miércoles, 13 de enero de 2010

LA PÉRDIDA DEL ARTE DE CONTAR

Leía hoy un artículo sumamente interesante de Raúl Minchinela en la revista Ñ sobre los nuevos modelos comunicacionales que optan por la brevedad y no por la calidad de contenido. (Si quieren leer la nota completa clik acá).

Me pareció oportuno compartirlo con ustedes, pues siento y creo que este hábito de brevedad nos está empobreciendo a pasos agigantados.

Entre muchas otras cosas dice Minchinela:

Esas directrices han conducido a que el ciudadano esté más interesado en los titulares que en las noticias. Estar al día es hoy sinónimo de visitar muchos titulares, sin necesidad de profundizar en ningún tema. El hombre informado es un consumidor de resúmenes telegráficos.

Es absolutamente cierto. Hablamos en códigos cada vez más incompletos, llenos de gadgets (simbolitos), una expresión como “Te quiero mucho” ha quedado convertida en TKM, un hola que tal es un muñequito que saluda, y en las apuradas cotidianas ya sea vía Facebook o vía teléfono terminamos teniendo conversaciones tipo:

—Hola todo oki.

—Sip. ¿Vos?

—Ok.

—Novedades.

— Hace calor. Juan se fue al sur. Marita se separó

— Mucho. ¿Y? ¿Cómo está?

— Procesando. Es lo mejor ¿no?

— Y si. Bueno hablamos.

— Besos.

Es un pobre ejemplo pero seguro cada uno de ustedes tendrá miles mejores….

Más adelante en la nota dice Minchinela:

Ahora mantenerte al día con los amigos es tener constancia de sus updates. Estar informado de tu círculo cercano consiste, de nuevo, en repasar titulares. Hemos llevado la atomización de la información hasta nuestras propias vidas. Y en el proceso hemos sacrificado algo crucialmente importante. Cuando antes los amigos te informaban de que, supongamos, Carlos había cortado su relación con Ana, la noticia venía indefectiblemente con una historia complementaria, porque en el medio para recibirla venía incluido el ir más allá del titular. Ahora, todo se concentra en el update. No hace falta conocer los inconvenientes. La Eneida se puede reformular en forma de actualizaciones, pero revela algo más grave: estamos perdiendo las historias. Nuestras propias historias. (El resaltado es mío)

Durante milenios la buena costumbre de la narración oral de boca a oreja, de padres a hijos, de persona a persona, tejió redes sólidas entre los habitantes de cualquier grupo, dio sentido de pertenencia al grupo y a los ancestros, educó, sostuvo y alimento las almas para que pudiesen transitar y sobrellevar las penurias de la vida cotidiana con un sentido trascendente. ¿Qué alimentará ahora a nuestras almas agobiadas en el diario vivir? ¿Qué nos estimulará a la trascendencia?

Yo amor las historias, sería incapaz de vivir sin ellas, quizás por eso este tema me ocupa tanto y me impulsa a mantenerlas vivas, a compartirlas, a crearlas y narrarlas… Y sufro, sufro mucho cuando me siento presionada a la brevedad, cuando sé lo mucho que le cuesta a una inmensa mayoría detenerse un tiempo a leer. El microcuento, el texto corto, lo “mini”, lo inmediato, es el modo del presente, un modo que aunque no nos demos cuenta, nos opaca el espíritu, nos empequeñece como individuos, nos condena a la repetición de los viejos errores y sobre todo nos deja solos, muy solos aunque nos rodeemos de mucha gente.

El universo nació de la Palabra, quizás esta escasez de palabras que padecemos actualmente, sea tan grave como el cambio climático, y nos conduzca a un nuevo vacío….

Por eso siembro palabras y me alegra encontrar a tantos otros que como yo insistimos en esta siembra sonora…. ¡A ustedes también los invito a convertirse en sembradores!