jueves, 24 de febrero de 2011

Quechua: UNA LENGUA CON ESTIGMA Y ESPERANZA

Esta historia me llegó de manos de Elvira Sánchez (del INSTITUTO DEL LIBRO Y LA LECTURA,
INLEC DEL PERÚ, Y CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA Construcción y forja de la utopía andina) a quien agradezco profundamente, como agradezco a su autor Danilo Sánchez Lihón, ya que me ha hecho emocionar hasta las lágrimas, por eso quiero compartirla ya que es un canto a la memoria de forjadores de imperios que merecen reconocimiento.

Danilo Sánchez Lihón

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1. Su aldea nativa

Santiago Alvarado Anaya nació en la aldea de San Miguel de la provincia de Aija, “Perla de las vertientes”, pueblo próximo a la Cordillera Blanca en el departamento de Ancash, villa de una sola calle y casitas enfiladas, iluminadas por el espejo de nieves relumbrantes de la cadena de glaciales más hermosa del planeta Tierra.

Nació en una realidad cotidiana donde el idioma en uso es el quechua, donde creció hablando quechua, jugando en quechua, amando y sufriendo en esa lengua transida y mimetizada del imperio más grandioso en sus realizaciones, en función a los valores humanos, que jamás haya existido en la faz del planeta, siendo feliz y sintiendo dolor siempre sobre el tinglado y andarivel de sus fonemas e inflexiones.

Lengua dulce, expresiva, jocosa; capaz de hundirse y regresar de los pliegues y profundidades más intrincadas y arduas del alma, y darnos una versión de esas circunstancias con plenitud de ternura y valor.

Sin embargo, corría el año 1941, cuando cursa el Quinto Año de Educación Primaria en su aldea nativa, que llega una disposición conminatoria para funcionaros, profesores y personal administrativo de su provincia y de otras aledañas.

2. Alegre, vivaz

Allí se les notifica, bajo sanción, que no permitan ni consientan que se habla el quechua en las aulas, ni en los patios, ni en los corredores de los centros educativos, en razón de las políticas de desarrollo y progreso del país. Y que coadyuven a fin de que tampoco se hable quechua en los espacios públicos, debiendo ejercer, en lo posible, su autoridad para que deje de usarse este factor de atraso en la comunidad.

Los niños escuchan como siempre atentos, absortos y hasta ilusos este mandato. Y asienten generosos con la cabeza. Y lo intentan de a verdad. Se autocorrigen. Se autoinculpan, pero es inatajable hablarlo. ¡El quechua en todo aparece! Pero muchos niños, es cierto, se fuerzan por adaptarse a la prohibición. Y no lo hablan, salvo a escondidas.

Santiago Alvarado Anaya mira a sus amigos: se ríen y no pueden proseguir en su comunicación, sino es hablando en quechua. Pero, en él el desacato es más notorio, porque es un niño alegre, vivaz, y espontáneo en todo. Y, además, el primer alumno de su salón.

El director del plantel es llamado por el inspector de educación, quien lo amonesta.

3. Pese a sus ruegos

La profesora Petronila es llamada por el director del plantel, quien le dice que pondrá a disposición de la Inspección su puesto de trabajo. Y le pregunta: ¿por qué, señorita, son los niños de Quinto Año a quienes todavía se les escucha hablando en quechua?

La maestra Petronila ha reunido a los padres de familia. Llora en la reunión. Y dice que si esto continúa la van a suspender del trabajo y posiblemente tendría que irse desempleada. ¡Sabe Dios a dónde!

Da un informe acerca de qué niños son rebeldes a la prohibición. Que pese a sus ruegos, súplicas e inclusive incentivos de premios y recompensas reincidían en hablar quechua.

Pero después deja de lamentarse y toma otra actitud. Notifica  que este desacato ella lo está informando al subprefecto de la provincia y a la policía.

Que ellos iban a llamar a los padres de los niños, e inclusive ser puestos en la cárcel. Que ella no iba a permitir que la dejaran sin empleo por algo en lo cual no tenía la culpa sino otros.

4. Luego entró a ella

Que las directivas del Ministerio de Educación eran claras y se daban para ser cumplidas. Que la mayoría ya había acatado la disposición pero que había algunos niños que cometían desacato, el más notorio y peligroso era el niño Santiago Alvarado Anaya. Y que, qué bueno que hayan venido sus padres, porque ella a partir de ahora, ya no tendría ninguna responsabilidad, sino ellos.

