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Mostrando las entradas etiquetadas como Cuento

Pérdidas

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La imagen es Mujer de Agua (Javier García Ureña) tomada de http://www.dibujantes.org/EN/index_EN.html     Ella se fue encogiendo tan lentamente que nadie se dio cuenta. Nadie salvo yo. Primero se le contrajo la risa, dejando en su boca un simulacro de pálida sonrisa que casi enseñaba la punta de los dientes. Luego fue la mirada, que nubló el afuera y se refugió en algún intersticio de su interioridad. Más tarde fueron sus oídos que apagando frecuencias apenas si respondían correctas arbitrariedades o, en ocasiones, onomatopeyas conformistas. Su cuerpo se estrechó hasta vaciarse de espacio. Deambulaba sin ruido, sin aromas, convertida en una pequeñez de sí misma. Un día de pronto supe que ya no estaba entre nosotros. Nos dejó el fantasma de su reflejo, ¡ni siquiera el reflejo completo! Nadie se dio cuenta. Nadie salvo yo. Entonces aulló, y sus lágrimas, saltando como gigantescas oleadas, ahogaron a todos los que no habían visto nada. Salvo yo, que volví a sonreír. ©Ana Cuev...

Cuentacuentos: La bordadora

Esta es una antigua leyenda Cheyenne que hoy quiero contarles Etiquetas de Technorati: Cuentacuentos , La bordadora , Leyenda cheyenne , cuento , Ana Cuevas Unamuno , Video , Narración oral , origen de las estrellas , Leyendas

Cuento: Kali decapitada

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  Un cuento de Marguerite Yourcenar (Francia) Kali, la terrible diosa, merodea por las llanuras de la India. Puede vérsela simultáneamente en el Norte y en el Sur, y al mismo tiempo en los lugares santos y en los mercados. Las mujeres se estremecen al verla pasar, los hombres jóvenes, dilatando las ventanas de la nariz, salen a la puerta para verla, y los niños recién nacidos ya saben su nombre. Kali, la negra, es horrible y bella. Tan delgada es su cintura que los poetas que la cantan la comparan con la palmera. Tiene los hombros redondos como el salir de la luna de otoño; unos senos turgentes como capullos a punto de abrirse; sus muslos ondean como la trompa del elefante recién nacido, y sus pies danzarines son como tiernos brotes. Su boca es cálida, como la vida; sus ojos profundos, como la  muerte. Tan pronto se mira en el bronce de la noche como en la plata de la aurora o en el cobre del crepúsculo, y se contempla en el oro del mediodía. Pero sus labios no han sonre...

Cuento; Santa Bernardina del Monte

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  Cuento de Leo Maslíah (Uruguay)   Para ahorrar energía eléctrica, las autoridades de Santa Bernardina del Monte dispusieron que a la cero hora del día veinticinco los relojes se atrasaran una hora, pasando a marcar las veintitrés horas del día veinticuatro. De este modo la gente que tuviera que levantarse a la hora siete del día veinticinco no tendría que prender ninguna luz, ya que en realidad serían las ocho y el sol estaría ya en plena actividad. Cuando llegó el momento -la cero hora del día veinticinco- la gente de Santa Bernardina del Monte, obediente como era, atrasó sus relojes una hora. Fueron entonces -o volvieron a ser- las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después, los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco. La gente de Santa Bernardina del Monte, obediente como era, atrasó sus relojes una hora. Volvieron a ser entonces las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después, los relojes volvían a marcar la cero hora del día ...

Autorretrato: Los que cuentan de sí mismos-Machado

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    Autorretrato de Antonio Machado – Por Antonio Machado (El Liberal, 1 de febrero de 1908, sin título. Campos de Castilla, Madrid, Renacimiento, 1912. ) ( RETRATO) Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero; mi juventud, veinte años en tierra de Castilla; mi historia, algunos casos que recordar no quiero. Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido —ya conocéis mi torpe aliño indumentario—, mas recibí la flecha que me asignó Cupido, y amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario. Hay en mis venas gotas de sangre jacobina, pero mi verso brota de manantial sereno; y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina, soy, en el buen sentido de la palabra, bueno. Adoro la hermosura, y en la moderna estética corté las viejas rosas del huerto de Ronsard; mas no amo los afeites de la actual cosmética, ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar. Desdeño las romanzas de los tenores huecos y el coro de los grillos que cantan a la...

