martes, 9 de febrero de 2010

El sueño es vida

el principe del sueño-miguel ocampo

Desperté como todos los días.

Desayuné, me vestí y salí en busca de un taxi.

Allí, en el trayecto a mi trabajo recordé las palabras: te espero esta noche.

Trabajé, discutí, volví a casa, resolví mil pequeñas miserias cotidianas.

Me levanté con los ojos brillantes y una paz nueva que emanaba por los poros y latía en mis sienes.

Había vuelto y habíamos hablado circunvalando nuestros laberintos.

El día fue tedioso, las horas eternas, los miembros se paralizaron en un hartazgo ansioso.

La noche me encontró engalanada, dispuesta, abierta. Llegó y sin palabras nos deslizamos en ese ondular de las caricias y los secretos que buscan fundir pasados y crear encuentro; hasta que el ruido del reloj me lo arrebató de las manos.

El enojo invadía mis entrañas y sólo me calmaba buscando los rincones más oscuros para dormir y soñar, y vivir. 

Mis extrañas actitudes hicieron que perdiera mi trabajo, que se alejara mi familia, que mi mundo se redujera a una cama y un sueño. Perder para ganar, dormir para vivir y soñar para existir en realidad.

Por eso decidí que se eclipsara el tiempo en una noche eterna para vivir mis sueños.

©Ana Cuevas Unamuno