lunes, 21 de octubre de 2013

Noticias sobre el El VI Congreso Internacional de la Lengua Española, que se celebra en Panamá

Panamá  da la bienvenida al VI Congreso Internacional de La Lengua Española

Para aquellos que tengan interés y no hayan podido participar les comparto el programa del congreso y el link para que puedan oír algunas de las ponencias brindadas hasta el día d  hoy. Hay mucho tema interesante que vale la pena compartir, ya contaré más…

Mañana habrá una charla debate entre Mario Varga Llosa y Rosa Montero, ya les contaré

El VI Congreso Internacional de la Lengua Española, que se celebra en Ciudad de Panamá del 20 al 23 de octubre de 2013, continúa la tarea de los congresos de Zacatecas (1997), Valladolid (2001), Rosario (2004), Cartagena de Indias (2007) y Valparaíso (2010), y forma parte del programa de conmemoraciones del Quinto Centenario del Descubrimiento del Océano Pacífico.

 

Programación

El VI Congreso Internacional de la Lengua Española, que se celebra en Ciudad de Panamá del 20 al 23 de octubre de 2013, continúa la tarea de los congresos de Zacatecas (1997), Valladolid (2001), Rosario (2004), Cartagena de Indias (2007) y Valparaíso (2010), y forma parte del programa de conmemoraciones del Quinto Centenario del Descubrimiento del Océano Pacífico.

Bajo el lema «El español en el libro: del Atlántico al Mar del Sur», el Congreso reúne a profesionales y expertos de todos los países hispanohablantes y de otras zonas del mundo. El programa académico se articula en torno a cuatro ejes temáticos: «El libro entre el Atlántico y el Pacífico»; «La industria del libro»; «Libro, lectura y educación» y «El libro entre la creación y la comunicación».

Por primera vez, el VI CILE cuenta con una edición virtual, en la Red, paralela a las sesiones presenciales, que le confiere una nueva dimensión universal.

La programación académica se complementa con diversas actividades culturales y docentes que pretenden enriquecer el debate en torno a la lengua española, que hablan cerca de 500 millones de personas en el mundo. El Gobierno de Panamá, la Real Academia Española, con la Asociación de Academias de la Lengua Española, y el Instituto Cervantes, instituciones organizadoras, se honran en presentar este rico programa académico y cultural con el fin de promover la reflexión y el análisis sobre el pasado, el presente y el futuro del libro escrito y publicado en lengua española.

Todos los actos del congreso se celebran en el Centro de Convenciones ATLAPA (San Francisco, Ciudad de Panamá).

 

Y aquí tienen acceso directo a algunas de las ponencia

http://virtual.cile.org.pa/

jueves, 10 de octubre de 2013

Pérdidas

http://3.bp.blogspot.com/_2HYrAC_OpFE/TNnx9nndLpI/AAAAAAAALic/SxQlQwtzvqk/s400/Javier-Garcia-Ure%25C3%25B1a_Elemental-Agua_298px.jpg

La imagen es Mujer de Agua (Javier García Ureña) tomada de http://www.dibujantes.org/EN/index_EN.html

 

 

Ella se fue encogiendo tan lentamente que nadie se dio cuenta.

Nadie salvo yo.

Primero se le contrajo la risa, dejando en su boca un simulacro de pálida sonrisa que casi enseñaba la punta de los dientes.

Luego fue la mirada, que nubló el afuera y se refugió en algún intersticio de su interioridad.

Más tarde fueron sus oídos que apagando frecuencias apenas si respondían correctas arbitrariedades o, en ocasiones, onomatopeyas conformistas.

Su cuerpo se estrechó hasta vaciarse de espacio. Deambulaba sin ruido, sin aromas, convertida en una pequeñez de sí misma.

Un día de pronto supe que ya no estaba entre nosotros. Nos dejó el fantasma de su reflejo, ¡ni siquiera el reflejo completo!

Nadie se dio cuenta.

Nadie salvo yo.

Entonces aulló, y sus lágrimas, saltando como gigantescas oleadas, ahogaron a todos los que no habían visto nada.

Salvo yo, que volví a sonreír.

©Ana Cuevas Unamuno

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jueves, 29 de agosto de 2013

Cuento: Kali decapitada

 

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Un cuento de Marguerite Yourcenar (Francia)

Kali, la terrible diosa, merodea por las llanuras de la India.
Puede vérsela simultáneamente en el Norte y en el Sur, y al mismo tiempo en los lugares santos y en los mercados. Las mujeres se estremecen al verla pasar, los hombres jóvenes, dilatando las ventanas de la nariz, salen a la puerta para verla, y los niños recién nacidos ya saben su nombre. Kali, la negra, es horrible y bella. Tan delgada es su cintura que los poetas que la cantan la comparan con la palmera. Tiene los hombros redondos como el salir de la luna de otoño; unos senos turgentes como capullos a punto de abrirse; sus muslos ondean como la trompa del elefante recién nacido, y sus pies danzarines son como tiernos brotes. Su boca es cálida, como la vida; sus ojos profundos, como la  muerte. Tan pronto se mira en el bronce de la noche como en la plata de la aurora o en el cobre del crepúsculo, y se contempla en el oro del mediodía. Pero sus labios no han sonreído jamás; un collar de huesecillos rodea su alto cuello y en su rostro, más claro que el resto del cuerpo, sus grandes ojos son puros y tristes. El rostro de Kali, eternamente mojado por las lágrimas, está pálido y cubierto de rocío como la faz inquieta de la mañana.
Kali es abyecta. Ha perdido su casta divina a fuerza de entregarse a los parias y a los condenados, y su rostro, al que besan los leprosos, se halla cubierto de una costra de astros. Se aprieta contra el pecho sarnoso de los camelleros procedentes del Norte, que nunca se lavan a causa de los grandes fríos; se acuesta en los lechos infectados de piojos con los mendigos ciegos; pasa de los brazos de los Brahmanes al abrazo de los miserables raza fétida, deshonra de la luz encargados de bañar los cadáveres; y Kali, tendida en la sombra piramidal de las hogueras, se abandona sobre las tibias cenizas. Ama asimismo a los barqueros, que son fuertes y ásperos; acepta hasta a los negros que sirven en los bazares, a quienes se azota más que a las bestias de carga; frota su cabeza contra sus hombros, cuajados de rozaduras por el ir y venir de los fardos. Triste como una enferma con fiebre que no consiguiera encontrar agua fresca, va de pueblo en pueblo, de encrucijada en encrucijada, a la búsqueda de los mismos monótonos deleites.
Sus piececitos bailan frenéticamente, moviendo las ajorcas, que tintinean, pero sus ojos no cesan de llorar, su boca amarga nunca besa, sus pestañas no acarician las mejillas de los que la abrazan, y su rostro permanece eternamente pálido como una luna inmaculada.                          
Hace mucho tiempo, Kali, nenúfar de la perfección, se sentaba en el trono del cielo de Indra como en el interior de un zafiro; los diamantes de la mañana brillaban en su mirada y el universo se contraía o se dilataba según los latidos de su corazón.
Pero Kali, perfecta como una flor, ignoraba su perfección y, pura como el día, no conocía su pureza.
Los dioses celosos acecharon a Kali una noche de eclipse, en un cono de sombra, en el rincón de un planeta cómplice. Fue decapitada por el rayo. En vez de sangre, brotó un chorro de luz de su nuca cortada. Su cadáver, dividido en dos trozos y arrojado al Abismo por los Genios, rodó hasta llegar al fondo de los Infiernos, por donde se arrastran y sollozan aquellos que no han visto o han rechazado la luz divina. Sopló un viento frío, condensó la claridad que se puso a caer del cielo; una capa blanca se acumuló en la cumbre de las montañas, bajo unos espacios estrellados donde empezaba a hacerse de noche. Los dioses monstruos, el dios ganado, los dioses de múltiples brazos y múltiples piernas, semejantes a unas ruedas que dan vueltas, huían a través de las tinieblas, cegados por sus aureolas, y los Inmortales, despavoridos, se arrepintieron de su crimen.
Los dioses contritos bajaron del Techo del Mundo hasta el abismo lleno de humo por donde se arrastran los que existieron. Franquearon los nueve purgatorios; pasaron por delante de los calabozos de barro y de hielo en donde los fantasmas, roídos por el remordimiento, se arrepienten de las faltas que cometieron, y por delante de las prisiones en llamas donde otros muertos, atormentados por una codicia vana, lloran las faltas que no cometieron. Los dioses se sorprendían al hallar en los hombres aquella imaginación infinita del Mal, aquellos recursos y aquellas innumerables angustias del placer y del pecado. Al fondo del osario, en un pantano, la cabeza de Kali sobrenadaba como un loto, y sus largos y negros cabellos se extendían a su alrededor como raíces flotantes.
Recogieron piadosamente aquella hermosa cabeza exangüe y se pusieron a buscar el cuerpo que la había llevado. Un cadáver decapitado yacía en la orilla. Lo cogieron, colocaron la cabeza de Kali encima de aquellos hombros y reanimaron a la diosa.
Aquel cuerpo pertenecía a una prostituta, ajusticiada por haber tratado de entorpecer las meditaciones de un Brahman. Sin sangre, aquel cadáver parecía puro. La diosa y la cortesana tenían ambas, en el muslo izquierdo, el mismo lunar.
Kali no volvió, nenúfar de perfección, a sentarse en el trono del cielo de Indra. El cuerpo, al que habían unido la cabeza divina, sentía nostalgia de los barrios de mala fama, de las caricias prohibidas, de los cuartos en donde las prostitutas meditan secretas orgías, acechan la llegada de los clientes a través de las persianas verdes. Se convirtió en seductora de niños, incitadora de ancianos, amante despótica de jóvenes, y las mujeres de la ciudad, abandonadas por sus esposos y considerándose ya viudas, comparaban el cuerpo de Kali con las llamas de la hoguera. Fue inmunda como una rata de alcantarillas y odiada como la comadreja de los campos. Robó los corazones como si fueran un pedazo de entraña expuesto en los escaparates de los casqueros. Las fortunas licuadas se pegaban a sus manos como panales de miel. Sin descanso, de Benarés a Kapilavistu, de Bangalor a Srinagar, el cuerpo de Kali arrastraba consigo la cabeza deshonrada de la diosa, y sus ojos límpidos continuaban llorando
Una mañana, en Benarés, Kali, borracha, haciendo muecas de cansancio, salió de la calle de las cortesanas. En el campo, un idiota que babeaba tranquilamente sentado en un montón de estiércol se levantó al verla pasar y se echó a correr tras ella. Ya sólo le separaba de la diosa la longitud de su sombra. Kali aminoró el paso y dejó que el hombre se acercara.                                          
Cuando él la dejó, emprendió de nuevo el camino hacia una ciudad desconocida. Un niño le pidió limosna; ella no le avisó de que una serpiente dispuesta a morder se erguía entre dos piedras. Sentía un gran furor contra todo ser viviente y al mismo tiempo un deseo atroz de aumentar con ello su sustancia, de aniquilar a las criaturas saciándose con ellas. Se la pudo ver en cuclillas junto a los cementerios; su boca masticaba los huesos como los dientes de las leonas. Mató como el insecto hembra que devora a sus machos; aplastó a los hijos que paría como una cerda que se revuelve contra su carnada. Y a los que exterminaba, los remataba después bailando encima de ellos. Sus labios, maculados de sangre, exhalaban el mismo olor insípido de las carnicerías, pero sus abrazos consolaban a sus víctimas y el calor de su pecho hacía olvidar todos los males.
En la linde de un bosque, Kali tropezó con el Sabio.
Se hallaba sentado, con las piernas cruzadas, con las palmas unidas, y su cuerpo descarnado estaba tan seco como la leña preparada para encender la hoguera. Nadie hubiera podido adivinar si era muy joven o muy viejo; sus ojos, que todo lo percibían, apenas eran visibles por debajo de sus párpados medio cerrados. La luz se disponía en torno a él en forma de aureola, y Kali sintió subir de las profundidades de sí misma el presentimiento del gran descanso definitivo, parada de los mundos, liberación de los seres, día de bienaventuranza en que la vida y la muerte serían igualmente inútiles, edad en que Todo se resorbe en Nada, como si esa pura nada que acababa de concebir se estremeciera en ella a la manera de un futuro hijo.
El Maestro de la gran compasión levantó la mano para bendecir a la que pasaba.
-Mi cabeza muy pura fue soldada a la infamia-dijo ella. Quiero y no quiero; sufro y, no obstante, gozo; me da horror vivir y miedo morir.
-Todos estamos incompletos- dijo el Sabio. -Todos nos hallamos divididos y somos fragmentos, sombras, fantasmas sin consistencia. Todos creemos llorar y gozar desde hace siglos.
-Yo fui diosa en el cielo de Indra- dijo la cortesana.
-Y tampoco estabas libre del  encadenamiento de las cosas, y tu cuerpo de diamante no estaba más resguardado de la desgracia que tu cuerpo de barro y carne. Tal vez, mujer sin ventura, al errar deshonrada por los caminos te hallas más cerca de acceder a lo que no tiene forma.
-Estoy cansada- gimió la diosa.
Entonces tocando las trenzas negras y manchadas de ceniza con la punta de los dedos, dijo el Sabio:
-El deseo te enseñó la inanidad del deseo; el arrepentimiento te enseña la inutilidad de arrepentirte. Ten paciencia, ¡oh, Error!, del que todos formamos parte... ¡Oh, Imperfecta!, en quien la perfección toma conciencia de sí misma, ¡oh Furor!, que no eres necesariamente inmortal...