Autorretrato: Los que cuentan de sí mismos- Cervantes

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  Autorretrato de Miguel de Cervantes  por Miguel de Cervantes  (En Novelas ejemplares) "Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha , y del que hizo el Viaje del Parnaso , a imitación del de César Caporal Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas y, quizá, sin el nombre de su dueño. Llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio c...

Autorretrato: Los que cuentan de sí mismos-Neruda

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    Autorretrato de Pablo Neruda por Pablo Neruda Por mi parte, soy o creo ser duro de nariz, mínimo de ojos, escaso de pelos en la cabeza, creciente de abdomen, largo de piernas, ancho de suelas, amarillo de tez, generoso de amores, imposible de cálculos, confuso de palabras, tierno de manos, lento de andar, inoxidable de corazón, aficionado a las estrellas, mareas, maremotos, administrador de escarabajos, caminante de arenas, torpe de instituciones, chileno a perpetuidad, amigo de mis amigos, mudo de enemigos, entrometido entre pájaros, mal educado en casa, tímido en los salones, arrepentido sin objeto, horrendo administrador, navegante de boca, y yerbatero de la tinta, discreto entre los animales, afortunado de nubarrones, investigador en mercados, oscuro en las bibliotecas, melancólico en las cordilleras, incansable en los bosques, lentísimo de contestaciones, ocurrente años después, vulgar durante todo el año, resplandeciente con mi cuaderno, monumental de apetito, ti...

LAS SEMILLAS DE LA DISCORDIA

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Cuento popular de Oriente Una noche un campesino África no vio que la discordia plantaba semillas en su campo. Se abstuvo de intervenir y la observó. Cuando ella terminó y se fue, él se pasó toda la noche recogiendo con la ayuda de una linterna, las peligrosas semillas. Se las llevó a su casa sin decir una sola palabra a su familia. Al día siguiente para deshacerse de las semillas, les dio un puñado a las gallinas. Pero apenas las picotearon, se pusieron a pelear furiosamente, a muerte entre ellas. Terminó con sus manos y brazos cubiertos de crueles picotazos. Buscando otra horma, tiró un puñado al río. Pero los peces, anguilas e incluso los hipopótamos empezaron a desplazarse, mientras olas enormes recorrían ese río habitualmente calmo, tan enormes que una parte de la llanura quedó inundada. Otro día tuvo la idea de triturar una parte y, sin decirle de que se trataba, pedirle a su mujer que le preparase una torta. Se puso a comer aquella torta. Pero apenas tragó el primer bocado, la...

LAS TRES REJAS

Para Vivi LAS 3 REJAS: El joven discípulo de un filósofo sabio lo visita y le dice: - Maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de vos con malevolencia. - ¡Esperá! lo interrumpe el filósofo ¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme? - ¿Las tres rejas? - Si. La primera es la VERDAD. ¿Estás seguro de que lo que querés decirme es absolutamente cierto? - No. Lo oí comentar a unos vecinos. - Al menos lo habrás hecho pasar por le segunda reja, que es la BONDAD. ¿Es bueno para alguien lo que me vas a decir? - No. en realidad no. Al contrario ... - La última reja es la NECESIDAD ¿Es necesario hacerme saber lo que tanto te inquieta? - A decir verdad, no. - Entonces, dijo el sabio sonriendo, si no es VERDADERO, ni BUENO, ni NECESARIO, sepultémoslo en el olvido. Etiquetas de Technorati: cuento popular , Las tres rejas

El espejo

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Un cuento de Marta Brunet (Chile, Chillán) Sobre la consola el espejo se adosa al muro con bollones de bronce labrado. Lo pusieron allí para que su fría lámina abriera profundidades recónditas al estrecho pasillo hacia el lado del ensueño. Del pasillo aprisionado en la penumbra que media entre la puerta de acceso al departamento y una cortina obscura, tras la cual se supone el comienzo de la intimidad. La luz no entra al abrirse la puerta porque el rellano es ciego, y a su vez las gentes no favorecen la imposible intrusión, apresuradas por irse más allá de la cortina, a esa gran habitación que finaliza con un muro de cristales, balconada florida sobre el aire de un parque. Del cielo raso del pasillo pende una farola cuyos bronces hacen juego con los bollones del espejo. Permanece perdida en las tinieblas aún más densas del techo, pero solían encenderla -cuando había invitados-. Y cómo se obstinaban en evidenciarse las luces en aquellas contadísimas ocasiones, fuera de lo común en e...

