lunes, 11 de enero de 2010

La leyenda del Yuchán- (Chaco- Argentina)

leyenda de Chilaj y Tokwaj, de la zona chaqueña de la república argentina.

 yucan

  Hace muchísimo tiempo -cuentan los matacos del Chaco- había un yuchán más alto y más panzón que cualquiera.  Es que ese yuchán estaba lleno hasta el tope de agua y de peces.

  Chiláj, el dueño y protector de todos los peces, les permitía a los indios que pescaran adentro del yuchán (algo tenían que comer). Pero se ponía de los más furioso cuando algún gracioso pescaba por pescar y dejaba a los pobrecitos pescados tirados por ahí, boqueando.

  Entre todos los peces que había en el árbol, el más lindo era un dorado grandote.  A ése no había que molestarlo. 

   -¡Miren que de un solo coletazo es capaz de romper todo, y después qué hacemos! -decía Chiláj.

   Pero un día llegó uno que se llamaba Tokwaj.

   Chiláj lo miró de reojo:

   -¡Cuidadito con tocar el dorado grandote! ¿Me escuchaste bien vos?

   -¡Eh, no tanto grito! ¿Por quién me toma? -dijo Tokwaj haciéndose el ofendido.

   Entonces preparó el arco y la flecha (ellos pescaban así) y se puso a pescar.

   Pescó uno, más bien chico.  Después otro, grande y gordo.  La verdad que ya era suficiente.

   Pero él no estaba tranquilo y los ojos se le iban detrás del dorado grandote.

   Hasta que, de repente, no aguantó más y ¡zás! le clavó una flecha ¡Para qué! Loco de dolor, el dorado grandote empezó a dar coletazos para aquí y para allá.  Hasta que, en una de ésas, lo partió al árbol por la mitad.  Entonces el agua empezó a salir y a salir del yuchán.  Y se vino la inundación.  Se vino, nomás.

   Con los ojos salidos para afuera de la rabia, Chiláj lo encaró a Tokwaj, a grito pelado.

   -¿Te lo dije o no te lo dije, cabezón?  ¡Ahora me arreglás este lío, rapidito y sin chistar! ¡ooooh, también!

   Pero Tokwaj se quedó duro, sin saber para dónde agarrar.  Y eso que el agua ya estaba llegándole al cuello.

   Cuando Chilaj vio que el otro no se daba ninguña maña, pensó "este encima se nos va a ahogar  ¡Y va a haber que pagarlo por bueno! No voy a tener más remedio que darle el palo mágico..."

    Entonces con su peor voz, le dijo:

    -Mirá, Tokwaj; te me vas de acá...¡y te me llevás toda esta agua! (Tokwaj puso cara de no tener la menor idea de lo que tenía que hacer).

    Entonces Chilaj agregó:

    -Tomá este palo.  Vos caminá nomás, y el agua te va a seguir.  Cuando estés muy cansado, clavás el palo y el agua se va a quedar quietita...¡Y ahora, chau! ¡Si te he visto, no me acuerdo!

    Tokwaj, que estaba bastante llovido, obedeció sin decir ni mu.  Caminó y caminó.  Cuando las piernas no le dieron más, clavó el palo (y por su cuenta agregó algunas palabras mágicas).  El agua paró y Tokwaj pudo echarse un sueñito (pero soñó que hacía papelones).

     A la mañana siguiente, desclavó el palo y siguió caminando.  Atrás de él iban las aguas, mansitas como ovejas.  Para no aburrirse, Tokwaj, ya más tranquilo, empezó a caminar en zigzag, a pegar saltitos, a correr...

     Y siguió y siguió.  Con el agua, atrás.  Y en el agua, los peces.

     Fue así nomás, aunque ustedes no lo crean, como nacieron los ríos, todos los ríos.

    Ah, me olvidaba: si alguno va a pescar... ¡ni se le ocurra sacar pescaditos por gusto y dejarlos tirados por ahí, boqueando! Nunca se sabe si Chilaj anda cerca, disfrazado de viejito pescador.

Yuchán: Palo borracho

Chilaj o Ilaj: señor de agua y de los peces entre los matacos, a quiénes enseñó a pescar con arco y flecha.

Tokwaj: uno de los héroes míticos de los matacos.  Difundió muchas enseñanzas sobre agricultura, pesca, caza.  Sin embargo, tiene un lado negativo: haber desobedecido a Chilaj cuando éste le prohibió pescar el dorado.

Cuento y Glosario de Graciela Beatriz Cabal.