Si quieres oir este cuento contado aquí lo tienes



Si quieres oir otros audios puedes visitarme en mi canal de Ivoox:
http://www.ivoox.com/mis-audios_hn.html#
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martes, 27 de agosto de 2013

Cuento; Santa Bernardina del Monte

 

Cuento de Leo Maslíah (Uruguay)

 

Para ahorrar energía eléctrica, las autoridades de Santa Bernardina del Monte dispusieron que a la cero hora del día veinticinco los relojes se atrasaran una hora, pasando a marcar las veintitrés horas del día veinticuatro. De este modo la gente que tuviera que levantarse a la hora siete del día veinticinco no tendría que prender ninguna luz, ya que en realidad serían las ocho y el sol estaría ya en plena actividad.
Cuando llegó el momento -la cero hora del día veinticinco- la gente de Santa Bernardina del Monte, obediente como era, atrasó sus relojes una hora. Fueron entonces -o volvieron a ser- las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después, los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco. La gente de Santa Bernardina del Monte, obediente como era, atrasó sus relojes una hora. Volvieron a ser entonces las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después, los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco.
-¿Qué hago, mamá? -preguntó un joven- ¿atraso el reloj?
-Por supuesto, hijo: debemos ser respetuosos de las disposiciones de la autoridad - contestó la madre.
Todos los habitantes de Santa Bernardina del Monte obraron en consecuencia con ese precepto. Pero una hora después los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco. Nuevamente los pacíficos habitantes de Santa Bernardina del Monte atrasaron sus relojes una hora. Se pusieron entonces a esperar el transcurso de los sesenta minutos que faltaban para volver a atrasar los relojes. Pero algunos tenían sueño y se fueron a dormir, no sin antes dejar turnos establecidos de tal modo que siempre hubiera alguien despierto a la hora de atrasar el reloj.
A la mañana siguiente seguían siendo las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después era la cero hora del día veinticinco, e inmediatamente después volvían a ser las veintitrés del día veinticuatro. Faltaban nueve horas para que abrieran las oficinas y los comercios. Una hora después faltaban ocho, pero en menos tiempo del que tardaba un gallo en cantar -y efectivamente había muchos gallos haciéndolo- volvían a faltar nueve.
Los habitantes de Santa Bernardina del Monte, de mantenerse este estado de cosas, habrían muerto de inanición. Sin embargo muy otra fue la causa de su muerte. Tres días después del cambio de hora, un funcionario del gobierno central que pasaba por el pueblo interpretó la actitud de los lugareños como huelga general por tiempo indeterminado, y dio parte de ello a sus superiores. Poco después, diez mil soldados entraron con helicópteros y tanques a Santa Bernardina, aniquilando a los insurrectos. Los relojes del pueblo, entonces, quedaron divididos en dos categorías: los que averiados por las balas, estaban clavados en una hora entre las veintitrés y las veinticuatro, y los que seguían marchando libremente, pudiendo llegar hasta más allá de la cero hora sin que nadie los tomara por las agujas para atrasarlos. De todos modos algunas horas después ellos solitos volvían a marcar las veintitrés, como si sintieran nostalgia de sus disciplinados dueños, que en paz descansen.

Esta es la página oficial de Leo Maslíah (Uruguay)

Breve reseña sobre su obra

Músico y escritor uruguayo nacido en Montevideo en 1954. Estudió piano y composición. En 1974 se presentó por primera vez en público como solista de órgano interpretando un concierto de Haendel. A partir de 1978 desarrolla una intensa actividad como autor e intérprete de música popular. En el 2008 ganó en Argentina el Premio Gardel al mejor álbum instrumental por su disco Árboles. Como escritor publicó cerca de 40 libros, entre los que se cuentan novelas, recopilaciones de cuentos y obras de teatro. En 1994 fue nominado por la Fundación Konex entre las cien mejores figuras de las letras argentinas de la década 1984-1994. Su obra Telecomedia fue distinguida con el Premio del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay, en el año 2000.
Entre sus libros publicados se encuentran las novelas Historia transversal de Floreal Menéndez (1985), Tarjeta roja (1991), Mentirillas  (1993), Ositos (1997), Líneas  (1999), Servicio de Habitación (2002). Y las colecciones de relatos Un detective privado ante algunos problemas no del todo ajenos a la llamada "música popular" (1984), Teléfonos públicos (1987), La tortuga (1990), La mujer loba ataca de nuevo (1992), La miopía de Rodríguez (1994), Carta a un escritor latinoamericano y otros insultos (2000), Horóscopos y otras sentencias (2003), Cuentos impensados (2008).
Santa Bernardina del Monte pertenece a La tortuga, publicado por Ediciones de la Flor.

domingo, 25 de agosto de 2013

Carta de una Mujer Indígena

Me lo envío un gran amigo y lo comparto pues me identifico con estas sabias palabras

 

 

Soy una mujer indígena, hija de la tierra y el sol,
pertenezco a una raza con una cultura milenaria que hoy conservo como
un tesoro…


Convivo con lo que me rodea, con la lluvia, el viento, la montaña, el cielo…


Soy feliz en estas soledades…
tengo tiempo para contar las estrellas,
tiempo para poner mis sueños al día,
para danzar con los pájaros sintiendo el aire fresco del amanecer
y hablar en silencio con los animales, con las plantas, con los espíritus…


Sé sembrar con la Luna los frutos del alimento,
teñir la lana para hacer el tejido,
hacer medicina como me enseñó mi abuela,
cantar al nuevo día.


