viernes, 17 de mayo de 2013

Homenaje a Benedetti

Hoy se cumple el cuarto aniversario desde que Mario Benedetti voló con sus poéticas palabras a esa otra otra dimensión dónde dicen algunos, y me gusta creerlo, florecen los sonidos creando incansables entretejiendo luces y oscuridades. Él que supo del exilio, del dolor y la fortaleza del espíritu. Él que construyó esperanza y fustigó vergüenzas hoy donde quiera que esté seguro se ha enterado de la muerte de uno de los muchos seres aberrantes y ante ello se me ocurre que diría estas palabras….

 

Benedetti - Defensa de la alegría

Defender la alegría como una trinchera

defenderla del escándalo y la rutina

de la miseria y los miserables

de las ausencias transitorias

y las definitivas

defender la alegría como un principio

defenderla del pasmo y las pesadillas

de los neutrales y de los neutrones

de las dulces infamias

y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera

defenderla del rayo y la melancolía

de los ingenuos y de los canallas

de la retórica y los paros cardiacos

de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino

defenderla del fuego y de los bomberos

de los suicidas y los homicidas

de las vacaciones y del agobio

de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza

defenderla del óxido y la roña

de la famosa pátina del tiempo

del relente y del oportunismo

de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho

defenderla de dios y del invierno

de las mayúsculas y de la muerte

de los apellidos y las lástimas

del azar

y también de la alegría.

Y yo pensé y escribo:

Defender la alegría de los momentos solitarios y de los acompañados,

de los desencuentros y los encuentros,

de las palabras y los silencios,

de los cuentos que andan al tum tum,

de los puntos susspensivos.......

Resistencias:

Hay quienes se resisten deshilachadamente

a morir sin haberse concedido

un año un mes una hora de goce

y espera ese don cultivando el silencio

vaciándose de culpas y de pánicos

descansando en el lecho del cansancio

o evocando la infancia más antigua

así / con la memoria en rebanadas

con ojos que investigan lo invisible

y el desaliento tímido y portátil

que se cubre y descubre a duras penas

así miden el cuerpo torpe cándido

ese montón de riesgos y de huesos

áspero de deseos como llagas

que no elige agotarse mas se agota

merodean tal vez por la nostalgia

ese usual laberinto de abandonos

buscan testigos y no los encuentran

salvo en las caravanas de fantasmas

piden abrazos pero nadie cae

en la emboscada de los sentimientos

carne de espera / alma de esperanza

los desnudos se visten y no vuelven

el amor hace un alto en el camino

sorprendido in fraganti / condenado

y no obstante siempre hay quien se resiste

a irse sin gozar / sin apogeos

sin brevísimas cúspides de gloria

sin periquetes de felicidad

como si alguien en el mas allá

o quizás en el más acá suplente

fuera a pedirle cuentas de por qué

no fue dichoso como puede serlo

un bienaventurado del montón

 

Mario Benedetti nació el 14 de septiembre del 1920, en el Paso de los Toros (Departamento de Tacuarembó, Uruguay), una ciudad a 200 kilómetros al norte de Montevideo, y murió en Montevideo el 17 de mayo de 2009. Vivió desde muy joven en la capital uruguaya y se educó en el Colegio Alemán y el Liceo Miranda. Trabajó, en Montevideo, como vendedor, taquígrafo, contable, funcionario público y periodista.
      Entre 1938 y 1941 residió casi continuamente en Buenos Aires, pero en 1945 regresó a Montevideo y pasó a formar parte de la redacción del semanario Marcha, donde escribió hasta 1974, cuando la publicación fue clausurada por el régimen militar. En 1973, Benedetti se exiló y durante 12 años residió en Argentina, Perú, Cuba y España.