lunes, 30 de agosto de 2010

Y… de Alquimia.

 

Eterno ciclo de muerte regeneración, vida y transformación. Eterno ciclo de cambio pues la ley misma del universo es cambio. A qué quedarse quieta si es imposible, tan solo se puede fingir sordera, ceguera, inconsciencia, impotencia falsa que no disculpa ni defiende, que no resulta, hoy o mañana...

¿Qué extraños ingredientes llenan la pócima de lo que hemos sido somos y seremos? Lo ignoro niña, no es atributo nuestro el definirlo, sólo lo es la mezcla.

¿Duele? Sí, a veces. Otras veces alegra, otras resulta indiferente, otras sorprende, otras siembra duda, otras inquieta, otras confunde, otras acaricia... ¿No es eso la vida misma?

No partas ni repartas, reúne.

No temas, se trata de hacer...

No dejes que la mente se vuelva parlanchina sin saber de qué pozo bebe, la mente es parte de ti, sujétala y condúcela como a un caballo chúcaro que ha de ser domesticado.

Se puede.

El tiempo (Saturno) tiene sus propias reglas, ¿qué más que someternos a su juicio esperando que acceda a nuestro ruego y nos permita reunirnos?

También yo espero....

Espero …haciendo.

©Ana Cuevas Unamuno

sábado, 28 de agosto de 2010

SEDNA, LA HIJA DEL MAR

          MITO ESQUIMAL- Adaptación mía



Cuenta la leyenda que alguna vez existió una muchacha muy joven y hermosa llamada Sedna, que vivía con su padre viudo. Unos dicen que muchos la pretendían y ella se negaba pues ningún joven le parecía suficiente. Otros afirman lo contrario, diciendo que nadie buscaba casarse con ella cuando tuvo la edad para hacerlo. y claro, ella se lamentaba pues en esos tiempos era muy malo para una joven no hallar quien la amase.
Las cosas podrían haber seguido así, pero... (las cosas nunca siguen iguales) un día, cuando menos lo esperaba vio desde su cabaña, un magnífico barco que era capitaneado por un apuesto y rico cazador extranjero.

miércoles, 25 de agosto de 2010

EL ZURRÓN QUE CANTABA

 

Érase una madre que no tenía más que una niña, a la que quería muchísimo, porque la niña era muy buena; por lo que le había regalado una gargantilla de coral.

Un día le dijo que fuera por un cantarito de agua a la fuente, que estaba fuera del lugar. Fue la niña, y cuando llegó a la fuente, se quitó su gargantilla de coral para que no se le cayese en el pilón a tiempo de llenar el cántaro.

Junto a la fuente estaba sentado un pordiosero viejo, muy feo, que llevaba un zurrón, y que miraba a la niña con unos ojos... que le dieron miedo; y apenas llenó el cántaro, cuando echó a correr y dejó olvidada la gargantilla.

Al entrar en su casa, la echó de menos, y se volvió apresurada a la fuente para buscarla; y cuando llegó, estaba todavía allí el viejo, que cogió a la niña y la zampó en el zurrón. En seguida, se fue a pedir limosna a una casa, diciendo que traía una maravilla, y era un zurrón que cantaba. [98] Ya se ve; las gentes quisieron oírlo, y el viejo dijo con una voz de trueno:

- Zurrón, canta; si no te doy con esta lanza.

La pobre niña, muerta de miedo, no tuvo más remedio que ponerse a cantar, lo que hizo llorando, de esta manera:

Por agua fui a la fuente

que está fuera del lugar,

y perdí mi gargantilla,

gargantilla de coral.

¡Ay la madre de mi alma,

qué enfadada se pondrá!

Volvime luego a la fuente

por si podía encontrar

mi perdida gargantilla,

gargantilla de coral.

¡Ay la madre de mi alma,

qué apurada que estará!

No encontré mi gargantilla,

gargantilla de coral,

no encontré mi gargantilla,

y perdí mi libertad.

¡Ay la madre de mi alma,

qué afligida que estará!

Cantaba tan bien la niña, que a las gentes les gustaba mucho oírla, por lo que en todas partes le daban al viejo mucho dinero porque cantase el zurrón.

Viendo así de casa en casa, llegó a la de la madre [99] de la niña, y conforme esta oyó el canto, conoció la voz de su hija, y le dijo al pobre:

-Tío, el tiempo está muy malo: el viento arrecia y el agua engorda; quédese usted aquí esta noche recogido, y le daré de cenar.

El pobre vino en ello, y la madre de la niña le dio tantísimo de comer y de beber, que se infló, de manera que, después de cenar, se quedó más dormido que un difunto.

Entonces sacó la madre del zurrón a su niña, que estaba el alma mía heladita y desfallecida; le dio muchos besos, bizcochos en vino, y la acostó y arropó en la cama, y en el zurrón metió a un perro y a un gato.

A la mañana siguiente dio el viejo las gracias, y se fue tan descuidado. En la primera casa que llegó dijo, como había dicho el día antes, al zurrón:

- ¡Zurrón, canta; si no te doy con esta lanza!

Al punto dijo el perro:

Pícaro, viejo, uau, uau.

Y el gato:

Perverso, viejo, miau, miau.

Enojado el pobre, creyendo que así cantaba la niña, abrió el zurrón para castigarla; entonces salieron rabiando el perro y el gato, y el gato se le abalanzó a la cara y le sacó los ojos, y el perro le arrancó de un mordisco las narices, y... aunque testigo no he sido, así me lo han referido.

 

martes, 24 de agosto de 2010

Woody allen nos cuenta sobre la “falsa mancha de tinta”….

 

Para acabar con la historia de los grandes descubrimientos humanos

Descubrimiento de la falsa mancha de tinta y su utilización

No existe la menor prueba de que la falsa mancha de tinta apareciera en Occidente antes del año 1921, aunque se tenga noticia de que Napoleón encontró gran diversión en el «vibrador hilaran­te», un aparato que se escondía en la palma de la mano y que causaba una vibración parecida a la eléctrica cuando la mano entraba en contacto con otra. Napoleón tendía su mano regia en señal de amistad a un dignatario extranjero, estrechaba la palma de la inocente víctima y lanzaba imperiales carcajadas mientras el tonto de turno, con el rostro colorado, improvisaba piruetas para mayor deleite de la corte.