Que todos los padres de familia han escuchado, y son testigos. Y, si viniera un juicio, que conste que está explicando estos hechos. Y que está hablando bien claro. Y que todos podrán ser llamados de testigos e informar que ella ha cumplido con la aplicación de la directiva oficial.

Cuando terminó la reunión y regresaban a su casa, la señora Donata no hablaba por el camino con su hijo Santiago, pese a que iba a su lado. Estaba tan indignada que hablaba a solas, como si el no estuviera: ¿Que ese hijo pusiera en peligro grave sus chacras, sus animales, su hogar, solo por seguir hablando el quechua?

Solo atinó a dirigirle la palabra al llegar a la casa. Y fue para decirle una palabra: “Entra” Y ahí lo agarró. Y lo encerró en una habitación. Y luego entró a ella con un leño en la mano. Y lo arrinconó a golpes, dándole en la cabeza para que se olvide de esa lengua sucia, oscura y maldita que se le había metido.

5. ¿Lo juras?

Pero con su padre sí fue peor. Él sí quería matarlo. ¿Qué se ha creído? Él, su padre, ¿llegar a parar a la subprefectura, a la comisaría y después a la cárcel del distrito? ¿Por un hijo desobediente? ¿Y a esta edad, de 10 años? Entonces, ¿cómo iba a ser a los 20?

Con el zurriago de los animales le cruzó por todo el cuerpo, rebencazos que lo hicieron sangrar, incluso en la cara.

– Carajo, –le dijo–. Ahora vas a jurar y vas a prometerme no hablar ya jamás el quechua. ¡Nunca más! ¿Oíste? ¡Nunca! Así yo me equivoque en hablarte en quechua, ¡tú me vas a responder siempre en castellano. ¿De acuerdo? ¿Me escuchas? ¡Nunca más! Ni siquiera una sílaba.¿Me oyes?

– Sí, padre.
– ¿Lo juras?
– Sí, padre.

Así llegó diciembre. En todos los años anteriores los calificativos de Santiago Alvarado Anaya han sido de excelencia. Es el primer alumno de su salón, en todo, y sus promedios no bajan de la nota 18.

6. Se quedó dormido

Cuando el día de la clausura del año lectivo se entregan libretas es el niño más dichoso, feliz y radiante. Al ser llamado se acerca, y la recibe. Y al dar los primeros pasos de regreso a su agrupamiento la abre confiado y jubiloso y siente helársele el alma. Su cuerpo se estremece de horror desde la punta de la cabeza hasta la punta de los pies.

Su nota es diez. En rojo, con unas letras grandes que parecen puñales. ¡Está jalado de año! Ha sido aplazado.

Mira a todos lados y encuentra la mirada de su profesora Petronila, quien se sonríe, como diciéndole con el movimiento de su cabeza:

– Ahí tienes tu merecido, por haberme puesto en riesgo, y amenazado mi puesto de trabajo.

Se le nubló la vista. Se doblaron sus rodillas y en el empedrado del patio se echó a llorar.

Los niños miraron a la profesora. Y no se atrevieron a ir a socorrerlo. Cuando despertó no había nadie y sintió que la tierra se le hundía. Ya solo, dejó libre su sentimiento, y lloró todo lo que pudo, sentado en el sardinel. Y se quedó dormido.

7. Así no haya nadie

Fue tarde cuando despertó y logró recuperarse. Empezó a caminar lentamente su camino de siempre, de regreso a casa.

¿Llevar esa libreta a su madre y a su padre? No. Significaba que la señorita lo aplazaba porque había seguido hablando quechua. Y no era así. Ahora, esto era un desacato a la autoridad y a la promesa hecha a su padre. Ya no era desobediencia a su profesora sino a su padre. Y que no le importara el riesgo en que lo ponía. ¿Regresar a su casa así, ya no.

Entonces tenía que irse. Debía huir.

El lugar del camino en donde está ahora de pie se llama Yara. Y allí se divide en dos el sendero. Uno que lleva a su casa y otro a cualquier sitio, no importa adonde, a la capital del distrito, de la provincia, del departamento y finalmente del país.

Así no haya ahora quien saque y recoja los animales del aprisco,  lo matarán.

Así no haya nadie quien traiga agua del manantial, lo iban a matar.

Así no haya ahora quien más los quiera, ¡jamás como él! Quien les haga reír, los escuche, y los abrace, de todos modos lo matarían, juntos los dos.

8. Aún así

De eso está seguro. Jamás sus padres iban a soportar esa afrenta. La decisión había que tomarla, pese a la oscuridad, el frío y el hambre: irse, fugarse, huir.

