lunes, 10 de enero de 2011

GRACIAS MARÍA ELENA WALSH

María Elena Walsh es parte de mi historia, recreo mi infancia, le dio vuelo a mi imaginación, me llevó de viaje por sus universos, me deleito cuando junto a Leda Valladares cantaban y contaban sobre el escenario con una alegría y una frescura  tan contagiosas que hasta el día de hoy, tantísimos años después las sigo recordando y mi corazón sonríe.

Ya más grande la admiré por su coraje, su ética y su valor para defender aquello que creía. Y con el paso de los años continúo deleitándome en sus versos e historias cada vez que se los cuento a mis nietos y sobrinos. María Elena vive en el corazón de miles y miles de personas, resonando con sus letras ricas en poesía y en denuncia. Por todo esto no quiero repetir con palabras mías su biografía que está en tantos sitios, quiero sí rendirle este breve y sentido homenaje a una “Grande” de Argentina.

Así y todo para quienes no sepan de ella les comparto esta brevísima síntesis de su andar

La escritora y compositora argentina María Elena Walsh, una de las más reconocidas autoras de la literatura infantil latinoamericana, falleció hoy a los 80 años en Buenos Aires tras una larga enfermedad.

Walsh falleció "luego de una prolongada internación y como epílogo de padecimientos crónicos que la aquejaban", según el informe médico emitido por el sanatorio de la Trinidad del barrio porteño de Palermo donde se encontraba internada.

Escribió más de cuarenta libros y muchos de sus temas fueron interpretados por algunos de los más conocidos cantantes iberoamericanos.

Nacida el 1 de febrero de 1930 en la provincia de Buenos Aires, era hija de un ferroviario de padres ingleses y de una argentina descendiente de andaluces.

Gran lectora, fue una escritora precoz que publicó su primer poema a los 15 años en la revista "El Hogar", y su primer libro de poesía, "Otoño imperdonable", en 1947, un año antes de terminar sus estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes.

Con esta primera obra logró muy buenas críticas y el segundo premio Municipal de Poesía, reconocimiento que le impulsó a comenzar a escribir ensayos y a introducirse en círculos literarios y universitarios.

Tras viajar a Estados Unidos con el poeta español Juan Ramón Jiménez, regresó a Argentina y publicó en 1951 su segundo libro, "Baladas con Ángel".

Poco después, y debido a la difícil situación del país, Walsh se exilió en París con su compatriota Leda Valladares, con quien integró el dúo "Leda y María".

Juntas recorrieron diferentes lugares como intérpretes de música folclórica, recibieron varios premios y cosecharon un considerable éxito que les llevó a grabar el disco "Le Chant du Monde" ("El canto del mundo").

Fue durante sus cuatro años de estancia en París cuando Walsh comenzó a escribir poemas y cuentos para niños.

De regreso a su Argentina natal en 1956, Leda y María realizaron una gira por el noroeste del país, tras lo que grabaron el año siguiente dos discos "Entre valles y quebradas".

En 1958 lanzaron el álbum "Canciones del tiempo de Maricastaña", un año más tarde una compilación de villancicos, y en 1960 "Canciones de Tutú Marambá", compuesto por temas que Walsh había escrito para guiones de televisión.

En 1962 el dúo estrenó "Canciones para Mirar" y un año después puso en escena "Doña Disparate" y "Bambuco", antes de la disolución de "Leda y María".

Las décadas de los 60 y 70 fueron las más productivas de María Elena Walsh, con libros infantiles como "Zoo Loco" (1964), "El reino del revés" (1965), "Dailan Kifki" (1966), "Cuentopos de Gulubú" (1966) y "Versos tradicionales para cebollitas" (1967).

Después llegarían "El diablo inglés" (1974), "Chaucha y Palito" (1975), "Pocopán" (1977), "La nube traicionera" (1989), "Manuelita ¿Dónde vas?" (1997) y "Canciones para Mirar" (2000).

Sus cuentos se convirtieron en clásicos de la literatura infantil argentina y sus personajes, como "Manuelita la tortuga" -llevada al cine en 1999 por el español radicado en Argentina Manuel García Ferré-, acompañaron la infancia de millones de niños latinoamericanos.

Sus obras han sido traducidas al inglés, francés, italiano, sueco, hebreo, danés y guaraní.

En 1985 fue nombrada Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires y, en 1990, recibió el Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba.