El vibrador hilarante sufrió varias modificaciones; la más célebre fue la que se produjo después de la introducción del chicle por Santa Anna[1] (estoy convencido de que el chicle fue, en su origen, un guiso de su mujer que simplemente no había quien lo tragara) cuando el vibrador tomó la forma de un paquete de chicle de menta equipado de un sutil mecanismo parecido a una trampa de ratones. La víctima, cuando se le ofrecía una barrita de chicle, experimentaba un fuerte dolor al dispararse la barrita de acero sobre sus inocentes dedos. Por lo general, la primera reacción era de dolor, luego de risa contagiosa y, por último, de una especie de sabiduría popular. Nadie ignora ya que el viejo truco del chicle saltarín relajó mucho la atmósfera en la batalla de Los Alamos; y, aunque no se regis­traron sobrevivientes, la mayoría de los historiadores piensan que las cosas podrían haber ido sustancialmente peor sin este pequeño artefacto lleno de ingenio.

Con el advenimiento de la Guerra Civil, los norteamericanos procuraron aturdirse para olvidar los horrores de una nación dividida por la lucha fratricida; si bien los generales norteños prefirieron divertirse con el vidrio baboso, Robert E. Lee superó muchos momentos cruciales gracias a la flor regadera. En los primeros años de guerra, nadie podía acercarse a oler el «encantador clavel» en la solapa de Lee sin recibir en el ojo un buen chorro de agua del río Swanee. Sin embargo, a medida que la situación empeoraba para el Sur, Lee abandonó aquella broma que había estado de moda y se limitó a colocar chinchetas en los asientos de la gente que no le caía bien.

Después de la guerra, y hasta principios de 1900, en la era de los denominados barones del robo, el polvo para estornudar y una cajita de latón, en la que había escrito ALMENDRAS y de la que largas serpientes saltaban de improviso sobre el rostro de la víctima, fueron los dos inventos más destacados en el campo de las bromas. Se decía que J. P. Morgan prefería el segundo mientras que el viejo Rockefeller disfrutaba más con el primero.

Luego, en 1921, un grupo de biólogos, reunidos en Hong Kong para comprar trajes, ¡descubrieron la falsa mancha de tinta! Hacía ya mucho tiempo que constituía un elemento importante en el repertorio de las diversiones orientales, y varias de las últimas dinastías sólo pudieron conservar el poder gracias a la sabia utilización de lo que parecía ser una botella derramada y una fea mancha de tinta. En realidad, la mancha era de metal.

Las primeras manchas de tinta, según me informaron, eran muy toscas y mal hechas, medían tres metros de diámetro y no enga­ñaban a nadie.

No obstante, tras el descubrimiento de la miniaturización de los objetos por un físico suizo, quien probó que un objeto de un tamaño dado podía disminuirse simplemente con «hacerlo más pequeño», la falsa mancha de tinta empezó una brillante carrera.

Anduvo por el mundo hasta 1934, cuando Franklin Delano Roosevelt la detuvo y la colocó en su lugar. Roosevelt la utilizó con suma inteligencia para solucionar una huelga en Pennsylvania; los detalles del acontecimiento son curiosos: los dirigentes sindicales y los empresarios, convencidos de que se había derramado una botella de tinta estropeando un inestimable sofá Imperio, se acu­saron mutuamente del hecho. ¡Imagínense su alivio cuando se enteraron de que todo había sido una broma! Tres días más tarde volvieron a abrirse las puertas de los altos hornos.


[1] Antonio López de Santa Anna (1795-1867), revolucionario mexicano, general, presidente y luego dictador. (N. del T.)

Extracto del libro COMO ACABAR DE UNA VEZ POR TODAS CON LA CULTURA de  Woody Allen


lunes, 23 de agosto de 2010

Cuentos del Mulá Nasrudín

 

Me gustan tanto los cuentos del Mulá y me sirven tanto tanto que hoy se los comparto.

Este justo este que … bueno el por qué es personal, ya sabrán ustedes qué les dice.

¿Saben de qué les voy a hablar?

Esta historia comienza cuando Nasrudin llega a un pequeño pueblo en algún lugar lejano de Medio Oriente.

Era la primera vez que estaba en ese pueblo y una multitud se había reunido en un auditorio para escucharlo. Nasrudin, que en verdad no sabia que decir, porque él sabía que nada sabía, se propuso improvisar algo y así intentar salir del atolladero en el que se encontraba.

Entró muy seguro y se paró frente a la gente. Abrió las manos y dijo:

-Supongo que si ustedes están aquí, ya sabrán que es lo que yo tengo para decirles.

La gente dijo:

-No... ¿Qué es lo que tienes para decirnos? No lo sabemos ¡Háblanos! ¡Queremos escucharte!

Nasrudin contestó:

-Si ustedes vinieron hasta aquí sin saber que es lo que yo vengo a decirles, entonces no están preparados para escucharlo.

Dicho esto, se levantó y se fue.

La gente se quedó sorprendida. Todos habían venido esa mañana para escucharlo y el hombre se iba simplemente diciéndoles eso. Habría sido un fracaso total si no fuera porque uno de los presentes -nunca falta uno- mientras Nasrudin se alejaba, dijo en voz alta:

-¡Qué inteligente!

Y como siempre sucede, cuando uno no entiende nada y otro dice "¡qué inteligente!", para no sentirse un idiota uno repite: "¡si, claro, qué inteligente!". Y entonces, todos empezaron a repetir:

-Qué inteligente.

-Qué inteligente.

Hasta que uno añadió:

-Si, qué inteligente, pero... qué breve.

Y otro agrego:

-Tiene la brevedad y la síntesis de los sabios. Porque tiene razón. ¿Cómo nosotros vamos a venir acá sin siquiera saber qué venimos a escuchar? Qué estúpidos que hemos sido. Hemos perdido una oportunidad maravillosa. Qué iluminación, qué sabiduría. Vamos a pedirle a este hombre que dé una segunda conferencia.

Entonces fueron a ver a Nasrudin. La gente había quedado tan asombrada con lo que había pasado en la primera reunión, que algunos habían empezado a decir que el conocimiento de Él era demasiado para reunirlo en una sola conferencia.

Nasrudin dijo:

-No, es justo al revés, están equivocados. Mi conocimiento apenas alcanza para una conferencia. Jamás podría dar dos.

La gente dijo:

-¡Qué humilde!

Y cuanto más Nasrudin insistía en que no tenia nada para decir, con mayor razón la gente insistía en que querían escucharlo una vez más. Finalmente, después de mucho empeño, Nasrudin accedió a dar una segunda conferencia.

Al día siguiente, el supuesto iluminado regresó al lugar de reunión, donde había más gente aún, pues todos sabían del éxito de la conferencia anterior. Nasrudin se paró frente al público e insistió con su técnica:

-Supongo que ustedes ya sabrán que he venido a decirles.