¿Adonde ir? La oscuridad y el frío son intensos. Pero ante la alternativa de ser flagelado y muerto a golpes tomó la iniciativa de hacerse su propio su destino.

Mientras caminaba trató de darse valor para ahuyentar el frío, la oscuridad y el hambre. Y quiso cantar. Empezó a hacerlo en castellano, pero pronto se calló. Le pareció que no alcanzaban a llegar las notas de las canciones en ese idioma al fondo de su alma, en donde necesitaba consuelo. Y siguió callado.

Y dijo: ¿Quién me va a escuchar en esta oscuridad, en este silencio y en esta soledad si canto en quechua? Nadie. Pero aún así volteó a mirar para asegurarse que no estaba ahí la sombra de su padre.

Y empezó a cantar por el camino pero esta vez en quechua. Ahí sí le afloraron todas las heridas, y salieron todas las canciones. Pero como llanto, como gritos desgarrados.

No cantaba sino aullaba, con gemidos, como reclamos a la vida, como pedidos de auxilio. Bañado en llanto cantó a gritos.

9. Al finalizar la clase

En 1962 ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, a la Facultad de Educación, especialidad Castellano y Literatura.

Era el día lunes a primera hora cuando ingresó al aula el profesor Miguel Ángel Ugarte Chamorro, de baja estatura, mirada severa y escrutadora,  rostro cetrino y cejijunto, de ademanes nerviosos. La corbata fina pero mal amarrada. Y la correa del pantalón haciéndole dobleces. Los estudiantes se pusieron de pie.

– Tomen asiento. –Dijo, escueto

.
Y empezó su clase, sobre morfología del idioma castellano. Una maravilla de transparencia.

Qué claridad expositiva. Qué llaneza luminosa. Qué didáctica impecable.

Y el dominio de cada detalle y pliegue de la lengua castellana que él tiene.

¡Y ejemplos! ¡Lo máximo! Son cuatro horas seguidas que se han pasado volando.

Al finalizar la clase pregunta a todo el salón, de 45 alumnos, de manera abrupta:

– ¿Quién de ustedes habla quechua?

10. Van a huir

Silencio absoluto. Nadie sabe nada. No se escucha ni un resuello, ni una tos, ni un jadeo, ni una mosca ronroneando. Mira a todos, acercándose con sus ojos enrojecidos.

– ¿Quién habla quechua en este salón? ¡Es imposible! En el Perú de 15 millones 8 millones de personas hablan quechua.

No. No lo digo. Se van a reír. Se van a mofar. Pero, ¿para qué será que pregunta? Quizá sea para algo bueno. Para algún trabajo, ahora que lo necesito tanto. ¿O quizá sea para ser expulsado de la Universidad? Quizá sea indigno de esta casa de estudios hablar quechua. ¡De repente! Porque San Marcos es linaje, enjundia, blasones. ¿Para qué será? No. No lo digo. De hecho, es algo indigno, porque nadie se levanta. La pregunta es una trampa y yo casi he caído. ¿O solo será para burlarse? Pero este profesor parece serio y ¡es excelente!

– Vuelvo a repetir: ¿Alguien de ustedes habla quechua?

Nadie. Yo me lanzo. No. No me lanzo. ¿Me lanzo? Va a cambiar mi vida. Me espera la marginación, el desprecio, el ostracismo. Pero, necesito trabajar en lo que sea. Pero, ya no podré tener amigos. Ninguno de mis compañeros va a soportar juntarse con alguien que hable quechua. Van a huir de mí diciendo que apesto. Todos voltearán a mirarme.

11. Un
reo

– Es la última vez que pregunto: ¿Alguien habla quechua?

Nadie se atreve. Todos callan. ¿Cómo habremos sufrido los que hablamos para escondernos tanto? A ellos, ¿qué les habrán hecho? Pero lo tengo que decir, por mi gente que lo habla, que sí es valiente, por las comunidades pobres, por mi Perú sufrido, por mi gente humilde. Por los míseros y pordioseros, por el Perú que hay que redimir.

– ¡Yo hablo quechua!

La voz me ha salido como un grito. Ha resonado como si estallara un petardo. Parece que he dado un aullido. Seguro que se ha escuchado en otros salones. Todos han volteado a mirarme. ¿Por qué he gritado así? Desde adelante unos cuellos blancos se estiran a mirarme. He cometido un crimen.

– ¿Usted habla quechua?

