jueves, 8 de septiembre de 2011

El león, el tigre y los gigantes enemigos del pueblo

Cuento popular de ENTRE RÍOS

Era un colono que tenía tres hijos. Lo querían mucho los hijos. Los muchachos le dijieron al viejo:

-Cuando se muera lo vamos a velar en un campo.

-Bueno -dice él-, pero en el velorio tienen que intervenir los tres.

-Lo vamos a velar tres días.

-Bueno -les dice el viejo-, cuando me muera hagan lo que queran de mí.

Bueno... Siguió trabajando el viejo con los hijos, que eran muy buenos hijos. Una güelta cayó enfermo el viejo y a los poquitos días murió.

-Bueno -dijieron-, lo vamos a llevar al monte.

Bueno... Lo llevaron al monte y buscaron un lugar a propósito, y lo acomodaron, y le pusieron las velas, al padre muerto.

-'Hora te va a tocar a vos -le dijieron al mayor.

Le tocó al mayor y quedó velando al padre.

Le dieron un solo fósforo y con ése tenía que encender las velas y no dejarlas apagar. El que dejaba apagar las velas, al otro día lo mataban.

Esa noche 'taba áhi, viene un lión, y claro, lo que vido la luz prendida. Y se puso a peliar con el lión. Lo pelió mucho y lo mató al lión. Entonce pensó y dijo:

-Por ver lo que yo he hecho esta noche, no van a querer venir mis hermanos.

Entonce lo llevó al monte al lión, lo escondió y le sacó una tira de cuero del lomo.

-Con esto me hago un cinto -dijo.

Y al otro día amanecieron las luces prendidas. Vinieron los hermanos y no les contó nada.

-'Hora te toca a vos -le dijeron al segundo, la segunda noche.

Y se quedó el segundo velando al padre en el monte. A la media noche se le presenta un tigre.

-Con éste tengo que peliar -dice- sinó éste me va a matar.

Y se puso a peliar. Pelió muchísimo y al fin lo mató. Y entonce dijo:

-Con esto, el otro no va a venir, porque es el más chico y va a tener miedo.

Entonce lo llevó al tigre y lo escondió en el monte y le sacó una tira de cuero del lomo.

Cuando vinieron los otros hermanos, 'taba el finau con las velas prendidas.

-'Tá bien -dijieron- 'hora te toca a vos -le dijieron al más chico.

Bueno... Se quedó el hermano menor.

'Taba velando cuando se le apareció una serpiente. Y entonce vido que tenía que peliar con la serpiente. El chico era muy valiente, pero no tenía más que un cuchillito muy chiquito. Y se puso a peliar. Y el bicho pasaba por arriba d'él, y no lo podía cazar. Y con el cuchillito lo conmenzó a hincar y a hincar, hasta que perdió mucha sangre el bicho y cayó en el suelo. Y áhi aprovechó para matarlo. Y cuando s'iba muriendo que se dio güelta y hizo cáir al finao y apagó las velas.

-Bueno -dice-, 'hora 'toy perdío. Voy a ver si encuentro juego por algún lado.

Siguió por entre el monte y encontró un hombre que venía en un caballo tordío.

-¡Alto! ¿Quién vive? -le dice.

-El día -contesta el otro.

Bueno... Entonce, para que no amaneciera, para que no llegara el día, le dice:

-¡Preso está el día! -y lo agarró y lío ató en un árbol, al día, con caballo y todo.

Bueno... Lo dejó preso, al día, y siguió caminando. Ve un fogón y se arrima al fogón. Y áhi 'taba un gigante asando una criatura.

-¿Qué andás haciendo, gusanillo de la tierra? -le dice.

-Vengo a pedirle un jueguito.

-Sentate por áhi, ya te lo voy a dar.

En eso, cái otro gigante, y dice:

-¿Y este gusanillo?

-Si no los enllenamos, lo comemos a éste -le dice el gigante que 'taba áhi.

Al rato cái otro gigante y dice:

-¿Y qué hace este gusanillo?

-Buscando juego -dice el muchacho.

-Te daremos el juego pero vos tenés que hacer un trabajo para nosotros.

-Bueno -les dice- lo voy a hacer.

-Güeno... Vos tenés que bajarte en un pozo ande vamos nosotros. Tenés que dir a buscar la cabeza de un centinela.

Güeno... Ya llegaron al pozo. Le pusieron una piola y lo bajaron al pozo. Era muy hondo. Cuando llegó al plan se encuentra con un pueblo. Encuentra al centinela que era otro gigante. Se escondió, y en un descuido lo mató al centinela y l'echó la cabeza en un pozo de agua.