La gente estaba avisada para cuidarse de no ofender al maestro con la infantil respuesta de la anterior conferencia; así que todos dijeron:

-Si, claro, por supuesto lo sabemos. Por eso hemos venido.

Nasrudin bajó la cabeza y entonces añadió:

-Bueno, si todos ya saben qué es lo que vengo a decirles, yo no veo la necesidad de repetir.

Se levantó y se volvió a ir.

La gente se quedó estupefacta; porque aunque ahora habían dicho otra cosa, el resultado había sido exactamente el mismo. Hasta que alguien, otro alguien, gritó:

-¡Brillante!

Y cuando todos oyeron que alguien había dicho "¡brillante!", el resto comenzó a decir:

-¡Si, claro, este es el complemento de la sabiduría de la conferencia de ayer!

-Qué maravilloso

-Qué espectacular

-Qué sensacional, qué bárbaro

Hasta que alguien dijo:

-Si, pero... mucha brevedad.

-Es cierto- se quejó otro

-Capacidad de síntesis- justificó un tercero.

Y en seguida se oyó:

-Queremos más, queremos escucharlo más. ¡Queremos que este hombre nos de más de su sabiduría!

Entonces, una delegación de los notables fue a ver a Nasrudin para pedirle que diera una tercera y definitiva conferencia. Nasrudin dijo que no, que de ninguna manera; que él no tenia conocimientos para dar tres conferencias y que, además, ya tenia que regresar a su ciudad de origen.

La gente le imploró, le suplicó, le pidió una y otra vez; por sus ancestros, por su progenie, por todos los santos, por lo que fuera. Aquella persistencia lo persuadió y, finalmente, Nasrudin aceptó temblando dar la tercera y definitiva conferencia.

Por tercera vez se paró frente al publico, que ya eran multitudes, y les dijo:

-Supongo que ustedes ya sabrán de qué les voy a hablar.

Esta vez, la gente se había puesto de acuerdo: sólo el intendente del poblado contestaría. El hombre de primera fila dijo:

-Algunos si y otros no.

En ese momento, un largo silencio estremeció al auditorio. Todos, incluso los jóvenes, siguieron a Nasrudin con la mirada.

Entonces el maestro respondió:

-En ese caso, los que saben... cuéntenles a los que no saben.

Se levantó y se fue.

 

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sábado, 21 de agosto de 2010

Cuento: El bigote del tigre

¡Cuántas veces deseamos "un Milagro"? Algo, cualquier cosa que resolviera nuestros problemas sin requerir de nuestro esfuerzo...
Dicen que los milagros suceden pero (siempre hay peros), tienen su precio.
Fijense sino en este cuento popular Coreano

EL BIGOTE DEL TIGRE

Una mujer joven llamada Yun Ok fue un día a la casa de un ermitaño de la montaña en busca de ayuda.

El ermitaño era un sabio de gran renombre, hacedor de ensalmos y pociones mágicas.

Cuando Yun Ok entró en su casa, el ermitaño, sin levantar los ojos de la chimenea que estaba mirando, dijo:

-¿Por qué viniste?

Yun Ok respondió:

-Oh, Sabio Famoso, ¡estoy desesperada! ¡Hazme una poción!

-Sí, sí, ¡hazme una poción! -exclamó el ermitaño-. ¡Todos necesitan pociones! ¿Podemos curar un mundo enfermo con una poción?

-Maestro -insistió Yun Ok-, si no me ayudas, estaré verdaderamente perdida.

-Bueno, ¿cuál es tu problema? -dijo el ermitaño, resignado por fin a escucharla.

-Se trata de mi marido -comenzó Yun Ok-. Tengo un gran amor por él. Durante los últimos tres años ha estado peleando en la guerra. Ahora que ha vuelto, casi no me habla, a mí ni a nadie. Si yo hablo, no parece oír. Cuando habla, lo hace con aspereza. Si le sirvo comida que no le gusta, le da un manotazo y se va enojado de la habitación. A veces, cuando debería estar trabajando en el campo de arroz, lo veo sentado ociosamente en la cima de la montaña, mirando hacia el mar.

-Si, así ocurre a veces cuando los jóvenes vuelven a su casa después de la guerra -dijo el ermitaño-. Prosigue.

-No hay nada más que decir, Ilustrado. Quiero una poción para darle a mi marido, así se volverá cariñoso y amable, como era antes.

-!Ja! Tan simple, ¿no? -replicó el ermitaño-. ¡Una poción! Muy bien, vuelve en tres días y te diré qué nos hará falta para esa poción.

Tres días más tarde, Yun Ok volvió a la casa del sabio de la montaña.

-Lo he pensado -le dijo-. Puedo hacer tu poción. Pero el ingrediente principal es el bigote de un tigre vivo. Tráeme su bigote y te daré lo que necesitas.

-¡El bigote de un tigre vivo! -exclamó Yun Ok-. ¿Cómo haré para conseguirlo?

-Si esa poción es tan importante, obtendrás éxito -dijo el ermitaño. Y apartó la cabeza, sin más deseos de hablar.

Yun Ok se marchó a su casa. Pensó mucho en cómo conseguiría el bigote del tigre. Hasta que una noche, cuando su marido estaba dormido, salió de su casa con un plato de arroz y salsa de carne en la mano. Fue al lugar de la montaña donde sabía que vivía el tigre.

Manteniéndose alejada de su cueva, extendió el plato de comida, llamando al tigre para que viniera a comer.

El tigre no vino.

A la noche siguiente Yun Ok volvió a la montaña, esta vez un poco más cerca de la cueva. De nuevo ofreció al tigre un plato de comida.

Todas las noches Yun Ok fue a la montaña, acercándose cada vez más a la cueva, unos pasos más que la noche anterior. Poco a poco el tigre se acostumbró a verla allí.

Una noche, Yun Ok se acercó a pocos pasos de la cueva del tigre. Esta vez el animal dio unos pasos hacia ella y se detuvo. Los dos quedaron mirándose bajo la luna. Lo mismo ocurrió a la noche siguiente, y esta vez estaban tan cerca que Yun Ok pudo hablar al tigre con una voz suave y tranquilizadora.

La noche siguiente, después de mirar con cuidado los ojos de Yun Ok, el tigre comió los alimentos que ella le ofrecía. Después de eso, cuando Yun Ok iba por las noches, encontraba al tigre esperándola en el camino.