Acabo de cometer un crimen. Todos ahora me detestan. Otra vez he metido la pata. Los que están a mi alrededor se apartan. Otra vez he vuelto a malograr mi vida. Me expulsarán seguro de San Marcos. Soy un reo. ¡Qué horror! ¿Por qué me pasa esto? De una he salido mordiendo polvo, pero ¿podré salir de esta? Escucho que musitan, escucho que maldicen.

12. Alguien que conozca

– ¡Llama!
– ¡Guanaco!
– ¡Auquénido!
– ¡Con razón apestaba en la clase!

Inmediatamente se han apartado. Antes les había parecido aseado ahora me encuentran sucio. Antes les parecía honrado, ahora les parezco infame. Antes no contagiaba, ahora soy un apestado. Como que ahora, a mi lado van a enfermarse de algo. Nadie quería juntarse conmigo.

¿Para qué indagaba el profesor esto? ¿Era solo por curiosidad? ¿Es por estigmatizar a alguien?

El profesor Miguel Ángel Ugarte Chamorro, gramático eminente, tiene el propósito de contribuir al repertorio de vocablos de la lengua castellana, incorporando peruanismos basados en el idioma quechua.

Necesita entonces de alguien que conozca a profundidad esa lengua, que redacte bien utilizando un lenguaje expositivo, sea disciplinado en el trabajo, y pulcro, a fin de elaborar las tarjetas léxicas con conocimiento de la gramática de la lengua en la cuál él ha de suplir cualquier deficiencia.

13. A su vez

A eso se dedicó el alumno Santiago Alvarado Anaya trabajando en la Ciudad Universitaria de San Marcos, en una oficina adyacente al Repertorio Bibliográfico, de 8 de la mañana a 7 de la noche, interrumpiendo este horario únicamente para asistir a clases en el mismo campus.

Su vida volvió al total aislamiento y marginalidad. Sentía que todos lo evitaban, pero eso era esta vez de alguna manera conveniente para su trabajo.

El estudio y el informe de 200 tarjetas léxicas con sus acepciones, variantes y usos, estuvo listo a fines del mes de septiembre del año 1963. Un equipo de lingüistas lo revisó minuciosamente. Otro de correctores se abismaron en la perfección del mecanografiado final.

El Dr. Ugarte preparó el oficio de remisión que firmaría el Rector de la UNMSM, dirigido Al director la Real Academia Española de la Lengua, el poeta, esteta y filólogo Dámaso Alonso, amigo personal del profesor Miguel Ángel Ugarte Chamorro. Se remitió el legajo y se solicitó, a su vez, una visita protocolar al despacho del Rector.

14. En sus propias manos

De la oficina del Rector, Dr. Mauricio San Marín Fraysinet, comunican que el día y la fecha de la entrevista es para el día 20 de octubre de ese mismo año. El Dr. Ugarte Chamorro pide al estudiante Santiago Alvarado Anaya que lo acompañe a dicha entrevista para resolver cualquier pregunta técnica que pusiera formular el Rector. La entrevista es amable y cordial. El Dr. Mauricio San Martín expresa:

– He leído fascinado, doctor Ugarte Chamorro, este interesantísimo trabajo, y la propuesta de incorporar vocablos quechuas a la lengua castellana, que lo considero una actitud aunque mínima, de reivindicación de nuestra historia y el encuentro dentro del desencuentro. Y esto es muy importante para la cultura de nuestro país.

– Gracias, señor Rector. Ya está implementado el oficio de remisión y hemos acompañado cuatro copias del estudio y del informe que es lo que en Madrid se necesita. El sobre, asimismo, está rotulado con precisión.

– Doctor Ugarte, permítame decirle, una investigación y propuesta como esta debe ser sustentada ante la Academia, de lo contrario hasta lo pueden archivar. Tenemos que garantizar que llegue de la mejor manera al Dr. Amado Alonso, y qué mejor sería viajando usted a Madrid. Coordine la fecha de recepción y usted mismo lo entregará en sus propias manos y con sus propias palabras, al director de la Real Academia Española.

15. La llaga de sus heridas

– Le agradezco la deferencia, doctor San Martín, pero este es un trabajo que si bien es idea mía, mi iniciativa y se ha ejecutado bajo mi dirección, yo no lo he realizado ni preparado directamente. Tampoco conozco la lengua quechua, que es la mayor tristeza de mi vida. Quien podría sustentarlo es el joven estudiante Santiago Alvarado Anaya, nacido en Aija, aquí presente. Y a quien yo recomiendo por su excelencia.

Recién volteó a mirarlo con curiosidad el Rector y pensando en alta voz se le escuchó decir.

