno, idéntico a tantos, aséptico y olvidable.

La tierra vale. La tierra que oculta los secretos de mi historia, mi única herencia, pienso mientras firmo la venta.

¡Ya está, todo ha terminado!

El hombre indiferente sonríe satisfecho y quizás algo socarrón ante mi aspecto estrafalario de vieja nostálgica. Seguro le han contado en este pueblo de chismosos que soy la hija de la Francesa, la loca que tuvo el despropósito de enamorarse de un aventurero que terminó dejándola sola y preñada en un pueblo de mala muerte a miles de kilómetros de su tierra natal. La loca, que en vez de irse decidió quedarse y plantar burdel en tierra de solitarios, ganando fama por su indomable temperamento y su inusitada resistencia a la desgracia. Así, sí, así era mi madre.

—Venga—le invito.

Es un hombre joven e ignorante que cree haber aprendido todo y por eso se atreve a desdeñar la vida con tanta ligereza

—Estoy un poco apurado— titubea

—Venga, es un momento — insisto

Indiferente a la suciedad y las telarañas me detengo ante ella y la recuerdo: Era verde con un ojo violeta y azul, toda salpicada de oro. Bueno, no exactamente de oro, sino más bien de puntos descascarados que dejaban traslucir su antiguo tono de sobrio amarillo. Nadie recordaba cuándo la sobriedad había mutado en tanto desparpajo, tampoco importaba saberlo ahora teniendo en cuenta que incluso del aparente desparpajo, que alguna vez había atraído la atención de multitudes, ya no quedaban más que restos lamentables.

Antes, cuando se la veía rutilante y misteriosa, me gustaba agacharme y espiar por su ojo las negras siluetas que se perfilaban construyendo danzas fantasmales al ritmo de la tenue luz que lograba filtrarse por el ventiluz trasero. Allí, acurrucada, soñaba con las noches de gala, los trajes plumíferos y el piano de cola, que embriagaban soledades y consolaban tristezas, en los tiempos en que mamá era una estrella famosa y La Maison d´Or, su reino. Su ojo era mi puerta al infinito, mi pasaje a los sueños, el umbral que develaba el misterio de la naturaleza humana a mi inocencia aún ilesa. Y también mi frontera entre dos mundos semejantes y dispares.

Me gustaba espiar en las madrugadas cuando todo callaba y se envolvía en sombras y silencios mostrando los restos de la fantochada, y también, me gustaba en las noches cuando se vestía de luces y brillos, de risas y manos, de caricaturas de amor y llantos desgarrantes. Allí, tras ella, la vida del revés trascurría repetida e irreverente como si quisiese con sus excentricidades borrar los recuerdos de la otra, de esa otra vida rutinaria y opaca del mundo exterior, dónde el dolor duele y las manos callosas sangran en pos de frutos nunca alcanzados.

Ahora es de un verde sucio y carcomido mezclado hasta lo indiferenciado con el oro que adquirió un tono diarreico, sólo el ojo conserva, aunque pálido, el violeta y el azul. No puedo evitar una sonrisa triste y una opresión en el pecho ¿qué quedará tras ella?.

Palpo su marco de madera dura, sus molduras talladas con dantescas figuras, mientras el hombre incómodo me observa preguntándose si estoy loca o le estoy tomando el pelo, me río por dentro y le dejo pensar cuanto quiera.

Me agacho temerosa hasta el ojo y espío: El sol del mediodía suelta sus rayos dejando que los más atrevidos iluminen como focos la danza del polvo entre negras siluetas apiladas. Me levanto despacio, el hombre intenta controlar un temblor ¿Me teme?.

Por primera vez realizo un gesto prodigioso: Coloco la llave en el ojo y abro la puerta del reino sagrado. Casi setenta años esperé para usar la llave y cruzar la frontera que separó mi vida en dos realidades reconciliadas a la fuerza. De un lado la recepción, mi cuarto, la cocina y la puerta al exterior, del otro los rincones prohibidos. Entré.