Cuando el tigre había comido, Yun Ok podía acariciarle suavemente la cabeza con la mano. Casi seis meses habían pasado desde la noche de su primera visita. Al final, una noche, después de acariciar la cabeza del animal, Yun Ok dijo:

-Oh, Tigre, animal generoso, es preciso que tenga uno de tus bigotes. ¡No te enojes conmigo!

Y le arrancó uno de los bigotes.

El tigre no se enojó, como ella temía. Yun Ok bajó por el camino, no caminando sino corriendo, con el bigote aferrado fuertemente en la mano.

A la mañana siguiente, cuando el sol asomaba desde el mar, ya estaba en la casa del ermitaño de la montaña.

-¡Oh, Famoso! -gritó-. ¡Lo tengo! ¡Tengo el bigote del tigre! Ahora puedes hacer la poción que me prometiste para que mi marido vuelva a ser cariñoso y amable.

El ermitaño tomó el bigote y lo examinó. Satisfecho, pues realmente era de tigre, se inclinó hacia adelante y lo dejó caer en el fuego que ardía en su chimenea.

-¡Oh señor! -gritó la joven mujer, angustiada- ¡Qué hiciste con el bigote!

-Dime como lo conseguiste -dijo el ermitaño.

-Bueno, fui a la montaña todas las noches con un plato de comida. Al principio me mantuve lejos, y me fui acercando poco cada vez, ganando la confianza del tigre. Le hablé con voz cariñosa y tranquilizadora para hacerle entender que sólo deseaba su bien. Fui paciente. Todas las noches le llevaba comida, sabiendo que no comería. Pero no cedí. Fui una y otra vez. Nunca le hablé con aspereza. Nunca le hice reproches. Y por fin, una noche dio unos pasos hacia mí. Llegó un momento en que me esperaba en el camino y comía del plato que yo llevaba en las manos. Le acariciaba la cabeza y él hacía sonidos de alegría con la garganta. Sólo después de eso le saqué el bigote.

-Sí, sí -dijo el ermitaño-, domaste al tigre y te ganaste su confianza y su amor.

-Pero tú arrojaste el bigote al fuego -exclamó Yun Ok llorando-. ¡Todo fue para nada!

-No, no me parece que todo haya sido para nada -repuso el ermitaño-. Ya no hace falta el bigote. Yun Ok, déjame que te pregunte algo: ¿es acaso un hombre más cruel que un tigre? ¿Responde menos al cariño y a la comprensión? Si puedes ganar con cariño y paciencia el amor y la confianza de un animal salvaje y sediento de sangre, sin duda puedes hacer lo mismo con tu marido.

Al oír esto, Yun Ok permaneció muda unos momentos. Luego avanzó por el camino reflexionando sobre la verdad que había aprendido en casa del ermitaño de la montaña.


miércoles, 18 de agosto de 2010

AVANTI!

 

¡UY QUE DIFICILES SE PONEN A VECES LAS COSAS DE LA VIDA!

¿Verdad que sí?

Cuando llegan esos períodos complejos recordar este poema  de Almafuerte, me da fuerzas y sobre todo me recuerda la importancia de apropiarme de mi misma.

Hoy me lo dedico, se lo dedico a mis hijos, nueras, yernos, nietos, sobrina, amigos y a todos ustedes!.

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Avanti

Almafuerte (Argentina, 1854-1917)

 

" Si te postran diez veces, te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas...
No han de ser tus caídas tan violentas ni tampoco, por ley, han de ser tantas!
Con el hambre genial con que las plantas asimilan el humus avarientas,
deglutiendo el rigor de las afrentasse formaron los santos y las santas.
Obsesión casi asnal, para ser fuerte,nada más necesita la criatura;
y en cualquier infeliz se me figura que se rompen las garras de la suerte...
Todos los incurables tienen cura cinco segundos antes de su muerte!


II PIU AVANTI!


No te sientas vencido ni aun vencido,no te sientas esclavo ni aun esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo, y acomete feroz, ya malherido.
Ten el tesón del clavo enmohecido que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
no la cobarde intrepidez del pavo,que amaina su plumaje al primer ruido.
Procede como Dios, que nunca llora: o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza precisa del agua y no la implora...
Que muerda y vocifere vengadora, ya, rodando en el polvo, tu cabeza!

III MOLTO PIU AVANTI!


Los que vierten sus lágrimas amantes sobre las penas que no son sus penas;
los que olvidan el son de sus cadenas, para limar las de los otros antes;
Los que van por el mundo, delirantes, repartiendo su amor a manos llenas:
caen, bajo el peso de sus obras buenas,
sucios, enfermos, trágicos...! Sobrantes!
Ah! Nunca quieras remediar entuertos; nunca sigas impulsos compasivos!
Ten los garfios del Odio siempre activos,
y los ojos del juez siempre despiertos!...
Y al echarte en la caja de los muertos menosprecia los llantos de los vivos!

IV MOLTO PIU AVANTI ANCORA!


El mundo miserable es un estrado donde todo es estólido y fingido,
donde cada anfitrión guarda escondido su verdadero ser, tras el tocado.
No digas tu verdad ni al más amado; no demuestres temor ni al más temido;
no creas que jamás te hayan querido por más besos de amor que te hayan dado:
Mira como la nieve se deslíe sin que apostrofe al sol su labio yerto;
cómo ansía las nubes el desierto sin que a ninguna su ansiedad confíe...
Trema como el Infierno, pero ríe! Vive la vida plena, pero muerto!

V MOLTISSIMO PIU AVANTI ANCORA!


Si en vez de las estúpidas panteras y los férreos estúpidos leones,
encerrasen dos flacos mocetones en esa frágil cárcel de las fieras,
no habrían de yacer noches enteras en el blando pajar de sus colchones,
sin esperanzas ya, sin reacciones,lo mismo que dos plácidos horteras.
Cual Napoleones, pensativos, graves, no como el tigre sanguinario y maula,
escrutarían palmo a palmo su aula, buscando las rendijas, no las llaves...
Seas el que tú seas ya lo sabes: a escrutar las rendijas de tu jaula! "

 

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martes, 17 de agosto de 2010

LA HISTORIA DE LA PRINCESA EITHLINN

Brid

En los tiempos antiguos, en la lejana tierra que hoy conocemos como Irlanda, más precisamente en un sitio llamado Tor Mor en la Isla de Tory[1], vivía Balor[2], el rey de Fomorian. (la tierra de los Formoreanos)

Este rey, cuando joven, había oído en una profecía Druídica que seria asesinado por su nieto. En cuanto nació su única hija, la bella Ethlinn[3], aterrado por el presagio decidió encarcelarla en un alto torreón inexpugnable que mando construir en un promontorio escarpado e inaccesible en la isla de Tory.. Este torreón se conoció como “el Tor Mor en Isla de Tory”.

