martes, 2 de marzo de 2010

Entre desesperanzas y esperanzas

 

Encontré un artículo que merece ser difundido y pro eso aquí lo comparto con todos ustedes.

 

Canción esperanzada o Nana Cande

Escrito por Luci Garcés

Hace ya casi cinco años, en una situación dura y triste escribí una nana dirigida a un niño que no conocía. Se titulaba Canción desesperada o Nana cande. Hoy he cambiado el título, dando esperanza a lo que aún es dolor.

Las nanas con las canciones infantiles que las madres cantan a sus niños con un ritmo adormecedor. Este tipo de canción se da en todas las culturas, las madres han encontrado una de las primeras fórmulas poéticas para hablar de dulzuras, quitar miedos, y dormir a los niños pase lo que pase.

Esta nana viene a cuento por una historia haitiana que tiene nombre y apellido de mujer, aunque no del niño al que da algo más que una nada.

Canción esperanzada o Nana cande

Mi niño moreno, chocolate amargo

café con leche condensada

azúcar cande fraguando en el ingenio.

Brillantes faros negros, tus ojos,

ríen silenciosos sin parar.

Mi niño, fuego canela,

olor de vainilla, mi sueño.

Roscos de vino y ajonjolí,

caña allá en el sur,

abrasándome en la sed de tu boca.

Luci Garcés (Nanas para el futuro, poemario inédito)

 

Esta nana ha salido del lío que son casi siempre las cosas que escribo hasta que cuajan en un libro, porque yo no escribo libros, sino temas que se van encadenando hasta formar un todo. Y digo que la busqué en mis archivos cuando me entere de la historia de Sonia Marmolejos, una anécdota quizás en la terrible situación que pasa Haití.

Sonia Marmolejos está criando a su último hijo por el método más natural, con su leche. Ella vive en la otra parte de la isla, en la mitad que forma la República de Santo Domingo. Ella tiene poco, pero a encontrado la forma de ser solidaria. Y cada día, tras alimentar a su hijo, cruza la frontera y amamanta en un hospital a un bebé, de escasos días, con el cráneo dañado por los escombros provocados por el seismo y cuya madre está gravemente herida. Cuando está satisfecho el pequeño, lo arrulla y lo duerme y después sale del hospital y se dirige a otro para dar su generosidad a otra criatura.

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Sonia Marmolejos se une a la legión de aquellos que no alardean su generosidad, que simplemente dan lo que tienen.

Fuente: Blogs La voz de galicia

 

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