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- Nagasaki

Un cuento de Sastre Alfonso (España), muy propio para nuestro presente Me llamo Yanajido. Trabajo en Nagasaki y había venido a ver a mis padres en Hiroshima. Ahora, ellos han muerto. Yo sufro mucho por esta pérdida y también por mis horribles quemaduras. Ya sólo deseo volver a Nagasaki con mi mujer y con mis hijos. Dada la confusión de estos momentos, no creo que pueda llegar a Nagasaki enseguida, como sería mi deseo; pero sea como sea, yo camino hacia allá. No quisiera morir en el camino. ¡Ojalá llegue a tiempo de abrazarlos! Como es bien sabido -y comienza a olvidarse-, se arrojó la primera bomba atómica sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945 a las 8:15 de una soleada mañana de verano, y la segunda bomba cayó, tres días más tarde, en Nagasaki... Su horror hizo escribir a Alfonso Sastre muy poco después una de sus primeras obras, Uranio 235, estrenada en el teatro Infanta Beatriz, de Madrid, el 11 de abril de 1946 por Art e Nu evo. © Ediciones Cátedra, S.A., 1990 Etiquetas de Tec...

La fuente de la juventud

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Cuento popular Japonés Había una vez un viejo carbonero que vivía con su esposa, que era también viejísima. El viejo se llamaba Yoshiba, y su esposa se llamaba Fumi. Los dos vivían en la isla sagrada de Mija Jivora, donde nadie tiene derecho a morir. Cuando una persona enferma lo mandan a la isla vecina, y si por casualidad muere alguien sin síntomas, envían el cadáver a toda prisa a la otra ribera. La isla, la más pequeña del Japón, es también la más hermosa. Está cubierta de pinos y sauces, y en el centro se alza un hermoso y solemne templo, cuya puerta parece que se adentre en el mar. El mar es más azul y transparente de lo que se puede imaginar, mientras que el aire es nítido y diáfano. Los dos ancianos eran admirados por el resto de la aldea, que los admiraba por dos virtudes: su resignación y persistencia a la hora de aceptar y superar los avatares de la vida, y el amor mutuo que se habían procesado durante más de cincuenta años. El suyo, como tantos otros en Japón, había s...

Un artista del hambre

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Un cuento de Franz Kafka En los últimos decenios, el interés por los ayunadores ha disminuido muchísimo. Antes era un buen negocio organizar grandes exhibiciones de este género como espectáculo independiente, cosa que hoy, en cambio, es imposible del todo. Eran otros los tiempos. Entonces, toda la ciudad se ocupaba del ayunador; aumentaba su interés a cada día de ayuno; todos querían verlo siquiera una vez al día; en los últimos del ayuno no faltaba quien se estuviera días enteros sentado ante la pequeña jaula del ayunador; había, además, exhibiciones nocturnas, cuyo efecto era realzado por medio de antorchas; en los días buenos, se sacaba la jaula al aire libre, y era entonces cuando les mostraban el ayunador a los niños. Para los adultos aquello solía no ser más que una broma, en la que tomaban parte medio por moda; pero los niños, cogidos de las manos por prudencia, miraban asombrados y boquiabiertos a aquel hombre pálido, con camiseta oscura, de costillas salientes, que, des...

El Pescador y su alma

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Un cuento de Oscar Wilde (Irlanda, 1854 - Francia, 1900) El Pescador y su alma A S.A.R. ALICIA PRINCESA DE MONACO        Todas las tardes el joven Pescador se internaba en el mar, y arrojaba sus redes al agua.       Cuando el viento soplaba desde tierra, no lograba pescar nada, porque era un viento malévolo de alas negras, y las olas se levantaban empinándose a su encuentro. Pero en cambio, cuando soplaba el viento en dirección a la costa, los peces subían desde las verdes honduras y se metían nadando entre las mallas de la red y el joven Pescador los llevaba al mercado para venderlos.       Todas las tardes el joven Pescador se internaba en el mar. Un día, al recoger su red, la sintió tan pesada que no podía izarla hasta la barca. Riendo, se dijo:       —O bien he atrapado todos los peces del mar, o bien es algún monstruo torpe que asombrará a los hom...