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Mostrando las entradas etiquetadas como Cuento de Autor

En homenaje a GABRIEL GARCÍA MARQUEZ

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Murió Gabriel García Márquez, el autor de la mítica Cien años de soledad El escritor y periodista, premio Nobel de Literatura, tenía 87 años; falleció en la ciudad de México, donde vivía desde hacía más de tres décadas DICE LA NACIÖN: Era muy joven cuando Gabriel García Márquez supo con quién se quería casar; se lo hizo saber a la pequeña Mercedes Raquel Barcha Pardo, de nueve. Decidió que se casaría con ella al terminar sus estudios. Logró conquistarla y contrajeron nupcias en marzo de 1958 en la iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Barranquilla. Según publicó el periódico colombiano El Tiempo, que entrevistó al escritor inglés Gerald Martin, autor de la biografía Gabriel García Márquez: una vida , Gabo conoció a su mujer en Magangué (Bolívar), a principios de la década de 1940, cuando Mercedes era apenas una niña de 9 años, y él estaba próximo a irse a estudiar a Zipaquirá. Tenía cinco años más que ella. Cuenta Martin en este reportaje que Mercedes nació el 6 de novi...

Una señora

  Un cuento de José Donoso (Chile) No recuerdo con certeza cuándo fue la primera vez que me di cuenta de su existencia. Pero si no me equivoco, fue cierta tarde de invierno en un tranvía que atravesaba un barrio popular. Cuando me aburro de mi pieza y de mis conversaciones habituales, suelo tomar algún tranvía cuyo recorrido desconozca y pasar así por la ciudad. Esa tarde llevaba un libro por si se me antojara leer, pero no lo abrí. Estaba lloviendo esporádicamente y el tranvía avanzaba casi vacío. Me senté junto a una ventana, limpiando un boquete en el vaho del vidrio para mirar las calles. No recuerdo el momento exacto en que ella se sentó a mi lado. Pero cuando el tranvía hizo alto en una esquina, me invadió aquella sensación tan corriente y, sin embargo, misteriosa, que cuanto veía, el momento justo y sin importancia como era, lo había vivido antes, o tal vez soñado. La escena me pareció la reproducción exacta de otra que me fuese conocida: delante de mí, un cuello rollizo ve...

CELEBRACIÓN DE LA FANTASÍA

Fue a la entrada del pueblo de Ollantaytambo, cerca del Cuzco. Yo me había despedido de un grupo de turistas y estaba solo, mirando de lejos las ruinas de piedra, cuando un niño del lugar, enclenque, haraposo, se acercó a pedirme que le regalara una lapicera. No podía darle la lapicera que tenía, por que la estaba usando en no sé que aburridas anotaciones, pero le ofrecí dibujarle un cerdito en la mano. Súbitamente, se corrió la voz. De buenas a primeras me encontré rodeado de un enjambre de niños que exigían, a grito pelado, que yo les dibujara bichos en sus manitas cuarteadas de mugre y frío, pieles de cuero quemado: había quien quería un cóndor y quién una serpiente, otros preferían loritos o lechuzas y no faltaba los que pedían un fantasma o un dragón. Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba mas de un metro del suelo, me mostró un reloj dibujado con tinta negra en su muñeca: -Me lo mandó un tío mío, que vive en Lima -dijo -Y anda bien -le pregunté -A...

Cuento:NOCTURNO

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Un cuento de Oliverio Girondo Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana. Luces trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos. Telaraña que los alambres tejen sobre las azoteas. Trote hueco de los jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón. ¿A qué nos hace recordar el aullido de los gatos en celo, y cuál será la intención de los papeles que se arrastran en los patios vacíos? Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las mentiras, y en que las cañerías tienen gritos estrangulados, como si se asfixiaran dentro de las paredes. A veces se piensa, al dar vuelta la llave de la electricidad, en el espanto que sentirán las sombras, y quisiéramos avisarles para que tuvieran tiempo de acurrucarse en los rincones. Y a veces las cruces de los postes telefónicos, sobre las azoteas, tienen algo de siniestro y uno quisiera rozarse a las paredes, como un gato o como un ladrón. Noches en las que desearíamos que nos pasaran la mano por el lomo, y en las que súbi...