Al fondo estaba el piano, a los lados las mesas con sus sillas, a un costado, a la izquierda de la puerta, el mostrador y los estantes de las bebidas, antes rebosantes, ahora vacíos y empolvados, a la derecha y al fondo, casi junto al piano, el escenario con los restos de sus rojos cortinados. Por doquier pendían restos de guirnaldas multicolores y ángeles, íncubos y súcubos, de perdido dorado.

— ¡Estrafalario!— chilla el hombre sorprendido y al instante temeroso de haberme ofendido intenta retractarse — En su tiempo debe haber sido...

—Estrafalario— interrumpo sonriente — Terriblemente estrafalario, grotesco, vital, intenso. ¿De qué otro modo podría destacar en esta tierra polvorienta y árida? Mire, allí en las arcadas colgaban coloridos caireles de vidrio y allí en las columnas, pendían lámparas de kerosén pintadas de rojo que iluminaban lo necesario y ocultaban la sangre que ocasionalmente caía, y velas, velas por todos lados y bandejas con frutas y copas, muchas copas para invitar a confesiones e intimidades. Imagine aquellas mujeres abandonadas de todo, cubiertas de plumas y collares y tacones, bailando al son del piano, y a los hombres codiciando sus cuerpos y rogando por pechos protectores. Imagine los sueños que poblaron las paredes y quedaron en ellas olvidados...

—No soy afecto a la nostalgia, prefiero pensar en el futuro — se defendió incómodo

—Cierto— dije soltando mi último suspiro por lo que ya no era — Lo que vale es la tierra y... mañana—, asentí coincidiendo con sus palabras y regalándole un instante de alivio— Un mañana que sin importar qué posea, tendrá también su mañana en que todo quedará convertido en tierra. ¿Me ayuda?

El hombre duda, está nervioso, molesto, tenso. Le sonrío.... Cede y me ayuda, juntos la sacamos de sus goznes y la cargamos en mi auto.

No me importa lo que digan, la reparé y la puse en medio de mi habitación. Nuevamente es verde con un ojo violeta y azul, toda salpicada de oro, bueno, de pintura amarilla, casi no se nota la diferencia. Ya sé que no es lugar para poner una puerta ¡qué me importa!, es el lugar dónde esta vez yo elijo trazar mi línea divisoria, mi frontera privada. La llave cuelga nuevamente inútil en la pared junto al retrato de mi madre, no la necesito, no pretendo abrir ni cerrar puertas, no necesito llaves, tampoco espacios, ni territorios nuevos, solo necesito su presencia.

Ya sé que no lleva a otros mundos, ni abre a nada nuevo, por eso la quiero, por que puedo agacharme, y espiar por el ojo de su cerradura, ese ojo que ha sido, para mí, siempre el ojo mágico, el juego de sombras que traza la luz de la ventana, e imaginar lo que pudo haber sido aquello que fue, tal como de pequeña imaginaba que sería lo que aún no existía. Y entonces el ojo mismo cobra vida y es mi mirada y el verde es bosque y selva, inmensidad, infinito y el oro es sol y ríos y lluvia y otros; todos esos otros que un día conoceré, o no, pero igual existen, están.

A veces, de noche, cuándo me asaltan temores y nostalgias, acurrucada a su lado, escucho al pianista anunciando el baile y las risas y los tacos y la magia feroz de la locura apasionada, que ahuyenta los fantasmas del día.

©Ana Cuevas Unamuno

lunes, 2 de noviembre de 2009

UN POCO DE HUMOR HACE BIEN AL CORAZÓN

Cada día, según el día,busco para compartir con ustedes una historia que les sorprenda, o les alegre, o les deje pensando, o despierte una sonrisa, un comentario, una idea…

Cada día convoco a las musas de la oralidad para que traigan a mis oídos esos cuentos que habitan la memoria

Hoy llueve y el cielo está gris. Todo parece triste, apagado, sin ganas… Hasta mi calle ruidosa esta casi silenciosa…Hoy es un buen día para reír y ¿qué mejor que el ingenio?

Esta es una leyenda de Santa Fé, que como tantas leyendas se cuenta en muchas partes y va de boca a oreja rodando por el tiempo. 

