jueves, 21 de octubre de 2010

El Dragón, la Joven sin nombre, la noche y la sequía

                                          Cuento popular gitano

Érase una vez cuando la tierra de los girasoles era habitada por extraños poderes, poderes gitanos mágicos milenarios. Los gitanos que vivían entonces eran muy sabios al punto que descubrieron el secreto de la juventud eterna y debido a ello vivían al menos mil años. A los trescientos, aún eran jóvenes y a esa edad decidían casarse. Antes ellos tenían bellas alas y vestían hermosos trajes de seda revestidos con encajes de perlas y zafiros, como vivían muchísimos años y eran sabios, desarrollaron las ciencias y la astrología. Con puntos y signos incandescentes sobre el cielo descifraban el futuro, ellos marcaban sobre la palma de sus manos con flechas mágicas las cosas que sucederían, flechas que lanzaban al cielo dando vida a sus hechizos.

Pero ocurrió lo inexplicable, un día los gitanos no pudieron presagiar todas las cosas que estaban escritas en el cielo, de donde cayó un gran meteoro comandado por un terrible dragón, quién tomó todos los desagües y piletas con forma de animales y con la ayuda de un terrible hechicero los transformó dando vida a un gran ejército de gárgolas con alas de murciélago, grandes ojos incandescentes, unos pequeños cuernos y la piel dura que asustaba a cualquiera que las viese.

Así el Dragón se hizo dueño de los cielos y de la tierra, luego encerró todas las aguas en una caverna. Fue así como sobrevino una gran sequía. Todo se cubrió en llamas, los gitanos tuvieron miedo de volar y debido a eso dejaron de utilizar sus bellas alas, las que finalmente se atrofiaron. Dado lo anterior el dragón los hizo prisioneros despojándolos de todos sus bienes y fueron convertidos en piedras por la sequía. Había una hermosa doncella cuyo nombre entre los gitanos nadie conocía y que decidió salvarlos.

Vestida con ropa muy sencilla, al atardecer tomó su pandereta, tres platos de pimienta y tres ratones y descalza fue al bosque donde estaba la guarida del terrible dragón.

Este inmediatamente sintió que un ser humano se acercaba y abandonó la cueva. Sin embargo, se deslumbró al ver a la hermosa muchacha y debido a ello no la devoró, sino que se detuvo a charlar con ella. Mientras hablaban, empezó a sentirse mareado y somnoliento por causa de la pimienta.

"Has llegado hasta aquí, pero no puedes entrar en la cueva. Si lo haces, te convertiré en piedra", dijo el dragón.

"De acuerdo, no me moveré un paso de aquí, pero quisiera alabar tu grandeza cantando una canción que he compuesto para ti". A lo que el dragón asintió sin reparos.

La hermosa joven tomó su pandereta y procedió a cantarle una armoniosa canción sobre el amor entre una jovenzuela que se enamora de un gran guerrero que llegó de los cielos a conquistar su corazón.

El dragón lentamente cayó dormido al escuchar tan bello cantar. La chica, sin embargo, sabía que todas las aguas estaban encerradas en la gruta y entró cantando sin miedo. La Madre Noche se embriagó con el canto de la joven, al igual que como sucedió con el dragón apoderándose del poder mágico de la noche que vivía allí.

La joven soltó a los tres ratones, pues gustan sobre todo de la noche, y empezaron a danzar con la Madre Noche quien pronto comenzó a dormirse. Entonces la joven tejió una red presurosamente con sus cabellos rojizos y con ella apresó a la Madre Noche para que no pudiera escapar. Lo hizo porque quería que la noche fuese larga y el dragón durmiera durante muchísimo tiempo. Tras esto, entró en las profundidades de la cueva y liberó las aguas que también quedaron encantadas con su bella voz.

Las aguas fluyeron de nuevo respondiendo al canto de la joven y danzaron al eco de las lluvias que estallaron, de ese modo el padre día despertó de su letargo y todo volvió a la vida y los gitanos convertidos en piedra por la sequía se volvieron humanos otra vez. Recobraron sus tesoros y sus alas y pudieron nuevamente volar. Con el tiempo y en retribución los gitanos le dieron sus alas a la hermosa joven y así nuevamente dejaron de volar. Aunque muchos gitanos las extrañaron; por eso caminan a través de los confines de la noche invocando en sus cantos lamentosos a la bella joven intentando cautivarla para que les entregue nuevamente sus alas. La doncella prometió que algún día, cuando el elegido llegase, ella se las devolvería…

(Adaptación del Libro Leyendas Gitanas Recogidas en Bulgaria, Autor Deyan Kolev)