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AGUA Y ESPANTO

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Cuento de Ana Cuevas Unamuno Ariadna despertó sofocada por el ahogo. Boqueó frenética mirándose las manos vacías de hilo, y entonces comprendió que Teseo había tan solo demorado el espanto. Ningún dédalo podría detener la furia pura de las aguas. Mannawydan, Poseidón, Neptuno, ¿importa acaso el nombre de la fuerza que arrasa en su oleaje cuanto absurdamente intenta detenerle el paso?. La mentira y la traición frutos de la soberbia humana perpetuándose a sí mismas despiertan una y otra vez la urgencia de equilibrio. La tierra avanza en busca de armonía sin propósito alguno de venganza, diseñando en sus movimientos el indiscriminado juego de las fuerzas que no detienen su hacer ante las súplicas, ni distinguen entre los seres y las cosas. Ariadna lo sabe. Ariadna abre sus ojos oyendo el retumbar que de lejos se acerca. Gritos, llantos, derrumbes, golpes, conjugan un coro sin voces, que enmudece toda palabra. Mira pasar chapas, cuerpos, troncos, ollas, vestidos, zapatos... un enjambre...

Aquí pasan cosas raras

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Un cuento de Luisa Valenzuela       En el café de la esquina -todo café que se precie está en esquina, todo sitio de encuentro es un cruce entre dos vías (dos vidas)- Mario y Pedro piden sendos cortados y les ponen mucha azúcar porque el azúcar es gratis y alimenta. Mario y Pedro están sin un mango desde hace rato y no es que se quejen demasiado pero bueno, ya es hora de tener un poco de suerte, y de golpe ven el portafolios abandonado y tan sólo mirándose se dicen que quizá el momento haya llegado. Propio ahí, muchachos, en el café de la esquina, uno de tantos. Está sólito el portafolios sobre la silla arrimada a la mesa y nadie viene a buscarlo. Entran y salen los chochamus del barrio, comentan cosas que Mario y Pedro no escuchan: Cada vez hay más y tienen tonadita, vienen de tierra adentro... me pregunto qué hacen, para qué han venido. Mario y Pedro se preguntan en cambio si alguien va a sentarse a la mesa del fondo, va a descorrer esa silla y encontrar ese portafoli...

Miro

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        Se desgaja tu ladera, nacen pliegues en tu gesto Falta el aire                                        Lo sé La piel se quiebra, se abren los poros muta el gesto en ausencia las palabras se silencian. se acorta la distancia              Y ya casi no estás                                 Casi Porque aún alcanzo tu aroma. © Ana Cuevas Unamuno Etiquetas de Technorati: Ana Cuevas Unamuno , Miro , Poesía

LAS PALABRAS

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Un cuento de Ana Cuevas Unamuno Miro por la ventana, el día está gris presagiando una tormenta que no quiere llegar. Metros de ladrillo y balcones me separan de los transeúntes que deambulan aturdidos con el cotidiano ruido de rutinas y costumbres, deslizándose por la vida sin tener certeza del rumbo y menos, mucho menos, de aquello que sucede alrededor. Lo leo en sus ojos, en sus muecas, en la palidez de sus siluetas. Lo veo en mi, no una sino mil veces, cuando desprevenida sorprendo mi ausencia en un espejo cualquiera. Desconectados del afuera, ¿cómo no estarlo del adentro? ¿Cuándo fue la última vez que deseché preocuparme por la miríada de minucias cotidianas, para dedicar un momento a mis turbulencias internas? La preocupación tiene sus ventajas, la mente está ocupada en situaciones reales e imaginarias, que funcionan de maravillas para distraernos de lo importante. Como tantos otros, soy hábil para mantenerme ocupada, envolverme en ruidos, aturdirme en tareas, disculparme en c...