Sé amasar sencillamente con fidelidad y con ternura…

Soy mujer indígena, mujer como la Madre tierra,
fértil, callada, protectora y fuerte.


Yo no sé de economía, ni de bancos, ni de política ni subvenciones.
Pero si sé cuando mi mundo está en peligro
y sé cuándo las cosas son buenas o no.


No entiendo de muchas cosas,
a la gente del gobierno que vienen con muchas promesas,
palabras de aire cuando hay elecciones y después nada,
a los que vienen a querer cambiar mi mundo, mis vestidos, mi espiritualidad…

los que roban, los que experimentan con mis hijos,
o les sacan sus órganos para los winkas ricos,
los que mienten, los que me sacan las tierras, los que me explotan,
los que intercambian mi arte y mis tejidos por comida o alcohol
y me pagan una miseria por el trabajo de meses
para venderlos en las ciudades lejanas de Europa.


No entiendo a los que se hacen mis amigos para sacarme conocimientos,
los que vienen con grandes máquinas para talar el bosque,
los que agujerean la tierra para sacarle su sangre,
los que esconden en la comunidad basura en bidones para contaminarnos,
los que nos ponen vacunas, los que experimentan con mi sangre,
los que tienen buena fe y creen que vienen a ayudarme a integrarme poniéndome cables de luz
y trayendo la “caja boba” para confundirme,
los que me ponen zapatos,
los que quieren cambiar mis costumbres ancestrales,
los que me miran como un bicho raro y me sacan fotos,
los que quieren que baile por dinero,
los que vienen con muchas palabras bonitas a hacer iglesias
en nuestros lugares sagrados,
los que intentan esclavizarme con dependencias ajenas a mi cultura,
los que entran armados en nuestras tierras para echarnos,
a los extranjeros que vienen de vacaciones
de guerrilla a enfrentarme con los militares y luego
se van protegidos a sus lejanas tierras…
a veces las cosas se ponen peor para nuestra gente, nos apresan, nos matan…


Tampoco entiendo a los que me desprecian,
los que me ignoran,
los que no les importo nada y me roban todo, hasta mi dignidad…


Soy mujer indígena y sé lo que quiero…
cambiar cosas, esas cosas que duelen dentro
y se van agrandando como la impotencia, el desamparo,
la destrucción, las palabras incumplidas, el desamor
y ese sentimiento de estar siendo violada constantemente.


Quiero gritar
¡Déjenme en paz!… Quiero seguir viviendo así
simplemente, con la tierra y mi gente,
la que ríe, la que crea,
la que vibra la vida así como es, sin alterar las cosas,
la que comparte, la que acaricia,
la que no tiene prisa y ama sin esperar nada,
la que no se aburre…


Quiero que me respeten,
soy mujer de la tierra, fuerte como el árbol
que resiste al viento como el junco en la corriente,
firme como la montaña más alta, frágil como el colibrí
y dulce como los atardeceres.


Soy mujer indígena, hija de la tierra y el sol
y aunque no entienda muchas cosas,
se lo que quiero, tengo esperanza y sé que las cosas
van a cambiar.

lunes, 19 de agosto de 2013

Credo de J.G. Ballard

Hace ya mucho encontré este escrito y me atrapó, ha pasado tiempo y he vuelto a reencontrarlo y releerlo, (la hipersuperinformación (¿¿??) de hoy día nos hace tantas veces perder entre palabras aquellas que nos han impactado, interesado, sacudido….) volviendo a sentirme cercana a su mirada, por eso quiero compartirlo.

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Credo de J.G. Ballard

Creo en el poder de la imaginación para rehacer el mundo, para liberar la verdad que llevamos adentro, para sujetar la noche, para trascender la muerte, para hechizar las autopistas, para congraciarnos con los pájaros, para asegurarnos las confidencias de los locos.

Creo en mis propias obsesiones, en la belleza del choque de autos, en la paz del bosque sumergido, en las excitaciones de la playa de vacaciones desierta, en la elegancia de los cementerios de automóviles, en el misterio de los edificios para estacionamiento de coches, en la poesía de los hoteles abandonados.

Creo en las olvidadas pistas de aterrizaje de Wake Island que apuntan hacia los Pacíficos de nuestras imaginaciones.

Creo en la misteriosa belleza de Margaret Thatcher, en el arco de las ventanas de su nariz y en el brillo de su labio inferior- en la melancolía de los conscriptos argentinos heridos@ en las 'obsesionadas sonrisas del personal de las gasolineras- en mi sueño de Margaret Thatcher acariciada por ese joven soldado argentino en un motel olvidado ante la mirada de un tuberculoso empleado de una gasolinera.

Creo en la belleza de todas las mujeres, en la perfidia de sus imaginaciones, tan cercana a mi corazón; en la unión de sus cuerpos desencantados con los encantados rieles cromados de los mostradores de los supermercados; en su cálida tolerancia de mis propias perversiones.

Creo en la muerte del futuro, en el agotamiento del tiempo, en nuestra búsqueda de un tiempo nuevo dentro de las sonrisas de las camareras de las autopistas y de los ojos cansados de los controladores del tráfico aéreo en aeropuertos fuera de estación.

Creo en los órganos genitales de los grandes hombres y mujeres, en las posturas corporales de Ronald Reagan, Margaret Thatcher y la princesa Di, en los dulces olores que emanan de sus labios mientras miran las cámaras del mundo entero.

Creo en la locura, en la verdad de lo inexplicable, en el sentido común de las piedras, en la demencia de las flores, en la enfermedad reservada para la raza humana por los astronautas de la 'misión Apolo.

Creo en nada.

Creo en Max Ernst, Delvaux, Dalí, Tiziano, Goya, Leonardo, Vermeer, Chirico, Magritte, Redon, Durero, Tanguy, el Facteur Cheval, las Torres de Watts, Bocklin, Francis Bacon, y todos los artistas invisibles encerrados en las instituciones psiquiátricas del planeta.

Creo en la imposibilidad de la existencia, en el humor de las montañas, en el disparate del electromagnetismo, en la farsa de la geometría, en la crueldad de la aritmética, en la intención asesina de la lógica.

Creo en las mujeres adolescentes, en su corrupción por la postura de sus propias piernas, en la pureza de sus cuerpos desaliñados, en los rastros de partes pudendas que dejan en los baños de hoteles miserables.

Creo en el vuelo, en la belleza del ala, y en la belleza de todo lo que ha volado alguna vez, en la piedra arrojada por un niño pequeño, que lleva la sabiduría de los estadistas y de las parteras.

Creo en la dulzura del bisturí del cirujano, en la ¡limitada geometría de la pantalla del cine, en el universo oculto dentro de los supermercados, en la soledad del sol, en la locuacidad de los planetas, en nuestra repetitividad, en la inexistencia del universo y en el aburrimiento del átomo.

Creo en la luz que emiten los grabadores de video en las vidrieras de las tiendas, en las mesiánicas agudezas de las rejillas de los radiadores de los automóviles de exhibición, en la elegancia de las manchas de aceite en las barquillas de los motores de los 747 estacionados en las pistas asfaltadas de los aeropuertos.

Creo en la inexistencia del pasado, en la muerte del futuro, y en las infinitas posibilidades del presente.

Creo en el trastorno de los sentidos: en Rimbaud, William Burroughs, Huysmans, Genet, Céline, Swift, Defoc, Carroll, Coleridge, Kafka.

Creo en los proyectistas de las Pirámides, el Empire State Building, el Führerbunker de Berlín, las pistas de aterrizaje de Wake Island.

Creo en los olores corporales de la princesa Di.

Creo en los próximos cinco minutos.

Creo en la historia de mis pies.

Creo en las jaquecas, el aburrimiento de las tardes, el miedo a los calendarios, la traición de los relojes.

Creo en la angustia, la psicosis y la desesperación.

Creo en las perversiones, en nuestro enamoramiento de árboles, princesas, primeras ministros, gasolineras abandonadas (más bellas que el Taj Mahal), nubes y pájaros.

Creo en la muerte de las emociones y en el triunfo de la imaginación.

Creo en Tokio, Benidorm, La Grande Motte, Wake Island, Eniwetok, Dealey Plaza.

Creo en el alcoholismo, en las enfermedades venéreas, en la fiebre y en el agotamiento.

Creo en el dolor.

Creo en la desesperación.

Creo en todos los niños.