En 1991 fue galardonada con el Highly Commended del Premio Hans Christian Andersen de la IBBY (International Board on Books for Young People).

Como personaje ilustre de Buenos Aires, recibió la segunda de las 200 medallas que el gobierno de la ciudad entregó con motivo de la celebración en 2010 del bicentenario del inicio del proceso de independencia del país.

En febrero de 2010 fue distinguida en España con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes que otorga el Consejo de Ministros. Ese mismo mes fue homenajeada en el I Congreso Iberoamericano de Literatura Infantil desarrollado en Chile.

Fuente: Yahoo Noticias También pueden saber más de ella en este sitio

Y ahora algo de su autoría que fué válido en los 80 y sigue empeorando hoy en día.

Argentinos sin alma

Clarín, 7 de octubre de 1980

NACIÓN: Sociedad natural de hombres a los que la unidad de territorio, de origen, de historia, de lengua y de cultura, inclina a la comunidad de vida y crea conciencia de un destino común.

PEQUEÑO LAROUSSE ILUSTRADO

Nos estarnos quedando sin alma. No se trata de una fantasía apocalíptica sino de algo más sencillo. Se trata del alma que canta. Toda alma nacional que se precie se expresa con letra y música. Pueden ser murmuradas o altisonantes, o sólo sílabas y taco taro, pero letras y músicas al fin, que "inclinan a la comunidad de vicia y crean conciencia de un destino común", aunque sus autores no suelen proponerse metas tan ambiciosas.

Pueden las canciones desafinar o ser banales, pero mientras nazcan y se expandan según capricho de sus autores y libre elección de sus oidores, allí estarán retratando parte del alma de un pueblo real, y un preciso momento histórico de esa comunidad de vida.

Nos libre el cielo de invocar nacionalismos aberrantes y marginarnos aun más del concierto universal. Nuestra cultura se asienta sobre una saludable absorción de lo extranjero, y ojalá nunca nos encerremos en un frasquito, como el muestrario de tierras provincianas. Pero...

Vivimos cuestionando nuestra falta de identidad, y quizás no sabemos quiénes somos, pero el gesto de sintonizar la radio al menos de algo nos cerciora: somos extranjeros. Hemos sido desterrados de lugar y tiempo. No somos nada, en fin.

"La patria de un hombre es su idioma", dice José Donoso*. Y esto me recuerda que el pasado 9 de julio, los canales de TV transmitieron el Himno Nacional sin letra. •Se habrá descubierto que don Vicente

López y Planes es objetable, o es que ya no podemos escuchar ni el Himno en nuestro idioma?

En los medios de difusión, los pocos que siguen cantando en nuestra lengua nos remiten al pasado. No está mal, claro, fomentar la vigencia de los "clásicos", lo grave es que parece un procedimiento

intencionado y excluyente: después de ellos no hay nada, o casi nada. Y así los zombis de las ondas nos van robando el alma y suele suceder que, inmovilizados ante el receptor, nos preguntemos: •Seré un cuerpo en pena?

Casi la única expresión propia filtrada en los medios es la que refleja antiguos esplendores: un mundo de padres y abuelos, de hijos nonatos o inexistentes. Reflotamos lo que hicimos cincuenta años atrás, cuando éramos contemporáneos. Es decir, cuando autores e intérpretes narraban su presente, que no es el nuestro, como astuta-mente deduciría Aristóteles.

La manipulación de un público "sin conciencia de un destino común" gracias a la arbitrariedad (por así llamarla) de los programa-dores, petrifica la rutina de muchos intérpretes: saben que si no repiten moldes gastados se harán acreedores a mayor segregación, si cabe. Es posible suponer que en muchos casos se "fabrican" y promueven malos intérpretes para producir rechazo contra todo lo que tenga características locales.

En esa idealizada era de nuestros mayores los vehículos natu-rales de la música popular eran, como ahora, grabadoras extranjeras y radios. •Han cambiado ellas o hemos cambiado de país?

Una impuesta nostalgia -sumada al Mundial de la frivolidad y el libertinaje censor- determina hasta dónde se nos prohibe ser nosotros mismos. Y cantamos en nuestro idioma, que es una modesta manera de definir aquella identidad tan discutida.