LECCION DE DERECHO

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Cuento costumbrista (Argentino) de Nemesio Trejo   -Güenas tardes, señor. -Muy buenas, ¿qué se les ofrecía? -¿Es aquí el escritorio del doctor Pansa de agua? -Pasalagua, será. -Es lo mesmo, señor. -Yo soy, ¿qué deseaban ustedes? -Dispense, dotor, si le he faltao de entrada. -Está dispensado. -Venía, señor, con esta recomendación de don Pedro pa usté, porque después de cuatro años que la he corrido en yunta [1] con ésta que es mi mujer, me ha empezado á aflojar como caballo manco é la cuerda [2] y no quiere tirar parejo conmigo, empacándoseme á cada rato, sin querer agarrar freno. Yo he visto en un libro que me ha prestao un vecino procurador, -diciéndome que era la lay,- que cuando el marido y la mujer no se avenían en sus pareseres, podían separarse, enderesando cada cual pande mejor le conviniese, repartiéndose los bienes la mitá pa cada uno. Por eso vengo resinao como novillo é matadero á que usté que sabe más que nosotros, porque es dotor, nos arregle esto que se nos ha de...

El ojo del amo

Un cuento de Italo Calvino (Italia)   -El ojo del amo -le dijo su padre, señalándose un ojo, un ojo viejo entre los párpados ajados, sin pestañas, redondo como el ojo de un pájaro-, el ojo del amo engorda el caballo. -Sí -dijo el hijo y siguió sentado en el borde de la mesa tosca, a la sombra de la gran higuera. -Entonces -dijo el padre, siempre con el dedo debajo del ojo-, ve a los trigales y vigila la siega. El hijo tenía las manos hundidas en los bolsillos, un soplo de viento le agitaba la espalda de la camisa de mangas cortas. -Voy -decía, y no se movía. Las gallinas picoteaban los restos de un higo aplastado en el suelo. Viendo a su hijo abandonado a la indolencia como una caña al viento, el viejo sentía que su furia iba multiplicándose: sacaba a rastras unos sacos del depósito, mezclaba abonos, asestaba órdenes e imprecaciones a los hombres agachados, amenazaba al perro encadenado que gañía bajo una nube de moscas. El hijo del patrón no se movía ni sacaba las manos de los b...

Cuento: La espera

un cuento de Amillo José - (España) La pequeña aguja del despertador señalaba las nueve. Sin embargo, la precaución había sido innecesaria: eran poca más de las ocho y Miguel estaba despierto. La mañana se dibujaba apenas en el balcón haciendo presentir un día oscuro de niebla. El tic-tac del reloj sonaba metálico en la atmósfera tibia del cuarto. Miguel tenía la misma sensación de pesadez que todas las mañanas le llenaba los ojos, aquella sensación que le obligaba a mantener durante un rato los párpados medio extendidos. Tardó en espabilarse. Sentía en la piel el contacto cálido de las sábanas que le sumía en un agradable abandono. No tener que moverse; no tener que pensar. Eso deseaba en aquel momento. Pero a medida que sus ojos se iban refrescando su mirada se iba deteniendo en los objetos ya delimitados, el pensamiento comenzaba a penetrar en la vida real. "A las diez debo estar en la estación." Permanecía inmóvil en la cama. Ahora que las ideas se habían concentrado, su...

Cuento: Narciso

Un cuento de Jerzy Andrzejewski Una de las leyendas griegas cuenta que un bello joven de nombre Narciso estaba tan enamorado de su hermosura, que un día se ahogó en una fuente, sobre cuyas aguas cristalinas solía inclinarse buscando en ellas su propio reflejo. A su muerte brotó a la orilla del manantial una primera flor, bautizada por la gente con el nombre de narciso. Así dice la leyenda. No obstante lo que en realidad le ocurriera a Narciso es lo siguiente: En cierta ocasión, durante la guerra de Troya, Zeus acompañado de Palas Atenea habían bajado del Olimpo a la Tierra, es decir, habían emprendido un viaje con el fin de llevar a cabo una inspección divina. En su recorrido por el país de los helenos toparon por el camino con Narciso. El agraciado joven se encontraba arrodillado al borde de una laguna silvestre, contemplando con embeleso su rostro reflejado en el diáfano espejo de las aguas. —¿Cómo estás, Narciso? —dijo el padre de los dioses. Narciso se levantó rápidamente y...