– ¿Un estudiante de Aija entre los sabios de la Real Academia Española de la Lengua? Pero, sí es el idioma quechua de lo que se expone, la lengua del imperio más grande del Nuevo Mundo, ¿por qué no? ¡Es coherente! ¡Joven estudiante! Alístese a viajar junto con el Dr. Ugarte Chamorro a sustentar este trabajo en la RAE, en Madrid. –Y ya en tono más familiar le comenta–. ¡Veo que le ha traído suerte hablar el quechua!

Estas últimas palabras, candorosas, ingenuas y desprevenidas, fueron las únicas que le dolieron porque tocaban de un modo inocente la llaga de sus heridas, que siempre le sangraban.

16. Tres días antes

Por eso solo alcanzó a decir:

– Agradezco respetuoso este encargo que se deposita en mí para representar a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos ante la Real Academia Española de la Lengua.

La respuesta de la RAE no se hace esperar, y llega al despacho del Rector. Entre otros conceptos dice:

“Felicitamos a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos por este excelente y extraordinario trabajo. La Real Academia Española de la Lengua no solo recepcionará el estudio y la propuesta en su Comité Especial sino que considera un honor reunirse en Asamblea para escuchar la sustentación de esta trascendental propuesta, que como me informa en su comunicación Señor Rector, será posible. Dicha reunión ha sido fijada para llevarse a cabo el 11 de noviembre del año en curso”.

El doctor Miguel Ángel Chamorro y el estudiante Santiago Alvarado Anaya viajaron para sustentar en Madrid la ponencia “Castellanización de palabras de la lengua quechua”, tres días antes de la fecha estipulada.

17. Canto de amor

Aquel día el Salón de Asambleas de la RAE en la calle Felipe IV del barrio de Los Jerónimos, escuchó las palabras introductorias del Dr. Miguel Ángel Ugarte Chamorro y se anunció la exposición del joven estudiante Santiago Alvarado Anaya de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Luego del saludo protocolar Santiago Alvarado empieza diciendo:

Ackuri urpi ewac`ushun
tac`key jirk`a wac`tallanta
tzechomi urpi yachac`ushun
k`unturcuna tak`unanchu.

La traducción contextual de este breve harawi, que es un canto de amor quechua, dice así:

Ya es oportuno irnos palomita, vámonos muy alegres
a la vuelta de aquel cerro, que estamos viendo.
Palomita, en ese lugar, viviremos pletóricos de cariño
donde los cóndores, muy erguidos, nos centinelen.

18. Otra vez

Y lo traigo aquí porque siento que mi lengua es esa palomita que después de haber sido la lengua de un imperio fastuoso, es esa palomita escondida en las rocas y breñales y lugares ariscos adonde ha volado pero que está viva. Porque está cuidado por cóndores.

Ahora ha venido, ha volado y se posa en el tejado soberbio y noble de la Real Academia Española de la Lengua. Y ya está aquí en la ventana. Contémplenlo tal como es: dulce, honda y candorosa. Y sufrida. Pero asombrada ahora de llegar hasta este magno recinto.

Y prosiguió espléndido.

Al terminar Amado Alonso y los académicos que presidían la Asamblea se levantaron de su asiento. Y el director avanzó hasta el atril donde ese niño indefenso, tal como es su lengua, les había hecho sentir la presencia de otro mundo lleno de esperanza.

Aún escuchando los aplausos Santiago Alvarado Anaya se vio otra vez humillado en el patio de su escuela. Sintió la llegada de la noche en la bifurcación del sendero en Yara, volvieron a adelgazarse las canciones las canciones en quechua y el llanto en el camino. Y su “Yo sé hablar quechua” en el aula de San Marcos y que le salió como un rugido.

Epílogo.

Felizmente había cerca un vaso de agua y mientras agradecía los aplausos y las miradas de asombro y de cariño, bebió a sorbos que le sirvieron para atajar las lágrimas y hacerlas que sus ojos lloraran hacia adentro.

A su regreso se llevó a cabo una reunión académica en el Salón de Grados de la Universidad de San Marcos en donde el Dr. Miguel Ángel Ugarte Chamorro informó y luego cedió la palabra al estudiante que había logrado, según sus palabras, una proeza nunca vista en el salón de asambleas de la Real Academia Española de la Lengua.

Es en ese momento que llega el Rector, don Mauricio San Martín para anunciar que Dámaso Alonso acababa de comunicarse con él anunciándole la incorporación plena de los 200 vocablos propuestos en la investigación presentada en Madrid y que pasarán a formar parte del lexicón de la lengua castellana.

Abrazó a Santiago Alvarado Anaya, quien se puso a llorar.