domingo, 13 de febrero de 2011

Él. Ella..., la Esquina

 

El: Va caminando por la calle descubriendo cada lugar. Esta buscando, está encontrando. Le gusta caminar observando como el mundo pasa apurado, aturdido, distraído a su alrededor. Se detiene a mirar los detalles, las paredes altas, las ventanas cerradas, las cúpulas olvidadas, también observa los pequeños gestos que delatan las historias de vida. Como aquel hombre de traje gris que arrastra su oficina con rostro de balance en rojo, andar metódico y simétrico; o aquella mujer que corre para seguir corriendo y de tan apurada todo lo olvida, o ese linyera que pasea su abandono indiferente a los gestos de rechazo.

Se cruza con ceños contraídos, tensos, furiosos, decepcionados, miradas perdidas, ciegas, vacías. Bocas torcidas en infinidad de muecas, gritos malhumorados, señales inconfundibles de apuro, de desconcierto, de miedos, de ganas. Suspira, el sol brilla en el cielo, unas nubes tenues juguetean.

¿Qué podría sorprenderlos?. ¿Qué despertaría una sonrisa en sus rostros?. Se preguntó él. Quizá si del cielo cayesen rayos de colores, todos se detendrían. ¡No!..., seguramente no, ¿quién podría verlos?, pensó apenado mientras continuaba su camino

Ella: Va caminando por la calle en sentido opuesto. Tiene el andar ligero, el rostro risueño, va mirando y viendo. Ríe, ría por que sí, por que está viva. ¡Que extraña sensación la de su risa mezclándose con las caras hoscas, serias, amargas!. Una vieja la mira y frunce el entrecejo disgustada. ¿Qué le pasa a este mundo que nadie ríe? ¿Dónde están esos ojos que aún buscan?. Se preguntó al descubrir que aunque la miraran nadie la veía.

Sus ojos recorren arriba y abajo, miran hasta en los rincones buscando otros ojos vivos. Los deja penetrar tras las caretas, se sorprende al no hallar nada, se detiene de pronto en medio de la vereda atascando el paso, inmutable a quejas, empujones e insultos. ¡Siga!. ¡Siga!, le gritan, le exigen molestos, los que pasan a su lado.

Sonríe, nadie contesta, sonríe y su sonrisa le devuelve el paso ligero, todo su cuerpo serpentea haciendo de sus pies alas que la guían.

La Esquina: Las esquinas no son intrascendentes, son lugares especiales, puntos de encuentro que se inventaron para que pasen cosas. Es en ellas donde uno gira cambiando el horizonte, o bien donde cruza fronteras. Las esquinas nos obligan a detenernos siquiera un instante. Son los sitios donde se acumula la gente, donde chocan o se encuentran. Las esquinas son nudos de corriente que abren direcciones, puntos de energías infinitas que provocan al movimiento. Existen en todas partes y todos sin distinción de credos ni de razas las conocen. A ellas le canta el tango y el rock, las hay famosas, trágicas, útiles, perdidas. Las esquinas son lugares especiales para comenzar y terminar historias, historias como esta por ejemplo...

El y Ella avanzaban cada uno con su mundo a cuestas. Él anhelando un rostro abierto, capaz de detenerse a ver los milagros del cielo y de la tierra. Ella ansiosa de unos ojos vivos, desnudos de antifaz. Los dos avanzaban paso a paso hacia la esquina.

Él la vio de pronto al dar la vuelta y chocar con su sonrisa. Ella lo observó asombrada al tropezar con sus ojos transparentes, vibrantes, curiosos. Así quedaron prendidos uno del otro, sorprendidos, satisfechos. A su alrededor estallaron luces de todos los colores, ella tomó el verde y se cubrió con él. Él escogió el rojo y lo convirtió en capa. Ella tomó algo de aquí, algo de allí y armó un hermoso ramo de matices. Él giró en redondo sujetando rápido el escurridizo blanco y con él la coronó. Ella rió, Él le tendió la mano, ella la tomó.

Primero fue un paso, luego otro, comenzaron caminando para salir corriendo, para seguir volando...

El mundo sigue andando envuelto en sus problemas, desbordando nostalgias, arrastrando sus penas, farfullando enojos, murmurando soledades, suplicando un milagro que sorprenda sus vidas, pero sus ojos no han visto lo que pasó en la esquina. Estaban mirando la nada más abajo del piso pero la vida mejora más arriba, ahí, justo donde miran los niños.

El y Ella están siempre en la esquina de todos encontrándose, riendo, cantando, danzando, envolviéndose en colores. Nosotros... nosotros somos los que no miramos.

Más basta tan solo conque uno, uno solo, alce los párpados creyendo en los milagros que pueden suceder “A la vuelta de la esquina...”, y los verá.

Pues solo los que miran y al mirar ven, son los que viven la vida librándole batalla a la desesperanza, olvidando las bofetadas aunque le ardan las mejillas, por que mantienen viva la llama de la esperanza. Son los que no dictan sentencia, huyen del reloj, desconocen las frases hechas, dudan del siempre y del jamás, saben que la vida nunca es de una sola manera y gozan descubriendo sus muchas formas. Saben dialogar con la esencia del otro y no solo con sus reflejos, cierran las puertas a lo hueco, rechazan las apariencias, se entregan. Son los que siempre tropiezan por estar con la mirada más alto que el suelo.

Ellos son los únicos que vieron cuando Él y Ella remontaron vuelo y gozosos se sintieron ellos.

¿Los has visto?