Creo en los mapas, los diagramas, los códigos, los juegos de. ajedrez, los rompecabezas, los horarios de vuelos, los letreros indicadores de los aeropuertos.

Creo todos los pretextos.

Creo todas las razones.

Creo todas las alucinaciones.

Creo todas las rabias.

Creo todas las mitologías, recuerdos, mentiras, fantasías, evasiones.

Creo en el misterio y la melancolía de una mano, en la bondad de los árboles, en la sabiduría de la luz.

Datos (Si mal no recuerdo lo tomé de esta página)

http://www.adn.es/cultura/20080721/NWS-1617-ballard-exposicion-cccb-autopsia-milenio.html

James Graham Ballard, sí. A sus casi 78 años y consumido por un cáncer de próstata, ha demostrado que la ciencia ficción acierta, que no hay que ser Nostradamus para adelantar casi medio siglo fenómenos como el calentamiento global, que se puede adivinar que un actor del tres al cuarto se convertirá en presidente de Estados Unidos o que las bombas en el aeropuerto londinense de Heathrow estaban cantadas.

JG Ballard. Autopsia del nuevo milenio, la exposición que inaugura hoy el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, (Este hoy fue un ayer)  disecciona estos y otros detalles de la obra y el pensamiento del autor de El mundo sumergido, Crash o El imperio del sol y lo hace con primeras ediciones de sus libros, proyecciones, montajes escénicos, y obras de autores inspirados por este inglés nacido en Shangai en 1930.

Apodado el profeta de Shepperton (el barrio londinense en el que vive, ese mencionado arriba al que ahogan las carreteras), Ballard ha reconocido más de una vez que fueron sus estudios de medicina y, en concreto, la disección de cadáveres la que le inspiró a tomar papel y lapiz y mostrar el mundo tal y como su ofalto le decía que estaba por llegar.

A sus 77 años, ha construido una obra literaria sólida y un imaginario que se convierte en realidad según pasan los años. Como asegura Jordi Costa, comisario de la exposición, "Ballard ha visto nuestro futuro como un cuerpo muerto, con sus patologías y traumatismos", y el CCCB ha decidido analizarlo y no perderse ningún dato que pueda ayudar a enfocar los próximos años.

domingo, 18 de agosto de 2013

Autorretrato: Los que cuentan de sí mismos-Machado

 

 

Autorretrato de Antonio Machado – Por Antonio Machado

(El Liberal, 1 de febrero de 1908, sin título. Campos de Castilla, Madrid, Renacimiento, 1912. )

( RETRATO)

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,

y un huerto claro donde madura el limonero;

mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;

mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido

—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,

mas recibí la flecha que me asignó Cupido,

y amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,

pero mi verso brota de manantial sereno;

y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,

soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética

corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;

mas no amo los afeites de la actual cosmética,

ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos

y el coro de los grillos que cantan a la luna.

A distinguir me paro las voces de los ecos,

y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera

mi verso, como deja el capitán su espada:

famosa por la mano viril que la blandiera,

no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo

—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;

mi soliloquio es plática con este buen amigo

que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.

A mi trabajo acudo, con mi dinero pago

el traje que me cubre y la mansión que habito,

el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último viaje,

y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,

me encontraréis a bordo ligero de equipaje,

casi desnudo, como los hijos de la mar.

sábado, 17 de agosto de 2013

Autorretrato: Los que cuentan de sí mismos- Cervantes

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Autorretrato de Miguel de Cervantes  por Miguel de Cervantes 

(En Novelas ejemplares)

"Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha , y del que hizo el Viaje del Parnaso , a imitación del de César Caporal Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas y, quizá, sin el nombre de su dueño. Llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlo Quinto, de felice memoria".

viernes, 16 de agosto de 2013

Autorretrato: Los que cuentan de sí mismos-Neruda

 

 

Autorretrato de Pablo Neruda por Pablo Neruda

Por mi parte, soy o creo ser duro de nariz, mínimo de ojos, escaso de pelos en la cabeza, creciente de abdomen, largo de piernas, ancho de suelas, amarillo de tez, generoso de amores, imposible de cálculos, confuso de palabras, tierno de manos, lento de andar, inoxidable de corazón, aficionado a las estrellas, mareas, maremotos, administrador de escarabajos, caminante de arenas, torpe de instituciones, chileno a perpetuidad, amigo de mis amigos, mudo de enemigos, entrometido entre pájaros, mal educado en casa, tímido en los salones, arrepentido sin objeto, horrendo administrador, navegante de boca, y yerbatero de la tinta, discreto entre los animales, afortunado de nubarrones, investigador en mercados, oscuro en las bibliotecas, melancólico en las cordilleras, incansable en los bosques, lentísimo de contestaciones, ocurrente años después, vulgar durante todo el año, resplandeciente con mi cuaderno, monumental de apetito, tigre para dormir, sosegado en la alegría, inspector del cielo nocturno, trabajador invisible, desordenado, persistente, valiente por necesidad, cobarde sin pecado, soñoliento de vocación, amable de mujeres, activo por padecimiento, poeta por maldición y tonto de capirote.

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viernes, 5 de julio de 2013

La caída de Arturo J. R. R. Tolkien

Traducción de Eduardo Segura Fernández y Rafael Juan Pascual Hernández. Minotauro. Barcelona, 2013. 258 páginas, 17'95 euros

La caída de Arturo, incluso en su forma fragmentada e inacabada -cerca de 40 páginas de texto, poco más de cuatro piezas de lo que evidentemente se pretendía que fuese un poema narrativo mucho más largo- es claramente una obra de JRR Tolkien, veterano de la Primera Guerra Mundial y futuro autor de El Señor de los Anillos. Es una nueva narración, incompleta pero muy apasionante, de la que quizás sea la leyenda más famosa y conocida de la tradición británica, una nueva narración que el hijo y albacea literario del autor, Christopher Tolkien, cree que se inició a principios de la década de 1930 y se abandonó en 1937. Quizás no fuese una coincidencia que ese fuese el año en que se publicó El hobbit, que ofrecía a los lectores la primera visión de un universo de fantasía que marcaría la vida imaginativa del siglo XX y los posteriores.
Ahora que Christopher Tolkien tiene casi 90 años, esta podría ser la última obra que brinden los archivos póstumos de su padre. Se percibe un cierto pesar y una cierta decepción personal en los numerosos comentarios de Christopher a La caída de Arturo que no están presentes en su edición de muchas otras obras incompletas de Tolkien.
Al reinterpretar y sintetizar un amplio abanico de fuentes medievales y modernas, <em>La caída de Arturo empieza volviendo a imaginar el mundo artúrico de una forma sorprendente, y anticipa muchos de los temas e imágenes que se repetirán a lo largo de la posterior obra imaginativa de Tolkien, así como en su lenguaje. También contiene algunos indicios intrigantes. Tolkien consideraba que el universo que había creado, la colección de leyendas de El Señor de los Anillos, estaba explícitamente conectado con las mitologías de otros lugares y otras épocas; como dice Christopher, “con las historias y los sueños de pueblos que vivieron junto a las costas del gran Mar Occidental”.
Este largo poema también es experimental de una forma diferente y puede plantear obstáculos importantes a los lectores modernos. Crea, pienso yo, una disonancia o inestabilidad interna en la obra que puede ayudar a explicar por qué Tolkien nunca la acabó. El poema trata de un rey celta británico mitológico o pseudo-histórico que habría vivido en torno al siglo VI d.C., pero está escrito en inglés moderno y en el estilo del “verso aliterativo” de la Baja Edad Media - con dos mitades de un verso separadas por una cesura - que le resultará familiar a los lectores de Beowulf o de Sir Gawain y el Caballero Verde.
A veces, el deliberado arcaísmo y la gramática antigua de La caída de Arturo dificultan la comprensión y dan un tinte de falsa antigüedad a toda la obra. Ahí está Arturo, pensando en voz alta ante el leal Gawain si deberían llamar a Lancelot para ayudarles a luchar contra Mordred, el traicionero sobrino de Arturo.


...Lo mejor me parece
rápido recado mandar, implorando ayuda
a su señor de antaño. A esta traición organizada
poder debemos oponer, volviendo orgullosos
con fuerza incomparable para humillar a Mordred.


Pero dichos pasajes son más la excepción que la norma. Esta es una saga llena de acción y de obsesión por la muerte y repleta de vívidas descripciones naturales que nos sumen en medio de una guerra apocalíptica sin prácticamente introducción. El reino británico de Arturo, un reino occidental y claramente cristiano de bondad y de luz, se ve amenazado por una gran sombra que proviene del Este, que al principio se presenta simplemente como la tierra de los invasores sajones, pero que luego se convierte en un valle de oscuridad cuyos guerreros son espectrales y quizás sobrenaturales:


El interminable Este airado despertó,
y un trueno negro nacido en mazmorras
bajo montañas amenazadoras sobre ellos se agitó.
Deteniéndose inseguros allá en lo alto vieron
lánguidos y fieros jinetes entre nubes veloces,
grises y monstruosos, cabalgando torvos a la guerra
bajo yelmos sombríos, figuras catastróficas.