-Hora voy a recorrer el pueblo -dijo.

Va, y encuentra un palacio y entra. Entra en una pieza y encuentra a una señorita durmiendo. Dentra a otra puerta y encuentra otra señorita dormida tamién. Pasa delante, y en otra pieza encuentra otra señorita dormida, un jarro de agua, y un papel escrito y una espada. En el papel decía que con esa espada se podía peliar con un regimiento.

Bueno... Entonce dijo él:

-'Hora voy a peliar a los gigantes.

Siete anillos que había en la mesa de la muchacha, se los probó en los dedos. Los voltió a todos. Le había quedao bien sólo uno chiquito, en el dedo chico, y a ése lo dejó en el dedo, y agarró la espada.

Bueno... Se jue. Tocó la piola pa que lo alzaran. Subió arriba, y empezó a peliar con los gigantes. Los mató a los tres con la espada, agarró juego y se jue. Cuando pasó por donde 'taba el hombre a caballo, que era el día, lo desató. Entonce, recién comenzó a amanecer. Llegó ande 'taba el padre muerto y encendió las velas, y dijo:

-'Hora recién 'toy en salvo.

Al rato vinieron los hermanos y llevaron el cadáver y lo enterraron.

Vinieron a la casa y le dijo el hermano menor a la madre:

-Hay que pagar una promesa. Tenemos que ir al pueblo.

Y ya se arreglaron para ir al pueblo y se jueron los tres hermanos y la señora. Cuando llegaron al pueblo, los atajaron unos soldados del Rey, y les dijo que era orden del Rey, que todo el que entrara al pueblo tenía que ir al palacio del Rey. Ellos tenían miedo que los fusilaran.

Ya llegaron y les dijieron que los jóvenes tenían que contar alguna hazaña. Entonce la madre dijo:

-¿Qué hazaña pueden tener mis hijos si no han salido de mi casa, nunca?

Y ya les dijieron que era la orden del Rey y los llevaron ande 'taba el Rey y las hijas, que nadie sabía cómo se habían salvado de unos gigantes que las tenían encantadas en el fondo de la tierra.

-Sí -dice el hijo mayor- yo les voy a contar una hazaña.

Y contó lo del padre y después dijo:

-Estando velando a mi padre se me presentó un lión. Lo pelié mucho y al fin lo maté y le saqué una tira del cuero del lomo. Y acá la tengo hecha cinta, y mostró un cinto muy lindo que se había hecho de cuero de lión.

A todos les pareció que este joven era muy valiente.

El otro hijo, el segundo, dijo:

-A mí me pasó igual. 'Tando velando a mi padre se me presentó un tigre. Tamién lo maté y acá tengo la tira que le saqué del lomo, hecha cinto.

El Rey 'taba muy contento de ver el valor de estos jóvenes.

Entonce le tocó contar una hazaña al menor. Entonce él contó todo.

-'Stando velando a mi padre se me presentó una serpiente. La tuve que peliar toda la noche y al fin la maté. Cuando 'staba muriendo se cayó y echó al suelo al finao y apagó las velas. Y entonce fí a buscar fuego. Encontré a un hombre en un caballo tordío, que era el día, y lo até en un árbol.

Y ya contó lo de los gigantes, y que lo hicieron bajar al pozo. Y que mató al centinela. Y que encontró las tres señoritas. Y la espada y el papel. Y que él se puso los anillos y que los voltió y que se quedó con uno chiquito en el dedo chico.

-¿Ve? -dice la hija menor del Rey- eso es lo que yo perdí.

-Bueno -dice- cuando volví traje juego y desaté al día. Y ya vinieron mis hermanos y llevamos al finao y lo enterramos. La cabeza del centinela 'tá en el río y la espada la tengo áhi, en el surqui.

-Bueno -dijo el Rey-, estos mozos salvaron al pueblo del lión, del tigre y de la serpiente. Y el menor salvó a mis hijas. Se van a casar los tres con mis hijas, y el menor, con la más chica.

Y ya se casaron, y el Rey lo hizo rey al más chico. Y hicieron una gran fiesta y áhi se quedaron muy ricos y contentos.

Y se terminó el cuento.

Prudencio Pérez, 64 años. Federal. Concordia. Entre Ríos, 1951. Modesto propietario rural. Buen narrador.

Tomado de Cuentos y leyendas populares de la Argentina. Tomo IV - Berta Elena Vidal de Battini