Entradas

Cuento: La espera

un cuento de Amillo José - (España) La pequeña aguja del despertador señalaba las nueve. Sin embargo, la precaución había sido innecesaria: eran poca más de las ocho y Miguel estaba despierto. La mañana se dibujaba apenas en el balcón haciendo presentir un día oscuro de niebla. El tic-tac del reloj sonaba metálico en la atmósfera tibia del cuarto. Miguel tenía la misma sensación de pesadez que todas las mañanas le llenaba los ojos, aquella sensación que le obligaba a mantener durante un rato los párpados medio extendidos. Tardó en espabilarse. Sentía en la piel el contacto cálido de las sábanas que le sumía en un agradable abandono. No tener que moverse; no tener que pensar. Eso deseaba en aquel momento. Pero a medida que sus ojos se iban refrescando su mirada se iba deteniendo en los objetos ya delimitados, el pensamiento comenzaba a penetrar en la vida real. "A las diez debo estar en la estación." Permanecía inmóvil en la cama. Ahora que las ideas se habían concentrado, su...

Chango Farías Gómez emprendió vuelo a mejores vientos

Imagen
Esta mañana partió el Chango a otros pagos y otros cantos, dejándonos sus letras, sus creaciones, sus sonidos que han llenado de belleza nuestro folklore durante años. Seguro que este viaje lo lleva a descubrir otros sonidos y a embelesar otros oídos. Por eso le deseo buen vuelo y GRACIAS. Nos cuenta Página 12 Para leer más http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-175248-2011-08-24.html Farías Gómez nació el 19 de diciembre de 1937 en Santiago del Estero y pasó su infancia y adolescencia en el barrio porteño de San Telmo. En 1960, formó el grupo Los Huanca Hua junto con su hermano Pedro Farías Gómez, Hernán Figueroa Reyes, Coco del Franco Terrero y Guillermo Urien. El grupo revolucionó el modo de interpretar la música folklórica, mediante complejos arreglos vocales, introduciendo la polifonía y el uso de fonemas y onomatopeyas para marcar el ritmo. En 1964, realizó los arreglos de percusión para la Misa Criolla de Ariel Ramírez y fue intérprete de la percusión en la primera gra...

Freyja y Odur.

Imagen
Mito Celta (Nórdico) de la Diosa Freyja Freyja, la diosa de cabellos dorados y ojos azules, era también, en ocasiones, considerada como la personificación de la Tierra. Como tal, se desposó con Odur, un símbolo del Sol veraniego, a quien ella amaba mucho y con el que tuvo dos hijas, Hnoss y Gersemi. Estas doncellas eran tan hermosas que todas las cosas bellas eran denominadas con sus nombres. Mientras Odur permaneciera a su lado, Freyja estaba sonriente y era completamente feliz. Pero Odur era de espíritu inquieto y cansado de la vida sedentaria, abandonó un día el hogar súbitamente y se dedicó a vagar por el ancho mundo. Freyja, triste y abandonada, lloró largamente, cayendo sus lágrimas sobre las duras rocas, ablandándolas. Se dice que incluso llegaron a introducirse en el mismo centro de las piedras, donde se transformaron en oro. Algunas lágrimas cayeron al mar y fueron a transformadas en ámbar. Cansada de su condición de viuda y anhelando coger a su marido en sus brazos una vez...

“Grillo y la princesa”

Cuento Tradicional Argentino (de la serie de Pedro Grillo) Un rey se estaba haciendo viejo, y sólo tenía una hija; y el problema es que la hija no quería a ningún pretendiente: entonces, el padre, cansado de traerle a todos los príncipes vecinos y de lejos, mandó a decir un día, que a cualquiera que conquistara a la princesa, se la iba a dar, así fuera príncipe o no. Entonces mandó a la princesa a que se pasease con la carroza por todo el reino, a ver si veía a uno que le gustara, y nada. Pero en una de esas estaba Grillo, vio a la princesa, y se enamoró de ella, y pensó: “quiero que la princesa se quede embarazada de mí”. Y tanto lo quiso que fue así y la princesa no había estado con él ni nada. Es que cuando uno quiere algo, y lo quiere de veras, no sé cómo, pero se hace, así que hay que tener cuidado con lo que uno quiere. El asunto es que la princesa apareció embarazada, y el rey, que quería saber que quién era el padre, y la princesa que no tenía ni idea, y que ella no había e...