Eso se parece menos a un enemigo que se pueda encontrar entre las tribus germánicas de la Europa de principios de la Edad Media que a las huestes de las colinas rocosas de Sauron cabalgando desde Mordor encabezadas por los terroríficos nazgûls montados sobre sus corceles alados. Arturo logra grandes victorias, pero su campaña de la conquista del este, y sin duda todo el poema, adolece de la característica tristeza tolkeniana, de esa sensación de que una época dorada de la magia y de las maravillas se aproxima al ocaso. Esto se encuentra en todas sus obras y puede provenir, como se ha supuesto, de las experiencias de Tolkien, que vio morir a muchos miembros de su generación en las trincheras de Bélgica. Cuando Arturo recibe las noticias que le llegan de que Mordred le ha traicionado y ha tratado de apoderarse de su reino y de su reina, se sienta en silencio y reflexiona:


Ahora, desde la cúspide de la esperanza, cayendo de cabeza
su corazón presagiaba que su casa estaba condenada,
el mundo antiguo precipitándose a su fin
y las mareas del tiempo vueltas contra él.


Arturo dirige sus naves hacia su hogar, y se produce una extraordinaria batalla naval en los acantilados de Dover que nos brinda el verso aliterativo más brillante de la carrera de Tolkien.


Los remos se astillaban. El hierro partió la madera,
las sogas fueron hendidas. Con estrépito desgarrador
los mástiles se desmoronaron como árboles en la montaña
lanzados con ruido en el
fragor de la batalla.


Christopher Tolkien escribe un extenso ensayo académico sobre la manera en que el poema de su padre está relacionado con la tradición arturiana existente. Pero para los aficionados a Tolkien, el gran atractivo será, sin duda, el análisis de la relación entre La caída de Arturo y El Silmarillion, el gran compendio de Tolkien de material legendario. En concreto, Christopher alude a que Tolkien consideraba que la isla de Avalon, hacia la que parte Arturo después de que Mordred le hiera mortalmente, era el mismo lugar que la “Isla Solitaria” élfica de Tol Eressea que se encuentra en los límites exteriores del mundo humano en su propia obra.
Christopher insinúa que su padre abandonó La caída de Arturo a causa de las exigencias del trabajo y la familia, y de “los cambios radicales que se estaban produciendo” en sus ideas al finalizar El hobbit. Como dejó claro en muchas ocasiones, quería crear una mitología nacional para Inglaterra y devolver la magia y el misterio a la campiña domesticada de su país. Tuvo que haber sido consciente de que Arturo era, en el mejor de los casos, una figura prestada en la tradición inglesa, un vestigio de una cultura celta conquistada. Christopher escribe que La caída de Arturo surgió en una “época de gran agitación creativa”. En mi opinión, Tolkien escribió este poema apasionante e inacabado para probar la idea de relacionar su propio universo imaginativo con la leyenda artúrica antes de decidir, consciente o inconscientemente, que era mejor que su obra se sostuviese sola.

Tolkien en la Mesa Redonda

Minotauro publica La caída de Arturo, un poema inédito que dejó inconcluso para centrarse en su trilogía de El señor de los anillos

Tras la muerte de J. R. R. Tolkien en 1973, su hijo Christopher asumió la tarea de ordenar, corregir y editar el grueso de su obra, un trabajo casi hercúleo que abordaba un vastísimo universo mitológico y fantástico. En 2012 vio la luz el poema inédito La caída de Arturo, publicado ahora por Minotauro en una edición bilingüe con traducción de Eduardo Segura y Rafael Pascual. Concebido en verso aliterado germánico, aborda los últimos momentos de la vida del legendario monarca, sumido en lo que será su guerra final, contra su propio hijo, y acosado por el fantasma de la traición de Lancelot y Ginebra.
Cuenta Christopher Tolkien en el prólogo que sólo pudo hallar una única referencia de su padre sobre este inédito, en una carta en la que expresaba sus “esperanzas de terminar el largo poema sobre La caída de Arturo en el mismo metro”. En una carta, R. W. Chambers, profesor de inglés en el University College de Londres y amigo del escritor, calificaba la composición de “sensacional” y “heroica”. La había leído durante un viaje en tren, y aprovechó que el compartimento estaba vacío para declamarla como merecía. “En verdad, debes terminarlo”, apremiaba. Pero Tolkien dejó la historia inconclusa. “Nunca tuvo tiempo suficiente; y puede ser, como me siento inclinado a creer, que el aliento de la inspiración, continuamente obstaculizado, pudiera marchitarse”, justifica su hijo. José López Jara, editor de Minotauro, coincide: “Puso el listón muy alto, y después publicó El hobbit con éxito. Le siguió El señor de los anillos, y la última vez que mencionó el poema, reconoció que no tenía tiempo. Es una pena”. Para Segura, uno de los mayores expertos en el autor en España, la creación de su obra cumbre resultaba “incompatible” con la continuidad del inédito, que hubiera tenido una longitud media de 3.000-4.000 versos. “Era un conflicto artístico”, añade.


“Traducir a Tolkien es un desafío muy grande”, explica Segura. “Dominaba veinte idiomas, y utilizaba un lenguaje muy arcaizante y elevado. Hemos intentado mantener la sonoridad, ya que no podíamos ser fieles a la métrica”. Explica que fue él quien pidió que la edición fuera bilingüe, “por una cuestión de honestidad y humildad”. Tanto él como López Jara coinciden en la extraordinaria calidad del poema. “Da la sensación de que algo poderoso está en marcha. Muestra la capacidad de congeniar dos tradiciones aparentemente dispares, es una obra de fusión entre la literatura europea de la temprana Edad Media con el pulso creativo de Tolkien”, dice Segura. Se trata de su única incursión en la leyenda artúrica, en un contexto en el que la mitología inglesa se limitaba a la Materia de Bretaña, una recopilación de fábulas celtas, para más inri de origen francés. “Se toca una parte del mito muy interesante que entronca con el resto de su obra. La relación entre Lancelot y Ginebra tiene que ver con Lúthien y Beren en El Silmarillion, y la manera de tratar las batallas, lo épico, lo vemos en El señor de los anillos”, comenta López Jara.


¿Pero por qué Tolkien sigue siendo tan fascinante cuarenta años después de su muerte? Ciertamente, las películas de Peter Jackson han contribuido en gran medida a que se extienda la fiebre por el autor británico. Recién publicado el trailer de la segunda parte de El hobbit, López Jara reconoce que las ventas se disparan con cada nuevo filme. “Bienvenido sea. Es una manera de que llegue a la gente joven”, declara. “Es uno de esos escritores que se queda muy cerca de sus lectores. Consigue impactarles, y que siempre quieran saber algo más de él. Genera adicción”. Segura se identifica. Filólogo y licenciado en Historia, hizo su tesis doctoral sobre El señor de los anillos. “En sus historias, Tolkien muestra como en un espejo las preguntas eternas que se formula el ser humano, y las convierte en accesibles, las ofrece de manera moderna. No pasará nunca de moda, porque las preguntas son siempre las mismas”.

 

Extracto de La caída de Arturo

De cómo Arturo y Gawain marcharon a la guerra y cabalgaron al Este.
Arturo hacia el Este armado pretendía
hacer su guerra en las fronteras agrestes,
el mar surcando hasta tierras sajonas,
a defender de la ruina el reino romano.
A revertir las mareas del tiempo
y a los paganos postrar su esperanza lo urgía,
que de asaltar dejasen con esquifes saqueadores,
en busca de botín, las brillantes orillas
y las aguas someras de Bretaña meridional.
Como cuando la tierra mengua en los días del otoño
y raudo hacia su crepúsculo el sol declina
bajo la triste niebla, un hombre ansiará
trabajo y vida nómada mientras aún cálida fluya
la sangre prendida por el sol; así ardía su alma
por una gloria duradera tras un último intento
de orgullo y arrojo hacia la indomable,
inflexible voluntad en la guerra contra el destino.
Así los hilos malignos del destino lo impelieron,
y con malicia Mordred su pensamiento curtió,
tildando la guerra de sensata, y de sandez la espera.

Versión en inglés

How Arthur and Gawain went to war and rode into the East
Arthur eastward in arms purposed
his war to wage on the wild marches,
over seas sailing to Saxon lands,
from the Roman realm ruin defending.
Thus the tides of time to turn backward
and the heathen to humble, his hope urged him,
that with harrying ships they should hunt no more
on the shining shores and shallow waters
of South Britain, booty seeking.
As when the earth dwindles in autumn days
and soon to its setting the sun is waning
under mournful mist, then a man will lust
for work and wandering, while yet warm floweth
blood sun-kindled, so burned his soul
after long glory for a last assay
of pride and prowess, to the proof setting
will unyielding in war with fate.
So fate fell-woven forward drave him,
and with malice Mordred his mind hardened,
saying that war was wisdom and waiting folly.

fuente: el cultural

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jueves, 4 de julio de 2013

VII Encuentro Nacional de Narradores y Poetas "Unidos por las Letras" Bialet Massé - 2013

Estimados Amigos!:

Este año nuevamente los convocamos para ser parte de este “VII Encuentro Nacional de Narradores y Poetas “Unidos por las Letras” Bialet Massé – 2013”. surgido de la necesidad de los escritores por dar a conocer sus trabajos, de los poetas por encontrar un espacio diferente, donde podamos superarnos a través de variadas ponencias vinculadas al mundo de las letras, y de la imperiosa necesidad de hermanarnos en la magia poderosa de la palabra.