Cuento: ¿Qué es lo importante?

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Un cuento Rumi Un monje de gran devoción e instruido, cruzaba una vez un río en barca cuando al pasar al lado de un pequeño islote, oyó una voz de un hombre que muy torpemente intentaba elevar unas plegarias. En su interior no pudo por menos que entristecerse. ¿Cómo era posible que alguien fuera capaz de entonar tan mal aquellos mantras? Tal vez aquel pobre hombre ignoraba que los mantras debían recitarse con la entonación adecuada, el ritmo y la musicalidad precisas, con la pronunciación perfecta. Decidió entonces ser generoso y desviándose de su rumbo se acercó al islote para instruir a aquel desdichado sobre la importancia de la correcta ejecución de los mantras. No en vano, se consideraba un gran especialista y aquellos mantras no tenían para él ningún secreto. Cuando arribó, pudo ver a un pobre andrajoso de aspecto sosegado cantando unos mantras con poco acierto. El monje, con serena paciencia, dedicó algunas horas a instruir minuciosamente a aquel individuo que a cada momento m...

Amores temerosos

Un cuento de Ana Cuevas Unamuno Ese hombre mira casi sin ver. Parece perdido, fantasmal. Un pie amaga el paso mientras el otro ha echado raíces cada vez más profundas. Tiene el torso curvo y una mueca indescifrable en la boca. Su gesto intenta el abrazo, su expresión aleja, expresa miedo. Esa mujer camina como corriendo, casi atropella. Escupe carcajadas sin calor, y palabras que desdicen a su alma. No sabe si va o si se queda. Detrás el telón, delante las luces, ella en el marco intenta representar el acto de vivir. Teme hacerlo. Una la mira y siente pena, la misma, o casi la misma que corre en lágrimas secas por su mejillas rojas de maquillaje. La espalda recta, los ojos fijos adelante, Vaya a saber una dónde tiene realmente la mirada. Me han dicho que ellos se amaron. Se amaron tanto que no lo soportaron, y se fueron comiendo el uno al otro, día a día, mordisco a mordisco....Quizás aún se ama y sus restos que temen no sobrevivir, se alejan colocando espacios infinitos. Cada uno ya ...

Contar el cuento

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      Sí te cuento. Te cuento un cuento que me han contado que le contaron aquellos que oyeron como contaba algún cuentero que ya traía en su memoria cuentos contados y recontados de otros tiempos Y dice el cuento En el comienzo fue el Silencio. De su bostezo nació el sonido que por su aliento se fue enredando hasta armar palabras y con ellas cuentos. Cuentos como este cuento que hoy te cuento. © Ana Cuevas Unamuno   Etiquetas de Technorati: Contar el cuento , Cuento , Ana Cuevas Unamuno

CUENTOS RECONTADOS

HISTORIA ANÓNIMA En la ciudad de México, una maestra al dar su clase relacionada con la lectura, recordó que cuando ella era pequeña, allá en su pueblo donde nació, su abuelo -que por cierto ya había fallecido hace algunos años- tenía un libro de cuentos que le leía a sus nietos por algunas tardes, después de las jornadas de trabajo en el campo. Evocó aquellos momentos placenteros en los que escuchaba historias tan interesantes en la voz grave y cálida de su abuelito, y entonces decidió que en las próximas vacaciones iría a casa de su abuela por el libro de hermosas historias y las compartiría con sus alumnos.  Así lo hizo, visitó la casa de la abuela y le dijo -abuelita ¿se acuerda de aquel libro de cuentos que nos leía mi abuelito cuando éramos chiquitos? A lo que la abuela contestaba -¿libro de cuentos?, ¿cuál?  -Aquel libro grueso de cuentos tan bonitos que nos leía en algunas tardes a todos su nietos, ¡acuérdese abuelita! Tal vez esté en el ropero donde guarda las cosas ...

