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EL ARTE DE CONTAR

                 Un cuento de Javier de Rios Briz Todo comenzó un verano, cuando el abuelo Pascual se empeñó en enseñar al pequeño Daniel a sumar. “Para que vaya adelantando trabajo del nuevo curso”, dijo como apoyo a su decisión. “Deje al chaval que disfrute de las vacaciones, padre”, rebatió Marisa, la madre de Daniel, “que para eso ya están los maestros”. Pero no hubo manera, el abuelo Pascual era y sigue siendo muy testarudo, y si se le mete una idea en la cabeza, no ha nacido el mortal que pueda disuadirle de seguir adelante con ella. Así que fue a buscar la arrugada libreta que su mujer usaba para apuntar los litros de leche que vendían a los vecinos, y el flamante bolígrafo que le había regalado días atrás el comercial de la casa de piensos. El abuelo Pascual sentó al niño en sus rodillas, que accedió a recibir una improvisada clase de matemáticas sin rechistar, y empezó a escribir con grandes carac...

EL CLUB DE LOS PERFECTOS

                                                                Un cuento de Graciela Montes Hay gente que ya está cansada de que yo cuente cosas del barrio de Florida. Pero no es culpa mía: en Florida pasa cada cosa que una no puede menos que contarla. Como la historia esa del Club de los Perfectos. Porque resulta que los perfectos de Florida decidieron formar un club. Algunos de ustedes preguntará quiénes eran los Perfectos. Bueno, los Perfectos de Florida eran como los Perfectos de cualquier otro barrio, así que cualquiera puede imaginárselos. Por ejemplo, los Perfectos no son gordos pero tampoco son flacos. No son demasiado altos, y mucho menos petisos. Tienen todos los ...

Interpretando según convenga

Cuento Sufi Un día de lluvia torrencial un vecino corría presuroso buscando cobijo, cuando un hombre devoto le preguntó: -¿Por qué corres? -Corro para no mojarme -contestó. -¿No sabes, desgraciado, que el agua de lluvia es una bendición divina? ¡Disfruta de ella! -le increpó el religioso. Impresionado, el vecino comenzó a caminar despacio, calándose hasta los huesos. Ocurrió que, otro día, el vecino vio al devoto corriendo bajo la lluvia. -¿Has olvidado ya que la lluvia es una bendición del Señor? -preguntó irónico. -Precisamente por eso corro a fin de no pisar esta bendita agua -respondió mientras se perdía calle abajo.   Etiquetas de Technorati: Interpretando según convenga , Cuento sufi

LA TRAMPA DE LAS OVEJAS

                             Un cuento de Laura Devetach Era horrible aquella noche. A Margarita le ardían los ojos y el corazón hacía ruido de animalito encerrado. La abuela se iba a otra ciudad por mucho tiempo, y no y no, ella no quería, se sentía demasiado sola. Las lágrimas salían calientes de los ojos calientes. La abuela ya le había dicho que regresaría y volverían a estar juntas. Todos le habían asegurado que iba a volver algún día. Pero a Margarita no le interesaba nada que volviera. Ella lo que quería era que no se fuera. No quería que la dejara. —¡No y no! —se llenaba las manos con puñados de sábana, con puñados de almohada mojada de lágrimas. El sueño llegaba como un peso sobre los ojos pero, de un salto, se volvía a ir. —Duérmase mi niña –había dicho la abuela—. Pronto volveré. Pero Margarita sentía un dolor muy grande, una falta de cielo,...