Los esperamos!!

Selene Lorenzini

P.D.: se adjunta archivo con invitación.

martes, 18 de junio de 2013

El valor de los padres

Este es un cuento que muestra el valor de esos padres que están presentes y ocupando su rol a plenitud. es también un cuento que me da placer narrarlo pues muestra una sabiduría que quisiera poseer.

La montaña donde se abandonaban los ancianos

(Cuento popular japonés)

 

Había una vez hace mucho, mucho tiempo, una pequeña región montañosa dónde la gente tenía la costumbre de abandonar a los ancianos al pie de un monte lejano.

Creían que cuando se cumplían los sesenta años dejaban de ser útiles por lo que no podían preocuparse más de ellos.

En una pequeña casa de un pueblecito perdido, había un campesino que acababa de cumplir los sesenta años. Durante todos estos años había cuidado la tierra, se había casado y había tenido un hijo. Después había enviudado y su hijo también se había casado dándole dos preciosos nietos.

A su hijo le dio mucha pena que su padre hubiese llegado a la edad de la inutilidad, pero no podía desobedecer las estrictas órdenes que le había dado su señor. Así que se acercó a su padre y le dijo:

— Padre, lo siento mucho pero el señor de estas tierras nos ha ordenado que cumplamos con nuestro deber y te llevemos a la montaña.

El anciano que aún se sentía con la plenitud de sus fuerzas y la mente lúcida, miró a su hijo con tristeza y asintió

—Haz lo que debas hacer hijo mío.

Sin que mediaran más palabras el joven se cargó al viejo a la espalda, pues estaba sabido que a los ancianos andar les fatiga, e iniciaron el viaje hacia las montañas.

Mientras iba caminando el joven se fijo que su padre dejaba caer pequeñas ramas que iba rompiendo. El joven creyó que quería marcar el camino para poder volver a la casa.

—De nada vale padre que señales el camino pues bien sabes que para ti no hay regreso — le dijo con pena.

—Vamos a un lugar lejano y escondido, al que ni tu ni yo hemos ido jamás, me apena que no encuentres el sendero de regreso, y como tu cargas conmigo bien puedo yo dejarte las señales que te guíen.

Al oír estas palabras el joven se emocionó con la generosidad de su padre, y sintió la opresión de la congoja en el pecho; pero continuó caminando porqué no podía desobedecer al señor de esas tierras

Cuando finalmente llegaron al pie de la montaña, el hijo con el corazón hecho pedazos dejó allí a su padre. Para regresar decidió utilizar otro camino, pues pena le daba desandar solo lo andado juntos. A poco de andar se detuvo, la noche ya caía y por mucho que lo intentaba no lograba dar con el camino correcto.

Ya la luna reinaba en el cielo cuando una vez más llegó junto a su padre. Al verle tan sereno y tan sabio, en un impulso nacido del corazón le cargó sobre su espalda y le pidió que le indicara el camino

Gracias a las ramitas rotas que el viejo había dejado por el camino pudieron llegar sin problemas a su casa. Toda la familia se puso muy contenta cuando vieron de nuevo al anciano. Entonces el joven decidió esconderlo debajo los tablones del suelo de su cabaña para que nadie lo viese y no le obligasen a llevárselo otra vez.

Tenía miedo pues el señor del país que era bastante caprichoso a veces pedía a sus súbditos que hiciesen cosas muy difíciles, pero al mismo tiempo sabía que él no podía obedecer cuando la orden iba contra su corazón.

Un día, poco después de lo que les he contado, el Señor del país reunió a todos los campesinos del pueblo y les dijo:

— Quiero que cada uno de vosotros me traiga una cuerda tejida con ceniza.

Todos los campesinos se quedaron muy preocupados. ¿Cómo podían tejer una cuerda con ceniza? ¡Era imposible! El joven campesino volvió a su casa y le pidió consejo a su padre que continuaba escondido bajo los tablones.

—No temas hijo, ve y trenza una cuerda apretando mucho los hilos. Luego has de quemarla hasta que sólo queden cenizas.

El joven hizo lo que su padre le había aconsejado y llevó la cuerda de ceniza a su señor. Nadie más había conseguido cumplir con la difícil tarea. Así que el joven campesino recibió muchas felicitaciones y alabanzas de su señor.

Otro día el señor volvió a convocar a los hombres de la aldea. Esta vez les ordenó a todos llevarle una concha atravesada por un hilo sin usar herramienta alguna. El joven campesino se volvió a desesperar. ¡No sabía cómo se podía atravesar una concha con un hilo sin usar herramienta alguna! Apenas llegó a la casa fue a ver a su padre quien al verle preocupado le preguntó que le pasaba. El hijo le explicó y el padre dijo:

—No desesperes hijo mío, ve y coge una concha, luego orienta su punta hacia la luz. Cuando lo hayas hecho toma un hilo y engánchale un grano de arroz. Entonces dale el grano de arroz a una hormiga y haz que camine sobre la superficie de la concha. De este modo conseguirás que el hilo pase de un lado al otro de la concha.

El hijo siguió las instrucciones de su padre y así pudo llevar la concha ante el señor de esas tierras. El señor se quedó muy impresionado y le dijo:

—Muchacho realmente me sorprendes, estoy orgulloso de tener gente tan inteligente como tú en mis tierras. Ahora dime ¿cómo es que eres tan sabio?

El joven no sabía que contestar, pensó por un momento, y de pronto siguiendo un impulso nacido de su corazón decidió contarle toda la verdad:

—No soy yo el sabio señor, sino mi padre.

Ante la mirada extrañada del señor, el joven continuó:

—Seré sincero con usted. Hace un tiempo atrás mi padre cumplió sesenta años y por lo tanto, siguiendo vuestras órdenes debía yo dejarle abandonado a su suerte en la montaña. Le llevé hasta allí, incluso le dejé, pero no pude abandonarle y le traje de regreso. Las tareas que nos encomendó eran tan difíciles que no hallaba yo como cumplirlas y en mi desesperación acudí a mi padre que me aconsejó sabiamente, y es de este modo que he podido cumplir con vuestras órdenes.

Cuando el señor escuchó toda la historia se quedó impresionado. Nunca había imaginado que una persona anciana pudiese poseer tal sabiduría. Luego de meditar un momento se levantó y dijo conmovido:

— Este campesino y su padre me han demostrado el valor de las personas mayores. Debemos tenerles respeto y por eso a partir de ahora ningún anciano deberá ser abandonado.

Y a partir de entonces les ancianos del pueblo continuaron viviendo con sus familias aunque cumplieran sesenta años, setenta, ochenta, noventa… ayudando a los más jóvenes con la sabiduría que habían acumulado a lo largo de toda su vida.

domingo, 16 de junio de 2013

MATERIAL PARA ESCRITORES

Acá les comparto material recogido de la web para quienes quieren escribir y conocer técnicas, trucos, consejos….

Font, Carme-Como escribir sobre una lectura
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Dintel, Felipe-Como se elabora un texto
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Font, Carme-Como crear emocion en la literatura
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Castro, Francisco-La mirada del escritor
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Font, Carme-Como diseñar el conflicto narrativo
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Castro, Francisco-Como encontrar tu estilo literario
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Dintel, Felipe-Como escribir textos técnicos o profesionales
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Kohan, Silvia Adela-El tiempo en la narración
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Kohan, Silvia Adela-La escritura como búsqueda
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Kohan, Silvia Adela-Los secretos de la creatividad
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Kohan, Silvia Adela-Escribir sobre uno mismo
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Kohan, Silvia Adela-La accion en la narrativa
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Kohan, Silvia Adela-Las estrategias del narrador
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Rivadeneira, Ariel-Escribir poesía
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Saunders, Jean-Como crear personajes de ficción
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domingo, 26 de mayo de 2013

Homenaje a la maravillosa ELSA BORNEMANN

Murió Elsa Bornemann, un ícono de la literatura infantil y juvenil

Con mucha pena despedimos a una gran escritora que nos ha dejado historias y más historias con humor, terror, amor…

Dicen los medios…..

La destacada escritora argentina de literatura infantil y juvenil Elsa Bornemann, autora de `Un elefante ocupa mucho espacio`, texto que es símbolo de la libertad y estandarte de la democracia, murió hoy a los 61 años de edad, informaron voceros de la editorial Alfaguara.

Bornemann "es una autora prolífica que escribe desde los 70, varias generaciones de lectores ya se han criado con sus libros. Escuelas, alumnos y maestros los eligen para leer en el colegio".
"Ella se destacó por su poesía y luego por sus cuentos y su narrativa; fue una gran defensora de la literatura infantil en épocas donde era un género menor, de las pioneras en llevarlo a otro plano", agregó la editora.
Elsa Isabel nació en el barrio porteño de Parque Patricios el 15 de febrero de 1952; fue autora de entrañables textos como "Un elefante ocupa mucho espacio", un cuento infantil censurado durante la última dictadura militar argentina que le valió el ingreso a Lista de Honor del Premio Hans Christian Andersen, el más importante del globo en el área infantil.

