viernes, 4 de febrero de 2011

La mamá de los cuentacuentos

Un cuento de Eduardo Galeano

Por vengarse de una, que lo había traicionado, el rey degollaba a todas.

En el crepúsculo se casaba y al amanecer enviudaba. Una tras otra, las vírgenes perdían la virginidad y la cabeza.

Sherezade fue la única que sobrevivió a la primera noche, y después siguió cambiando un cuento por cada nuevo día de vida.

Esas historias, por ella escuchadas, leídas o imaginadas, la salvaban de la decapitación. Las decía en voz baja, en la penumbra del dormitorio, sin más luz que la luna. Diciéndolas sentía placer, y lo daba, pero tenía mucho cuidado. A veces, en pleno relato, sentía que el rey le estaba estudiando el pescuezo.

Si el rey se aburría, estaba perdida.

Del miedo de morir nació la maestría de narrar.