Puso a la muchacha a cargo de doce matronas, que fueron encargadas estrictamente de impedirle que viera la cara de un hombre en su vida, e incluso hablarle de la existencia de estos seres de sexo diferente al suyo. Así fue como la pequeña creció convencida de que tan solo existían las mujeres.

Ethlinn creció y se convirtió en una doncella dulce, alegre y de increíble belleza, sin salir jamás de los confines de la torre. Siendo ya doncella pasaba horas y horas sentada junto a la ventana de su habitación viendo pasar navíos. Tanto quiso ver que su mirada se agudizó y así descubrió que estas naves eran conducidas por extraños seres en anda parecidos a ella o a las mujeres que la rodeaban. Por mucho que rogó y suplicó que le explicaran el misterio, sus compañeras se negaron a hacerlo, y un deseo irrefrenable de develar el secreto creció lentamente en el corazón de la princesa.

Para cuando la joven llegó a doncella, dio que vivían en tierra firme tres hermanos, muy especiales, pues se decía de ellos que poseían poderes divinos, llamados, Kian (o Cian), Sawan, y Goban[4] el herrero.

Kian tenía una vaca mágica, cuya leche era tan abundante que todo el mundo quería poseerla, por lo que la protegía con divino celo.

La noticia de esta vaca maravillosa llegó a oídos de Balor quien de inmediato quiso poseerla. Y como era un rey muy obstinado y cruel, cuando Kian se negó a regalársela. Balor buscó la forma para lograr su objetivo.

Un día Kian y Sawan llevaron a la fragua un magnífico acero fino para que su hermano Gobán construyera con él las mejores armas.

Kian entró en la fragua y dejó a Sawan, el menor, a cargo de la vaca.

En ese momento Balor, que llevaba tiempo espiándolos, apareció asumiendo la forma de un pelirrojo muchacho, y como quien no quiere la cosa entre un chisme y otro, le dijo al hermano menor que había oído por casualidad a los hermanos dentro de la fragua preparar un plan para usar todo el acero fino para sus propias espadas, dejando el metal común para las de Sawan.

Sorprendido y lleno de rabia el joven le dio el ronzal de la vaca al muchacho pelirrojo y entró corriendo dentro de la fragua para poner fin a esta vil estratagema.

Balor se llevó la vaca inmediatamente, y la arrastró por el mar hasta la Isla de Tory.

Al descubrir Kian la trampa del malvado decidió vengarse, y con este fin buscó consejo de una druidesa poderosa llamada Birog. (En algunas versiones se trata de una “leanan sídhe” (hada) y no de una druidesa, de todos modos en ambos casos era una mujer de conocimiento y poder)

Birog visitó con ropas de mujer al joven Kian y con hechizos mágicos lo llevó cruzando el ancho mar hasta la puerta misma de la torre donde vivía Ethlinn.

Llegados la druidesa y el joven ante el gran portón franqueado por fieros guardianes, Birog desplegando toda su seducción se presentó diciendo que eran dos nobles señoras que habían llegado hasta la costa escapando de un raptor, y rogaban refugio.

Al comprobar que se trataba de mujeres y que no existía prohibición alguna de darles asilo, las dejaron pasar. Una vez dentro fueron recibidas con alegría por las matronas, ansiosas de noticias del exterior, advirtiéndoseles sin embargo no mencionar ni una palabra sobre la existencia de hombres. Birog y su acompañante prometieron no infringir la prohibición y así lo hicieron.

Llegada la noche y concluida la cena Birog con un hechizo simple puso a dormir a las matronas mientras Kian se deslizaba en la habitación de la princesa Ethlinn y se presentaba en su verdadero aspecto.

Naturalmente la princesa se enamoró de inmediato, no se sabe si por la belleza del joven o por la sorpresa de lo desconocido; y como es costumbre en estos cuentos, los jóvenes yacieron juntos toda la noche, disfrutando el uno del otro y posiblemente revelándose mutuos secretos.

Cuando llegó la mañana y las matronas despertaron Kian y la Druidesa habían desaparecido sin dejar rastro alguno… Bueno si quedó un rastro en el vientre de Ethlinn, pero de eso se enteraron todos, incluso la princesa, con el correr de las lunas.

Temiendo la ira de Balor, las matronas la persuadieron de que todo había sido tan sólo un extraño sueño, y desde ese momento no se habló más del asunto. Pasaron las lunas, creció el vientre de la princesa y finalmente Ethlinn dio a luz trillizos.

Por mucho que guardias y matronas intentaron ocultar el hecho, la noticia llegó finalmente (no se sabe cómo), a los oídos del temible Balor.

Al enterarse, el rey estalló en furia aterrando a todos a kilómetros a la redonda, y de inmediato enojado y temeroso ordenó que los tres infantes fueran ahogados en un peligroso remolino lejos de la costa irlandesa.

El mensajero que fue encargado de llevar a cabo esta orden envolvió a los niños en una sábana, y ya estaba por arrojar el bulto en el lugar fijado, cuando el alfiler se soltó, y uno de los niños cayó en una pequeña bahía, conocida actualmente como "Port na Delig", o el Puerto del Alfiler, sin que el mensajero se diese cuenta, por lo que una vez que el bulto fue tragado por el remolino el hombre regresó a palacio a informar que su misión había sido cumplida. Balor, ya más tranquilo, pronto olvidó el asunto y se dice que nunca más supo de su hija.

Volvamos ahora al niño que había caído en la bahía. Apenas caer el pequeño fue protegido por las druidesas (o hadas), que lo llevaron a la casa de su padre, Kian.

En ese momento Kian estaba muy atareado (en tareas que les contaré en otro momento), por lo que entregó el niño a su hermano Gobán el forjador, para que el enseñara su oficio. Gobán que era un solitario se alegró de tener al niño al que llamó Lugh, y a quien con el paso de los años lo convirtió en un experto en cualquier tipo de habilidad y trabajo manual.

Cuando Lugh creció y se convirtió en un joven los Danaans lo pusieron a cargo de Duach, "La Oscuridad", el Rey de la Gran Llanura (El País de las hadas, o "La Tierra de los Vivos", que también es la Tierra de los Muertos), para que aprendiera las artes mágicas y el conocimiento de todas las cosas. Allí vivió hasta que alcanzo la virilidad.

Un día su tío vino en su busca y juntos fueron a trabajar como herreros en la fragua del rey Balor. El joven Lugh nada sabía de su historia por lo que no puso reparos en trabajar para el rey.