El compromiso de Bornemann y su incansable trabajo por la educación -maestra nacional y profesora en letras que recorrió América, Europa y Japón dictando talleres literarios- tuvo sus frutos, entre otros, con "El libro de los chicos enamorados" que formó parte de los Cinco Mejores Libros Escritos en Idioma Castellano, según el Banco del Libro de Caracas, Venezuela.
Entre los numerosos premios con que se distinguió su trabajo se destacan además el "San Francisco de Asís" por "toda su obra en beneficio de la infancia".

Yo prefiero dejarles un video y un cuento para que la recordemos contando que es lo que ella nos ha legado.

 

Acá mi queridísima María contándonos uno de sus cuentos

María Frascara nos cuenta

Acá otro cuento…

y uno más ahora para leer…

Elsa Bornemann - Pablo

El pueblo se llamaba...

Chato y polvoriento, recostado frente al mar, era una cinta de arena y piedra oscura. Sus habitantes echaron a rodar esa mañana de primavera como una moneda más, sin notar en ella nada diferente.

Al mediodía, la gente se arremolinó en el mercado del puerto, como tantas otras veces. Aquello sucedió por la tarde. El silbato del tren pasando a lo lejos fue el sonido que señaló el principio. Justo en ese momento, los pescadores quedaron con las bocas abiertas, mientras cantaban recogiendo sus redes. Y de sus bocas ya no salió ninguna palabra. Lo mismo les sucedió a los vendedores del mercado...

A las mujeres en sus cocinas...

A los viejos en sus sillas...

A los estudiantes en sus aulas...

A los más chicos en sus juegos...

Por más que intentaron, ninguno pudo decir ni siquiera una sílaba. Las caras se esforzaron, sorprendidas, una y otra vez. Fue inútil. El silencio fue un poncho abierto oscureciendo al pueblo. ¿Qué pasaba?

De pronto, vieron como cinco, diez, cuarenta, cien, dos mil palabras saltaban al aire desde sus bocas silenciosas, tomando extrañas formas. Y tras ellas fueron, amontonándose en desordenada carrera, sin saber adónde los llevaría ese rumbo sur que señalaban.

Hubo quienes siguieron la palabra “MAR”, maravillados por esas tres letras verdes ondulando en la tarde...

Otros prefirieron marchar tras la palabra “SOL”, partida en gajos de una enorme naranja...

Algunos se decidieron por la palabra “CARACOL”... o “VIENTO”... o “TELAR”... o “MARIPOSA”... o “CEBOLLA”... o “VINO”...

Pero la que congregó la mayor cantidad de caminantes fue la palabra “PAZ”.

Esa sí que deslumbraba, con su amplia zeta abierta como la cola de un pavo real...

No les fue posible seguir a cada una en especial. Las palabras eran tantas, tantas, que muchísimas debieron volar en soledad, chocando entre sí en su afán de llegar primero a... ¿A dónde?

Pronto lo supieron. La gente detuvo sus pasos ante una casa grande, mirando con sorpresa cómo por la chimenea, por las ventanas, por puertas y cerraduras, todas las palabras se precipitaban convertidas en una fantástica lluvia de letras.

Llovió durante un largo rato.

Entonces entendieron lo que había sucedido y un temblor los unió. Esa era la casa de Pablo, el poeta, hermano del amor y la madera, amigo de paraguas y copihues, caminador de muelles y de inviernos, timonel del velero de los pobres, voz de los tristes, de piedras y olvidados...

Esa era la casa de Pablo, que acababa de morir...

Las palabras habían perdido su ángel guardián, su domador, su padre, su sembrador... Ellas lo sabían... Por eso habían sentido su adiós antes que nadie y habían disparado en cortejo, para besar esa boca que ya no volvería a cantarlas...

La noche no se animaba aún a desenrollarse cuando dejó de llover. En ese instante, una niña desconocida salió de la casa de Pablo. Su vestido blanco fue un punto de azúcar luminoso en la oscuridad. Su pelo en llamas se abrió en antorchas alrededor de su cabeza. Entonces gritó “¡VIDA!”, y la gente de aquel pueblo que se llamaba... atajó la palabra en movimiento y gritó con ella “¡VIDA!”. Entonces gritó “¡TIERRA!”, y un aullido coreado por todos rajó la noche: “¡TIERRA!”. Y gritó “¡AIRE!” ... y “¡AGUA!” ... y “¡FUEGO!”... a la par que de sus manos salían todas las palabras de Pablo, mágicas uvas que repartió entre los que estaban agazapados en su torno.

Y esas uvas se unieron nuevamente en racimos verdes...

Y los versos de Pablo se repitieron una y otra vez...

Y se siguieron cantando una y otra vez...

Y retumbaron como tambores en escuelas y carpinterías, en bosques y mediodías, en trenes y bocacalles, en ruinas y naufragios, en eclipses y sueños, en alegrías y cenizas, en olas y guitarras, en ahoras y mañanas... una y otra vez... una y otra vez... una y otra vez... una y otra vez...

Siga contando en los vientos Maestra!!!

sábado, 18 de mayo de 2013

Intersticios



“Yo vi siempre el mundo de una manera distinta, sentí siempre, que entre dos cosas que parecen perfectamente delimitadas y separadas, hay intersticios por los cuales, para mí al menos, pasaba, se colaba, un elemento, que no podía explicarse con leyes, que no podía explicarse con lógica, que no podía explicarse con la inteligencia razonante.” 

Julio Cortázar 


viernes, 17 de mayo de 2013

Homenaje a Benedetti

Hoy se cumple el cuarto aniversario desde que Mario Benedetti voló con sus poéticas palabras a esa otra otra dimensión dónde dicen algunos, y me gusta creerlo, florecen los sonidos creando incansables entretejiendo luces y oscuridades. Él que supo del exilio, del dolor y la fortaleza del espíritu. Él que construyó esperanza y fustigó vergüenzas hoy donde quiera que esté seguro se ha enterado de la muerte de uno de los muchos seres aberrantes y ante ello se me ocurre que diría estas palabras….

 

Benedetti - Defensa de la alegría

Defender la alegría como una trinchera

defenderla del escándalo y la rutina

de la miseria y los miserables

de las ausencias transitorias

y las definitivas

defender la alegría como un principio

defenderla del pasmo y las pesadillas

de los neutrales y de los neutrones

de las dulces infamias

y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera

defenderla del rayo y la melancolía

de los ingenuos y de los canallas

de la retórica y los paros cardiacos

de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino

defenderla del fuego y de los bomberos

de los suicidas y los homicidas

de las vacaciones y del agobio

de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza

defenderla del óxido y la roña

de la famosa pátina del tiempo

del relente y del oportunismo

de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho

defenderla de dios y del invierno

de las mayúsculas y de la muerte

de los apellidos y las lástimas

del azar

y también de la alegría.

Y yo pensé y escribo:

Defender la alegría de los momentos solitarios y de los acompañados,

de los desencuentros y los encuentros,

de las palabras y los silencios,

de los cuentos que andan al tum tum,

de los puntos susspensivos.......

Resistencias:

Hay quienes se resisten deshilachadamente

a morir sin haberse concedido

un año un mes una hora de goce

y espera ese don cultivando el silencio

vaciándose de culpas y de pánicos

descansando en el lecho del cansancio

o evocando la infancia más antigua

así / con la memoria en rebanadas

con ojos que investigan lo invisible

y el desaliento tímido y portátil

que se cubre y descubre a duras penas

así miden el cuerpo torpe cándido

ese montón de riesgos y de huesos

áspero de deseos como llagas

que no elige agotarse mas se agota

merodean tal vez por la nostalgia

ese usual laberinto de abandonos

buscan testigos y no los encuentran

salvo en las caravanas de fantasmas

piden abrazos pero nadie cae

en la emboscada de los sentimientos

carne de espera / alma de esperanza

los desnudos se visten y no vuelven

el amor hace un alto en el camino

sorprendido in fraganti / condenado

y no obstante siempre hay quien se resiste

a irse sin gozar / sin apogeos

sin brevísimas cúspides de gloria

sin periquetes de felicidad

como si alguien en el mas allá

o quizás en el más acá suplente

fuera a pedirle cuentas de por qué

no fue dichoso como puede serlo

un bienaventurado del montón

 

Mario Benedetti nació el 14 de septiembre del 1920, en el Paso de los Toros (Departamento de Tacuarembó, Uruguay), una ciudad a 200 kilómetros al norte de Montevideo, y murió en Montevideo el 17 de mayo de 2009. Vivió desde muy joven en la capital uruguaya y se educó en el Colegio Alemán y el Liceo Miranda. Trabajó, en Montevideo, como vendedor, taquígrafo, contable, funcionario público y periodista.
      Entre 1938 y 1941 residió casi continuamente en Buenos Aires, pero en 1945 regresó a Montevideo y pasó a formar parte de la redacción del semanario Marcha, donde escribió hasta 1974, cuando la publicación fue clausurada por el régimen militar. En 1973, Benedetti se exiló y durante 12 años residió en Argentina, Perú, Cuba y España.