Cuento popular: El León

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El león [1] Vivían en otro tiempo cuatro jóvenes dé la casta de los brahmanes, cuatro hermanos que se que­rían entrañablemente y que habían resuelto viajar juntos hacia un imperio vecino, en el que espera­ban encontrar fortuna y renombre. Tres de ellos habían estudiado seriamente todas las ciencias y conocían a fondo la magia, la astro­nomía, la alquimia y las doctrinas ocultas más di­fíciles, en tanto que el cuarto no había cultivado ningún saber; él no poseía más que la inteligencia. Mientras caminaban, uno de los doctos herma­nos hizo la siguiente observación: –¿Por qué nuestro hermano, que no posee nin­gún conocimiento, debe beneficiarse con nuestra sabiduría? Jamás podrá obtener el favor de los reyes, e inclusive nos pondrá en ridículo. Es pre­ferible que retorne a casa. Pero el hermano mayor le respondió: –¡De ninguna manera! Permitámosle compartir nuestra buena fortuna, porque es nuestro hermano bienamado y puede que encontremos para él una posición ...

El poder de la palabra

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Un cuento anónimo hindú   Un hombre incrédulo se acercó a un grupo que escuchaba la prédica de un yogui. El sabio decía: — Es verdad que la repetición de una palabra sagrada tiene el poder de iluminarnos. — ¿Cómo puedes decir eso? —Protestó el incrédulo—. ¿Afirmas que, si repetimos la palabra “pan” muchas veces, el pan se hará presente? — ¡Siéntate ahora mismo, sinvergüenza! —replicó el yogui. El incrédulo se llenó de rabia y vociferó: — ¡Cómo te atreves a hablarme así! Entonces, el sabio le dijo con gran ternura y mansedumbre: — Lamento mucho haberte ofendido. Dime, ¿qué sientes en este momento? — ¡Me siento ultrajado! — Fíjate que una sola palabra injuriosa ha sido suficiente para que te sintieras mal. Si esto es así, ¿por qué un vocablo que designa al Ser no puede tener el poder de iluminarte? Etiquetas de Technorati: El poder de la palabra , cuento anónimo hindú

LA PALOMA Y EL CUERVO

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Jerú caminaba entre los árboles cuando escuchó un pájaro cantar en el claro. Corrió ansioso por verlo, ¡Nunca antes había oído canto más hermoso! Al llegar se detuvo anonadado: allí, frente a él, a orillas de un cristalino lago danzaba una silueta de pájaro humano. Paloma mujer, extraña forma de niña soñadora. Las aguas del lago transparentaban su desnudez de incipiente forma, la niña cantaba sumergida en la inmensidad que la rodeaba. No lo descubrió. Jerú sin poder moverse, se quedó escuchando olvidado del tiempo y de sí mismo, atrapado en la mágica melodía. Ella nadaba en el sonido compartido de su voz y del agua.   —Ha de ser este cansancio el que traza entre sueños tus femeninas y mágicas formas. Mañana despertaré y sabré que fuiste sólo paloma — dijo cerrando los ojos despacio como para guardar en su memoria el contorno de la diosa paloma Al despertar, allí seguía el lago, tiñéndose de bermellones a medida que el sol bostezaba sus últimos reflejos cubriéndose con el mant...

Quechua: UNA LENGUA CON ESTIGMA Y ESPERANZA

Esta historia me llegó de manos de Elvira Sánchez (del INSTITUTO DEL LIBRO Y LA LECTURA, INLEC DEL PERÚ, Y CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA Construcción y forja de la utopía andina ) a quien agradezco profundamente, como agradezco a su autor Danilo Sánchez Lihón, ya que me ha hecho emocionar hasta las lágrimas, por eso quiero compartirla ya que es un canto a la memoria de forjadores de imperios que merecen reconocimiento. Danilo Sánchez Lihón Para contactar con él clik acá 1. Su aldea nativa Santiago Alvarado Anaya nació en la aldea de San Miguel de la provincia de Aija, “Perla de las vertientes”, pueblo próximo a la Cordillera Blanca en el departamento de Ancash, villa de una sola calle y casitas enfiladas, iluminadas por el espejo de nieves relumbrantes de la cadena de glaciales más hermosa del planeta Tierra. Nació en una realidad cotidiana donde el idioma en uso es el quechua, donde creció hablando quechua, jugando en quechua, amando y sufriendo en esa lengua transida y mime...