lunes, 19 de agosto de 2013

Credo de J.G. Ballard

Hace ya mucho encontré este escrito y me atrapó, ha pasado tiempo y he vuelto a reencontrarlo y releerlo, (la hipersuperinformación (¿¿??) de hoy día nos hace tantas veces perder entre palabras aquellas que nos han impactado, interesado, sacudido….) volviendo a sentirme cercana a su mirada, por eso quiero compartirlo.

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Credo de J.G. Ballard

Creo en el poder de la imaginación para rehacer el mundo, para liberar la verdad que llevamos adentro, para sujetar la noche, para trascender la muerte, para hechizar las autopistas, para congraciarnos con los pájaros, para asegurarnos las confidencias de los locos.

Creo en mis propias obsesiones, en la belleza del choque de autos, en la paz del bosque sumergido, en las excitaciones de la playa de vacaciones desierta, en la elegancia de los cementerios de automóviles, en el misterio de los edificios para estacionamiento de coches, en la poesía de los hoteles abandonados.

Creo en las olvidadas pistas de aterrizaje de Wake Island que apuntan hacia los Pacíficos de nuestras imaginaciones.

Creo en la misteriosa belleza de Margaret Thatcher, en el arco de las ventanas de su nariz y en el brillo de su labio inferior- en la melancolía de los conscriptos argentinos heridos@ en las 'obsesionadas sonrisas del personal de las gasolineras- en mi sueño de Margaret Thatcher acariciada por ese joven soldado argentino en un motel olvidado ante la mirada de un tuberculoso empleado de una gasolinera.

Creo en la belleza de todas las mujeres, en la perfidia de sus imaginaciones, tan cercana a mi corazón; en la unión de sus cuerpos desencantados con los encantados rieles cromados de los mostradores de los supermercados; en su cálida tolerancia de mis propias perversiones.

Creo en la muerte del futuro, en el agotamiento del tiempo, en nuestra búsqueda de un tiempo nuevo dentro de las sonrisas de las camareras de las autopistas y de los ojos cansados de los controladores del tráfico aéreo en aeropuertos fuera de estación.

Creo en los órganos genitales de los grandes hombres y mujeres, en las posturas corporales de Ronald Reagan, Margaret Thatcher y la princesa Di, en los dulces olores que emanan de sus labios mientras miran las cámaras del mundo entero.

Creo en la locura, en la verdad de lo inexplicable, en el sentido común de las piedras, en la demencia de las flores, en la enfermedad reservada para la raza humana por los astronautas de la 'misión Apolo.

Creo en nada.

Creo en Max Ernst, Delvaux, Dalí, Tiziano, Goya, Leonardo, Vermeer, Chirico, Magritte, Redon, Durero, Tanguy, el Facteur Cheval, las Torres de Watts, Bocklin, Francis Bacon, y todos los artistas invisibles encerrados en las instituciones psiquiátricas del planeta.

Creo en la imposibilidad de la existencia, en el humor de las montañas, en el disparate del electromagnetismo, en la farsa de la geometría, en la crueldad de la aritmética, en la intención asesina de la lógica.

Creo en las mujeres adolescentes, en su corrupción por la postura de sus propias piernas, en la pureza de sus cuerpos desaliñados, en los rastros de partes pudendas que dejan en los baños de hoteles miserables.

Creo en el vuelo, en la belleza del ala, y en la belleza de todo lo que ha volado alguna vez, en la piedra arrojada por un niño pequeño, que lleva la sabiduría de los estadistas y de las parteras.

Creo en la dulzura del bisturí del cirujano, en la ¡limitada geometría de la pantalla del cine, en el universo oculto dentro de los supermercados, en la soledad del sol, en la locuacidad de los planetas, en nuestra repetitividad, en la inexistencia del universo y en el aburrimiento del átomo.

Creo en la luz que emiten los grabadores de video en las vidrieras de las tiendas, en las mesiánicas agudezas de las rejillas de los radiadores de los automóviles de exhibición, en la elegancia de las manchas de aceite en las barquillas de los motores de los 747 estacionados en las pistas asfaltadas de los aeropuertos.

Creo en la inexistencia del pasado, en la muerte del futuro, y en las infinitas posibilidades del presente.

Creo en el trastorno de los sentidos: en Rimbaud, William Burroughs, Huysmans, Genet, Céline, Swift, Defoc, Carroll, Coleridge, Kafka.

Creo en los proyectistas de las Pirámides, el Empire State Building, el Führerbunker de Berlín, las pistas de aterrizaje de Wake Island.

Creo en los olores corporales de la princesa Di.

Creo en los próximos cinco minutos.

Creo en la historia de mis pies.

Creo en las jaquecas, el aburrimiento de las tardes, el miedo a los calendarios, la traición de los relojes.

Creo en la angustia, la psicosis y la desesperación.

Creo en las perversiones, en nuestro enamoramiento de árboles, princesas, primeras ministros, gasolineras abandonadas (más bellas que el Taj Mahal), nubes y pájaros.

Creo en la muerte de las emociones y en el triunfo de la imaginación.

Creo en Tokio, Benidorm, La Grande Motte, Wake Island, Eniwetok, Dealey Plaza.

Creo en el alcoholismo, en las enfermedades venéreas, en la fiebre y en el agotamiento.

Creo en el dolor.

Creo en la desesperación.

Creo en todos los niños.

Creo en los mapas, los diagramas, los códigos, los juegos de. ajedrez, los rompecabezas, los horarios de vuelos, los letreros indicadores de los aeropuertos.

Creo todos los pretextos.

Creo todas las razones.

Creo todas las alucinaciones.

Creo todas las rabias.

Creo todas las mitologías, recuerdos, mentiras, fantasías, evasiones.

Creo en el misterio y la melancolía de una mano, en la bondad de los árboles, en la sabiduría de la luz.

Datos (Si mal no recuerdo lo tomé de esta página)

http://www.adn.es/cultura/20080721/NWS-1617-ballard-exposicion-cccb-autopsia-milenio.html

James Graham Ballard, sí. A sus casi 78 años y consumido por un cáncer de próstata, ha demostrado que la ciencia ficción acierta, que no hay que ser Nostradamus para adelantar casi medio siglo fenómenos como el calentamiento global, que se puede adivinar que un actor del tres al cuarto se convertirá en presidente de Estados Unidos o que las bombas en el aeropuerto londinense de Heathrow estaban cantadas.

JG Ballard. Autopsia del nuevo milenio, la exposición que inaugura hoy el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, (Este hoy fue un ayer)  disecciona estos y otros detalles de la obra y el pensamiento del autor de El mundo sumergido, Crash o El imperio del sol y lo hace con primeras ediciones de sus libros, proyecciones, montajes escénicos, y obras de autores inspirados por este inglés nacido en Shangai en 1930.

Apodado el profeta de Shepperton (el barrio londinense en el que vive, ese mencionado arriba al que ahogan las carreteras), Ballard ha reconocido más de una vez que fueron sus estudios de medicina y, en concreto, la disección de cadáveres la que le inspiró a tomar papel y lapiz y mostrar el mundo tal y como su ofalto le decía que estaba por llegar.

A sus 77 años, ha construido una obra literaria sólida y un imaginario que se convierte en realidad según pasan los años. Como asegura Jordi Costa, comisario de la exposición, "Ballard ha visto nuestro futuro como un cuerpo muerto, con sus patologías y traumatismos", y el CCCB ha decidido analizarlo y no perderse ningún dato que pueda ayudar a enfocar los próximos años.