Hay muertes que entristecen otras que confunden

 

Hoy amanecí con una noticia que disparó cientos de interrogantes en mi interior…

Murió Jorge Rafael Videla, símbolo de la dictadura militar

El ex dictador falleció esta madrugada, a los 87 años; se había descompensado y estaba internado; permanecía detenido en el penal de Marcos Paz por graves violaciones a los derechos humanos

Si quieren leer más vean acá

Murió, así simplemente, sin arrepentimientos, sin dolor, sin castigo…Sí ya sé que desde el 5 de Julio de 2012 estaba condenado, pero vaya condena si miramos las imágenes de su celda, resulta dudoso pensar que estaba incómodo.

Fue escuchar la noticia y pensar a cuento de qué el Guionista Universal crea libretos como el de este ser que ha pasado por la vida sembrando horror y muere (como curiosamente mueren tantos otros monstruos de la vida), de modo tan natural, tan sin padecimientos desgarrantes, con tanto desparpajo como para negarse a declarar, lo que es igual a decir sin culpa alguna, sin remordimientos, convencido de la corrección de sus actos. Da ganas de pensar que vaya donde vaya habrá verdadera justicia, da ganas, pero también dudas, muchas dudas, ¿existirá ese otro plano dónde se paguen los horrores?, ¿será que dentro de la GRAN OBRA que nos toca vivir a los seres humanos, estos personajes cumplen con un personaje destinado y por tanto por mucho que nos espante su hacer es correcto?

La impunidad no es cosa del presente, es histórica, cientos y cientos, miles y millones de actos impunes de macabra magnitud se han sucedido y se suceden una y otra vez sin que muchos de sus responsables padezcan las consecuencias, confirmando así que no siempre el que las hace las paga, al menos en esta vida.

Esta muerte no me alegra (al fin y al cabo es un hecho natural que anda repara de lo sucedido), ni me apena, me deja con este sentimiento extraño de saber que frente al espanto muchas veces lo único posible es fidelizarse con una misma y optar por crecer espiritualmente pues la justicia, acá en la tierra al menos, es cosa extraña e impredecible. Y ahí sí siento tristeza

Tristeza de sentir tanta codicia ilimitada por sobre todo de poder (extraño poder el que los codicioso pretenden) pariendo sin cesar inconcebibles injusticias en el mundo. Tristeza ante tanta falta de “humanidad”, de valores constructivos y amorosos, siendo esa carencia (claro que no en todos) lo que facilita que estos hechos aberrantes sigan sucediendo día a día. Tristeza cuando mis ojos recorren la historia y ven que no aprendemos nunca, permaneciendo en la misma noria de desequilibrio año a año, siglo a siglo.

Muere otro monstruo más, pero… ¿realmente somos más libres?…

martes, 14 de mayo de 2013

LAS SEMILLAS DE LA DISCORDIA

Cuento popular de Oriente

Una noche un campesino África no vio que la discordia plantaba semillas en su campo. Se abstuvo de intervenir y la observó. Cuando ella terminó y se fue, él se pasó toda la noche recogiendo con la ayuda de una linterna, las peligrosas semillas. Se las llevó a su casa sin decir una sola palabra a su familia.
Al día siguiente para deshacerse de las semillas, les dio un puñado a las gallinas. Pero apenas las picotearon, se pusieron a pelear furiosamente, a muerte entre ellas. Terminó con sus manos y brazos cubiertos de crueles picotazos. Buscando otra horma, tiró un puñado al río. Pero los peces, anguilas e incluso los hipopótamos empezaron a desplazarse, mientras olas enormes recorrían ese río habitualmente calmo, tan enormes que una parte de la llanura quedó inundada.
Otro día tuvo la idea de triturar una parte y, sin decirle de que se trataba, pedirle a su mujer que le preparase una torta. Se puso a comer aquella torta. Pero apenas tragó el primer bocado, la encontró mal cocida, demasiado salada y empezó a reprochárselo a su mujer. Ella que también acababa de terminar su primer bocado, replicó gritando que si su marido la encontraba mal preparada simplemente significaba que él era un imbécil, cosa que ella siempre había sospechado. Se desató tal ira entre ellos que fue necesaria la intervención de vecinos para separarlos.
Pasaron unas semanas. Poco a poco recobraron la calma, pero el campesino, que había perdido el sueño y la sonrisa, solo pensaba en las semillas que le quedaban. Pensó en hacer un viaje a algún país lejano. Sin embargo, como era un buen hombre, se decía que los países lejanos estaban sembrados de suficientes semillas de la discordia. Incluso pensó dirigirse hasta el mar para tirar su saco de semillas, pero temió crear una tempestad sin igual. Las buenas razones le hicieron renunciar a aquella idea.
Cuando aparecieron los primeros brotes, vio con alegría que tendría una cosecha excepcional. En los campos vecinos se apresuraban a arrancar las malas hierbas. El no tenía nada que hacer. La cosecha crecía espléndida y sana. Todas las mañanas veía crecer su prosperidad. Se dejó ganar por la ociosidad. Incluso aprovechó para visitar a unos primos que vivían a tres días de camino. A su regreso, las lamentaciones de su mujer y sus hijos le dieron las bienvenidas. En pocas horas una bandada de aves había desbastado su campo. No quedaba ni un solo brote.
Los sabios del pueblo encontraron la razón de aquella desgracia. En los otros campos (que no habían sido desbastados) dijeron, siempre había habido un hombre trabajando moviéndose, haciendo ruido con sus herramientas. Por eso los pájaros se habían dirigido al único campo en el que no había nadie. Un campo magnifico por otra parte.
El campesino esperó la llegada de la noche, se levantó sin hacer ruido y sacó del escondite el saco con las últimas semillas. Fue hasta su campo y allí echó las semillas, una a una.
Al volver al pueblo, vio a lo lejos que la discordia plantaba semillas en un pequeño bosque que pertenecía a uno de sus amigos. Un amigo al que quería mucho, y al que se guardó mucho de avisar.

domingo, 28 de abril de 2013

LAS TRES REJAS

Para Vivi

LAS 3 REJAS:

El joven discípulo de un filósofo sabio lo visita y le dice:
- Maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de vos con malevolencia.
- ¡Esperá! lo interrumpe el filósofo ¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
- ¿Las tres rejas?
- Si. La primera es la VERDAD. ¿Estás seguro de que lo que querés decirme es absolutamente cierto?
- No. Lo oí comentar a unos vecinos.
- Al menos lo habrás hecho pasar por le segunda reja, que es la BONDAD. ¿Es bueno para alguien lo que me vas a decir?
- No. en realidad no. Al contrario ...
- La última reja es la NECESIDAD ¿Es necesario hacerme saber lo que tanto te inquieta?
- A decir verdad, no.
- Entonces, dijo el sabio sonriendo, si no es VERDADERO, ni BUENO, ni NECESARIO, sepultémoslo en el olvido.

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domingo, 14 de abril de 2013

40º aniversario de “Gramática de la fantasía”

40º aniversario - Gramática de la fantasíaUn día como, de 1980, fallecía en Roma uno de los autores de literatura infantil más importantes del siglo XX: Gianni Rodari. Este año se conmemora el 40º aniversario de la publicación de su libro más conocido (a pesar de no ser ficción), Gramática de la fantasía. La editorial que lanzó este libro en 1973, Einaudi, ha elaborado un folleto que recoge testimonios y reflexiones de especialistas, de los editores de otros países que lo han traducido y publicado, y citas de prensa, incluyendo también fotos y frases del propio autor.

En el prefacio a la edición original del libro, Gianni Rodari afirma sobre la Gramática de la fantasía: ”No representa —este es el momento de precisarlo— ni la tentativa de fundar una ‘Fantástica’ en toda regla, lista para ser enseñada y estudiada en las escuelas como la geometría, ni tampoco una teoría completa de la imaginación y de la invención, para la cual se necesitaría otro aliento y alguien menos ignorante que yo. No es tampoco un ‘ensayo’. No sé muy claramente qué es. Se habla aquí de algunas formas de inventar historias para niños y de cómo ayudarles a inventarlas ellos solos: pero ¿quién sabe cuántas otras formas se podrían encontrar y describir? Trata sólo de la invención por medio de palabras y apenas sugiere, sin profundizar, que estas técnicas podrían ser fácilmente adaptadas a otros lenguajes.”

Grammatica della fantasia

En el artículo ”El maestro de la fantasía”, escrito para Babar por la poeta María José Ferrada, podemos leer: “La mente del niño aparece para Rodari libre del principio de contradicción. Su aproximación al mundo es científica pero a la vez animista. ‘Jugar con las cosas sirve para conocerlas mejor. Y no veo la utilidad de poner límites a la libertad del juego, que sería como negar su función formativa y cognoscitiva. La fantasía no es un lobo malo del cual haya que tener miedo, o un delito que haya que controlar con permanentes y pertinaces redadas. Me tocará a mi, de vez en cuando, advertir si el niño, en un momento determinado de su interés por las cosas, desea informaciones sobre el grifo’ o si quiere jugar con el grifo para obtener a su modo las informaciones que le sirven’, explica”.

Esta entrada ha sido escrita por Babar el Domingo, 14 abril, 2013
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