martes, 20 de marzo de 2012

María Teresa Andruetto ganadora del Premio Hans Christian Andersen

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Cinco escritores y cinco ilustradores fueron seleccionados entre los 57 candidatos presentados por las 32 secciones nacionales de IBBY (International Board on Books for Young People).

El premio, considerado el más prestigioso de la literatura para niños, es entregado bianualmente a un escritor y un ilustrador vivos cuyos trabajos completos hayan hecho una contribución fundamental al campo. Hoy se anunciaron los ganadores en la Feria del Libro Infantil de Bologna.

“María Teresa Andruetto, de la Argentina, es una maestra en la creación de libros sensibles, los cuales son profundos y poéticos, y relativos a una gran variedad de tópicos.”


La lista completa de candidatos se encuentra acá

Algo sobre María Teresa Andruetto

Nació el 26 de enero de 1954 en Arroyo Cabral, hija de un piamontés que había adherido al movimiento partisano y llegó a Argentina en 1948, y de una descendiente de piamonteses afincados en la llanura. Se crió en Oliva, en el corazón de la Córdoba cerealera, un pueblo marcado por la existencia de un asilo de enfermos mentales que, en tiempos de su infancia, era considerado el más grande de Sudamérica.

En los años setenta estudió Letras en la Universidad Nacional de Córdoba. Después de una breve estancia en la Patagonia y de años de exilio interno, al finalizar la dictadura contribuye a formar un centro especializado en lectura y literatura destinada a niños y jóvenes, ejerce la docencia, y coordina talleres de escritura, todo ello en la ciudad de Córdoba. En 1992 su novela Tama obtiene el Premio Municipal Luis de Tejeda y a partir de esa circunstancia comienza a publicar la escritura que tiene acumulada. Así, se suceden las ediciones de Tama , Palabras al Rescoldo , El Anillo Encantado y Misterio en la Patagonia , todas ellas en 1993, principio de una serie de publicaciones que no ha cesado y que incluye, entre otros libros, las novelas La mujer en cuestión , Stefano , Veladuras y Lengua Madre , el libro de cuentos Todo movimiento es cacería , los poemarios Kodak, Pavese y otros poemas y Beatriz , y los libros para jóvenes lectores, Huellas en la arena , El árbol de lilas , Benjamino , Dale Campeón , La mujer Vampiro , El país de Juan , El caballo de Chuang Tzu , Trenes , Agua Cero , La Durmiente y El Incendio .

Su obra ha sido reconocida con numerosos premios y distinciones, entre otros: Premio Novela del Fondo Nacional de las Artes, Premio Novela Luis de Tejeda, Premio Internacional de Cuento Tierra Ignota, Lista de Honor de IBBY, Finalista del Premio Sent Sovi/Ediciones Destino, Finalista Premio Clarín de Novela y, en varias ocasiones, White Ravens de la Internationale Jugendbibliothek, Mejores Libros del Banco del Libro de Caracas y Destacados de la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil Argentina. Tiene dos hijas y vive con su marido en un paraje de las sierras cordobesas.

Pueden ver más en su Página

Y como homenaje comparto un cuento suyo que me gusta mucho muchos

La durmiente un cuento de María Teresa Andruetto

Había una vez una princesa

a quien despertó, no el beso

de un príncipe, sino una revolución.

José Antonio Martín.

Ella tenía por padres a un rey y a una reina.

Nació y sonaron en el mundo trompetas y tambores.

Y hubo tiros de arcabuces y cañones.

Ella dormía en una cuna de oro con ribetes de plata.

Dormía y se inclinaban sobre la cuna las hadas.

Eran tres hadas, las hadas.

Tres gracias portadoras de dicha.

Se inclinaban para ofrecerle bondad,

para ofrecerle belleza,

y amor.

Érase entonces que era una princesa.

La más buena, la más hermosa, la más amada.

La amaban sus padres,

la amaban los pajes,

las amas de leche

y las siervas de su madre.

La amaban también los campesinos

y los artesanos

y los mendigos

y los hambreados

y la pura gente del pueblo.

La princesa era feliz, como digo.

Completamente feliz, como suele suceder en los cuentos.

Pero, ya lo decían los hombres en el comienzo de los tiempos:

Basta que en un cuento alguien sea feliz,

para que empiece a asomar la desdicha.

Y eso es lo que pasó.

No fue, como dicen, culpa de un hada maldita

que echó dolor sobre ella,

un hada que hablaba de un huso

y de tener quince años

y herirse la mano

y quedar hechizada.

No fue como dicen los cuentos.

Lo que hubo en verdad, es que la princesa

no sólo era hermosa sino que también era buena

y amaba.

Amaba a sus padres, los reyes.

Amaba a los pajes,

a las amas de leche

y a las siervas de su madre.

Amaba también a los campesinos,

a los artesanos,

a los mendigos

y a los hambreados.

¡Es que creció escuchando a las siervas

contar sus penas en la cocina del palacio

y viendo a los hambrientos de comida

por la ventana de una torre

y a los hambreados de amor

por todas partes!

Creció y un día salió del palacio

(eso sí es como dicen los cuentos)

Salió y se internó por las calles del reino.

Y vio que la vida era eso:

una vieja muy vieja hurgando unos restos,

un niño perdido, una casa con hambre,

por almuerzo unas papas.

Y entonces supo

(esto es algo que no dicen los cuentos)

que había dos caminos para ella:

Mirar lo que pasaba en el reino.

O cerrar los ojos.

Eso hizo, esto último,

(como dicen los cuentos):

Cerró los ojos y durmió.

Durmió por días, por años.

Déjala que duerma, dijo el rey.

Déjala, dijo la reina.

Ya llegará el príncipe que la despierte,

ya llegará, dijeron.

(por lo menos, eso dicen los cuentos).

Pero porque el príncipe no llegaba

o por no ver lo que sucedía en el reino,

la princesa siguió durmiendo.

Mientras dormía los reyes envejecieron

y terminó de corromperse el reino.

Hasta que el pueblo hizo sonar trompetas.

Y tambores.

Y arcabuces.

Y cañones.

Entonces la princesa despertó, pero no ya por el beso

de un príncipe sino por una revolución.