Un día Balar fue a la fragua y empezó a jactarse de sus hazañas, el joven herrero, a medida que lo escuchaba, por ese don de conocimiento mágico (llamado intuición) que poseen algunos seres, supo quién era él y tomando una barra que estaba enrojeciéndose en el fuego la enterró en el cráneo de Balor hasta destruir su ojo maligno, cumpliendo así la profecía al matar a su abuelo.


[1] La Isla Tory (Oileán Toraigh en gaélico) es una isla irlandesa situada a 12 kilómetros mar adentro de la costa noroeste del condado de Donegal. Su longitud es de más o menos 5 kilómetros y su amplitud de algo más de uno, y cuenta una población de cerca de 170 habitantes. La leyenda la encontramos en el libro apócrifo de historia irlandés Lebor Gabála Érenn, en el que se cuenta que Tory fue la sede de la torre de Conand, fortaleza de los fomorianos, más tarde derrotados por los nemedianos en la gran batalla de Irlanda. También se cuenta en este libro cómo el último rey fomoriano, Balor del ojo diabólico, vivió allí y el porqué encarceló a Ethlinn en una torre construida en Tor Mor, un islote enfrente de Tory.

[2] Balar o Balor, es el nombre irlandés de un personaje de la mitología celta. Pertenecía a la raza de dioses llamados los Fomoré. Poseía un ojo en la frente y otro en la parte posterior del cráneo, que era maligno y que habitualmente mantenía cerrado. Cuando lo abría, su mirada era mortal para aquel en quien la fijara. Esa mirada era el rayo.

Balar fue quien mató al rey de los Tuatha Dé Dannan (otra raza de dioses), Nuada, durante la Segunda Batalla de Magh Tuiredh. Lug, queriendo vengar a Nuada, se aproximó a Balar (cuyo ojo maligno se había vuelto a cerrar después de matar a Nuada). Al darse cuenta que Lug se le acercaba intentó volverlo a abrir. Pero Lug fue más rápido, le lanzó una piedra con su onda, que le dio en el ojo maligno, atravesándole el cráneo. Balar cayó muerto de inmediato. En algunas versiones Balar era abuelo materno de Lug, en otras lo era de su hijo que fue quien lo mató. En ambos casos podemos decir que murió en manos de su propia sangre.

[3] Ethniu, o Eithne o Ethné o también Ethliu, Ethlinn, es la hija del Líder Fomoriano Balor, y la madre de Lugh.

Su unión con Cian (Kian) de los Tuatha Dé Danann, se presenta en textos tempranos como una unión dinástica simple, pero el folclore posterior preserva un cuento más evolucionado, similar al nacimiento de Perseo en la mitología griega. Una leyenda registrada por John O'Donovan en 1835 cuenta esta historia que hoy les cuento. Comparando con textos como Cath Maige Tuired y el Lebor Gabála Érenn, el muchacho nombrado es evidentemente Lugh, y su padre, Mac Cinnfhaelaidh, es un sustituto de Cian.

[4] A ellos también se los conoce con otros muchos nombres como por ejemplo Gavida, Mac Samhtainn y Mac Kineely.

 

Si quieren ver algo sobre la diferencia entre Mitos y Leyendas vean acá.

Si quieren leer un mito griego similar a esta historia vean EL NACIEMIENTO DE PERSEO

 

miércoles, 11 de agosto de 2010

LAS GRUTAS DEL ILLIMANI

 

                     Leyenda de Bolivia.

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Cierto día un indiecito llamado Yucaré, mientras caminaba por las faldas de la montaña, encontró sobre las piedras un pequeño y pobre cóndor ensangrentado y sucio. Su primer impulso fue matarlo, pero enseguida sintió lástima; lo cogió y luego lo volvió al nido de donde había caído.

        -¡Gracias, muchas gracias! Sabrán mis padres que me has salvado -dijo el polluelo casi imperceptiblemente.

        Al otro día, al pasar junto a un precipicio, Yucaré vio que volaban hacia él dos enormes cóndores. Atemorizado, cogió un garrote y se preparó a luchar, pero cuando el cóndor se percató de lo que el niño se proponía, le gritó desde lo alto:

        -Nada temas amigo. Nada temas, no te haremos ningún daño; hemos venido sólo para agradecerte el haber salvado a nuestro hijito.

        Cuando Yucaré vio que, en efecto, no corría peligro alguno, se deshizo del garrote e invitó a la pareja de cóndores a posarse en el suelo. A su derecha se ubicó el cóndor y a la izquierda su señora.

        -Queremos agradecerte -dijo papá cóndor.

        Y la hembra de inmediato preguntó:

        -¿Qué deseas? ¿Qué te gustaría hacer?

        El indiecito reflexionó mucho antes de contestar. Y luego dijo: 

       -Llévenme a la cima del Illimani. Nada más bello que volar, volar y contemplar la Tierra desde lo alto.

        -Muy bien -dijo la hembra.

Y convinieron en encontrarse al día siguiente para realizar el deseo del joven indio.

        En la mañana, como habían acordado, Yucaré montó en el lomo de mamá cóndor. Esta corrió entonces, algunos metros, batió las alas y comenzó a elevarse poco a poco. Instantes después ya no podía verse la tierra: una espesa neblina cubría el cielo. Volaban y volaban cada vez más alto; el frío entumecía los huesos, pero el ascenso continuaba. Y volaron y volaron hacia la cima del Illimani.

Al llegar, Yucaré se despidió de sus buenos amigos y continuó por la escarpada superficie. Después de una agotadora faena, se encontró con una misteriosa gruta, donde penetró con curiosidad y dificultad. Al principio nada podía ver, pues la luz era escasa, pero le pareció ver en la penumbra, las siluetas de un hombre y una mujer sentados y apoyados contra la pared. Tenían los brazos cruzados. El oro de sus pulseras relucía en sus brazos, igual que las vajillas y copas de plata que les rodeaban.

        Yucaré estaba impresionado y durante un rato dudó. Luego al ver que las siluetas no se movían, se acercó con cautela y descubrió que llevaban siglos sentados allí con sus párpados cerrados y su rostro sereno.

Continuó internándose en la misteriosa gruta. En un largo camino, encontró una bolsa con cuchillos y flechas, plumas y grandes trozos de resina, que puso en un plato de greda y encendió. Ya con luz, el valeroso niño se internó, lleno de curiosidad, en lo más profundo de la montaña.

        Bajó hasta llegar a una gran cámara donde había husos e hilados de gran colorido, alforjas tejidas en telar, y muchísimos otros objetos de estilo incaico de gran valor. Maravillado continuó descendiendo, pero en las húmedas gradas perdió el equilibrio, resbaló y cayó. El plato se hizo mil pedazos y ya no tuvo más luz.

