miércoles, 4 de enero de 2012

LA CABEZA – Leyenda del África negra

 

Recopilada por Ernesto Rodríguez Abad (escritor y narrador oral canario)

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En el Norte de África vivió un pescador al que le gustaba mucho pasear por la arena. Solía pasar las horas del atardecer mirando al sol ocultarse y contemplando cómo las olas se enredaban con la arena y los musgos. Así acababa los días aquel pobre pescador del Norte de África.

No era como los otros compañeros, que se iban a parlotear e inventar historias y hazañas desmesuradas de faenas contra monstruos marinos y de peces tan grandes como montañas.

Una tarde descubrió algo que lo dejó asombrado. Cuando jugaba con los túmulos de musgos de la orilla, al dar una patada, encontró algo extraño. Gritó cuando su pie tropezó con algo duro y vio cómo un cráneo humano salió rodando unos metros. Se acercó para verlo de cerca y comprobó que aquel cráneo había pertenecido a una persona. Se quedó pensativo y extrañado. Lo miró muy cerca y al fin dijo, como quien medita.

-¿Eh, cráneo, quién te trajo hasta aquí?

El cráneo abrió la mandíbula lentamente y salió de él una voz débil que dijo:

-La palabra.

El pescador creyó que estaba soñando. No podía ser que hablase, no podía creerlo. Pensó luego, con más lógica, que sería un efecto del viento por entre los huesos. Para estar seguro se acercó más y volvió a preguntar:

-¿Eh, cráneo, quién te trajo hasta aquí? Anda, responde. Responde ahora.

Pero volvió a oír la voz, ahora con aire destemplado. Incluso diría que estaba enfadado.

-La palabra. ¿Tú estás sordo?

El pescador dio un salto. No se sabe si de susto o de miedo. Salió corriendo a través de la selva como alma que lleva el diablo. Había descubierto algo extraordinario. Nadie había visto algo así. Cuando llegó a su tribu, encontró al gran jefe merendando, rodeado de sus esposas y de sus hijos. El pescador interrumpió la merienda del jefe con gritos y alaridos. El mandatario, puesto en pie, le ordenó que explicase despacio lo que ocurría.

-He visto, en la playa, lo que nunca nadie jamás ha visto. ¡Había un cráneo!

-¿Y...?

-¡Un cráneo que habla!

-¿Cómo?

-Un cráneo que habla. Eso nadie lo ha visto en África nunca.

El jefe advirtió al pescador que no dijese tonterías. Le dijo que si estaba gastando alguna broma le iba a pesar. Pero el pescador insistía en la importancia que tenía su descubrimiento.

-Si dices mentiras te cortaré la cabeza.

Aquella fue la última advertencia del jefe y la tribu entera se trasladó a la playa, para ver el cráneo que hablaba.

Cuando llegaron, el jefe y el resto de la tribu rodearon al pescador y al cráneo. El pescador, muy nervioso, se acercó, temblándole la voz.

-¡Mira que está el jefe! ¡Responde! ¿Quién te trajo hasta aquí?

Se hizo un silencio terrible. Nadie habló. Tampoco el cráneo. El pescador volvió a insistir:

-¡Que está el jefe! ¡El jefe! ¿Entiendes? ¿Quién te trajo hasta aquí?

Nadie habló. Tampoco el cráneo.

-¡Por tercera vez te lo pido! ¡Responde! ¿Quién te...?

El jefe ya había sacado su sable y de un golpe le sacó la cabeza al pescador.

Todos se fueron otra vez al poblado a seguir merendando. La cabeza quedó rodando por la arena y las olas la fueron llevando de un lado para otro, hasta que quedó enfrente del cráneo. Parecía que se miraban. Parecía que sonreían. El cráneo abrió la mandíbula blanca, lentamente, y dijo:

-¡Eh cabeza! ¿Quién te trajo hasta aquí?

La cabeza abrió la boca despacio y dijo:

-La palabra.

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Se llama África negra al territorio de este continente que se halla al sur del desierto de Sahara. La mayoría de sus pobladores son de raza negra y hablan distintos dialectos del bantú. Como en todas las civilizaciones, la sabiduría popular va pasando de generación en generación proverbios que, en pocas palabras, reflejan conocimientos producto de experiencias vitales.