En materia de música popular resulta optimista decir que estamos "extra njerizados". La colonización cultural tiene su categoría y suele producir resultados nada despreciables, como la música afronorteamericana o nuestro propio folklore anónimo. •Y qué son si no el tango, el rock o la chamarrita, todas formas que alguna vez se crearon aquí en legítima aclimatación de especies ajenas?

Esto que sucede ahora no es colonización sino liquidación cultural, porque el invasor (inversor) no propone -salvo exóticas excepciones- modelos emulables por su calidad, sino que impone muestras residuales de una mercadería amorfa ante la que no queda más derecho a réplica que el silencio, es decir, otra vez la gala mortuoria.

En el Brasil -remanido ejemplo pero no por eso menos ejem-plar-se transmite casi exclusivamente música brasileña. Entre otras cosas, porque se protege a la industria musical nativa mediante la exención de impuestos y otros beneficios, de modo que discográficas y negocios anexos no han fallecido como los nuestros. No por eso los brasileños serán mejores gentes (•o sí?), pero sin duda son más ellos mismos, y no resultan espiritualmente enajenados por la fuerza.

En nuestro ambiente artístico circula un latiguillo: "El problema es la falta de autores, no hay renovación..."

•Y quién la prohíbe sino esos mismos dómines asalariados que la sentencian?

"El problema" se nos plantea en pleno rostro a los que mal que bien algo hicimos en la materia... y quizás seguiríamos haciendo si el papirotazo no nos diera la Pálida hasta enmudecer...

Quizás no hayamos autores, quizás no vuelva a haberlos mien-tras sus canales de difusión estén bloqueados por sonidos que vienen prefabricados y envasados del exterior. Un autor no surge sino del estímulo, no crea para guardar sus papeles en un cajón, como podría hacerlo un poeta o un filósofo. Un autor echa a rodar objetos vivos, para su consumo inmediato y ojalá perdurable.

"Nadie quiere cantar mis nuevos temas, me dan por muerto, sólo se interesan por lo que compuse hace cuarenta años..." Estas palabras no fueron pronunciadas públicamente por un autorejo resentido sino por el ilustre Enrique Cadícamo. •Qué podría decir el joven incipiente o el maduro interrumpido!

La política cultural reinante cierra el paso a toda posibilidad de renovación, y eso nos proporciona otra certeza para agregar a nuestra indecisa identidad. De algo podemos estar seguros: no debemos ser contemporáneos.

Nunca es mal momento para denunciar las distintas variantes del robo. El patrimonio cultural es uno solo, aunque aquí nos preocupe especialmente la música popular en nuestro idioma. También se nos despoja de la herencia universal, al condenamos a escuchar música clásica sólo en días de duelo (y ya ni eso, porque las grabadoras la han reemplazado por Clayderman en los últimos óbitos).

En cuanto a los parias compatriotas que componen música culta, pese a sus glorias cosechadas en el exterior, podrían exhibir un lujoso certificado de defunción en vida paralelo al diploma del Conservatorio.

Hace poco se reunieron en un país de América representantes de todas las compañías discográficas y al parecer allí decidieron cuál será la música que fatalmente deberemos consumir durante la próxima década.

•Será muy útil, mientras tanto, seguir discutiendo obviedades tales como si lo que hace Fulano es tango o no es tango, si hay un rock que pueda llamarse nacional, o si tal autor escribió una palabra objetable!. •Con qué comodidad nos seguirán devorando los de afuera!

Tomar con resignación este copamiento de nuestra geografía espiritual no es sólo poco ético sino bastante paradójico, puesto que a diario se nos inculca fe en valores espirituales y se nos arma paladines contra todo tipo de materialismo.

Las soluciones coercitivas --ingenuos festivales nativistas o "música obligatoria", pongamos por caso- no parecerían las más apropiadas. En cuanto a la buena voluntad de los organizadores de concursos, no hacen más que tapar con el dedo el agujero en el fondo del barco inundado.

Un principio de solución residiría en crear una política económico-cultural semejante a la brasileña en este asunto, y la apertura total e incondicionada de todas las compuertas que cierran el paso a la creación, difusión, promoción y venta de la música popular de cualquier género que en esta tierra se produjera. Y que sus programadores demostraran la misma idoneidad y decencia requeridas a un chapista o una enfermera.

Mientras tanto, los ciudadanos dispuestos a defender nuestras fronteras físicas nada hacen para detener la invasión de los bárbaros que avanza por las ondas y arrasa con ese famoso "estilo de vida argentino" que tan altivamente queremos preservar.