        Después de lanzar algunos gritos desesperados, el indiecito observó que la gruta no estaba completamente a oscuras. Desde un extremo se divisaba una ligera claridad. Con mucho esfuerzo, comenzó a caminar y después de mucho, encontró una galería de túneles subterráneos que lo condujo a una nueva gruta, iluminada por el sol. Alborozado se dirigió a la salida, quedando cegado momentáneamente por la luminosidad.

        En la madrugada del día siguiente el resuelto y valiente Yucaré estaba de vuelta en casa. A nadie le quiso contar de los tesoros que encontró en las grutas del Illimani, para no despertar la codicia y ambición entre sus hermanos. Y no lo hizo hasta muchísimos años más tarde.

 

        Muchos son los hombres que se han arrimado hasta las grutas del Illimani, pero ninguno ha podido encontrar el inmenso tesoro oculto allí por los incas. No obstante, la riqueza permanece en ese lugar desde hace siglos.

Vocabulario:

Illimani (1): Cumbre en la cordillera de Los Andes de Bolivia de 6710 metros.

Illimani (2): Voz indígena para designar al cóndor.

martes, 10 de agosto de 2010

EL LORO, EL MORO, EL MICO Y EL SEÑOR DE PUERTO RICO

Un trovador que me ha dado placer y me ha hecho reír
Cerrando los ojos una se puede imaginar en otro tiempo, de pie en una plaza, o sentada en un círculo de curiosos, escuchando los cantos y cuentos de esos tantos trovadores o juglares que andaban los caminos tejiendo puentes con sus sonidos.

Crispin d'olot

lunes, 9 de agosto de 2010

El Otro

Hoy vi un corto y me quede pensando…. O quizás debería decir por que estaba “pensando en….” Di con este corto… ¡Quién sabe!

Cada uno de nosotros somos cajas de sorpresas, baúles de Pandora, misterios insondables… En un mismo cuerpo almacenamos horrores y maravillas, izquierdas y derechas, afirmaciones y negaciones, matojos de contradicciones que afortunadamente podemos simular desconocer siempre gracias a la existencia de “los otros”
Y sí… seguro que es “el otro” quien tiene la culpa, él que agrede, envidia, codicia, el que no hace lo que quisiéramos y nos fastidia, pero claro…también es “el otro” de quien nos enamoramos, con quien compartimos, aquel que nos enseña y nos cuida….
Afortunados y condenados somos criaturas sociales que a tropezones cada día intentamos convivir con ese y esos “otro, otros”, del mejor modo incluso cuando se nos hace difícil.
Pero… (siempre hay un pero) cuando se trata de congeniar, reconocer, aceptar y querer a ese “otro” que vive en nosotros ¡uy! ¡Cómo se complica! Porque a nadie le gusta ser el lado oscuro de sí mismo y a nadie le sale ser sólo su lado luminoso (aunque muchos lo crean). Vivir es jugar esta intensa pulseada entre nuestras luces y nuestras sombras, construyendo los colores con que vamos pintando nuestra historia.
Creo que la locura, la dañina locura es esta facilidad con que olvidamos que son nuestros gestos (mentales, emocionales, corporales, verbales…) los que definen los colores y modelan los sentidos.

Los dejo con el corto….


L'autre (El otro) es una animación de Clovis Gay, Tanya Aydostian y Alexandre Hérault, un trabajo de la School of Animated Trades, de Angoulême, Francia, realizado en el 2008.




CAMINANDOCUENTOS

¡¡¡Una bellísima idea que bien vale conocer y compartir!!!

INVITACION HILANDERAS

Quedan todas invitadas a enviar su historia.

El propósito de "contarnos" es extender lo que se necesite en cada rincón de este mágico planeta, para que cada mujer, viva donde viva, sea el soporte, la caricia, el espejo, la esperanza... de otra.

Pensándonos como un inmenso tejido, como un hilo que hecho a rodar desde esta ruidosa Buenos Aires, (sin que la situación geográfica sea importante, sino sólo una anécdota), para que otra mujer tome en Mar del Plata, Barcelona, Ciudad Juárez o Purmamarca...

Desde aquí envío el primer ovillo con los primeros puntos tejidos y una historia. Quién se anime y desee continuarlo, sólo tiene que pedirlo y allá volará...

Tejamos el paño más extenso del planeta, que demuestre que no hay fronteras, que no hay reglas ni prohibiciones, que no hay muerte ni desesperanza capaz de acallar a una mujer...

¿Quién podría pararnos entonces a TODAS JUNTAS?

TEJAMOS JUNTAS CON EL MÁS INMENSO AMOR, LA PAZ QUE ESTE PLANETA NECESITA YA.

María Fernanda Gutiérrez nos invita

El próximo 21 de agosto, damos inicio a la hermosa continuidad de “”, un sueño de historias compartidas que empezó a mediados del 2007 y hoy suma un ingrediente y otro vuelo...por eso decidí proponerles esto:  El 21 de agosto saldrá desde Buenos Aires, un tejido sin rumbo que pasará por todas las manos que lo deseen con la única condición que después de haber tejido unas vueltas, regalen una historia a este cuento...

Hay una intención femenina en esto... "la del nido que contiene desde la templanza del amor", si algún hombre hace trampa y teje... será bienvenido, por supuesto. la consigna: "Historias para construir la PAZ y la TOLERANCIA en el planeta" por este medio y a través del blog de las hilanderas  o enviándoles un mail a: hilanderas@yahoo.com,  les contaremos la forma de participar, mujeres de 18 países ya desean tejer y contar; ayuden a difundir la idea y sean parte, para tejernos, hilarnos, compartir los matices de una historia, de un relato en un instante pequeño e inmenso de silencios, sonrisas, miradas e hilos que se entrelazan, como sólo debieran entrelazarse nuestras vidas para construir en comunión y respeto la PAZ que todos necesitamos...

                                                     ¡¡¡SUERTE TEJEDORAS!!!

domingo, 8 de agosto de 2010

La mirada y la imaginación

Apenas parpadeé y al abrir los ojos medio año se había escurrido dejando huellas difusas en mi memoria que de tan apresurado que tiene el paso, presionado por los tantísimos imponderables cotidianos, hasta ha olvidado cobijar esos dulces titilares de los bellos instantes.
Me detengo.
Respiro profundo y recuerdo que soy más allá de lo cotidiano. Más allá de imponderables y previsibles. Más allá de obstáculos y logros.
Lo recuerdo y me abrazo (hace falta abrazarse de tanto en tanto). En la calidez de este instante dejo que el tiempo se desvanezca, me apropio del presente y comparto este bello pensamiento…..