 

JUAN EL TONTO- (el burlador burlado)

Perteneciente al libro Juan Soldao- Cuentos folklóricos de la Argentina. Buenos Aires. Eudeba 1962 (Pág. 134-136)

Cuentan que hace tiempo, en el norte de Santa fe vivía un tonto llamado Juan. Los que lo conocían afirmaban que creía todo lo que le decían, aunque fueran las mentiras o barbaridades más grandes del mundo.

Tenía este tonto por patrón a un hombre muy bromista, que disfrutaba fastidiándolo. En cierta ocasión, luego de carnear un chancho, el patrón lo invitó a comer a su casa.

Juan fue y en lo que estaban asando unos chorizos el patrón señalándose los pantalones le preguntó de sopetón:

—Dime Juan ¿sabes cómo se llama esto?

—Pantalones— contestó Juan muy seguro.

—No, tonto, esto se llama garabalata— le corrigió el patrón poniendo cara de disgusto.

—Grabalata— repitió Juan y se calló.

Al rato el patrón señalando una alpargata, le preguntó

— Juan ¿cómo se llama esto?

—Alpargatas— contestó el tonto.

— No, hombre, esto se llama chirimique.

—Chirimique— repitió Juan.

Luego, señalando al gato el patrón le preguntó:

—Y aquello ¿cómo se llama?

—Gato— contestó el tonto

—No, se llama ave que caza ratones— le corrigió el patrón

— ¡Ah! ¡Ave que caza ratones!— repitió Juan.

—Así es, ¿y esto?— dijo le patrón señalando el fuego— ¿cómo se llama?

—Fuego.

—No, se llama alumbrancia.

—Alumbrancia— repitió Juan.

El patrón insatisfecho continuó haciéndole preguntas y corrigiendo todo lo que el pobre contestaba.

Señalando un balde lleno de agua le preguntó

— Y esto ¿cómo se llama?

—Agua— contestó Juan luego de mirar bien.

—Pero no hombre, ¡esto se llama clarancia!

— ¡Ah!... Clarancia— repite Juan.

Permanecieron los dos callados un rato, Juan masticando y el patrón refunfuñando pues se había propuesto hacer enojar al peón y no lo estaba logrando. Decidido a sacar a Juan de sus casillas, continúo con sus chanzas.

— Oye Juan, ¿cómo se llama esto?

Juan miró el trigal que su patrón le señalaba y lentamente contestó

—Trigo.

—No, no y no hombre, esto se llama bitoque

—Bitoque— repitió Juan asintiendo con la cabeza.

— ¿Y esto?

—Burro— contestó Juan.

—Pero no, burro eres tú, esto se llama filitroque.

— ¡Ah! Filitroque— repitió el tonto mirando al animal.

Ya cansado y frustrado, señalando unos chorizos, el patrón preguntó a desgano:

—A ver hombre ¿cómo llamas vos a esto?

—Chorizos— dijo Juan titubeando.

—No, esto se llama filitraca— lo corrigió el patrón ya cansado con la situación.

—Filitraca— repitió Juan mirando fijamente los chorizos.

Nuevamente permanecieron los dos en silencio mientras daban cuenta de los restos de comida que había en sus platos. Al cabo de un rato el patrón le dio las buenas noches a Juan y se retiró a dormir, riendo al recordar las tonterías que le había dicho a su peón y la cara de asombro que este había puesto una y otra vez.

Juan, que en realidad no era tan tonto como otros creían, se quedó al fresco pensando como podía vengarse del bromista. Pensando en ello estaba cuando de pronto una enorme brasa cayó justo en el lomo del gato que dormía a su lado. El pobre animal aterrado y dolorido salió corriendo en dirección al trigal. Juan, asustado al ver arder al trigo, gritó a su patrón:

—Patroncito, póngase los chirimiques y también las garabalatas, que al ave que caza ratones le ha caído encima una alumbrancia y si usted no viene rápido con clarencia se le quemará el bitoque. Yo me voy en filitroque y me llevo la filitraca.

Así fue como el tonto no tan tonto aprovechó la ocasión para llevarse todos los chorizos y huyó montado en el burro. Cuando el patrón salió el trigal ya estaba invadido por las llamas.