El árbol que mueve algunos a lágrimas de felicidad,
en la Mirada de otros no es más que un objeto Verde
que se interpone en el camino.
Algunas personas Ven la Naturaleza como algo Ridículo y Deforme,
pero para ellos no dirijo mi discurso;
y aun algunos pocos no ven en la naturaleza nada en especial.
Pero para los ojos de la persona de imaginación,
la Naturaleza es imaginación misma.
Así como un hombre es, ve.
Así como el ojo es formado, así es como sus potencias
quedan establecidas.
William Blake Carta al Dr. Trustler [23 agosto 1799]

De eso se trata todo…de cómo miramos, de qué vemos…y sobre todo cuánto abrimos el corazón para construir las palabras que nacen en nuestros ojos, recorren el laberinto de nuestro ser y fluyen entretejiendonos a los unos con los otros.

martes, 3 de agosto de 2010

LAS APUESTAS

 (Cuento Mapuche)

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Hubo un gran machitún, dicen; una fiesta muy grande, y todos los indios vinieron a la fiesta. De todas partes vinieron, con sus mujeres, sus hijas.

        Indios muy ricos vinieron; caciques montados sobre grandes caballos con montura de plata, cinturones de plata, todito de plata, dicen.

        Vino también un indiecito pobre.

        -Espero ganar plata -dijo, dicen-, mucho sé de apuestas.

        Así lo dijo, dicen.

        Vino un cacique rico con su hija. Muy bonita era esta hija y muy rico era lo que llevaba puesto. El padre tenía un bonito caballo con rica montura, espuelas de plata, riendas de plata. Mucho le gustaba el caballo al indiecito y también le gustaba la hija del hombre rico. Dicen que le gustaba.

        -Apostaremos -dijo el hombre rico al pobre-, apostaremos. ¿Cuánto quieres?

        -Yo no tengo nada -dijo, dicen, el hombre pobre-, sólo puedo apostar mi trabajo.

        -Bueno -dijo entonces el hombre rico-, yo apuesto tres vacas con sus terneritos.

        -Diga la apuesta, pues -dijo, dicen, el indiecito.

        -Me convidó un amigo a comer en su casa. Tú me quitarás la comida del plato sin tocarlo con tus manos.

        Eso dijo el hombre rico.

        Entonces se subió el indiecito en el techo de la ruca donde el rico iba a comer y esperó a que éste se sentara a la mesa. Abrió un agujero en el techo, dicen, sin que nadie lo viera.

        Le sirvieron al rico un gran plato de comida. Muy lleno, dicen, estaba el plato y cuando iba a empezar a comer el indiecito le arrojó una piedra en el plato. Desde el techo hizo esto el indiecito. Una piedra muy grande, dicen. Toda la comida saltó fuera del plato.

        Furiosos estuvo el rico, pero no le quedó otra sino que pagar las vacas y los terneritos.

        -Apostaré otra vez -dijo el rico-. Te daré mis ovejas si me sacas de mi cama sin tocarme.

        -Bueno, pues -dijo, dicen, el indiecito.

        A la noche, dicen, se fue a acostar el rico a la casa de otro cacique. Entonces el indiecito, que lo había seguido, recogió todas las hormigas de un hormiguero. En un saco las recogió y se trepó sobre el techo de la ruca e hizo un agujero encima de la cama del hombre rico. Cuando estuvo dormido el hombre rico, vació, dicen, todas las hormigas encima de la cama y todas corrían, dicen, por la cara del rico y se le metían por la ropa y lo picaban.

        Como loco salió corriendo el hombre rico. Entonces el indiecito saltó por el agujero y se llevó la cama. Al amanecer volvió el rico que había ido a bañarse al río para quitarse las hormigas.

        -Yo le gané -dijo, dicen, el indiecito, y el rico tuvo que darle sus ovejas. Tuvo que darlas no más, dicen.

        -Apostaré otra vez -dijo el rico-. Te daré mi caballo si consigues bajarme sin tocarme.

        -Bueno, pues -dijo el indiecito-, yo lo haré.

        Salió el indiecito y se fue a cortar quiscos y después los amarró a la cola del caballo sin que el rico lo notara. Montó, dicen, el rico en su caballo y le clavó las espuelas de plata. Estaban entonces a orillas de un río grande y apenas corrió el caballo los quiscos empezaron a clavarle. Corcoveó entonces, dicen, y se tiró al río con su jinete y para no ahogarse el rico soltó las riendas de plata y abandonó su caballo, nadando hacia la orilla. Al caballo se lo llevó el río, dicen.

        Salió nadando el rico y el indiecito le cobró el precio de la apuesta. Entonces, dicen, no pudo el rico darle el caballo, por lo que se vio obligado por todos, a darle a su hija para que se casara con ella. Fue feliz esta indiecita, dicen.

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Vocabulario:

Cacique: Jefe indio, personaje con ascendiente sobre el pueblo.

Machitún: Fiesta, reunión o ceremonia de los mapuches, con algún fin comunitario. El machitún, esta precedido por la Machi, especie de curandera.

Ruca: Construcción sencilla de madera y ramas usada por los pueblos indios.

Quisco: También se le llama cardo. Nombre común de varias plantas espinosas

Algo acerca de los Mapuches

Pueblo originario del actual Chile. Ocupó desde la región de Coquimbo, hasta el sur en la zona de Puerto Montt. Su lengua -definida como sonora, dulce y rica-, ha dejado muchos vocablos en el español y en el hablar común de los chilenos.
Su origen mítico se sitúa en la lucha entre las serpientes Kai Kai y Ten Ten, pelea que derivó en un diluvio que duró ‘más de tres meses’ y que les obligó a refugiarse en un cerro cerca del río Biobío a partir del cual poblaron la Tierra. 
A la llegada de los conquistadores, superaban el millón de personas y nunca pudieron ser dominados por los españoles, cuyas poblaciones, siempre sufrieron de las incursiones de un pueblo valeroso y orgulloso de su libertad (que mantuvo por trescientos años). Le  provocaron a la corona, las mayores pérdidas en  sus afanes de conquista.
Fue el Estado chileno, quien definitivamente los doblegó militarmente. Actualmente hay un fuerte movimiento de recuperación de sus aspectos culturales, su reconocimiento como etnia y de recuperación de sus tierras, que era la base de sus economía. 
Mapuche, por cierto, significa "gente de la tierra".

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